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REPORTAJE
Prisioneras de la nicotina
Fumar
se está convirtiendo en una adicción mucho más
peligrosa de lo que se creía.
El aumento de cáncer de mama, partos prematuros y osteosporosis
podrían revelar
dos cosas: que el número de fumadoras ha aumentado y que eso
está minando su salud.
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Yo
misma me justifico cuando pienso que fumarse tres cigarros no
es adicción, pero sé que eso no es cierto.
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Abre la cajetilla, saca un cigarrillo, lo enciende y
las bocanadas de humo se extienden de inmediato en el reducido ambiente
de un restaurante de comida rápida. Ella ríe con sus amigas,
tiene unos cuarenta años y pelo teñido. Fuma con cierto
aire altivo y con aparente placer.
El cigarrillo se le apaga y después de un breve lapso, la mujer
enciende otro. Con su humo vuelve a inundar el espacio. Ella no se percata
del humo nocivo que reparte a otros comensales -entre ellos varios niños-,
tampoco de cuánta vida se está restando.
Hace un mes, el doctor Jim Mulshine, investigador del Instituto Nacional
del Cáncer de Estados Unidos, comparó el humo del cigarrillo
con una sopa nada nutritiva que contiene casi 4 mil sustancias químicas
cancerígenas. El tabaco es el producto comercial más
mortal, sentenció además.
Esa carga de componentes daña cualquier organismo,
indistintamente del género y la edad, pero, a juicio de la neumóloga
Lilian Choto de Parada, ese delgado cilindro llamado cigarro causa mayores
estragos en las mujeres. Es ocho veces más dañino
que en el hombre, afirma.
La doctora de Parada dice que el monóxido de carbono (presente
en el humo del cigarro) espesa los niveles de sangre en la mujer, especialmente
en aquellas que toman anticonceptivos, y las hace candidatas a sufrir
una trombosis pulmonar o cerebral.
Que el consumo del cigarrillo pone la salud en riesgo no es algo nuevo;
sin embargo, la persistencia de esta práctica en muchas personas
refleja que no parecen tomarse en serio que el tabaquismo, más
que un placer, es una adicción peligrosa, una enfermedad que
puede llevar a la muerte.
El doctor Raúl Armando Palomo, gerente de atención de
adultos del Ministerio de Salud, define el humo del cigarrillo como
un poderoso asesino por la cantidad de componentes dañinos que
contiene, pero que la persona fumadora no lo identifica porque la nicotina
es estimulante que causa un alto poder adictivo.
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2,532
mil pacientes
se han atendido por cáncer desde 1998 en el ISSS. De esos,
1,416 corresponden a mama y cérvico uterino.
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8%
mujeres
eran fumadoras activas, según una encuesta hecha en 1988
por una agencia de cooperación.
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En 1988, una agencia de cooperación hizo una
encuesta entre 1,500 personas y encontró que un 36% eran fumadoras,
de ese porcentaje, un 8% lo integraba mujeres. ¿Cuánto
habrá incrementado o disminuido ese grupo? no se sabe. El Ministerio
de Salud promete que antes de que finalice el año se tendrá
no sólo esa información, sino también otros detalles
sobre la prevalencia del tabaco en la población y su incidencia
directa en la salud.
Pese a esta falta de indicadores, no se ignora los efectos nocivos que
esa dependencia está causando. Este año, el Instituto
Salvadoreño del Seguro Social anunció el incremento significativo
de los casos de cáncer de mama, 192 hasta octubre. La doctora
de Parada dice que este tipo de cancer está asociado al consumo
de cigarrillo, como lo están 45 enfermedades más, según
estudios mundiales.
¿Quién hubiera imaginado que la infertilidad en la mujer
o la impotencia en el hombre pudieran ser un producto de la exposición
al humo del tabaco? y que un aborto o un parto prematuro también
pudieran asociarse con esa adicción.
daño total
Cada vez que (una persona) fuma tabaco está dañando
su organismo, su corazón, sus pulmones. Esta potencializando
sus posibilidades de morir de cáncer, de padecer de un enfisema
pulmonar, dice el doctor Palomo.
Embolias, hipertensión arterial, enfermedades cardiovasculares,
cánceres de pulmón, de laringe, de lengua, de esófago,
bronquitis crónica y enfisemas pulmonares, son algunos males
en los que incide el consumo de cigarrillo.
El doctor Palomo no se atreve a hablar de cantidades ni de enfermedades
específicas relacionadas con el consumo de tabaco, sin antes
obtener los resultados de las encuestas de prevalencia que realizan
a nivel nacional. Sin embargo, dice que los cánceres de pulmón,
esófago y laringe van en aumento y que el cigarrillo puede ser
un factor importante.
La doctora de Parada , quien además dirige la única clínica
para tratar a fumadores en el país perteneciente al ISSS, habla
con casos concretos. El cáncer va en aumento en esta institución.
Los oncólogos me han remitido varias señoras para que
las ayude a que dejen el cigarrillo. El cáncer de pulmón,
que ocupa el séptimo lugar entre los casos de cánceres
en el ISSS, se relacionan con el cigarrillo en un 80%, dice la
doctora de Parada.
La neumóloga recuerda el caso particular de una señora
que sufrió una embolia cerebral, cuyas causas nunca se determinaron.
Luego su estado empeoró y quedó cuadrapléjica.
Los exámenes no revelaron nada hasta que el médico descubrió
su adicción al cigarrillo.
De los 600 pacientes que se han atendido en la clínica para fumadores,
un 60% de ellos presentaron daños en sus bronquios, y de ellos,
una cuarta parte son mujeres.
Igual refiere que de los 80 pacientes que asiste el ISSS mensualmente
con oxígeno domiciliar, es porque en un 90% de los casos desarrollaron
bronquitis crónicas o enfisema pulmonar a causa del cigarrillo.
En otras palabras, perdieron la capacidad para respirar adecuadamente.
Por años, estas personas casi sustituyeron el aire puro por cargas
de benceno, alquitrán radón, entre otros químicos
dañinos, en ellos se destaca la adictiva nicotina.
Si bien la nicotina y el monóxido de carbono son expulsados en
un término de 24 horas por la orina y por los poros, las sustancias
cancerígenas se hospedan en su organismo y pueden incluso atravesar
la membrana placentaria que envuelve al bebé, en el caso de una
embarazada. Fuma la mamá y fuma el bebé, explica
la doctora de Parada.
Casos reales
Angélica Vásquez es una mujer de 60 años que vive
en carne propia los males de haber fumado casi toda su vida. Ni siquiera
sus dos embarazos obstaculizaron su adicción. Mis hijos
no padecen ninguna enfermedad, pero uno de mis nietos sí sufre
de los bronquios. El doctor le ha dicho a mi hija que por mí
es que ha heredado ese mal, afirma.
Su caso es un conjunto de experiencias en torno al cigarrillo. Durante
52 años vivió tras las rejas de la nicotina, desde que
involuntariamente su mamá una adicta consumada le
enseñó las primeras lecciones.
Yo le encendía los cigarros cuando tenía 8 años.
Me fue gustando y a los nueve años me solté, ya me iba
con mi hermano a recoger las colillas que dejaban otros fumadores en
la calle, sobre todo en los alrededores del casino de Zacatecoluca.
En la noche las fumábamos, cuenta doña Ángela.
Cuando empezó a trabajar como doméstica, invertía
lo que ganaba en la compra de los cigarrillos pese a que sus patronos
la regañaban. Era una adolescente. Cuando cumplió los
18 años, le pidió autorización a su madre para
fumar públicamente. Si podés sostener el vicio,
entonces te doy permiso, le respondió su progenitora.
Innumerables veces sustituyó la comida por el cigarro. Su peso
era de apenas 88 libras. Cada vez que interrumpía sus tareas
domésticas, fumaba, pero su adicción llegó a tal
extremo que aprendió a fumar sin usar las manos. Esa dependencia
casi total le obligaba a consumir dos cajetillas diarias, es decir,
40 cigarrillos cada día.
Para el siquiatra Alejandro Hurtarte Vidal, la adicción es progresiva,
al punto de volverse compulsiva, una especie de producto de dos tipos
de dependencia que marca a los fumadores. Por un lado, la de tipo sicológica
que hace sentir a los fumadores que el cigarro es una fuente de placer
o que evita el dolor; y por el otro, la tipo física que los impulsa
a buscar la nicotina por sobre todas las cosas.
Rosa Margarita Valdés fumó 26 años de su vida,
y define esa práctica como una manía terrible.
Supo el daño del humo del tabaco cuando el médico le dijo
que era el principal causante de su sinusitis crónica. Ahora
se le ha añadido otro mal, una isquemia en la coronaria.
Desde el punto de vista siquiátrico, el uso del cigarro
es un suicidio crónico. Cada vez que alguien fuma está
diciendo: Quiero matarme, dice el doctor Hurtarte.
La doctora de Parada dice que el consumo del cigarrillo disminuye cinco
minutos de vida. Entonces eliminarlo significa un aumento de la esperanza
de vida.
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Una placentera y engañosa
tentación
Esta es la h istoria personal de Susana Reyes, una mujer que empezó
a fumar cigarrillos a los 18 años, el mismo que le arrancó
la vida a su padre hace exactamente cinco años.
La llegada a la universidad marcó en la vida de Susana
Reyes un momento del que ahora quiere escapar. Me sentía
como con libertad para encender un cigarrillo. Eso cobró
mayor fuerza cuando empecé a trabajar, dice.
Empezó con una cuota baja: tres cigarros diarios. Pero
esa cuota fue aumentando de manera progresiva, de tres pasó
a doce o quince hasta que llegó a fumarse una cajetilla
completa. Fumaba más en la noche y cuando me sentía
más tensa. Creía que eso me relajaba, comenta
Susana, una activa profesional de 30 años de edad y con
diez de ser una fumadora.
Hija de un fumador compulsivo que se inició en el cigarrillo
a los 14 años de edad y que se hacía el del ojo
pacho, según ella. Por el otro lado, estaba su madre,
quien no avalaba la nueva manía de su hija aunque ella
fumara esporádicamente.
Los años pasaron y conoció al que hoy es su esposo.
Con él compartió su pasión por el cigarrillo.
Dejé el cigarrillo cuando mi organismo comenzó
a rechazarlo de repente y es porque estaba embarazada. Después
de dos años del nacimiento de mi hija tampoco probé
un cigarro. Pero ahora he retomado el hábito, confiesa.
Tuvo la fortuna de que su hija no presenta complicación
en su salud a pesar de ser hija de fumadores. No corrió
la misma suerte con su padre, quien murió hace cinco años
víctima del cigarrillo. Tenía 50 años,
fue un deportista saludable y de repente le dio un preinfarto
y después de una semana de hospitalización le dio
un ataque cardiaco, rememora.
Ahora enfrenta otra preocupación. Su madre padece de cáncer
de mama desde 1994, y un tío cercano murió de cáncer
en la garganta a causa del cigarrillo.
Con todas estas experiencias, se ha vuelto una vigía celosa
de su salud. Se revisa cada semana la presión y se hace
chequeos médicos periódicamente. Hasta ahora el
cigarrillo no le ha afectado, pero sabe que es dañino.
Sé que es malo, hemos hablado con mi esposo sobre
dejar de fumar porque él sí tiene problemas respiratorios,
pero no puedo. A veces no compro, pero termino pidiéndole
a alguno a mis compañeros de trabajo o se los robo a mi
esposo. Por ahorita me fumo tres cigarrillos diarios, señala.
Dice que las campañas contra el cigarrillo que mira en
la televisión por cable o cuando lee sobre los riesgos
en la salud que provoca el consumo de tabaco la conmueven porque
piensa en su pequeña hija y quiere tener vida suficiente
para verla crecer. Me gustaria dejar de fumar, pero no tengo
fuerzas de voluntad, afirma.
Cada noche busca la cochera de su casa junto a su esposo para
que su hija no los mire fumando. Pero un día la pequeña
encontró una cajetilla olvidada en la sala y les dijo:
Es malo fumar porque mata a las mamitas y los papitos.
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El
alto precio de la recuperación
Abandonar
una adicción tan arraigada por años como es la del cigarrillo
es una lucha difícil. Los efectos sicológicos como físicos
son altos en una persona cuando decide dejar su adicción. Si
bien la rehabilitación es importante, apostarle a la prevención
es sin duda la mejor arma contra todo tipo de dependencias peligrosas.
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Angélica
Vásquez, Ada G. de Flores y Rosa M. Valdés representan
la lucha por quitarse el cigarrillo. Hasta ahora han triunfado.
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Adquirir el hábito del consumo de cigarrillo
va acompañado casi siempre de la curiosidad o la imitación.
Algunos estudiosos dicen que el sentirse parte de un grupo social o
ser aceptados son algunas razones que motivan a las personas a fumar,
y que todo esto les ocurre lamentablemente antes de la adolescencia.
Angélica Vásquez es un ejemplo típico. Dio sus
primeros pasos a los ocho años. Otros, tal vez, han comenzado
más tarde. Adela G. de Flores se inició a los 34 años,
aunque a los 9 le gustaba saborear las huellas del tabaco que dejaba
su padre en el borde de la taza de café.
Ahora le dice a jóvenes que no sigan ese ejemplo, uno de ellos
es Sofía Aguirre, que a sus 17 años probó el cigarro
y fue conquistada. No me gustó el olor pero sentí
que proyectaba seguridad, madurez, elegancia.
Hoy tiene 26 años y fuma seis cigarros diarios. Sé
que tengo un vicio que produce cáncer y problemas de tensión,
por eso no fumo frente a la gente que no fuma o los niños, tampoco
fumo en lugares cerrados, dice.
Se empieza atraído por un falso placer, pero el desengaño
se paga caro. Eso es lo que dicen los que ahora luchan por mantenerse
alejados de la nicotina, un grupo de adultos que sostiene haber revivido
con las terapias que reciben en la clínica de cesación
del tabaco del ISSS. Incluso se han agrupado bajo el nombre de Ex Fumadores
Salvadoreños (EXFUSAL) para apoyarse mutuamente y predicar con
el ejemplo.
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Una
clínica de ayuda
Los afiliados del ISSS que fuman tienen un sitio donde recibir
ayuda.
- Está en el edificio de Oncología, en el Hospital
Médico Quirúrgico.
- Es atendida por un equipo de especialistas.
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para
llamar
271-0222
Los lunes y los jueves desarrollan las terapias de grupo, en horarios
de 8:00 a 10:00 a.m. |
Promueven la clínica y apoyan a la doctora Lílian
Choto de Parada y su equipo impartiendo charlas a donde los inviten.
Entre ellos figura una mujer que jamás ha probado un cigarro
pero que lucha contra una bronquitis producto de haber convivido junto
a un fumador empedernido. Marta L. Turcios buscó la clínica
a fin de ayudar a su esposo a que dejara una adicción que le
duró 50 años, pero terminó matándolo en
1999.
La motivación en ellos es comprensible. Cada uno relata sus días
de prisiones, sus deseos de libertad y la agonía de no querer
caer en la tentación de volverse a fumar un cigarrillo.
Yo recaí una vez, pero estoy haciendo otra vez el intento,
confiesa Rosa M. Valdés.
Sofía dice que ha intentado dejar el cigarrillo por su cuenta
pero ha fracasado. Una vez reduje el número y cuando me
agarraba ansiedad por fumar masticaba un chicle o me comía algún
dulce, dice.
Y es que todo fumador que se decide por abandonar el cigarrillo inicia
otra batalla.
los deseos
La Organización Mundial de la Salud define la
adicción como el consumo de sustancias a las que el individuo
se aferra , y para lo cual hay una búsqueda compulsiva y con
tendencia a una recaída.
El siquiatra Alejandro Hurtarte Vidal dice que un problema grave que
sufren los ex fumadores es el síndrome de abstinencia, una especie
de goma o necesidad de la nicotina, y que causa entre otras
cosas ansiedad, depresión y otras alteraciones del ánimo.
Por eso es importante la atención de esa gente. La doctora Choto
de Parada lo hace con terapias combinadas con medicamentos, parches
o chicles de nicotina cuando se hace necesario.
El doctor Roberto Palomo, del Ministerio de Salud, defiende la educación
de la población porque es millonario el costo del tratamiento
de enfermedades asociadas al tabaquismo.
De hecho, Palomo dice que ya está terminado el Plan Nacional
Intersectorial para la prevención del consumo del tabaco, el
cual esperan lanzar este año. Entre otros objetivos busca detectar
y evitar los riesgos ocasionados por el consumo del tabaco y la exposición
al humo. Este plan le apostaría fuertemente a la educación
de los readolescentes, la etapa de mayor riesgo en el inicio del tabaquismo.
Este sería un paso importante, al igual que la aprobación
de una ley que regule el consumo y venta del tabaco, la que actualmente
se discute en la Asamblea Legislativa.
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