23 de noviembre de 2003


REPORTAJE

Prisioneras de la nicotina

Fumar se está convirtiendo en una adicción mucho más peligrosa de lo que se creía.
El aumento de cáncer de mama, partos prematuros y osteosporosis podrían revelar
dos cosas: que el número de fumadoras ha aumentado y que eso está minando su salud.

Mirella Cáceres
vertice@elsalvador.com

Yo misma me justifico cuando pienso que fumarse tres cigarros no es adicción, pero sé que eso no es cierto.

Abre la cajetilla, saca un cigarrillo, lo enciende y las bocanadas de humo se extienden de inmediato en el reducido ambiente de un restaurante de comida rápida. Ella ríe con sus amigas, tiene unos cuarenta años y pelo teñido. Fuma con cierto aire altivo y con aparente placer.

El cigarrillo se le apaga y después de un breve lapso, la mujer enciende otro. Con su humo vuelve a inundar el espacio. Ella no se percata del humo nocivo que reparte a otros comensales -entre ellos varios niños-, tampoco de cuánta vida se está restando.

Hace un mes, el doctor Jim Mulshine, investigador del Instituto Nacional del Cáncer de Estados Unidos, comparó el humo del cigarrillo con una sopa nada nutritiva que contiene casi 4 mil sustancias químicas cancerígenas. “El tabaco es el producto comercial más mortal”, sentenció además.

Esa carga de componentes daña cualquier organismo,
indistintamente del género y la edad, pero, a juicio de la neumóloga Lilian Choto de Parada, ese delgado cilindro llamado cigarro causa mayores estragos en las mujeres. “Es ocho veces más dañino que en el hombre”, afirma.

La doctora de Parada dice que el monóxido de carbono (presente en el humo del cigarro) espesa los niveles de sangre en la mujer, especialmente en aquellas que toman anticonceptivos, y las hace candidatas a sufrir una trombosis pulmonar o cerebral.

Que el consumo del cigarrillo pone la salud en riesgo no es algo nuevo; sin embargo, la persistencia de esta práctica en muchas personas refleja que no parecen tomarse en serio que el tabaquismo, más que un placer, es una adicción peligrosa, una enfermedad que puede llevar a la muerte.

El doctor Raúl Armando Palomo, gerente de atención de adultos del Ministerio de Salud, define el humo del cigarrillo como un poderoso asesino por la cantidad de componentes dañinos que contiene, pero que la persona fumadora no lo identifica porque la nicotina es estimulante que causa un alto poder adictivo.

2,532 mil pacientes
se han atendido por cáncer desde 1998 en el ISSS. De esos, 1,416 corresponden a mama y cérvico uterino.

8% mujeres
eran fumadoras activas, según una encuesta hecha en 1988 por una agencia de cooperación.

En 1988, una agencia de cooperación hizo una encuesta entre 1,500 personas y encontró que un 36% eran fumadoras, de ese porcentaje, un 8% lo integraba mujeres. ¿Cuánto habrá incrementado o disminuido ese grupo? no se sabe. El Ministerio de Salud promete que antes de que finalice el año se tendrá no sólo esa información, sino también otros detalles sobre la prevalencia del tabaco en la población y su incidencia directa en la salud.

Pese a esta falta de indicadores, no se ignora los efectos nocivos que esa dependencia está causando. Este año, el Instituto Salvadoreño del Seguro Social anunció el incremento significativo de los casos de cáncer de mama, 192 hasta octubre. La doctora de Parada dice que este tipo de cancer está asociado al consumo de cigarrillo, como lo están 45 enfermedades más, según estudios mundiales.

¿Quién hubiera imaginado que la infertilidad en la mujer o la impotencia en el hombre pudieran ser un producto de la exposición al humo del tabaco? y que un aborto o un parto prematuro también pudieran asociarse con esa adicción.
daño total

“Cada vez que (una persona) fuma tabaco está dañando su organismo, su corazón, sus pulmones. Esta potencializando sus posibilidades de morir de cáncer, de padecer de un enfisema pulmonar”, dice el doctor Palomo.
Embolias, hipertensión arterial, enfermedades cardiovasculares, cánceres de pulmón, de laringe, de lengua, de esófago, bronquitis crónica y enfisemas pulmonares, son algunos males en los que incide el consumo de cigarrillo.

El doctor Palomo no se atreve a hablar de cantidades ni de enfermedades específicas relacionadas con el consumo de tabaco, sin antes obtener los resultados de las encuestas de prevalencia que realizan a nivel nacional. Sin embargo, dice que los cánceres de pulmón, esófago y laringe van en aumento y que el cigarrillo puede ser un factor importante.

La doctora de Parada , quien además dirige la única clínica para tratar a fumadores en el país perteneciente al ISSS, habla con casos concretos. “El cáncer va en aumento en esta institución. Los oncólogos me han remitido varias señoras para que las ayude a que dejen el cigarrillo. El cáncer de pulmón, que ocupa el séptimo lugar entre los casos de cánceres en el ISSS, se relacionan con el cigarrillo en un 80%”, dice la doctora de Parada.

La neumóloga recuerda el caso particular de una señora que sufrió una embolia cerebral, cuyas causas nunca se determinaron. Luego su estado empeoró y quedó cuadrapléjica. Los exámenes no revelaron nada hasta que el médico descubrió su adicción al cigarrillo.

De los 600 pacientes que se han atendido en la clínica para fumadores, un 60% de ellos presentaron daños en sus bronquios, y de ellos, una cuarta parte son mujeres.

Igual refiere que de los 80 pacientes que asiste el ISSS mensualmente con oxígeno domiciliar, es porque en un 90% de los casos desarrollaron bronquitis crónicas o enfisema pulmonar a causa del cigarrillo. En otras palabras, perdieron la capacidad para respirar adecuadamente.

Por años, estas personas casi sustituyeron el aire puro por cargas de benceno, alquitrán radón, entre otros químicos dañinos, en ellos se destaca la adictiva nicotina.

Si bien la nicotina y el monóxido de carbono son expulsados en un término de 24 horas por la orina y por los poros, las sustancias cancerígenas se hospedan en su organismo y pueden incluso atravesar la membrana placentaria que envuelve al bebé, en el caso de una embarazada. “Fuma la mamá y fuma el bebé”, explica la doctora de Parada.

Casos reales

Angélica Vásquez es una mujer de 60 años que vive en carne propia los males de haber fumado casi toda su vida. Ni siquiera sus dos embarazos obstaculizaron su adicción. “Mis hijos no padecen ninguna enfermedad, pero uno de mis nietos sí sufre de los bronquios. El doctor le ha dicho a mi hija que por mí es que ha heredado ese mal”, afirma.

Su caso es un conjunto de experiencias en torno al cigarrillo. Durante 52 años vivió tras las rejas de la nicotina, desde que involuntariamente su mamá —una adicta consumada— le enseñó las primeras lecciones.

“Yo le encendía los cigarros cuando tenía 8 años. Me fue gustando y a los nueve años me solté, ya me iba con mi hermano a recoger las colillas que dejaban otros fumadores en la calle, sobre todo en los alrededores del casino de Zacatecoluca. En la noche las fumábamos”, cuenta doña Ángela.

Cuando empezó a trabajar como doméstica, invertía lo que ganaba en la compra de los cigarrillos pese a que sus patronos la regañaban. Era una adolescente. Cuando cumplió los 18 años, le pidió autorización a su madre para fumar públicamente. “Si podés sostener el vicio, entonces te doy permiso”, le respondió su progenitora.

Innumerables veces sustituyó la comida por el cigarro. Su peso era de apenas 88 libras. Cada vez que interrumpía sus tareas domésticas, fumaba, pero su adicción llegó a tal extremo que aprendió a fumar sin usar las manos. Esa dependencia casi total le obligaba a consumir dos cajetillas diarias, es decir, 40 cigarrillos cada día.

Para el siquiatra Alejandro Hurtarte Vidal, la adicción es progresiva, al punto de volverse compulsiva, una especie de producto de dos tipos de dependencia que marca a los fumadores. Por un lado, la de tipo sicológica que hace sentir a los fumadores que el cigarro es una fuente de placer o que evita el dolor; y por el otro, la tipo física que los impulsa a buscar la nicotina por sobre todas las cosas.

Rosa Margarita Valdés fumó 26 años de su vida, y define esa práctica como “una manía terrible”. Supo el daño del humo del tabaco cuando el médico le dijo que era el principal causante de su sinusitis crónica. Ahora se le ha añadido otro mal, una isquemia en la coronaria.

“Desde el punto de vista siquiátrico, el uso del cigarro es un suicidio crónico. Cada vez que alguien fuma está diciendo: Quiero matarme”, dice el doctor Hurtarte.

La doctora de Parada dice que el consumo del cigarrillo disminuye cinco minutos de vida. Entonces eliminarlo significa un aumento de la esperanza de vida.

Una placentera y engañosa tentación

Esta es la h istoria personal de Susana Reyes, una mujer que empezó a fumar cigarrillos a los 18 años, el mismo que le arrancó la vida a su padre hace exactamente cinco años.


La llegada a la universidad marcó en la vida de Susana Reyes un momento del que ahora quiere escapar. “Me sentía como con libertad para encender un cigarrillo. Eso cobró mayor fuerza cuando empecé a trabajar”, dice.

Empezó con una cuota baja: tres cigarros diarios. Pero esa cuota fue aumentando de manera progresiva, de tres pasó a doce o quince hasta que llegó a fumarse una cajetilla completa. “Fumaba más en la noche y cuando me sentía más tensa. Creía que eso me relajaba”, comenta Susana, una activa profesional de 30 años de edad y con diez de ser una fumadora.

Hija de un fumador compulsivo que se inició en el cigarrillo a los 14 años de edad y que se hacía el del “ojo pacho”, según ella. Por el otro lado, estaba su madre, quien no avalaba la nueva manía de su hija aunque ella fumara esporádicamente.

Los años pasaron y conoció al que hoy es su esposo. Con él compartió su pasión por el cigarrillo. “Dejé el cigarrillo cuando mi organismo comenzó a rechazarlo de repente y es porque estaba embarazada. Después de dos años del nacimiento de mi hija tampoco probé un cigarro. Pero ahora he retomado el hábito”, confiesa.

Tuvo la fortuna de que su hija no presenta complicación en su salud a pesar de ser hija de fumadores. No corrió la misma suerte con su padre, quien murió hace cinco años víctima del cigarrillo. “Tenía 50 años, fue un deportista saludable y de repente le dio un preinfarto y después de una semana de hospitalización le dio un ataque cardiaco”, rememora.

Ahora enfrenta otra preocupación. Su madre padece de cáncer de mama desde 1994, y un tío cercano murió de cáncer en la garganta a causa del cigarrillo.

Con todas estas experiencias, se ha vuelto una vigía celosa de su salud. Se revisa cada semana la presión y se hace chequeos médicos periódicamente. Hasta ahora el cigarrillo no le ha afectado, pero sabe que es dañino. “Sé que es malo, hemos hablado con mi esposo sobre dejar de fumar porque él sí tiene problemas respiratorios, pero no puedo. A veces no compro, pero termino pidiéndole a alguno a mis compañeros de trabajo o se los robo a mi esposo. Por ahorita me fumo tres cigarrillos diarios”, señala.

Dice que las campañas contra el cigarrillo que mira en la televisión por cable o cuando lee sobre los riesgos en la salud que provoca el consumo de tabaco la conmueven porque piensa en su pequeña hija y quiere tener vida suficiente para verla crecer. “Me gustaria dejar de fumar, pero no tengo fuerzas de voluntad”, afirma.

Cada noche busca la cochera de su casa junto a su esposo para que su hija no los mire fumando. Pero un día la pequeña encontró una cajetilla olvidada en la sala y les dijo: “Es malo fumar porque mata a las mamitas y los papitos”.




El alto precio de la recuperación

Abandonar una adicción tan arraigada por años como es la del cigarrillo es una lucha difícil. Los efectos sicológicos como físicos son altos en una persona cuando decide dejar su adicción. Si bien la rehabilitación es importante, apostarle a la prevención es sin duda la mejor arma contra todo tipo de dependencias peligrosas.

Mirella Cáceres
vertice@elsalvador.com
Angélica Vásquez, Ada G. de Flores y Rosa M. Valdés representan la lucha por quitarse el cigarrillo. Hasta ahora han triunfado.

Adquirir el hábito del consumo de cigarrillo va acompañado casi siempre de la curiosidad o la imitación. Algunos estudiosos dicen que el sentirse parte de un grupo social o ser aceptados son algunas razones que motivan a las personas a fumar, y que todo esto les ocurre —lamentablemente— antes de la adolescencia.

Angélica Vásquez es un ejemplo típico. Dio sus primeros pasos a los ocho años. Otros, tal vez, han comenzado más tarde. Adela G. de Flores se inició a los 34 años, aunque a los 9 le gustaba saborear las huellas del tabaco que dejaba su padre en el borde de la taza de café.

Ahora le dice a jóvenes que no sigan ese ejemplo, uno de ellos es Sofía Aguirre, que a sus 17 años probó el cigarro y fue conquistada. “No me gustó el olor pero sentí que proyectaba seguridad, madurez, elegancia”.

Hoy tiene 26 años y fuma seis cigarros diarios. “Sé que tengo un vicio que produce cáncer y problemas de tensión, por eso no fumo frente a la gente que no fuma o los niños, tampoco fumo en lugares cerrados”, dice.

Se empieza atraído por un falso placer, pero el desengaño se paga caro. Eso es lo que dicen los que ahora luchan por mantenerse alejados de la nicotina, un grupo de adultos que sostiene haber “revivido” con las terapias que reciben en la clínica de cesación del tabaco del ISSS. Incluso se han agrupado bajo el nombre de Ex Fumadores Salvadoreños (EXFUSAL) para apoyarse mutuamente y predicar con el ejemplo.

Una clínica de ayuda
Los afiliados del ISSS que fuman tienen un sitio donde recibir ayuda.

- Está en el edificio de Oncología, en el Hospital Médico Quirúrgico.

- Es atendida por un equipo de especialistas.

para llamar
271-0222
Los lunes y los jueves desarrollan las terapias de grupo, en horarios de 8:00 a 10:00 a.m.

Promueven la clínica y apoyan a la doctora Lílian Choto de Parada y su equipo impartiendo charlas a donde los inviten. Entre ellos figura una mujer que jamás ha probado un cigarro pero que lucha contra una bronquitis producto de haber convivido junto a un fumador empedernido. Marta L. Turcios buscó la clínica a fin de ayudar a su esposo a que dejara una adicción que le duró 50 años, pero terminó matándolo en 1999.

La motivación en ellos es comprensible. Cada uno relata sus días de prisiones, sus deseos de libertad y la agonía de no querer caer en la tentación de volverse a fumar un cigarrillo.
“Yo recaí una vez, pero estoy haciendo otra vez el intento”, confiesa Rosa M. Valdés.

Sofía dice que ha intentado dejar el cigarrillo por su cuenta pero ha fracasado. “Una vez reduje el número y cuando me agarraba ansiedad por fumar masticaba un chicle o me comía algún dulce”, dice.

Y es que todo fumador que se decide por abandonar el cigarrillo inicia otra batalla.
los deseos

La Organización Mundial de la Salud define la adicción como “el consumo de sustancias a las que el individuo se aferra , y para lo cual hay una búsqueda compulsiva y con tendencia a una recaída”.

El siquiatra Alejandro Hurtarte Vidal dice que un problema grave que sufren los ex fumadores es el síndrome de abstinencia, una especie de “goma” o necesidad de la nicotina, y que causa entre otras cosas ansiedad, depresión y otras alteraciones del ánimo.

Por eso es importante la atención de esa gente. La doctora Choto de Parada lo hace con terapias combinadas con medicamentos, parches o chicles de nicotina cuando se hace necesario.

El doctor Roberto Palomo, del Ministerio de Salud, defiende la educación de la población porque es millonario el costo del tratamiento de enfermedades asociadas al tabaquismo.

De hecho, Palomo dice que ya está terminado el Plan Nacional Intersectorial para la prevención del consumo del tabaco, el cual esperan lanzar este año. Entre otros objetivos busca detectar y evitar los riesgos ocasionados por el consumo del tabaco y la exposición al humo. Este plan le apostaría fuertemente a la educación de los readolescentes, la etapa de mayor riesgo en el inicio del tabaquismo. Este sería un paso importante, al igual que la aprobación de una ley que regule el consumo y venta del tabaco, la que actualmente se discute en la Asamblea Legislativa.


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