23 de febrero de 2003

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LA COLUMNA

Iván Gómez
vertice@elsalvador.com

Una “mordida”

De todos es conocido la expresión “mordida” y no precisamente a la que puede perpetrar un canino. Me refiero a uno de los males en el que se ve involucrado cualquier burócrata, quien pretende obtener algunas extras a base de una irregularidad que consciente o inconscientemente se le presenta a un ciudadano común.

Uno de estos sábados, tuve la imprudencia de conducir sin mi licencia y cuando me encontraba sobre el kilómetro once de la carretera Troncal del Norte, un retén de la policía me hizo señal de alto. Entonces tuve que explicar al representante de la ley el error cometido por culpa de mi olvido, con la intención que se me fuera perdonada la falta.

Sin embargo, el agente argumentó que por haber violado el artículo número 60 del Reglamento de Tránsito, me impondría una multa de 300 colones. Ni modo.

Lo extraño fue que, como acepté sin mayor remedio su sentencia, me señaló que -además de la
multa- me remitiría el vehículo. Luego de la tremenda sorpresa, su intención me obligó a exigirle una explicación lógica de la doble sanción.

Pero, evidentemente, lo que quería el cuestionado servidor público, era dinero extra. Un soborno al que no pretendía caer.

“Esto no se hace. No le remitiré el vehículo, pero le quitaré las placas y las recuperará luego que pague la multa”, señaló, mientras lentamente desatornillaba las placas.
Su cambio de decisión pudo haber sido por haberle dicho, que era periodista y conocía mis derechos, por lo que aceptaba pagar mi falta, pero no existía justificación para que me remitiera el vehículo.

Estos casos en donde elementos de tránsito, “inspeccionan” a los conductores, con el propósito de obtener mordidas, se ve más frecuente con los choferes del servicio colectivo.
No es de extrañarse que conductores de microbuses de la ruta 38, estén pendientes de entregar cinco dólares a los reténes ubicados sobre la Troncal, pero no por haber cometido una infracción, más bien, por el hecho de no tener los documentos en regla.

¿Quién controla el trabajo de estos dueños de la calle, quienes tratan de intimidar a la gente para lograr su agosto?

Pero esta historia no finaliza con la imposición de la multa, más bien, con la perdida de tiempo que hacen pasar al infractor, ya que las placas se almacenan en Tránsito mientras se le hace el respectivo registro; posteriormente se envían a SERTRACEN, institución encargada en devolverlas.
Este proceso puede tardar hasta una semana, gracias a la eficiencia policial. El colmo es que los agentes dicen que el tiempo perdido es como castigo por haber cometido la infracción. Me pregunto, ¿A quién no le gustaría un trabajito así?

chochogomez@yahoo.com


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