.23 de noviembre de 2003


INTERNACIONAL

Slobo: dos años de “purgatorio”

Tras dos años en una cárcel de La Haya, a la espera de un juicio por crímenes
cometidos en la guerra de los balcanes, Slobodan “Slobo” Milosevic enfrenta
una posible condena y a vivir el resto de su vida alejado del mundo.

Fernando Heller (DPA)
LA HAYA

vertice@elsalvador.com

“Slobo” no está solo en su defensa. Sus seguidores han abogado por su libertad.

Slobodan Milosevic nunca habría imaginado cuando en junio de 2001 ingresó, tras ser extraditado por Belgrado, en la cárcel del Tribunal Penal Internacional para la ex Yugoslavia (TPIY), que dos años después todavía seguiría entre rejas, protagonista de un proceso judicial ante los ojos del mundo.

Para "Slobo", el aniversario del TPIY, creado hace diez años por el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, supone, en todo caso, un momento amargo en el que no hay velitas ni tarta de celebración.

El ex mandatario yugoslavo, de 62 años, siempre ha dicho que el tribunal internacional es una "pantomima de justicia", una farsa, y que el organismo penal de la ONU no tiene competencias para procesarle por crímenes cometidos durante las guerras de Bosnia, Croacia y Kosovo en los años noventa.

Parece comprensible que el ex mandatario yugoslavo no quiera conmemorar nada. Desde que se inició, en febrero de 2002, el juicio en su contra, ha tenido que soportar un áspero calvario, sólo atemperado por sus siempre histriónicas intervenciones ante los jueces de la Alta Corte internacional.

El proceso ha sido una múltiple cadena de imprevistos y tuvo que ser aplazado diez veces por sus problemas de salud, sobre todo estrés y tensión arterial elevada, derivados de un exceso de trabajo al querer asumir él mismo su defensa, convertida para el ex gobernante de facto en un auténtico padecimiento físico y un enorme desgaste psicológico.

Es un hecho tangible que estos dos años de reclusión, al margen de la desagradable privación de libertad, sólo le han reportado sinsabores, a excepción de un par de reconfortantes visitas de su mujer Mira Markovic, mano derecha de su régimen omnímodo, y de la satisfacción de haber conseguido, en alguna de sus intervenciones más sonadas, amplio eco en la prensa internacional.

No se trata sólo de la titánica labor de tener que analizar decenas de legajos judiciales en preparación de su defensa, o de soportar ser objeto del dedo acusador del mundo por supuesto beneplácito a la realización de atrocidades en nombre de una “gran Serbia, étnicamente pura”.

Las propias condiciones de reclusión la convierten en un “purgatorio”, en el más puro sentido bíblico, según ha confesado el propio acusado a medios de prensa de Belgrado. Él mismo pidió ser liberado de inmediato por “motivos humanitarios”. La TPIY lo interpretó como una mera estratagema jurídica.

En este sentido, el pasado verano (europeo) podría ser el paradigma de la penosa situación personal del ex dictador.

Deprimido, enfermo y debilitado, el presunto instigador de las casi 7.000 ejecuciones sumarias de bosniomusulmanes de Srebreni ca, organizadas - según el TPIY- por el ex líder serbobosnio Radovan Karadzic, y su ex jefe militar, Ratko Mladic, ha pasado, cuentan círculos allegados, una de sus peores depresiones desde que ingresó en el penal de Scheveningen.

Apartado del mundo

Esta prisión desde cuyas cercanías se percibe el bravío Mar del Norte, situada en un coqueto balneario a cuatro kilómetros de La Haya, posee un aire de castillo-fortaleza, con un toque medieval y siniestro. Scheve ningen es el destino provisional de los más de 40 “carniceros de los Balca nes” en poder de la justicia de Nacio nes Unidas, cuyos procesos están ahora en curso.

La idea de sus conceptores es que quienes estén allí sientan “todo el peso de la justicia internacional”.

Todas sus comodidades se reducen a una exigua celda de unos siete metros cuadrados, en la que tiene una cama, una mesa, una silla y un armario, lavabo, retrete y un aparato de televisión, además de una ventana que da a un patio interior. “Slobo” sólo puede respirar el aire salado del Mar del Norte dos veces al día y tiene derecho a tres comidas, todas en su celda: nada de vida social para los presuntos criminales de guerra.

En las afueras de La Haya, capital administrativa de Holanda, y sede de la Corte Internacional de Justi cia y del Tribunal Penal Permanente, de Scheveningen es sinónimo de buen pescado, sobre todo lenguado y arenque, de agitada actividad portuaria, de dunas de arenas grisáceas y de gaviotas. A pocas estaciones de tranvía de
Scheveningen está Madurodam, la Meca para miles de niños, pues se encuentra allí la miniciudad donde están reproducidos los monumentos y edificios más significativos de Holanda y del mundo. Un visitante malicioso sugiere que se coloque allí un modelo a escala reducida de la cárcel de Scheveningen, con un pequeño muñeco de Milosevic como “novedad”.

Para el ex dictador no hay paseos al borde del mar, ni visitas a las famosas reservas de focas, ni lectura de cuentos a sus nietos en las noches del crudo invierno holandés. Tampoco tiene en Scheveningen un plato de buen arenque o de patatas fritas con abundante mayonesa, uno de los “platos rápidos” preferidos de los habitantes locales.

Los lugareños no parecen nada entusiasmados con que su ciudad tenga que soportar durante mucho tiempo más la presencia de un vecino nada ilustre como es Milosevic y los otros presuntos criminales de guerra de la ex Yugoslavia.

“Preferiría que trasladaran a Milosevic fuera de aquí. Ese hombre está dañando la imagen de La Haya, cuanto antes se marche, mejor”, afirma Piet, un vendedor de prensa . “A mí me da igual. Yo gano mucho dinero gracias a él”, admite con ironía Marc, conductor de taxi que obtiene buenas ganancias extras transportando al TPIY a numerosos periodistas que cubren cada semana el proceso contra el ex dictador.

La palabra Scheveningen es sinónimo de terror para los holandeses, que para identificar a los nazis infiltrados en las filas de la resistencia en la Segunda Guerra Mundial les hacían pronunciar en alto el nombre de esa ciudad. Quienes no conseguían hacerlo correctamente en neerlandés (“sjeveningen”) eran detectados de inmediato. De todos modos, nadie cree que Milosevic vaya a ser sometido a esa prueba fonética, su filiación ideológica es bien conocida.


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