23 de marzo de 2003

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LA COLUMNA

Mirella Cáceres
vertice@elsalvador.com

El efecto humano
Un conocido dicho reza que en la guerra y el amor todo se vale. La guerra de Estados Unidos e Inglaterra en contra de Irak se convierte en un claro ejemplo para reflexionar hasta qué punto un conflicto de tal naturaleza puede propiciar ese tipo de libertades. Esto en el sentido de llevarse a los civiles de encuentro.
Desde la noche del martes, cuando se ordenaron los primeros ataques, se empezaron a registrar los desastres que tanto anticiparon los movimientos pacifistas en diversas partes del mundo. Las primeras imágenes televisivas que llegaron desde Bagdad, la capital iraquí, bajo fuego, no pueden dejar de causar tristeza en todo aquel que aún conserva un poco de sensibilidad. Aún más desgarrador se vuelve contemplar algunas fotografías de los civiles heridos, saber de las primeras bajas entre los ejércitos contendientes y periodistas que cubren el conflicto.
El drama humano es indudablemente el mayor efecto desastroso de toda guerra. El viernes anterior, los iraquíes habrían estado celebrando el Nauroz, el Festival de la Primavera, con picnics en las orillas de los legendarios ríos Tigris y Éufrates, pero se la pasaron bajo los búnkeres para protegerse de la lluvia de misiles. Losmismos soldados o informadores podrían estar con sus familias, pero están inmersos en una guerra, cuyas causas aún me cuestiono.
De sobra conocemos la intención de los estadounidenses, en acabar con el gobierno de Sadam Hussein, las armas de destrucción masiva y las redes terroristas que alberga esta nación del oriente medio. Pero me llama la atención que dentro de los ocho objetivos de la guerra expuestos por el Pentágono figure el fin a las sanciones impuestas a Irak y enviar de inmediato alimentos y medicamentos, al pueblo iraquí, después de haberlo destruido. Me pregunto si el envío de ayuda humanitaria podría aplacar el dolor que deje el conflicto en las familias iraquíes.
Pienso que si los impulsores de las guerras, independientemente de si son justas o no, meditaran sobre los desastrosos efectos humanos que dejan ese tipo de decisiones, buscarían otras vías de solución a sus conflictos o diferencias.
Los salvadoreños, que aún sufrimos los efectos de un conflicto armado, podremos tener oponiones decididas sobre si los doce años de guerra sirvieron o no, pero creo que todos estaríamos de acuerdo con que ninguna guerra es beneficiosa y que nadie habría deseado ese doloroso proceso. Por doce años, los salvadoreños nos acostumbramos a ver muertos y heridos por todos lados, estallido de bombas y silbidos de balas. Por eso, mirar las imágenes de la guerra en Irak, trae a la memoria ese pasado de guerra que destrozó miles de vidas en El Salvador, y cuyos efectos siguen sintiéndose hasta ahora

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