21 de diciembre de 2003


LA COLUMNA

Wilfredo Hernández
vertice@elsalvador.com

Recuerdos y olvidos

“Deme una ‘cora’ para comer”, me dijiste el jueves pasado cuando me dirigía al Diario. Te di la moneda, te sentaste a mi lado y me lanzaste una pregunta incómoda. “Usted cree en Santa Claus”, inquiriste. Tuve la intención de decirte que a veces yo le hago de Santa en mi casa, pero temí desilusionarte y opté por decirte que sí.

Me contaste que llevas tres años en la calle y que tienes once - pero asemejas ocho- y muchas cosas que pedirle al personaje rechoncho y bonachón.

No sé por qué, pero intuí que serían juguetes o algo por el estilo. Primer error. Tú me abofeteaste cuando comenzaste a enumerar tus solicitudes. “Yo le pediría, me dijiste, que me diera de comer todos los días y una casa donde dormir”. Tus ojitos vivarachos brillaron y se clavaron en los míos para despedirte con un “Feliz Navidad”.

Me quedé con la respuesta en la boca, mientras te veía cuando te alejabas golpeando hombros y repitiendo la misma petición.

Más tarde te disfrazaste de limpiavidrios en cualquier esquina de San Salvador. Después fuiste vendedor de verduras, de billetes de lotería, de dulces, paciente del Bloom, para terminar en mi casa, junto a mí en la mesa, ocupando el lugar de mis hijos.

No me dijiste tu nombre. Tal vez no tienes, o quizá sí. Eres Carlos, Chepe, Paco, Chus o 150 nombres más que deambulan por las calles de San Salvador casi invisible a los ojos de todos.

Pero la época previa a la Navidad siempre resulta curiosa. Y más cuando cae en tiempos pre electorales. Porque en ella sí eres importante, sí necesitas un juguete para pasarla mejor, sí necesitas atención, sí vamos a trabajar por ti. Pero ¿y el resto del año? ¿Acaso no comes, no tienes necesidades… no existes?

Mientras usted lee estas líneas, y a estas horas exactamente, hay un niño en la calle, y lo ha estado los últimos 365 días. Un niño que ha necesitado de protección y atención de verdad, no cosméticas, ni demagógicas.
Ya es tiempo que estos niños sean prioridad en nuestras agendas y no sólo dirijamos nuestra mirada hacia ellos aprovechando la época.

Si dicen que los niños son el futuro de un país. Entonces ¿qué futuro estamos construyendo en el tema de los menores en riesgo y en situación de calle? Y antes de que digan que hay cuestiones más importantes, lo acepto. O de que me tachen de oportunista, también, o de superficial, igual. Pero, como decía Albert Einstein, quienes no pueden experimentar asombro o sorpresa es que están, probablemente, muertos.

También aceptó que yo lo he estado. ¿Y usted? Feliz Navidad, quien quiera que seas.


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