23 de marzo 2003

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¿Y el derecho
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Por las trampas
del dogma
Desde la óptica
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De la teoría
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LA LIBERTA DE EXPRESIÓN ES POSIBLE
Por las trampas del dogma

Algunos políticos creen que, en tiempos de campañas electorales, el periodismo fiscalizador debe irse de vacaciones. Se olvidan de que en los países más libres que conoce el mundo, la crítica y vigilancia de los actos de los administradores se eleva durante los períodos electorales. Algunos políticos salvadoreños construyeron una trampa contra el periodismo que, aunque no es novedosa, debe empezar a desactivarse

Lafitte Fernández
vertice@elsalvador.com

El periodismo salvadoreño es un joven actor en una bisoña democracia que se construye, desde hace una década, a prueba y error.
Son tales las aportaciones que cumplen los medios de comunicación en esa génesis moderna, que existen momentos en que es difícil distinguir si el periodismo lleva en sus espaldas a la democracia o si ésta es la que arrastra hacia nuevos umbrales a los periodistas.
Hace una semana, la democracia salvadoreña puso a prueba uno de sus ejercicios fundamentales: la elección de legisladores y alcaldes.
De la campaña se sacan varias lecciones. Van desde lo puramente político-electoral hasta el temido resurgimiento de una dosis de violencia que, esta vez, dejó al menos un muerto.
Si en el pasado El Salvador podía advertirle al mundo que, después de los Acuerdos de Paz, había transitado por tres elecciones presidenciales y un número igual de votaciones de medio período, sin que se disparara un sólo tiro, esta vez no.
También el periodismo recibió una nueva lección: los políticos le construyeron una trampa al periodismo que, aunque no es innovadora, es necesario desterrarla por el bien de esta naciente democracia.
Esa trampa tiene un método: tratar de descalificar, moralmente, a los periodistas que les resulten incómodos a algunos políticos.
Lo hicieron, sin piedad, y en complicidad con varios medios de comunicación y periodistas, para intentar blindarse contra la crítica y la fiscalización de sus actos.

Por la recta

El mayor problema para el periodismo salvadoreño es que esa trampa siempre significará, para esos políticos, al igual que la definición matemática de la recta, el camino más cerca entre dos puntos.
Esa tramoya, ese recurso fácil y trapero, tiende a convertirse en hábito, oficio y arte. También en patíbulo. Y eso es lo que, precisamente, se debe evitar que ocurra en la conducta de los políticos.
Bajo riesgo de levantar, nuevamente, las telarañas de las zancadillas, debo escribirlo de esta manera: los artífices de esa trampa fueron algunos de los principales dirigentes del FMLN.
Además, con un travieso esquema estratégico y de cálculo electoral, se involucró en ese juego el alcalde capitalino, Héctor Silva.
Y todo el ardid en que envolvieron al periodismo salvadoreño nació una relación de casualidad.
A las acusaciones de malos manejos de un fondo del programa de la basura, los políticos respondieron que todo obedecía a una interferencia de medios y periodistas en los asuntos de la campaña electoral.
Ante denuncias hechas en el sentido de que la compañía canadiense que maneja el plan de los desechos sólidos posee socios fundadores vinculados, por las autoridades de ese país, con mafias ítalo-canadienses, se respondió que todo fue un invento político-publicitario.
En un momento, saltó una duda: la posibilidad de encontrar un homónimo en uno de los actores y socios principales de CINTEC, la empresa canadiense.
El Diario de Hoy salió a reconocer, públicamente, esa posibilidad. Como respuesta, los políticos intentaron dinamitar las gravísimas denuncias, parados en una sola duda.
Siempre escondieron el hecho de que la posibilidad del homónino recaía, exclusivamente, sobre un nombre.
Como los peores alumnos de aritmética, nadie dijo una sola palabra de los restantes cuatro personajes que aparecían en la historia.
A ninguno de los políticos les importó que un negocio de más de $200 millones se disfrazara como inversión extranjera y acabara transformado en un espeluznante esquema financiero donde a más de un millón y medio de salvadoreños les abrieron sus bolsillos para sacarles el dinero.
Como buenos guerreros que fueron en sus mejores tiempos, los dirigentes del FMLN llenaron de minas el territorio en que se mueve el periodismo.
Fue entonces cuando nació la tesis fundamental: que en tiempos de campaña electoral cualquier elevación en la crítica o denuncia nacida del papel fiscalizador del periodismo es “campaña política sucia”.
De acuerdo con eso, en las campañas electorales el periodismo fiscalizador debe irse de vacaciones o retirarse.
Lo más insólito de todo eso es que esa tesis prendiera fuego con el aplauso de algunos periodistas y medios que se autodenominan “independientes”, a pesar de que no pueden ocultar su sarampión político (se les pintaba el color en la cara).
La tesis del retiro del periodismo en tiempos electorales no sólo es absurda, sino profundamente antidemocrática y hasta paradójica para el propio FMLN.
Ese partido no cayó en la cuenta de que en el último documento ideológico y programático que construyó para atacar el papel de los medios de comunicación de El Salvador, se encuentran las mismas bases que permiten desplomar la tesis del retiro obligatorio del periodismo libre.

Derecho a informar

El derecho que tienen los salvadoreños a informarse cumple, entre otras cosas, una función social y de aporte democrático.
Cuanto mejor informados estén los ciudadanos sobre los actos de los candidatos que se postulan a puestos de elección popular, con mayor dosis de libertad y conocimiento tomarán la decisión final del voto.
Precisamente por eso es que en los países más libres que conoce el mundo, el periodismo crítico y fiscalizador adopta sus mayores grados de vitalidad.
Si en Estados Unidos se hubiese pensado lo contrario, no habría existido el caso “watergate”. Tampoco se hubiesen conocido las picardías de Gary Hart, los líos profesionales de Hillary Clinton o las prácticas sexuales de Bill Clinton.
Contrario a eso, la bobería del retiro vacacional que construyó el FMLN no es más que una negación contra el último documento ideológico y programático que llamaron “Democracia, Prosperidad y Justicia Social”.
En ese pliego critican y examinan el papel de los medios de comunicación de El Salvador, y piden que al pueblo salvadoreño se le garantice el derecho a la “información oportuna, suficiente y objetiva”
¿Para qué piden eso? Para que los salvadoreños funden sus decisiones más importantes en la información que reciben.
¿Quién entiende, entonces, al FMLN? ¿O es que lo que quieren es suficiente información pero siempre que no perjudique a sus dirigentes? O, quizá, se inventaron una nueva teoría: que el derecho a la información sólo se ejecuta por temporadas.
El camino que siguieron para blindar a sus candidatos fue tan errático, que ni siquiera tomaron en cuenta que la bandera que levantaron los puede golpear en la cara.
Si aplicáramos el razonamiento del FMLN, en la próxima campaña electoral presidencial la gestión del presidente Francisco Flores no podrá examinarse porque la fiscalización, y hasta las evaluaciones, serán parte de una “campaña sucia”.
A veces pienso que ni siquiera ellos mismos tienen la dimensión de lo que construyeron, en un intento por huir de la verdad, de lo que han construido. La trampa tiene tallas 90-60-90. Fue perfecta para confundir a electores, pero terminó siendo tan absurda que significaría callar el periodismo en los períodos culminantes en que el FMLN intente llegar a gobernar el país.
Ante los desatinos del FMLN, el periodismo salvadoreño debe ganar una importante batalla: fijarle a los políticos sus fronteras.
Cuando un periodista denuncia hechos que golpean la moral y el buen manejo de los asuntos públicos, el político sólo tiene un camino: demostrar que el periodista miente.
Para hacerlo, puede examinar el instrumental y el método periodístico utilizado. También las más importantes instituciones éticas del periodismo.
Lo que no debe, ni puede, el político es salir a advertir, con absoluta intolerancia democrática, que al periodista le huele la boca o está desaliñado.
Tratar de descalificar, moralmente, a un periodista es un irrespeto y una práctica antidemocrática.
Al periodista se le juzga por su aproximación o lejanía de la verdad. Se le juzga por su método. Por su contextura ética.
El problema se da cuando se examina al periodista con la peor máxima que usan los políticos: o estás conmigo o contra mí.
Hace pocos días escuché la última temeridad de un político.
Luis Laínez, el editor de la sección de política de este diario, escribió con correcta técnica periodística, un análisis basado en una gélida cifra que demostraba que la votación total del FMLN disminuyó (lo que es absolutamente cierto) en los comicios realizados el domingo .
Cuando un entrevistador de televisión le preguntó a Schafik Handal, principal líder del FMLN, sobre ese hecho examinado, le respondió que el problema es que él forma parte de un supuesto aparataje que hace campaña contra su partido.
De nuevo, el mismo expediente: descalificar, agredir, mentir, abusar y, sobre todo, mostrarse como un gigante de la intolerancia democrática contra uno de los mejores periodistas que tiene este país.

Peor aún

Más lamentable aún es el papel que asumen algunos medios de comunicación y periodistas para ayudarle a los políticos a construir el cerco contra quienes se atreven a fiscalizar actuaciones de los candidatos a cargos públicos.
El juego es fácil de dibujar: una vez planteada la denuncia contra un político de su afinidad, se le invita o permite comparecer en su programa para que, supuestamente, se defienda desde esa tribuna.
Mediante dolosos interrogatorios, se facilita que, desde ahí, se lancen toda suerte de las descalificaciones morales contra los periodistas.
Y todo eso ocurre en medio de un lamentable y aparatoso manejo, del entrevistador, de los hechos más importantes que fueron planteados en las denuncias originales.
En otras palabras, al político: “venga, que juntos construiremos aquí el patíbulo contra el periodista”.
Para hacer eso, se olvidan de que: 1) es el periodista a quien denuncian quien mejor conoce el tema; 2) que, generalmente, el funcionario enjuciado decide, con absoluto irrespeto por el periodismo, negarse a explicarle, a él, los hechos fundamentales, y 3) el periodismo de investigación plantea la denuncia. El periodista de opinión responde.
Peor aún: se sienta a hablar de un entrevistado que, muchas veces, en sus espacios informativos ni siquiera ha explicado a su público.
¿Qué puede esperar el periodista de ese esquema? Lo único que puede hacer es sentarse a mirar su linchamiento.
Nada de eso es honrado. Nada de eso es ético. Nada de eso contribuye a encontrar la verdad, al fin y al cabo, el más importante compromiso del periodista.

Lo peor es que periodistas y medios de comunicación se prestan a construir patíbulos contra
aquellos que se atreven a denunciar actos de los administradores.

El político siempre le dirá al periodista: o estás conmigo o contra mí.




LA LIBERTA DE EXPRESIÓN ES POSIBLE
De la teoría a la práctica

Las escuelas de comunicación y periodismo gradúan a miles de estudiantes anualmente. Sin embargo, la oferta laboral es mínima. Pocos son los que logran ingresar a una redacción. Las universidades han optado por abrirse a otras ramas de la comunicación con el fin de ofrecer mayores opciones laborales a los estudiantes

Las escuelas de comunicación y periodismo en El Salvador comenzaron a despuntar después de la guerra.
Hoy existen, al menos, seis carreras de comunicaciones en todo el país. De estas, solo dos (en la Universidad Nacional y la Tecnológica) se definen escuelas de periodismo; las demás hacen una mezcla de ramas como la publicidad, la comunicación institucional y el diseño.
Con el paso del tiempo, las escuelas de comunicación han comenzado a tener mayor demanda; sin embargo, en el periodismo la realidad no parece ser la misma. ¿La razón? La oferta laboral en el área del periodismo es mínima.
“Pasar cinco años, más la tesis, estudiando para trabajar en 5 o 7 medios es una locura. Hay varias escuelas, entonces el campo de trabajo en periodismo es muy estrecho en el país”, explica Ricardo Chacón, director de la carrera de Comunicación de la Universidad José Matías Delgado.
La poca oferta laboral sumado a la demanda de otras ramas de la comunicación han favorecido que las escuelas hayan abierto sus cátedras a diversos conocimientos. La carrera de Comunicación y Periodismo en la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas (UCA) cambió su nombre y su pensum después de un largo estudio.
Daniel Rivas, coordinador de la carrera, explica que con las modificaciones se pretende potenciar tres áreas en los estudiantes.
“La carrera de Comunicación Social fue pensada para hacer del estudiante un profesional integro. Pretendemos fomentar las habilidades, los conocimientos y las actitudes”.

Realidad vrs. catedra

Pese a los cambios que se vienen dando en estas carreras , el diléma de la realidad versus la cátedra es el que más atormenta tanto a estudiantes como a profesores.
La historia se repite. Los estudiantes que entran por primera vez a una redacción se enfrentan a una realidad diferente a la académia.
La dinámica de un medio de Comunicación, las líneas editoriales, entre otras razones no permiten muchas veces prácticar lo exigido en clases.
Esta realidad abre una permanente brecha entre redacción y cátedra. La dinámica del medio termina por imponer las reglas del juego.
El jefe del Departamento de Periodismo de la Universidad Nacional, René Contreras, cree que es necesario un mayor asercamiento entre los departamentos de periodismo con los medios. "En esta universidad lo que hemos hecho es vincular a los alumnos a los medios a través de los servicios sociales".
Regina Alvarenga, directora de la carrera de comunicaciones de la Universidad Don Bosco, asegura de que para acercar la brecha se trabaja de la mano con profesionales. "De esa forma vinculamos a los alumnos con la realidad", comenta Alvarenga.
Para Daniel Rivas, de la UCA, lo importante es formar a los estudiantes para que tomen la mejor decisión. "Tratamos de darles las herramientas y que puedan tomar la mejor decisión. Se trata de que respondan de forma responsable y ética frente a una realidad determinada".

Uno de los mayores dilemas a los que se enfrenta un estudiante de periodismo es el abism
o que existe entre la cátedra y los medios



LA LIBERTA DE EXPRESIÓN ES POSIBLE
Por un nuevo enfoque

Ante una realidad en constante cambio, las escuelas de periodismo en El Salvador se plantean retos. Pese a los nuevos enfoques que se están dando, algunos representantes de las carreras de comunicaciones y periodismo recocen que aun existe una separación entre la realidad de un Medio y la realidad académica

Regina Alvarenga

Enfocar

Pese a que la Universidad Don Bosco no contempla la Licenciatura en Periodismo; ha hecho de este ramo un eje transversal de toda la carrera de Ciencias de la Comunicación.
La directora de la escuela de comunicaciones, Regina Alvarenga, sostiene que es necesario enfocar la educación de manera especializada y, de esta forma, eliminar los vacíos que se genera cuando los estudiantes llegan a las salas de redacción.
Alvarenga sostiene que es necesario mantener una estrecha relación entre la cátedra y la realidad. “Cuando nosotros realizamos una revisión curricular siempre invitamos a profesionales para que ellos nos orienten sobre las habilidades que hay que fomentar en los estudiantes”. De esa manera, afirma la directora, acercan la realidad a la cátedra.
Otra de las ramas en las que más se trabaja en la universidad es con periodistas que ya están en el campo. “Buscamos personas con suficiente experiencia para que potencien a los estudiantes”, explica.

René Contreras

Moderno

La Universidad Nacional fue la primera en fundar una escuela de periodismo en El Salvador.
René Contreras, feje del Departamento de Periodismo, asegura que se encuentran en una etapa de autoevaluación de los currículos. “Las críticas han sido muy fuertes, por eso estamos tratando de implementar otras modalidades para los estudiantes”.
Contreras explica que actualmente se le motiva a los estudiantes para que después de terminar la carrera sigan más estudios.
“Creemos que hay necesidad de llevar gente a estudiar y trabajar en el extranjero para que traigan experiencia”, comenta.
Contreras reconoce que la falta de recursos es un problema grave en la escuela de periodismo que dirige.
“Al menos, para la UES, por la falta de recursos en el campo de lofinanciero, la falta de formacion docente las cosas se complican. Empezasmos trabajamos con 10 computadoras sencillas y de esas, cuatro ya no funcionan. Ahora tenemos crisis por falta de pupitres”, dijo.



Ricardo Chacón

Ampliar

Ricardo Chacón, director de la escuela de comunicaciones de la Universidad Matías Delgado, sostiene que la gente busca más la carrera de comunicaciones en general. “Hay una minoría que quiere periodismo”, señala.
Sostiene que la comunicación da mayor amplitud de oportunidades, mientras que el periodismo no.
“En comunicaciones hay más trabajo... En El Salvador estudiar periodismo para trabajar en cinco o siete medios es una locura”.
En este sentido, la carrera de comunicaciones de la Matías Delgado cambió su pensum para ampliar el campo de conocimientos.
Para el director de la carrera es necesario vincular la formación académica con la experiencia real en los Medios de Comunicación, lo cual permitirá mayor enriquecimiento a ambas instituciones.
“La investigación no se está haciendo. Estamos desvinculados y por eso siguen aparciendo muchas universidades repitiendo los manuales de hace 20 años. Se tienen que cambiar muchas cosas”, dijo.

Daniel Rivas

Analítico

La Universidad Centroamericana José Simeón Cañas (UCA), a través del departamento de Comunicaciones, pretende formar profesionales intregrales.
“Acabamos de cambiar el pensum porque lo que buscamos es que los estudiantes sean capaces de responder de forma ética y responsable frente a la realidad”, explica Daniel Rivas, coordinador de la carrera.
Rivas señala que actualmente los jóvenes están entrando a la universidad con muchas deficiencias.
“Yo solo daba clase a la gente de cuarto y quinto año; pero cuando empecé a darle a los de primer año hubo momentos en los que realmente no sabía que hacer porque les costaba mucho aprender”, comenta.
El coordinador reconoce que es difícil definir los motivos que mueven la apatía de los jóvenes recien llegados a la universidad y empezar con su preparación.
“Me gustaría hacer una investigación para saber las causas. Uno puede tener intuiciones. A lo mejor es la realidad del mundo la que está mal”, señala.




LA LIBERTA DE EXPRESIÓN ES POSIBLE
Periodistas hacen historia

La historia puede tener rostros y esos podrían ser los de periodistas, quienes han vivido y sufrido diversos momentos de la realidad salvadoreña. Seis periodistas relatan las experiencias de su atrevida profesión. Recuerdos que, obviamente, han marcado sus vidas

Un cuartel insurrecto Salvador
Cuartel El Zapote no sólo ha servido como un lugar de concentración de efectivos, más bien, ha sido el espacio donde se gestaron movimientos de golpes de Estado salvadoreños.
El coronel Mejía se sublevó hace más de 30 años, contra el gobierno del general Fidel Sánchez Hernández, convirtiendo al cuartel en su trinchera. Desde allí, se planea la detención del gobernante, cuya oficina justo frente a las instalaciones del cuartel del recinto militar.
En un principio, se suponía que el “golpe”, se había logrado certeramente. No obstante, el movimiento golpista no logró el objetivo ante la oposición del jefe de las fuerza aérea, coronel Vicente Sánchez Hernández, hermano del mandatario.
“Fue cuando se ordenó el bombardeo del Zapote y así obligar a la rendición”, recuerda el periodista Peñate Zambrano, quien se encontraba en el interior del cuartel.
Otras de sus anécdotas, es cuando el 24 de octubre de 1960 se realiza un golpe de Estado en contra del presidente, coronel José María Lemus, dirigido por varios oficiales, entre ellos los generales Parada y López Ayala.
Lemus es detenido y llevado a El Zapote, mientras en ese mismo lugar toman posición una Junta Cívico militar.
“Yo tomé la fotografía de los golpistas. Entré al salón con el doctor Reynaldo Galindo Pohl y Serafín Quiteño, quien trabajaba en El Diario de Hoy”, recuerda el periodista, hoy jubilado.


Tiempo de censuras
Corrían los años ochenta, a la cabeza del gobierno se encontraba Napoleón Duarte.
La consigna del momento fue acallar las voces del pueblo y a los medios que sirven de tribuna.
Al segundo año de su mandato, el presidente Duarte se vuelve enemigo declarado de uno de los medios escritos de mayor circulación en el país: El Diario de Hoy, durante una presentación televisiva en la que afirmó: “Yo no leo El Diario de Hoy”.
Duarte llegó al extremo de cancelar las suscripciones y a prohibir la circulación de este diario en las oficinas públicas.
Ordenó asimismo no convocar a periodistas de ese rotativo a las conferencias de los funcionarios de su gobierno y generó trabas de orden económico orientadas a entorpecer el funcionamiento del periódico, tales como la restricción de divisas, a través de la banca, para la compra de repuestos, accesorios, equipo y materias primas.
De igual manera, el entonces presidente ordenó suspender la publicación de los avisos oficiales en El Diario de Hoy.
Las presiones económicas de ese entonces, contra el rotativo fueron condenadas por la Sociedad Interamericana de Prensa SIP.
Un curioso fenómeno se espera a continuación:contrario a la esperada reacción popular en contra del diario, este experimentó un súbito aumento en su circulación pagada. Los tiempos fueron duros.
Periodista Rolando Monterrosa


Llega la hora de la paz
Fin del año 1991, fin de una guerra... ese era el marco bajo el cual se realizaban en la sede de las Naciones Unidas, las rondas finales de conversaciones entre la guerrilla y el gobierno, recuerda el periodista Rafael Domínguez, enviado especial a Nueva York.
Una serie de reuniones terminaba con aquel 31 de diciembre.
Para muchos, finalizaban sólo para volver a empezar quizá, cinco, diez o quince días después, pero para Rafael quién había estado al pie del cañón esperando la orden de disparar la noticia del fin de la guerra. Ese 31 de diciembre, sabía que era el último que El Salvador viviría en el temor, la oscuridad y la zozobra que produce la guerra.
Los solitarios pasillos de aquel edificio situado en Manhattan, contrastaban con el bullicio y la algarabía de los bares, discotecas y apartamentos vecinos, donde poco o nada se sabía de nuestro país.
Ese era el lugar en donde esperaban los comunicadores, sentados en el suelo, viendo a través de los cristales, cómo las calles se quedaban solas... y en el piso 13, la historia de nuestro país se estaba escribiendo.
Muchos dijeron nos vemos el otro año, en la próxima ronda; otros, pensaron mañana volvemos, y unos más como Rafael esperaban lo que en rumores se comentaba.
“Hoy se firma la paz, hoy se firma el fin de la guerra en El Salvador”.
La afirmación se la dijo uno de los delegados del FMLN, como secreto y quizá eso mejoró la temperatura de menos de 12 grados que hacía afuera. “Sabía que ese ‘flash’ no me engañaría”, recuerda Rafael, quien desde octubre se mantenía en constante cobertura periodístico al tema del diálogo negociación salvadoreño.
La voz del Secretario General de la ONU, Javier Pérez de Cuéllar, rompió el silencio de la escena.
Leyó lo que por título decía “Acuerdo para el final del conflicto armado”... por instinto de periodista, Rafael, le dice a Moisés Urbina que llamara a El Salvador para dar la noticia. “Pensé, bueno no importa...no seré yo quien de la noticia, pero al fin y al cabo yo estaba ahí y eso bastaba para hacerme feliz”.


La guerra de Cien Horas
Pedro Rodríguez es uno de los periodistas que ya cuenta con mucho trecho recorrido en periodismo: 37 años.
Sus experiencias en el campo son muchas, pero no pasa por alto en su memoria, la ocurrida a mediados de julio de 1969, cuando El Salvador se enfrenta militarmente con su vecino país, Honduras.
Pedro con apenas 22 años, es enviado a la zona hondureña de Nuevo Ocotepeque, ocupada por tropas salvadoreñas.
Ya el fuego del fusil había terminado gracias a la intervención de la Organización de Estados America-nos OEA.
El ejército salvadoreño, entregaría la zona a los delegados internacionales. Rodríguez era parte de la delegación de prensa salvadoreña.
Antes de iniciar el acto, junto a otros periodistas, Rodríguez visita la capital hondureña
Se les advierte que en el estadio “Kennedy” se encontraban decenas de personas hondureñas detenidas durante el conflicto.
“Le llamaban la mancha brava, integrada por soldados y civiles colaboradores de las fuerzas armadas hondureñas” recuerda.
No había transcurrido ni 20 minutos cuando un batallón de infantes los intercepta y les retiene. La noticia era que los reos se habían escapado en estampida del estadio.
En cuestión de minutos, se abre fuego contra los prófugos. “Nunca había visto morir a tanta gente”, sostiene Rodríguez.
Casi de inmediato camiones del ejército retiraban los cadáveres de las calles donde habían quedado.
”Muchas cosas de esa guerra no se dijeron, debido a la misma situación que imperaba”, sostiene el periodista, cuya imagen fue captada por un amigo, minutos antes de cometerse el múltiple asesinato de la llamada “mancha brava”.


Llanto en Chichontepec
Alas 8:00 de la noche, Osorio recibe la noticia que debe salir rumbo al volcán Chi-chontepec, en San Vicente, donde presuntamente ha caído un avión comercial.
Luego de horas de caminar a oscuras por diversos puntos del volcán, Osorio se topa con una llanta posiblemente de la aeronave.
Metros adelante, un cordón militar señala el lugar de la tragedia. Pero habría que esperar la salida del sol, antes de cualquier movimiento.
La noche estaba fría y la lluvia empeoraba el ambiente.
Con los primeros rayos del sol, Osorio, y el resto de periodistas que ya habían llegado hasta el lugar, quedaron perplejos ante la aterradora escena, de ver los restos humanos dispersos en el terreno.
Se informó, luego, que habían muerto 65 pasajeros de un vuelo comercial de Aviateca, que debía hacer escala en El Salvador.
A pesar de la advertencia militar de no ingresar a la zona, Osorio se coló, y su cámara captó los cuerpos de una mujer y un niño a su lado, de más de un año de edad, quienes aún permanecían en un asiento del avión.
“Fue tanta la impresión, que no pude contener las lágrimas”,recuerda el fotoperiodista.
Minutos más tarde captó con su cámara otras imágenes de las víctimas y algunos de sus objetos personales dispersos por doquier. Osorio dice nunca haberse imaginado una escena tan desgarradora.


Muerte de un periodista
Fue el 16 de marzo de 1989, precisamente el día de las elecciones presidenciales cuyos mayores contendientes eran Alfredo Cristiani, por ARENA, y Fidel Chavéz Mena, del PDC.
Un día antes, a la ciudad de San Miguel, había llegado un grupo de periodistas de canal 12, entre ellos el periodista Raúl Beltrán; el cámara Wilfredo Pineda y, el asistente, Mauricio, hermano de Wilfredo.
Eran las 6:20 de la mañana. Los tres viajaban en un pick up con su respectivo distintivo de prensa. Cuando llegaron al empalme de la carretera hacia La Unión, pasaron un control militar. No hubo señales de alto en el lugar.
Segundos después, una ráfaga de balas impactó en el vehículo. Wilfredo vio a su hermano mal herido, en la cama del pick up, por lo que decidieron retroceder.
“Llevémoslo a un hospital”, le dijo Wilfredo a Beltrán. Este último le dijo que sería inútil. Le pidió, entonces, encender la cámara y filmar la escena. Los soldados argumentaron que habían sido atacados por los periodistas.
La noticia del incidente corrió hasta las oficinas centrales del canal, de donde se buscó la intervención de los altos mandos del ejército.
Horas más tarde, las imágenes del asesinato de Mauricio fueron transmitidas al país y el mundo.
Se responsabilizó del crimen a un soldado, quien un año después, durante la audiencia judicial, fue puesto en libertad.
En aquel momento, como ahora, la muerte de Mauricio ha sido la historia más dolorosa para la familia.



LA LIBERTA DE EXPRESIÓN ES POSIBLE
De El Salvador al mundo

Los obstáculos registrados en el periodismo salvadoreño, no impiden a los medios de comunicación concretar esfuerzos para mantener informados a nacionales y extranjeros, dentro y fuera del territorio salvadoreño. La red de internet sigue perfilándose como un medio poderoso de la comunicación en masa

Mantener un medio de comunicación es difícil. Se tiene que lidiar con la organización de los diferentes departamentos, sobre todo los de producción y rotativa, el diseño en papel de anuncios y esquelas, en fin... En medio de las dificultades de infraestructura de los medios tradicionales surge una alternativa: el medio electrónico.
Un medio de comunicación publicado en la red tiene la ventaja de no tener que gastar en papel y reduce los costos de producción.
Además, es posible accesar a la información desde cualquier parte del mundo en cuestión de segundos.
La desventaja es que no todos tienen una computadora a la mano o el conocimiento de la tecnología para poder tener acceso a las noticias.
Los periódicos del país poseen una versión web, donde además de presentar noticias publicadas en la edición impresa, dan a conocer de manera permanente noticias de interés locales o internacionales de forma dinámica.
elsalvador.com es la versión electrónica de El Diario de Hoy. La Prensa Gráfica también tiene su lugar en el ciberespacio.
Pero además de las versiones web de los medios de comunicaciones, se están realizando esfuerzos por hacer un periodismo en el seno mismo de la red.
Se trata de periódicos y revistas completamente electrónicas, que pueden surgir como un medio informativo más o como parte de un servicio extra de instituciones públicas y privadas o de universidades.
Los medios electrónicos presentan la ventaja de servicios adicionales como salas de charlas, correo electrónicos y una información ordenada y actualizada de una forma más rápida que la edición impresa de periódicos.
En El Salvador se cuenta, por ahora, con un solo sitio noticioso denominado: elfaro.com
Se espera nuevas iniciativas naveguen internet.



 

 

 

 

 



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