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INTERNACIONAL
Slobo:
dos años de purgatorio
Tras
dos años en una cárcel de La Haya, a la espera de un juicio
por crímenes
cometidos en la guerra de los balcanes, Slobodan Slobo Milosevic
enfrenta
una posible condena y a vivir el resto de su vida alejado del mundo.
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Slobo
no está solo en su defensa. Sus seguidores han abogado
por su libertad.
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Slobodan Milosevic nunca habría imaginado cuando
en junio de 2001 ingresó, tras ser extraditado por Belgrado,
en la cárcel del Tribunal Penal Internacional para la ex Yugoslavia
(TPIY), que dos años después todavía seguiría
entre rejas, protagonista de un proceso judicial ante los ojos del mundo.
Para "Slobo", el aniversario del TPIY, creado hace diez años
por el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, supone, en todo caso,
un momento amargo en el que no hay velitas ni tarta de celebración.
El ex mandatario yugoslavo, de 62 años, siempre ha dicho que
el tribunal internacional es una "pantomima de justicia",
una farsa, y que el organismo penal de la ONU no tiene competencias
para procesarle por crímenes cometidos durante las guerras de
Bosnia, Croacia y Kosovo en los años noventa.
Parece comprensible que el ex mandatario yugoslavo no quiera conmemorar
nada. Desde que se inició, en febrero de 2002, el juicio en su
contra, ha tenido que soportar un áspero calvario, sólo
atemperado por sus siempre histriónicas intervenciones ante los
jueces de la Alta Corte internacional.
El proceso ha sido una múltiple cadena de imprevistos y tuvo
que ser aplazado diez veces por sus problemas de salud, sobre todo estrés
y tensión arterial elevada, derivados de un exceso de trabajo
al querer asumir él mismo su defensa, convertida para el ex gobernante
de facto en un auténtico padecimiento físico y un enorme
desgaste psicológico.
Es un hecho tangible que estos dos años de reclusión,
al margen de la desagradable privación de libertad, sólo
le han reportado sinsabores, a excepción de un par de reconfortantes
visitas de su mujer Mira Markovic, mano derecha de su régimen
omnímodo, y de la satisfacción de haber conseguido, en
alguna de sus intervenciones más sonadas, amplio eco en la prensa
internacional.
No se trata sólo de la titánica labor de tener que analizar
decenas de legajos judiciales en preparación de su defensa, o
de soportar ser objeto del dedo acusador del mundo por supuesto beneplácito
a la realización de atrocidades en nombre de una gran Serbia,
étnicamente pura.
Las propias condiciones de reclusión la convierten en un purgatorio,
en el más puro sentido bíblico, según ha confesado
el propio acusado a medios de prensa de Belgrado. Él mismo pidió
ser liberado de inmediato por motivos humanitarios. La TPIY
lo interpretó como una mera estratagema jurídica.
En este sentido, el pasado verano (europeo) podría ser el paradigma
de la penosa situación personal del ex dictador.
Deprimido, enfermo y debilitado, el presunto instigador de las casi
7.000 ejecuciones sumarias de bosniomusulmanes de Srebreni ca, organizadas
- según el TPIY- por el ex líder serbobosnio Radovan Karadzic,
y su ex jefe militar, Ratko Mladic, ha pasado, cuentan círculos
allegados, una de sus peores depresiones desde que ingresó en
el penal de Scheveningen.
Apartado del mundo
Esta prisión desde cuyas cercanías se percibe el bravío
Mar del Norte, situada en un coqueto balneario a cuatro kilómetros
de La Haya, posee un aire de castillo-fortaleza, con un toque medieval
y siniestro. Scheve ningen es el destino provisional de los más
de 40 carniceros de los Balca nes en poder de la justicia
de Nacio nes Unidas, cuyos procesos están ahora en curso.
La idea de sus conceptores es que quienes estén allí sientan
todo el peso de la justicia internacional.
Todas sus comodidades se reducen a una exigua celda de unos siete metros
cuadrados, en la que tiene una cama, una mesa, una silla y un armario,
lavabo, retrete y un aparato de televisión, además de
una ventana que da a un patio interior. Slobo sólo
puede respirar el aire salado del Mar del Norte dos veces al día
y tiene derecho a tres comidas, todas en su celda: nada de vida social
para los presuntos criminales de guerra.
En las afueras de La Haya, capital administrativa de Holanda, y sede
de la Corte Internacional de Justi cia y del Tribunal Penal Permanente,
de Scheveningen es sinónimo de buen pescado, sobre todo lenguado
y arenque, de agitada actividad portuaria, de dunas de arenas grisáceas
y de gaviotas. A pocas estaciones de tranvía de
Scheveningen está Madurodam, la Meca para miles de niños,
pues se encuentra allí la miniciudad donde están reproducidos
los monumentos y edificios más significativos de Holanda y del
mundo. Un visitante malicioso sugiere que se coloque allí un
modelo a escala reducida de la cárcel de Scheveningen, con un
pequeño muñeco de Milosevic como novedad.
Para el ex dictador no hay paseos al borde del mar, ni visitas a las
famosas reservas de focas, ni lectura de cuentos a sus nietos en las
noches del crudo invierno holandés. Tampoco tiene en Scheveningen
un plato de buen arenque o de patatas fritas con abundante mayonesa,
uno de los platos rápidos preferidos de los habitantes
locales.
Los lugareños no parecen nada entusiasmados con que su ciudad
tenga que soportar durante mucho tiempo más la presencia de un
vecino nada ilustre como es Milosevic y los otros presuntos criminales
de guerra de la ex Yugoslavia.
Preferiría que trasladaran a Milosevic fuera de aquí.
Ese hombre está dañando la imagen de La Haya, cuanto antes
se marche, mejor, afirma Piet, un vendedor de prensa . A
mí me da igual. Yo gano mucho dinero gracias a él,
admite con ironía Marc, conductor de taxi que obtiene buenas
ganancias extras transportando al TPIY a numerosos periodistas que cubren
cada semana el proceso contra el ex dictador.
La palabra Scheveningen es sinónimo de terror para los holandeses,
que para identificar a los nazis infiltrados en las filas de la resistencia
en la Segunda Guerra Mundial les hacían pronunciar en alto el
nombre de esa ciudad. Quienes no conseguían hacerlo correctamente
en neerlandés (sjeveningen) eran detectados de inmediato.
De todos modos, nadie cree que Milosevic vaya a ser sometido a esa prueba
fonética, su filiación ideológica es bien conocida.
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