23 de febrero 2003

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Cartas
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Vidas interrumpidas
Sin un perfil
definido
“SE PUEDEN
MANEJAR MUCHAS
HIPÓTESIS”
¿Y si no son
pandilleros?
“No son crímenes
en serie”
“No quiero morir
de esa manera”
“No te digo lo que sé”
Muerte sin sentido
Recuento de víctimas
Ocho casos similares
¿Dónde está
mi familiar?
Archivo

VIDAS INTERRUMPIDAS
Seguridad mutilada

Diciembre fue el marco de referencia para la mayoría de ciudadanos que ahora salen a la calle con un sentimiento de zozobra y una pregunta: ¿cuándo pararán las mutilaciones? La hipótesis de la Policía contrasta con la opinión de decenas de salvadoreños que no creen que haya sólo pandillas tras los horrendos crímenes

Equipo Vértice*
vertice@elsalvador.com

El negro, de luto, dolor, impotencia y zozobra ha teñido la vida de buena parte de los salvadoreños.
Irónicamente fue en diciembre, mes de festividades y buenos deseos, cuando estalló este capítulo tenebroso en el que asaltan muchas dudas, conjeturas e hipótesis, sin llegar a respuestas que sirvan de alicientes.
¿Pandillas o criminales reproduciendo móviles? ¿Ritos satánicos o el desbordante accionar de grupos acostumbrados a la violencia? Los supuestos abundan, de acuerdo al cristal profesional con que se analice.
Al margen de las posibles explicaciones sobre lo que ocurre en nuestro país, surgen el temor y la inseguridad ciudadana, debido a que nadie parece escapar a los horrendos crímenes.
Al principio hubo una calma siniestra, al saberse que los homicidios cobraban como víctimas a miembros de maras o personas que estuvieran relacionados directamente con estos grupos. Sórdido ¿verdad?
Pero el asesinato brutal de la estudiante universitaria Zuleyma del Carmen Guevara Rivas abrió las puertas al sentimiento de preocupación para el común de los habitantes.
“La ciudadanía está en riesgo”, declara un representante de la Fiscalía, que ha dado seguimiento a los asesinatos y mutilaciones en Soyapango y San Martín.
Estudiosos de la mente y el comportamiento humano hablan de sicópatas, esquizofrénicos y hasta de oscuros planes trazados para exterminar a los ya tradicionales ‘mareros’. Es decir, atribuyéndoles las muertes se puede justificar su “destrucción”, lo que sea que ello signifique.
Vértice presenta en esta Edición Especial un recuento de las víctimas, no solo las publicitadas en los últimos dos meses sino una compilación de otros hechos similares, donde la mutilación y el desmembramiento están presentes como regla.
Se exponen los argumentos de una crimonóloga, un antropólogo y dos siquiatras que ayudan a esbozar el posible perfil del hechor o hechores.
Las versiónes de las autoridades policiales y fiscales, el sentir de la Iglesia salvadoreña y de la Casa de Gobierno, en boca del vicepresidente de la República, se suman a la presente investigación.
Se destacan y exponen, sobre todo, las opiniones de hombres y mujeres frente a todo lo ocurrido.
Para ello, Vértice consultó vía telefónica a 80 salvadoreños escogidos al azar. Los puntos comunes para la mayoría de los consultados se refieren a los niveles de temor e inseguridad que provocan las mutilaciones.

Sentir ciudadano
¿Cree en las versiónes oficiales sobre el origen de los crímenes? ¿Tiene miedo? ¿Qué medidas de seguridad ha tomado?


Son las tres interrogantes que formuló Vértice.
Las respuestas a la primera de las inquietudes -en suma- expresan su desconfianza a las explicaciones policiales, en el sentido de que las maras no son las únicas responsables.
“No creo en esa versión... para mí que puede ser alguna banda de la PNC que ha ejecutado estos crímenes y tener argumentos poderosos para acusar a las maras”, señala un residente, de 32 años, en San Antonio Abad, San Salvador.
“... Puede ser venganza contra las mujeres, algún resentido ante las exigencias de los derechos femeninos”, expresa por su parte un residente de Mejicanos.
El recuento oficial (de los casos más sonados) es de nueve hallazgos macabros: ocho en San Salvador y uno en San Vicente. La mayoría (cinco) son contra mujeres que no exceden los 25 años de edad. Es decir, hay un patrón definido.
Sobre la pregunta: ¿Tiene miedo? Vértice encontró respuestas rotundas de “sí”; además de expresiones como “Es horrible, me siento mal de vivir en un país tan violento...”, según declaró un comerciante de Tenancingo.
Una operaria de maquila de Quezaltepeque, un estudiante sonsonateco y una trabajadora de un restaurante en La Libertad coincidieron en que perciben “mucha inseguridad”.
Otros ciudadanos opinan, sin embargo, que “andan tranquilos” o siguen, como de costumbre, “las mismas rutas” para evidenciar que su situación personal no ha sido afectada.
Las personas que reconocieron sentirse perturbadas por los niveles de violencia e inseguridad comentaron sobre las medidas de autocuido que han adoptado.
“Estoy pendiente de quién está a mi alrededor”, comenta una empleada de Soyapango.
“Voy en medio de la calle para no ser sorprendida”, expone un ama de casa, de 48 años, residente en Zacamil.
Asumiendo los roles de padres de familia, algunos consultados temen más por sus hijos e hijas cuando salen de casa. “Yo le digo (al hijo) que vea quién lo sigue, no ande por caminos identificados peligrosos... que siempre ande alerta”, relata un contador de Lourdes, Colón.
Los testimonios son abundantes... Hombres y mujeres hablan de la necesidad de velar por sí mismos, los suyos y enseñar a los más jóvenes cómo protegerse... ¿Y las autoridades?

“Son situaciones difíciles”
Las voces oficiales de instituciones como la Casa de Gobierno y la Iglesia Católica se unieron al sentir de la población, luego de los macabros hallazgos de los últimos dos meses

Fernando Sáenz Lacalle , Arzobispo de San Salvador. “No tengo datos suficientes para opinar sobre las declaraciones de la policía. Hay que pedirle a Dios que haya una verdadera conversión de todos los corazones para que respetemos la vida humana.“

 

Carlos Quintanilla Schmidt, Vicepresidente de El Salvador. “Hoy estamos hablando de delitos cometidos en donde las pruebas no son tan claras como se quisiera, pero a través de una sana crítica creo que podemos determinar la responsabilidades.“


Opiniones ciudadanas
Vértice consultó a 80 ciudadanos escogidos al azar, residentes en todo el país. Se formularon tres interrogantes: ¿Cree en las versiones oficiales sobre el origen de los crímenes? ¿Tiene miedo? ¿Qué medidas de protección ha tomado? Las siguientes son solo algunas de las respuestas obtenidas.
Edad: 42 años
Zona: Colonia IVU, Santa Ana.
“No necesariamente son ellos, tendrían que presentar más pruebas. Es injusto acusarlos solo porque son como son”.
 

Edad: 38 años
Zona: Zacatecoluca
“según la información creo que son las maras porque tanto deportado que viene, uno se imagina que ellos traen esas acciones.”

Edad: 31 años
Zona: Nuevo Lourdes, Colón.
“yo comparto la versión de la policía porque tanta violencia podría llevarlos a cometer crímenes.”
  Edad: 40 años
Zona: Suchitoto, Cuscatlán.
“Es una barbarie lo que está pasando en nuestro país, y como todo ser humano siento temor a que me pueda pasar esto.”
Edad: 25 años
Zona: San Vicente.
“a las maras las utilizan como un medio para limpiarse las manos, bien podrían ser sectas satánicas.”
  Edad: 34 años
Zona: Mejicanos
“no he cambiado mis patrones de conducta porque incluso voy de compras al centro últimamente.”
Edad: 47 años
Zona: Repto. Guadalupe, San Salvador.
“también podría ser algún rito satánico, esto por la forma en que los asesinan. ”
  Edad: 33 años
Zona: Santiago de María, Usulután.
“yo trabajo con alumnos que están dentro de maras y no les veo ese tipo de intenciones. Es alguien que tiene un rencor contra la vida.”
Edad: 43 años
Zona: Tenancingo.
“Es horrible, me siento mal por vivir en un país tan violento... Vivo cerca de maras y lo que hago es encerrarme por la misma violencia.”
  Edad: 43 años
Zona: Ayutuxtepeque.
“no creo ciegamente la hipótesis de las autoridades porque me parece sospechoso que los culpables caigan tan rápido”.
Edad: 25 años
Zona: La Libertad.
“es una secta diabólica y entonces tiene que buscar a alguien para acusarlo.”
  Edad: 26 años
Zona: Sensuntepeque, Cabañas.
“En parte pueden ser muchachos de maras drogados, por otro lado alguna banda organizada que mata por placer.”
Edad: 19 años
Zona: Usulután.
“me da lastima por las personas asesinadas y sus familiares, y miedo de que esto le ocurra a alguien de mi familia.”
  Edad: 46 años
Zona: Barrio San Jacinto.
“Yo creo que es una cortina de humo para poder cubrir otras actividades ilícitas de los políticos en campaña.”


VIDAS INTERRUMPIDAS
Sin un perfil definido

Un antropólogo, dos siquiatras y una criminóloga no se atreven a establecer un retrato exacto del o los responsables de las personas mutiladas. Sin embargo, nos ofrecen un cuadro de características que pueden ayudar a descubrir el por qué y para qué de los asesinatos.

“SON DISCRIMINADOS”
Para el antropólogo Gregorio Bello Suazo, los responsables de estas muertes son un grupo de personas con problemas patológicos y discriminados por el sistema.

En boca de este antropólogo, esta expresión tan violenta no es más que el producto de un sistema económico que ejerce presión sobre la población, especialmente sobre un sector como la juventud a la que no les ofrece perspectiva alguna y, además, los discrimina.

Uno de esos grupos pueden ser las maras, cuyos integrantes pertenecen a un sector popular y se muestran contra un sistema que los ha marginado. “Esto los lleva a adquirir nuevas formas de expresión como un llamado de atención, como diciendo: ‘nosotros somos miembros de esta sociedad, hemos sido marginados, aislados, nos ven como la escoria de la sociedad”, dice Bello Suazo.

¿Quiénes son? “Creo que es un trabajo más policial que de análisis antropológico. Es algo muy bien planeado”, opina Bello Suazo.

Grito a la sociedad

En el caso de que sean maras, el antropólogo cree que los mismos tatuajes y los grafitti son un mensaje contra la belleza y el orden, una respuesta agresiva a una sociedad que los ha discriminado por años. ¿Qué persiguen? Según Bello Suazo, tener una presencia en la sociedad que los marginó; pero, además, aterrorizar.

Otra hipótesis que plantea es que estos crímenes pueden ser nuevas formas de deshacerse de las personas para despistar, saciar, cuyos autores pueden ser jóvenes porque se creen invulnerables y corren riesgos sin medir responsabilidades ni consecuencias. Tampoco sería raro que sea producto de la guerra, traumas que no se previeron para el período de la post guerra.

Todo esto explica el ambiente de agresividad que impera en nuestra sociedad, que lo promueve el mismo sistema. “Aquí hay que preocuparse primero por entender el fenómeno con sus características y no simplemente atacarlo por su expresión formal”, recomienda.

Un impacto social que mira Bello Suazo en estos crímenes no resueltos es que nos acostumbremos a estos grados de violencia, los que por hoy nos escandalizan porque se nos habían olvidado las escenas de muertos durante la guerra y porque se les publicita con amarillismo.

Para este antropólogo hay un mensaje claro: ganar presencia e impacto en la población, algo que ya se logró.

  “ES UN SICÓPATA”
Para la siquiatra Margarita Mendoza de Burgos, detrás de estos crímenes no hay un “Jack El Destripador” sino una delincuencia tipo pandillas lideradas por algún sicópata .

Introvertido, solitario, insensible ante el dolor ajeno, frío, poco sociable, muchas veces con capacidad de liderazgo; sin propiciar afectos entre quienes le rodean. Pero, es una persona que actúa normal en los demás aspectos de su vida. Esas son las características básicas de un sicópata, según la siquiatra de Burgos, y las de quien podría estar dirigiendo estos crímenes a través de una especie de pandilla.
“Aparentemente, dicen, no es una sola persona la que está cometiendo este tipo de asesinatos, los están cometiendo en grupos. Tampoco creo que todos sean sicópatas, sino que hay un jefe que es un sicópata y los demás lo siguen. Probablemente éste sea el que tiene más problemas, pero como los demás están sin orientación, sin una ley que los pueda frenar, sin trabajo, ese nivel de frustración engendra más odio por la sociedad. (Quien los dirige) tiene que ser muy inteligente... Las mentes más inteligentes son más activas”, explica la siquiatra.

¿Un esquizofrénico?


Ella no cree que sea un esquizofrénico el responsable porque éste no necesariamente es un sicópata; sería un caso clínico fácilmente identificable (algo que no pretende el asesino).
Otras revelaciones que la doctora de Burgos encuentra en estos casos es que quien esté dirigiendo los asesinatos es una persona con poco afecto, deseosa de causar daño, de hacer sufrir a la gente. También que ha tenido problemas de conducta desde pequeño, que ha sufrido algún tipo de maltrato, y que pareciera tener algo en contra de las mujeres.
“Yo no creería que es una persona que se vea tan común y corriente, sino que da la impresión de que no tiene ningún oficio (desocupada), que de alguna manera planifica lo que hará, observando a las víctimas que no tienen protección”, dice.
¿Todo este comportamiento, apunta a algo? De Burgos dice que el asesino quiere llamar la atención, busca el protagonismo y que a través de esas formas de asesinato está enviando un mensaje: que tiene poder sicológico. Pero también ve con preocupación como los medios de comunicación están abordando con sensacionalismo cada caso, algo que puede conducir a crear una especie de héroe, malo, pero al final un héroe; justamente lo que busca esa mente enferma.


VIDAS INTERRUMPIDAS
“SE PUEDEN MANEJAR MUCHAS HIPÓTESIS”

No sólo las maras podrían ser las responsables de las mutilaciones, sostiene el doctor José Roberto Pérez Bennett, siquiatra y sicólogo médico, sino que podrían existir muchas otras posibilidades entre los responsables.
Y es que, de acuerdo con el galeno, aún siendo El Salvador un país tremendamente violento, el tipo de asesinatos escapa a lo que habitual e históricamente había ocurrido. “Es algo nuevo en la historia de la criminalidad del país”, remarcó.
Para Bennett, el responsable de los crímenes reúne todas las características de un sicópata, sin embargo, sostiene, también se podría tratar de un grupo dirigido por un individuo con características sicopatológicas o de algún rito de iniciación.
Por eso, dice el médico, la teoría de la Policía es muy cerrada. “Aquí hay que trabajar con un montón de hipótesis, y quedarse sólo con las maras es dejarlo muy estrecho, muy reducido. La Policía tendría que ampliar el horizonte investigativo, no sólo quedarse con las maras, y no cerrarse a otras posibilidades”, indicó.

El perfil tentativo


El problema en estos casos, refiere el especialista, es que se está enfrentando a un individuo sin ningún tipo de escrúpulos, que no tiene remordimientos por lo que está haciendo y que por lo mismo puede repetir el acto una y otra vez. Y si a esto se le agrega que es un sujeto que puede pasar perfectamente desapercibido en la sociedad y que es inteligente, más que el promedio, entonces la tarea de las autoridades se vuelve difícil.
El fuerte componente exhibicionista del o los asesinos refuerza la tesis del médico, en el sentido de que, según él, los lugares y la forma como se han encontrado los restos parecería ser un reto a las autoridades para que lo encuentren.
Bennett esboza una fórmula para tratar de dar con este tipo de criminales. “La mejor forma de llegar a ellos es tratar de pensar estrictamente de la forma como ellos piensan, y segundo, tratar de encontrar el porqué de las mutilaciones, cuál es el móvil. Encontrando eso, el cerco se va cerrando”, explica el especialista.


“SON PERSONAS SICÓTICAS”

Los responsables de los crímenes “adolecen de una confusión mental severa y se podrían etiquetar o diagnosticar como personas sicóticas”, sostiene la licenciada Patricia Márquez, criminóloga.
La profesional indica que no todos los crímenes tienen un mismo responsable. Acepta que las maras fueron quienes iniciaron con las mutilaciones; pero eso obedecía a fines de territorialidad. Luego, por imitación, aparecieron otras personas, o grupos de personas, identificados con el hecho y siguieron con los homicidios.
Estos últimos, de acuerdo con Márquez, podrían ser individuos que a lo largo de su vida han acumulado frustraciones y no fueron capaces de exteriorizarlas, lo que repercutió en ciertos comportamientos sicopatológicos que emergen en el momento menos esperado. Estos individuos, de acuerdo con la profesional, pueden o no ser de maras.
Las declaraciones de Márquez inclinan a pensar que, entonces, al igual que lo expuesto por el doctor José Roberto Pérez Bennett, la Policía está errada en su teoría al no prever otro tipo de posibilidades en su investigación.

Como cualquiera

De acuerdo con la criminóloga, este tipo de asesinos -por lo general- tiene problemas para “interaccionar con las demás personas, y eso desde la niñez, con una agresividad que puede ser muy pasiva o activa, es una persona que no ve los afectos como los vemos la mayor parte de personas y si lo demuestra en algún momento podría ser para conquistar una víctima”, pero estas características no son perceptibles a simple vista.
Además, el asesino carece de conciencia y de culpa por lo que están haciendo y tiene un fuerte componente exhibicionista, ahí es donde juega un papel negativo el tipo de cobertura que se le está brindando a los casos porque lo que genera es un tipo de antihéroe, le incrementa el ego y, peor aún, puede llevar a la imitación por parte de otros.
Patricia Márquez comparte la opinión de Bennett en el sentido de que la manera de combatir a este tipo de asesino es “pensar como él”.


VIDAS INTERRUMPIDAS
¿Y si no son pandilleros?

Las autoridades policiales y fiscales van sobre un único sendero para esclarecer la autoría de las mutilaciones en el país: “las maras son las responsables” y han descartado otras opciones.

Un asesino serial? ¿Actos de iniciación en ritos satánicos? ¿Pandillas juveniles que marcan su territorio? ¿Delincuencia común? ¿Un amante del cine “snuff”?
Vértice se planteó estas preguntas a partir de la única hipótesis que maneja la Policía y la Fiscalía. Lo cierto es que el resultado de sus investigaciones no han arrojado pruebas suficientes en el sistema judicial.
La falta de elementos científicos y la ausencia de hilos conductores congruentes en la elaboración de las historias que presentan las autoridades ha desembocado en el sobreseimiento provisional de algunos acusados. Sin embargo, ¿por qué las autoridades no han estudiado otras posibilidades? A continuación les presentamos tres opciones que también rondan a este tipo de crimenes. La información la hemos consultado a partir de información documentada en Europa y Estados Unidos donde se toman en cuenta estas otras hipótesis.

1) Las películas snuff -también conocidas como white heat o the real thing- son aquellas donde se tortura, viola y asesina con el único objetivo de registrar estos hechos por algún medio audiovisual.
Muchas son las historias vinculadas a la producción y comercialización de estas películas, y se las ja relacionado con redes pedófilas, con ritos satánicos e incluso con círculos millonarios.
En Europa y Estados Unidos este tema no es ajeno a las investigaciones policiales y, de hecho, fue llevado al cine recientemente. Una de las producciones es “Tesis”, la opera prima de Alejandro Amenábar, que gira en torno a una red clandestina que opera en una facultad de audiovisuales en Madrid. El otro es “8 Milímetros”, protagonizada por Nicolas Cage, sobre unos asesinatos filmados.
Pero, en el mundo real, lo más cercano a una “snuff movie” son las supuestas filmaciones que habría realizado David Berkowitz -conocido como el Hijo de Sam- de algunos de sus numerosos crímenes. Estas cintas circularían dentro de la secta norteamericana Iglesia de Satán.
Yaron Svoray, un ex militar israelí, publicó un libro sobre la posible existencias de estos films: “Dioses de la muerte”. Entre otros datos, Svoray confirma la existencia de videos que registraron las atrocidades cometidas por los soldados en la ex Yugoslavia a principios de los años 90.

2) Los asesinos seriales son personas socialmente normales. Por lo general, su estilo de vida es estable, pero nadie imagina que lleva una vida doble y un conflicto.

En noviembre de 1999, los especialistas más connotados en asesinos en serie se reunieron en Valencia, España, para discutir el misterio de estas psicopatologías. Robert Ressler, ex agente del FBI (asesor de películas como “Copycat” y “El silencio de los corderos”) junto al psiquiatra Robert Hare y la psicóloga forense Cadice Skrapec coincidieron en el hecho de que un asesino serial es el criminal más temido por la policía en todo el mundo. ¿Por qué? La crueldad de los homicidios aterra y los desconcierta.
Steven Egger, profesor de Justicia Criminal en la Universidad de Illinois, define a estos criminales como “la obra de uno o más individuos que cometen un segundo y posterior asesinato, sin que haya relación anterior entre víctima y agresor. Los asesinatos posteriores ocurren en diferentes momentos y no tienen relación aparente con el asesinato inicial y suelen ser perpetrados en una localización geográfica distinta” porque “el motivo del crimen no es el lucro, sino el deseo de ejercer control o dominación sobre sus víctimas”.

3) En el caso de El Salvador, también se presume que responda a ritos satánicos o nuevas formas de iniciación en el mundo delictivo .
Para el antropólogo Gregorio Bello Suazo, aunque el desmembramiento de cuerpos no es una práctica nueva, pues existió durante la guerra, lo que ahora estamos viendo puede responder a una nueva práctica de iniciación porque el concepto de inframundo y la sociedad oscura, se relaciona mucho con el mundo de las maras, una sociedad marginada con expresiones muy propias y cada vez más antagónicas con el concepto de la cultura dominante.
“Este tipo de expresiones tienen una connotación más allá de un fenómeno de identidad grupal o territorial, es un problema ideológico, de creencias, de sectas, en donde la forma de organización adquiere características diferentes que responden a otra concepción de la mara, una forma de organización mucho más estructurada”, afirma Bello Suazo.
La siquiatra Margarita Mendoza de Burgos, por su parte, no descarta que esta forma de matar podría estar ligado a rituales satánicos, ya que “muchos de los pandilleros son jóvenes y los jóvenes tienden a buscar lo mágico, lo oculto”.



VIDAS INTERRUMPIDAS
“No son crímenes en serie”

EL APARECIMIENTO DE CUERPOS MUTILADOS Y DESMEMBRADOS NO ES NADA NUEVO PARA LA PNC. LOS INCIPIENTES REGISTROS OFICIALES DAN CUENTA DE SINnÚMERO DE CASOS ANTES Y DESPUÉS DE LA GUERRA. “ES VIOLENCIA SOCIAL”, SOSTIENE PEDRO GONZÁLES, SUB DIRECTOR DE LA POLICÍA

¿Por qué la policía se aferra a la tesis de que la lucha entre maras justifica los cuerpos mutilados?
No hemos dicho lucha entre maras, hemos dicho que son delitos que siempre han estado cometiendo las pandillas.

¿Pero se está dando crédito a otras posibles explicaciones?

No sé a que se refiere...

¿Asesinatos en serie, ritos?

Asesinos en serie no pueden existir, eso se ha desvinculado ¿por qué? Porque en unos han participado la MS y otros la 18, o sea pandillas completamente rivales.
Hay una pandilla que tiene tres homicidios, que es la 18; la MS asesinó a la universitaria. Otros MS asesinaron a una mujer cerca del (Mercado) Zurita y fueron capturados en flagrancia... o sea no tenían ningún vínculo. Cuando hay delitos o criminales en serie o asesinos en serie existe un móvil, aquí no hay una situación similar.

Pero pueden estar copiando las conductas de un asesino.
Como subdirector de investigaciones he sostenido que ellos no pueden estarse como queriéndose parecer o queriendo imitar. La MS jamás quiere parecerse a la 18.
Casos de personas mutiladas tenemos varios: en Santa Ana se encontró el año pasado a una mujer mutilada, una prostituta... En la historia del país se han dado casos similares y no solo durante la guerra, sino después de la firma de los Acuerdo de Paz.

¿Tienen registros de cuántos casos ha habido?

Estamos trabajando en eso, recuérdese que los registros de la Policía eran bastante malos y a partir del 99 hemos afinado bastante; pero sobre estos casos tenemos en diferentes puntos del país.

¿Se puede concluir que esto ocurre de manera eventual?

Sí, es parte de la misma violencia social que tiene el país.

Usted habló de haber contratado a un crimonólogo. La contratación puede explicarse como que se buscan móviles y perfiles homicidas.
Ya tiene más de seis meses de trabajar en esto... Lo que se pretende es dejar antecedentes, estudios firmes... Dejar documentos a las nuevas generaciones de policías por si se dan casos similares en el futuro.
La idea es sentar la conducta propia de los salvadoreños... En investigación criminal podemos decir que no se trata de un asesino en serie, pero tenemos que estudiar la conducta criminológica de todas estas personas, es obligación de la policía hacerlo.

Usted ha dicho que el primer informe del especialista estará en 90 días, mientras ¿qué?
Yo le he dicho que camine rápido... Mientras tanto no podemos confirmar la conducta o el perfil crimonológico de una persona, sino que podemos hablar de hechos. Ahorita no hemos hecho un estudio sicológico para podernos aventar y decir: este fue el móvil conductual de esta o estas personas.

“Se trata de ritos satánicos”
La forma como han mutilado a jóvenes del sexo femenino desde diciembre pasado es causa suficiente para que la Fiscalía de Soyapango sostenga que se trata de ritos satánicos inducidos principalmente por los líderes de pandillas

El jefe de la Sub regional de la Fiscalía de Soyapango, José Barahona habla de “similitudes” entre los homicidios cometidos. “(los crímenes) Son similares, en el aspecto que proceden a la violación, apuñalamiento y decapitación”, dice.

¿Cuál es su hipótesis?
Que las muertes están concatenadas a actos satánicos. Ellos han cambiado su prototipo, que era el de defensa de sus zonas con ataques con bombas hechizas a un grupo contrario o ajusticiar a título personal.

¿Descarta asesinatos es serie?

Definitivamente. A menos que exista una línea de líderes. Pero que haya alguien especializado en el exterminio no creo.

¿Qué opina sobre la facilidad o intencionalidad con que se han localizado las partes de cuerpos?

Pareciera que ya no existe un interés de ocultar los hechos que cometen. Por eso es que lo asocio con una práctica en donde ellos como que estuvieran convencidos que lo que hacen es en función de algo.

Los primeros casos son entre pandilleros, luego hay una víctima que es una estudiante universitaria ¿qué pasa?
Una nueva hipótesis surge cuando al parecer ella no fue raptada, sino que ella llegó al lugar.

La familia y compañeros de la joven rechazan que ella tuviera vínculos con grupos de maras.
Lo que quiero decir, es que ellos saben manejar la situación en sus objetivos. Ella pudo haber sido manejada por ellos.




VIDAS INTERRUMPIDAS
“No quiero morir de esa manera”

Nueva aspecto y rutina, sicosis, tensión muscular y ganas de huir son los patrones adoptados por una joven que, bajo el anonimato, se confesó una víctima del miedo a raíz de las mutilaciones. Este es su testimonio en primera persona.

Iba para Nueva Concepción (Chalatenango) y como siempre, me bajé en la colonia Atlacatl, cerca de la Troncal del Norte para abordar el bus. De repente venía unos pandilleros con machetes en las manos y a toda la gente que encontraban en el camino le cortaban la cabeza.
Yo veía eso horrorizada y sabía que si no me escondía en algún lugar mi cabeza iba a ser una de esas.
Junto a otras personas me metí en la gasolinera que está en la zona y desde allí veíamos a través de las puertas de vidrio como volaban las cabezas por todos lados tipo la serie de televisión “Highlander”. También veía que algunas gentes se escondían en los árboles. Los mareros intentaban meterse a la gasolinera, rompían los vidrios.
De repente entré a una casa donde se resguardaba una señora con tres niños pequeños y las dos intentábamos que uno de ellos dejara de apagar y encender las luces para que los mareros no nos encontraran, ya que afuera rompían puertas y ventanas, y abrían techos para entrar a las casas y matar a la gente. De repente se calmaron y salí corriendo hacia la gasolinera.
Oía a la gente decir que los mareros habían huido en carros robados. Cuando desperté estaba igual de aterrorizada que en el sueño. Fue algo tan crudo que me atemorizó.

Presa del temor

Ha sido la única pesadilla de esa naturaleza que he tenido. Sé que es a raíz de los casos de mutilaciones que han ocurrido en el país que me han impactado, especialmente la muerte de la estudiante porque recuerdo que a la vez que leía la forma en que la mataron todo lo iba esquematizando en mi mente, era como estar viendo la imagen.
Después del sueño ya no me siento segura ni en la casa. Ahora le echo doble llave a todas las puertas porque siento mucho miedo y después de las seis de la tarde ya no salgo ni a la tienda. He cambiado. Ya no quisiera salir de la casa, me da miedo andar en la calle, me siento como insegura;aunque ande acompañada.
Pero obligadamente tengo que salir y sola me doy terapia de que debo enfrentar ese miedo. Trato de caminar por zonas mas seguras, voy al centro capitalino por necesidad y regreso rápido a la casa. En dos ocasiones que he ido al centro capitalino, he visto hombres mayores y les he visto caras de sospechosos que me han asustado tanto que casi me he echado a correr. La última vez fue cerca de Catedral. Luego me doy cuenta que es el pavor que me ha invadido.
También cuando voy en los buses y veo a esas personas que se suben a pedir pienso que pueden ser esos mutiladores, que de repente van a empezar a asaltar o a sacar algún machete y alguien va a morir allí.

Adiós a los tacones

Me pongo pálida y no sé si esa persona nota que estoy aterrada. Le tengo miedo a toda personas tatuada, veo caras sospechosas por todos lados. Ando siempre tensa cada vez que ando en la calle, me duelen la espalda y el cuello y sólo me relajo cuando entro a la casa.
Siempre me ha gustado usar tacones y arreglarme mucho, pero ahora uso zapatos cómodos para salir corriendo en una emergencia y ropa más sencilla para no llamar la atención. Uso zapatos de tacón por cuestiones de presentación en mi trabajo; pero me siento bien insegura.
También desistí de trabajar como voluntaria en una organización que trabaja con niños de la calle porque cuando pensé que podían enviarme a trabajar a algún lugar peligroso me deshice de esa idea .
Cada vez que me entero sobre nuevos casos de personas mutiladas me aumenta el pánico. Siento que necesito ayuda profesional porque me siento vulnerable. Siento ganas de huir del país. No lo puedo evitar. El pavor que siento es que yo pude haber sido una de esas víctimas o puedo ser la próxima.

RECOMENDACIONES

¿Que hacer en este tipo de casos?
Los siguientes consejos no pretenden garantizarle que usted estará a salvo o que no será víctima de un crimen, pero pueden ayudarle a prevenir.

Manténgase alerta
Esté consciente del lugar en que está, no se distraiga, vea lo que pasa alrededor, párese derecha, cabeza en alto y brazos balanceados.

Evite la soledad
Estar en el lugar y el momento equivocado puede ser fatal. No camine sola en callejones, barrios o calles peligrosos ni en altas horas de la noche. Transite por lugares concurridos.

No pierda el tiempo

Recuerde que el atacante puede estar observándola. Nunca se detenga a revisar chequeras, bolsos o agendas dentro de su carro estacionado en cualquier sitio. Una vez entre al carro, revise el asiento trasero y el piso, asegure bien las puertas y váyase.

Cuídese de las vagonetas

Si está estacionada junto a una “van”, entre a su vehículo por la puerta del copiloto porque la mayoría de los asesinos en serie suele halar a sus víctimas al interior de sus vagonetas en el momento que sus víctimas intentaban subirse al carro por el lado del piloto.

Siempre corra
Si el atacante la amenaza con un arma a la distancia, corra. Este sólo acertará a distancia en su blanco (o sea, usted) cuatro de cada cien veces que dispare. Aún cuando lo hiciera, la gran mayoría no logrará dañar un órgano vital. Otra cosa es a quemarropa.

Si ha sido apresada
Si se encuentra en la cajuela de un vehículo, patee las luces traseras, saque el brazo por el agujero y empiece a ondearlo agitadamente. El conductor-atacante no la verá, pero las demás si.

Y recuerde que...
Un 99% estaremos expuestos o seremos víctimas de un delito violento.

Número de emergencia 911
Si mira acciones y personas sospechosas o es testigo de algún tipo de agresión, marque este número




VIDAS INTERRUMPIDAS
“No te digo lo que sé”

La policía ha acordonado la zona conocida como La Placita, en el corazón del barrio San Esteban, mientras los vecinos observan a los periodistas que se desplaza de un lado a otro en busca de la noticia.

La primera impresión que tienen quienes llegan a la sexta calle oriente es a través de los sentidos. Un penetrante olor fétido satura las fosas nasales. Huele feo, a cloaca, a fosa séptica. Un policía observa el movimiento de los periodistas que llegan a inspeccionar el nuevo hallazgo macabro.
Dos fotoperiodistas ya se apostaron dentro del terreno baldío donde se presume que han enterrado a una nueva víctima. No se sabe más nada, pero el jefe de la Policía, Mauricio Sandoval, habla de las nuevas hipótesis sobre el asesinato de la universitaria Zuleyma Guevara.
“Ella llegó a donde los mareros”, afirma mientras los reporteros toman nota sin mayor cuestionamiento. Alrededor, una decena de agentes discute cómo van a trasladar a los nuevos imputados. “Coloquen las patrullas en dirección hacia oriente”, les enfatiza el jefe más próximo.
En medio de dos casas quejumbrosas, hay una puerta metálica que tiene pintada la leyenda “La cripta”. Adentro, según el vecindario que quiere hablar, en ese terreno abandonado, se refugiaban “los piedreros” para “tostarse”. Durante esa mañana, una llamada telefónica alertó a la policía y una inspección descubrió a Luis Geovanny Solito, Luis Ernesto Jeréz, Salvador Antonio Bonilla y Melvin Geovanny Cornejo enterrando a una presunta pandillera.
Al parecer, una discusión terminó en un asesinato. El cuerpo de “Joselin”, como rezaba el tatuaje de la víctima en uno de sus brazos, se suma a la lista de mujeres asesinadas impunemente.

“¿Por qué la mataste?”


Pero la pregunta de la prensa es morbosa: “¿la decapitaron? ¿Dígame, señor director, cómo fue que la decapitaron?”. Pero, en este homicidio, Joselin no corrió la misma suerte de otras jóvenes mujeres cuya identidad todavía es desconocida. A ella, sólo la degollaron.
Casi nadie se percata, pero después de estar más de 20 minutos en la zona, el olor a heces es imperceptible. La nariz de la mayoría quizá se ha habituado, pero, al menos, nadie se incomoda; salvo quienes recién se incorporan al contingente de curiosos que ronda la entrada a “La cripta”. De repente, empiezan a salir los imputados esposados custodiados por policías. Los reporteros se alborotan y empieza la lucha por captar la mejor secuencia, la mejor fotografía, el rostro más expresivo de los presuntos delincuentes. Uno de ellos, claramente dopado, observa asustadizo y brinca hacia el pick up y entierra su rostro entre las piernas.
Pero ni uno de estos dos son el plato fuerte. Mientras los reporteros insisten en obtener detalles del crimen con dos de los implicados, la policía, sin tanto preludio, traslada a los otros dos sujetos, entre quienes va el presunto líder, Antonio Barahona. La prensa corre, lo acorrala, lo cerca y alguien empieza a gritar histérico “¡¿Por qué la mataste?! ¿Por qué la mataste?!”. No. No es un familiar. Es Alex, el periodista de televisión que busca la declaración más sincera.
Frente a la escena, un grupo de vecinos observa sin comprender. Después de la función, la Policía traslada a los sujetos a la delegación.
El ambiente regresa a la calma. Los niños de la escuela pública, que está a cien metros de “La cripta”, intentan asomarse entre aquella mezcla de humor negro, incongruencia e irrespeto a la vida. Los ancianos obvian la acera. La madres apretan las manos de sus niños, y otras prefieren quedarse un rato a que las autoridades saquen el cuerpo.

¿Y vos qué, brotha?


Entre los curiosos, frente al predio baldío, un par de sujetos habla inglés perfecto, pero con un marcado acento a L.A. ¿Y ellos eran de aquí? pregunta el reportero. El más chico, con sorna, espeta: “Claro, ellos son de El Salvador, en América Central, Latinoamérica... ¿qué creías?! ¿que eran extraterrestres, asshole?”. Luego viene una retahíla en inglés que no llama la atención de nadie más que nosotros. “Todos ustedes los periodistas son unos pendejos. Andan perdidos bichos. No saben lo que yo sé. Sabés. Jamás te voy a decir todo lo que yo sé”, escupe mientras obsequia una sonrisa sarcástica que empieza a incomodarnos.
La policía, en tanto, aguarda la llegada del personal de Medicina Legal para que retire el cadáver. En su lugar, cuatro socorristas ingresan a la zona con una camilla. Se rumora que la víctima, “Joselin”, estaba “por encimita”. Solo hubo que escarbar un poquito y retiraron el cuerpo.
Hasta el momento nadie lo ha reclamado ni ha explicado sobre su origen o mucho menos su identidad.


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