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LA
COLUMNA
Mirella
Cáceres
vertice@elsalvador.com
El efecto humano
Un conocido dicho reza que en la guerra y el
amor todo se vale. La guerra de Estados Unidos e Inglaterra en contra
de Irak se convierte en un claro ejemplo para reflexionar hasta qué
punto un conflicto de tal naturaleza puede propiciar ese tipo de libertades.
Esto en el sentido de llevarse a los civiles de encuentro.
Desde la noche del martes, cuando se ordenaron los primeros ataques,
se empezaron a registrar los desastres que tanto anticiparon los movimientos
pacifistas en diversas partes del mundo. Las primeras imágenes
televisivas que llegaron desde Bagdad, la capital iraquí, bajo
fuego, no pueden dejar de causar tristeza en todo aquel que aún
conserva un poco de sensibilidad. Aún más desgarrador
se vuelve contemplar algunas fotografías de los civiles heridos,
saber de las primeras bajas entre los ejércitos contendientes
y periodistas que cubren el conflicto.
El drama humano es indudablemente el mayor efecto desastroso de toda
guerra. El viernes anterior, los iraquíes habrían estado
celebrando el Nauroz, el Festival de la Primavera, con picnics en las
orillas de los legendarios ríos Tigris y Éufrates, pero
se la pasaron bajo los búnkeres para protegerse de la lluvia
de misiles. Losmismos soldados o informadores podrían estar con
sus familias, pero están inmersos en una guerra, cuyas causas
aún me cuestiono.
De sobra conocemos la intención de los estadounidenses, en acabar
con el gobierno de Sadam Hussein, las armas de destrucción masiva
y las redes terroristas que alberga esta nación del oriente medio.
Pero me llama la atención que dentro de los ocho objetivos de
la guerra expuestos por el Pentágono figure el fin a las sanciones
impuestas a Irak y enviar de inmediato alimentos y medicamentos, al
pueblo iraquí, después de haberlo destruido. Me pregunto
si el envío de ayuda humanitaria podría aplacar el dolor
que deje el conflicto en las familias iraquíes.
Pienso que si los impulsores de las guerras, independientemente de si
son justas o no, meditaran sobre los desastrosos efectos humanos que
dejan ese tipo de decisiones, buscarían otras vías de
solución a sus conflictos o diferencias.
Los salvadoreños, que aún sufrimos los efectos de un conflicto
armado, podremos tener oponiones decididas sobre si los doce años
de guerra sirvieron o no, pero creo que todos estaríamos de acuerdo
con que ninguna guerra es beneficiosa y que nadie habría deseado
ese doloroso proceso. Por doce años, los salvadoreños
nos acostumbramos a ver muertos y heridos por todos lados, estallido
de bombas y silbidos de balas. Por eso, mirar las imágenes de
la guerra en Irak, trae a la memoria ese pasado de guerra que destrozó
miles de vidas en El Salvador, y cuyos efectos siguen sintiéndose
hasta ahora
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