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LA
COLUMNA
Recuerdos
y olvidos
Deme una cora para comer,
me dijiste el jueves pasado cuando me dirigía al Diario. Te di
la moneda, te sentaste a mi lado y me lanzaste una pregunta incómoda.
Usted cree en Santa Claus, inquiriste. Tuve la intención
de decirte que a veces yo le hago de Santa en mi casa, pero temí
desilusionarte y opté por decirte que sí.
Me contaste que llevas tres años en la calle y que tienes once
- pero asemejas ocho- y muchas cosas que pedirle al personaje rechoncho
y bonachón.
No sé por qué, pero intuí que serían juguetes
o algo por el estilo. Primer error. Tú me abofeteaste cuando
comenzaste a enumerar tus solicitudes. Yo le pediría, me
dijiste, que me diera de comer todos los días y una casa donde
dormir. Tus ojitos vivarachos brillaron y se clavaron en los míos
para despedirte con un Feliz Navidad.
Me quedé con la respuesta en la boca, mientras te veía
cuando te alejabas golpeando hombros y repitiendo la misma petición.
Más tarde te disfrazaste de limpiavidrios en cualquier esquina
de San Salvador. Después fuiste vendedor de verduras, de billetes
de lotería, de dulces, paciente del Bloom, para terminar en mi
casa, junto a mí en la mesa, ocupando el lugar de mis hijos.
No me dijiste tu nombre. Tal vez no tienes, o quizá sí.
Eres Carlos, Chepe, Paco, Chus o 150 nombres más que deambulan
por las calles de San Salvador casi invisible a los ojos de todos.
Pero la época previa a la Navidad siempre resulta curiosa. Y
más cuando cae en tiempos pre electorales. Porque en ella sí
eres importante, sí necesitas un juguete para pasarla mejor,
sí necesitas atención, sí vamos a trabajar por
ti. Pero ¿y el resto del año? ¿Acaso no comes,
no tienes necesidades
no existes?
Mientras usted lee estas líneas, y a estas horas exactamente,
hay un niño en la calle, y lo ha estado los últimos 365
días. Un niño que ha necesitado de protección y
atención de verdad, no cosméticas, ni demagógicas.
Ya es tiempo que estos niños sean prioridad en nuestras agendas
y no sólo dirijamos nuestra mirada hacia ellos aprovechando la
época.
Si dicen que los niños son el futuro de un país. Entonces
¿qué futuro estamos construyendo en el tema de los menores
en riesgo y en situación de calle? Y antes de que digan que hay
cuestiones más importantes, lo acepto. O de que me tachen de
oportunista, también, o de superficial, igual. Pero, como decía
Albert Einstein, quienes no pueden experimentar asombro o sorpresa es
que están, probablemente, muertos.
También aceptó que yo lo he estado. ¿Y usted? Feliz
Navidad, quien quiera que seas.
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