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ESPECIAL
Inmigrantes
y salud: El riesgo y el precio
No
se enferme en los Estados Unidos. Sin seguro de salud, la catástrofe
lo rodeará. Miles de latinos, incluyendo salvadoreños,
sufren quebrantos pero su condición de ilegales les impide acceder
a servicios médicos.
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Vilma
Rosibel Aragón se rompió la columna al caer de un
tercer piso. La falta de dinero para curarse la obligar a postrarse
en silla de ruedas.
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Vilma Rosibel Aragón sobrevivió a una
caída desde el tercer piso de su edificio, pero su familia no
tiene la fortuna para rehabilitarle un espinazo roto. Una silla de ruedas
sería el destino de esta salvadoreña de 20 años.
Gardenia Bascopé vino a los Estados Unidos para escapar de la
muerte. El asesino era el mal de Hodgkin, una enfermedad caracterizada
por una anemia progresiva e inflamación de las glándulas
linfáticas.
Bascopé, de 29 años, vino de su nativa Bolivia en 1999
cuando los doctores agotaron sus armas contra el mal que ella sufre
desde los 14 . Ella llegó a la nación con la mejor tecnología
médica para enterarse de que no tendría acceso a la ciencia
que podía salvarla. Es demasiado cara.
Como Vilma y Gardenia, millones de hombres, mujeres y niños que
viven en los Estados Unidos no pueden acceder a los colosales recursos
médicos de la nación. Ellos son inmigrantes indocumentados
y eso los descalifica para solicitar seguro o servicios médicos.
De acuerdo con las autoridades de migración, el número
de indocumentados puede ser mucho mayor a cinco millones, la cifra oficial.
Bienvenido al sueño americano, dice el salvadoreño
Eugenio Arene, director ejecutivo del Consejo de Agencias Latinas de
Washington.
La nación más grande de la tierra es una nación
subdesarrollada en cobertura de salud; hasta naciones latinoamericanas
tienen servicios médicos gratuitos.
Aquí, si alguien sin seguro de salud se enferma, la cuenta
del hospital puede trepar hasta los $30 mil, y te puede tomar toda la
vida pagar completamente esa deuda, dice Arene.
Los inmigrantes tienen acceso limitado a los seguros de salud,
y los latinos son los que tienen el acceso más limitado,
dice el médico salvadoreño Juan Romagoza, director de
La Clínica del Pueblo, que ofrece atención médica
gratuita.
De acuerdo con su experiencia cada minoría tiene dificultades
tratando de conseguir seguro de salud: afroamericanos, nativos americanos
Además, la población sin seguro está creciendo,
señala.
El problema de la cobertura universal de salud es parte de las batallas
políticas, y, por ahora, hay pocas posibilidades de cambiar la
situación.
No puedo ver ningún cambio con la actual administración
(de George W. Bush), dice Ana Sol Gutiérrez, emigrante
salvadoreña y miembro de la Asamblea Legislativa del estado de
Maryland.
Además, la cobertura universal de salud no es exigida por
la Consti-tución, agrega.
Sol Gutiérrez culpa a las reducciones en los impuestos como causa
directa para obtener fondos y sostener un programa de cobertura médica
universal. Esos recortes dejaron al gobierno federal sin dinero,
por eso no podemos considerar ese servicio.
Ella contrasta la situación de Estados Unidos con la de Suecia,
donde la gente entrega hasta el 60 por ciento de sus ingresos
como impuestos, pero tienen salud y educación universal.
En Canadá, donde también existe cobertura de salud
universal, usted puede hacer cola durante seis meses por tratamiento,
aun con una enfermedad seria, dice Jonas Morris, un consultor
de salud independiente.
En Estados Unidos usted puede arreglar una operación de
corazón abierto o un trasplante de caderas en cuestión
de
horas.
Sin embargo, Sol Gutiérrez dice que la voluntad es más
importante que el dinero. Hawai es el único estado que
tiene cobertura de salud universal, y Hawai es uno de los estados más
pobres, dice.
Yo creo que la respuesta es un plan que permita a todo el mundo
tener seguro de salud pagado en parte por los empleadores y en parte
por los empleados.
Edgar Gonzáles, vendedor de bienes raíces y activista
del partido republicano en el estado de Virginia, rechaza la idea de
volver con la carga de impuestos. Lo que necesitamos es mejor
administración del dinero público, sostiene.
Algunos condados y ciudades hacen un buen trabajo proveyendo cobertura
de salud. Washington D.C. hace un buen trabajo con DC Alliance y el
condado de Prince William (en el estado de Virginia) tiene un buen sistema
de clínicas públicas, dice.
Drama humano
La historia de Bascopé demuestra que el sistema de salud de los
Estados Unidos, con sus defectos, salva vidas.
Ella había luchado contra la enfermedad desde que tenía
14 años. Estaba en secundaria cuando encontró tumores
indoloros en la base del cuello. Pronto comenzó a perder el cabello.
Sus padres la llevaron a doctores y hospitales que la trataron durante
una década, hasta que las crisis de dolor en todo el cuerpo eran
más frecuentes.
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Daniel
Merino yace en un hospital de los Estados Unidos, debido a los
graves daños que sufrió durante un accidente vial.
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Bascopé se dio cuenta que, si quería vivir,
tenía que irse a los Estados Unidos. Pesaba 110 libras cuando
llegó a Virginia. Estaba totalmente calva.
Los amigos de ella la llevaron al hospital de Fairfax donde supo que
existía tratamiento y que le costaría hasta $160,000.
Como cualquier inmigrante sin número del seguro social, ella
no era elegible para ningún programa de ayuda.
Gardenia y su familia comenzaron a colectar dinero. Ella comenzó
a preparar emparedados que la familia entera vendía cada domingo
en los juegos de fútbol de la comunidad latinoamericana.
Con ayuda del Comité Hispano de Virginia, la familia imprimió
volantes con su foto. Pronto la gente estaba enviando cheques
de 100 ó 200 dólares, grupos folklóricos ofrecían
conciertos para colectar dinero, y se nos permitió colectar fondos
en fiestas grandes, dice ella.
Ni ella ni su esposo tienen trabajos regulares, así que ningún
empleador pudo ofrecerles seguro de salud. Pero lo más
probable es que ningún seguro habría cubierto el costoso
tratamiento que demanda el mal de Hodgkin, dice Eugenio Arene.
Arene informa que el 47 por ciento de la población latina de
Washington no tiene seguro de salud.
La gente sin carnet del seguro social no pueden conseguir seguro
de salud privado, explica Mayamérica Cortés, representante
de la compañía de seguros Met Life, una de las más
importantes de Estados Unidos.
Cortés, emigrante salvadoreña, dice que las compañías
de seguro de salud son especialmente estrictas, ellas pueden exigir
la tarjeta de residencia, y no sólo la tarjeta del seguro social,
debido a que las compañías de seguros gastan millones
de dólares pagando las cuentas de gente que visita los hospitales
con frecuencia pero dejan de pagar sus recibos, a veces abandonando
el país.
Instituciones como la Iglesia Católica tienen hospitales cuya
atención es gratuita o de bajo costo. La Clínica del Pueblo,
apoyada por fundaciones privadas y contratos gubernamentales, ha ofrecido
servicios gratuitos a los pobres durante años.
Gran ayuda
Ciudades y condados de Estados Unidos acuerpan programas de ayuda médica:
la ciudad de Washington apoya D.C. Alliance, un programa de seguros
que no requiere documentos legales, solo pruebas de domicilio y de bajos
ingresos, como recibos y formularios de impuestos.
D.C. Alliance cubre recetas médicas, exámenes generales,
y servicios de odontología.
Sin embargo, para calificar para ese programa hay que demostrar
que vives en la miseria, dice Arene. El criterio de selección
debe elevarse.
Lo bueno es que ofrecemos cobertura a inmigrantes indocumentados,
dice Jessica Galindo, de la oficina de DC Alliance en el Marys
Center de salud materno infantil.
En DC Alliance labora personal que habla español, vietnamita
y harare, el idioma de Etiopia.
Luego de cuatro años de lucha infatigable, los Bascopé
ahorraron $35,000. Entonces, el doctor que atendía a Gardenia
le dijo que no podía tener ninguna clase de tratamiento porque
el mal estaba demasiado avanzado.
Me lo dijo por teléfono, yo me desmayé y caí
al piso; supe que me quedaba un año de vida, recuerda Gardenia.
Su amiga Kathy Lozano buscó a los doctores del hospital de la
Universidad George Washington. Habló con ellos y con sus esposas
hasta que el hospital aceptó atender a Gardenia por el dinero
recolectado.
El tratamiento de Gardenia comenzó el 27 de diciembre de 2002
y terminó el 3 de enero de 2003. Durante seis horas diarias,
los doctores le extraían sangre y linfa con un tubo estrecho
insertado en su cuello. La sangre y la linfa se limpiaban en una máquina
especial antes de ser inyectada en el cuerpo.
Ahora puedo vivir 10 años más, dice Gardenia.
Diferente es el caso de Vilma Aragón, la salvadoreña.
Su familia necesita decenas de miles de dólares para hacerla
caminar antes que el daño sea irreversible. Desde hace varias
semanas Vilma está en el hospital con los glúteos llagados
por la silla de ruedas.
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