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LA
COLUMNA
Iván
Gómez
vertice@elsalvador.com
Una mordida
De
todos es conocido la expresión mordida y no precisamente
a la que puede perpetrar un canino. Me refiero a uno de los males en
el que se ve involucrado cualquier burócrata, quien pretende
obtener algunas extras a base de una irregularidad que consciente o
inconscientemente se le presenta a un ciudadano común.
Uno de estos sábados, tuve la imprudencia de conducir sin mi
licencia y cuando me encontraba sobre el kilómetro once de la
carretera Troncal del Norte, un retén de la policía me
hizo señal de alto. Entonces tuve que explicar al representante
de la ley el error cometido por culpa de mi olvido, con la intención
que se me fuera perdonada la falta.
Sin embargo, el agente argumentó que por haber violado el artículo
número 60 del Reglamento de Tránsito, me impondría
una multa de 300 colones. Ni modo.
Lo extraño fue que, como acepté sin mayor remedio su sentencia,
me señaló que -además de la
multa- me remitiría el vehículo. Luego de la tremenda
sorpresa, su intención me obligó a exigirle una explicación
lógica de la doble sanción.
Pero, evidentemente, lo que quería el cuestionado servidor público,
era dinero extra. Un soborno al que no pretendía caer.
Esto no se hace. No le remitiré el vehículo, pero
le quitaré las placas y las recuperará luego que pague
la multa, señaló, mientras lentamente desatornillaba
las placas.
Su cambio de decisión pudo haber sido por haberle dicho, que
era periodista y conocía mis derechos, por lo que aceptaba pagar
mi falta, pero no existía justificación para que me remitiera
el vehículo.
Estos casos en donde elementos de tránsito, inspeccionan
a los conductores, con el propósito de obtener mordidas, se ve
más frecuente con los choferes del servicio colectivo.
No es de extrañarse que conductores de microbuses de la ruta
38, estén pendientes de entregar cinco dólares a los reténes
ubicados sobre la Troncal, pero no por haber cometido una infracción,
más bien, por el hecho de no tener los documentos en regla.
¿Quién controla el trabajo de estos dueños de la
calle, quienes tratan de intimidar a la gente para lograr su agosto?
Pero esta historia no finaliza con la imposición de la multa,
más bien, con la perdida de tiempo que hacen pasar al infractor,
ya que las placas se almacenan en Tránsito mientras se le hace
el respectivo registro; posteriormente se envían a SERTRACEN,
institución encargada en devolverlas.
Este proceso puede tardar hasta una semana, gracias a la eficiencia
policial. El colmo es que los agentes dicen que el tiempo perdido es
como castigo por haber cometido la infracción. Me pregunto, ¿A
quién no le gustaría un trabajito así?
chochogomez@yahoo.com
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