21 de diciembre de 2003


FOTORREPORTAJE

Valor, coraje y...
Destreza

Tepeyac, en el nororiente de Chalatenango, es tierra de ganaderos y cada
año celebra con bravíos jaripeos en honor a la Vírgen de Guadalupe.

Foto y texto Álvaro López
vertice@elsalvador.com
El triunfo
No caer en ningún momento es la consigna.
Mientras más tiempo se monta el animal, así es la adulación y el aplauso.

La emoción se apoderó por dos días entre los pobladores de Tepeyac, un caserío chalateco que hace suyo los festejos patronales de Chiapas, el cantón al cual pertenecen.
Como haciendo honor a su tradición ganadera, el toreo-jaripeo tiene para ellos gran relevancia desde hace cinco años.

Esa pasión por el espectáculo taurino se puso de manifiesto la tarde del martes pasado, cuando hombres, mujeres y niños contemplaron la “corrida” encaramados o apoyados en los barandales metálicos que formaban aquella especie de rodeo.

Era un tarde soleada y calurosa que no parecía incomodar a aquel grupo de entusiastas espectadores, cuyas miradas se concentraban en un sólo punto, la puerta por la que salían los jinetes, uno tras otro, montados sobre ariscos toros que todo el año pacen con libertad en los potreros de la localidad; pero que entre el 9 y el 11 de diciembre se convierten en el foco principal del entretenimiento del pueblo.

Un grupo de experimentados toreadores y dos quita toros (bufones) enfrentaron a los animales que, bravíos, no daban tregua. El evento, al final, a los organizadores (los ganaderos) les costó alrededor de $2 mil.

Gritos, risas, música, euforia y cohetes de vara eran el contexto que invitaba a lugareños y extraños a presenciar aquel espectáculo, donde el derroche de energía, habilidad y valentía arrancó aplausos y emociones.

Identidad
La vestimenta de los jinetes es la clásica de los vaqueros: hebillas decoradas y espuelas ajustadas a las botas son exhibidas con orgullo.


Atardecer taurino
El candente sol de verano no opaca la fiesta en Tepeyac.
Basta la emoción que despierta el jaripeo.


Trabajo
Los montadores son esos salvadoreños que aún sobreviven de la tradición.
Torear
Los montadores negocian el pago por cada montada. Ga- nan entre $5 y $12, según la clase de toro.
Jaripeos-toreos como el celebrado en Tepeyac son el testimonio de que ciertas tradiciones aún no están del todo perdidas en poblaciones del interior del país.

Quieto...
La pasividad del toro es relativa. No está de más mantener las distancias.

La embestida
Una vez se despoja del jinete, el toro embiste
todo a su paso. Cada vez que los quitatoros
lo esquivan con el capote, son aclamados.

El mamón
Algo esperado es cuando se doblega al animal
y se le muerde la lengua.

El reto
Los quitatoros distraen a toros y espectadores.



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