21 de septiembre de 2003


REPORTAJE

Cinco siglos de disputas

Su triunfo en el litigio con El Salvador en 1992 coronó siglos de luchas por alcanzar su salida al mar Pacífico, pero además simboliza un esfuerzo tenaz e histórico de marcar sus fronteras. Desde la época colonial hasta hoy, Honduras ha mantenido una política exterior con propósitos claros, aunque eso afecte a sus vecinos.

Mirella Cáceres
vertice@elsalvador.com

Islas como El Tigre y El Conejo en el Golfo de Fonseca que por siglos nos pertenecieron, ampliaron el territorio hondureño.

El triunfo que Honduras obtuvo en La Haya en 1992, cuando se le adjudicó el 62 por ciento de las tierras en litigio con El Salvador, corona con éxito un largo camino emprendido desde los tiempos de la Colonia.

Copias de algunos documentos antiguos en poder del doctor Abel Salazar Rodezno relatan cuán persistente ha sido Hondu-ras en su propósito de salir al mar Pacífico. El 18 de mayo de 1539 es quizá la fecha más antigua que marca sus intenciones, según un oficio enviado por un “Licenciado Pedraza” al rey de España, donde le pide que “...como Vuestra Majestad nos favorezca con darnos la Villa de San Miguel que está usurpada y metida en la Gobernación de Guatemala...y así vuestra Majestad tendrá en esta gobernación la una mar y la otra y no estará repartida en dos Gobernaciones, y más vale que en una fortaleza tenga vuestra majestad un alcaide que no dos para ser mejor guardado y conservada porque una casa regida por dos señores no puede ser bien regida...”, dice la referida carta.

En 1580 se anexa la Villa de Jeréz de la Frontera de Choluteca (antes perteneciente a San Miguel) a la Real Minas de Tegucigalpa por disposición de la reina gobernadora. Pero el doctor Salazar Rodezno dice que fue el curato el que se le otorgó y no el territorio marítimo, por lo tanto su jurisdicción sobre las aguas del Golfo de Fonseca era nula.

Es más, en 1564 se derogaba un decreto real que libraba a Honduras de Guatemala, que extendía sus límites desde el Golfo de Fonseca hasta tierras hondureñas e incluía el actual territorio salvadoreño, según el libro “Límites entre Guatemala y Honduras. Documento de la mediación 1929”. Pero la parte más clara que según Salazar Rodezno determina que Honduras no tenía dominio sobre el Pacífico, es cuando en la Cédula Real de ese año manda que la provincia hondureña “se quede por los términos que hasta aquí ha tenido...”.

En 1812, Honduras vuelve a la carga y le solicita al rey “la agregación del Partido de San Miguel sugeto a la Yntendencia de San Salvador distante cuarenta leguas de Comayagua; estendiendo los términos de la Provincia de Honduras o su diputación a orillas del Rio Lempa desde su nacimiento en términos de esta misma Provincia... y siguiendo este Rio su curso regular desagua en el Mar del Sur”, según consta en el libro Arbitraje de Límites entre Guatemala y Honduras. Alegato de Guatemala, Washington, 1932.

“Desde entonces, Honduras ha querido expandirse al Pacífico, por la conveniencia de este puerto en el Golfo de Fonseca, que ha sido desde la colonia una bahía estratégica militar y económica”, refiere el doctor Salazar Rodezno, quien además tiene en su poder la copia de otro informe antiguo, en el que Joseph de Araujo escribe el 17 de mayo de 1752 que la actual capital hondureña (ubicada al sur) no tenía “Puerto de Mar por donde padecer invasión de enemigos”. Otros informadores de la Corona como Luis Díaz de Navarra, describe en un informe el 1 de agosto de 1776, que “la Conchagua (Bahía de Fonseca)...corresponde a la jurisdicción de San Salvador”.

Pese a estos datos reveladores, Honduras no se detuvo en sus intenciones por tener dominio sobre el Pacífico, que la ha envuelto hasta en guerras como la que libró con El Salvador en 1969 sino que la mantiene en tensiones, hasta hoy, con varios países. Con Guatemala peleó la posesión del río Motagua en 1939 y lo perdió. Mejor suerte corrió cuando en 1960 ganó a Nicaragua ante La Haya que le otorgaran como línea fronteriza el río Coco. Hoy, estas dos naciones sostienen otro conflicto ante el máximo tribunal a raíz de que el Congreso hondureño ratificara un tratado de límites con Colombia, porque según los nicaragüenses los despoja de 130 mil kilómetros cuadrados de aguas territoriales en el Cari be, donde se ubica el archipiélago de San Andrés, el que Nicaragua reclama como suyo a los colombianos.
Pero además, tiene otras cuentas pendientes ante las proyecciones que ha hecho para marcar su dominio sobre el Atlántico según el Derecho del Mar establecido por las Naciones Unidas (ver mapa).

Política sagaz

Pero este afán por delimitar fronteras, no sólo para el caso de Hon-duras sino para todos los países del área, encuentra algunas raíces de tipo comercial o económica.

Según una publicación en la internet titulada “Fronteras Centro americanas: espacio de encuentros y desencuentros”, a cargo de la Unidad de Investigación en Fronteras Centro americanas FUNPADEM —Univer-sidad de Costa Rica— detalla entre otras razones, el hecho que las zonas fronterizas reclamadas son en su mayoría ricas en biodiversidad, por ejemplo, Guatemala y Nicaragua concentran en las suyas el 77 y el 55 por ciento, respectivamente, de sus reservas naturales protegidas. Mientras, Honduras cuenta con una proporción muy baja de sus áreas protegidas al igual que el resto de países del istmo. Esto podría explicar su constante reclamo alrededor de sus límites. Para algunos juristas, las tierras que nos ganó en 1992, como el caso de Nahuaterique, le convenían por su riqueza boscosa y un envidiable clima que pueden explotarse comercialmente.

Para otros expertos, los orígenes de esta animosidad, no es más que la consecuencia de que en en tiempos coloniales las delimitaciones geográficas no quedaron suficientemente claras, prueba de ello es que según la publicación de la Universidad de Costa Rica, tras la emancipación de 1821 y la disolución de la Federación Centroamericana en 1842, se inició un prolongado período de litigios y fijaciones limítrofes. “El discurso altisonante que generalmente acompañó los diferendos limítrofes, la exaltación constante de una patria amenazada externamente, la invocación de una mítica historia, además de una privilegiada geografía y un incuestionable destino común, fortalecieron en mayor o menor grado, un espíritu nacional...”, refiere Salazar.

También agrega otro rasgo y es el carácter periférico y militar que la frontera colonial siempre tuvo, y que fue reforzado por el proceso de disputa territorial.

Linderos confusos

Para el politólogo Napoleón Campos, la conformación de los Estados Centroamericanos -al igual que otros de Latinoamérica- inauguraron otra dinámica en la resolución de disputas limítrofes y fue por el principio legal y político, el uti possidetis juris, que desembocó en otro problema, y es que ante los enormes vacíos en el conocimiento geográfico dejados por los títulos y las posesiones, los nuevos Estados se vieron en la necesidad de negociar los límites. Pero había algo más, y era “la endemia de caudillos militares ávidos de expandir el territorio nacional a merced de la nación vecina”.

Esto, además de otro tipo de intereses habrían llevado a la vecina Honduras por el camino de la expansión. Para el doctor Campos, la posición geopolítica de Honduras y sus vastos recursos naturales contrastan con su aislamiento y pobreza desde la colonia, pues mientras El Salvador era el gran contribuyente al fisco (24% del total) Honduras apenas contribuía con el 5%. Quizá este tipo de desventajas la llevaron a asumir una política exterior bien clara y definida que convenga a sus intereses nacionales, pero además intrépida. Napoleón Campos dice que el habernos ganado en 1992 refleja una audacia por parte de Honduras y una “torpeza del Canciller de turno, Fidel Chávez Mena”, cuando consiguió que el país se comprometiera en 1980 a que si no llegaban a acuerdos en cinco años se sometieran a juicio en La Haya.

La experiencia en juicios internacionales como el que sostuvo con Nicaragua le habrían dado experiencia procesal, investigativa y de argumentación para saber que en cinco años no se lograría un acuerdo porque además El Salvador enfrentaba un conflicto armado interno. “Nadie previó bajo el gobierno demócrata cristiano la posibilidad de excusarse de ir a La Haya... argumentando justamente la existencia de circunstancias internas excepcionales que impedirían una elaboración seria, científica y sistemática de los intereses salvadoreños en un juicio internacional”, opina Campos.
Algunos creen que El Salvador cayó en la trampa tendida por Honduras y pecó de negligente. Napoleón Campos y Abel Salazar Rodezno coinciden en el hecho de que nuestra delegación pasó por alto que Santiago Torres Bernárdez, un juez español después de integrar la Sala donde se ventiló el caso y conoció los secretos de la defensa salvadoreña, se convierte en agente de Honduras. “Honduras puso las piedras y El Salvador tropezó sucesiva y torpemente más de dos veces. Los ex presidentes y ex cancilleres tienen ante el pueblo una responsabilidad histórica por no atender con responsabilidad e inteligencia las obligaciones del Estado”, sostiene el doctor Campos

Este politólogo también cree que nuestro país no actuó con diligencia y seriedad para pelear por la totalidad de las tierras aprovechando el lapso de diez años que otorgaba la Corte y buscar hechos nuevos. Esto nos deja lecciones, y una de ellas es aprender de los hondureños, su política exterior bien trazada y con propósitos claros.
El doctor Salazar Rodezno dice que “El Salvador debe trazar una política exterior bien definida, basada en la geopolítica para hacer frente a esos problemas... Nuestra proyección internacional es muy superflua y débil”, dice, y ejemplifica esa debilidad en el hecho que ahora tendremos que compartir con Honduras, nuestro derecho de salir al Pacífico.

¿El “Brazo” de la discordia?
El derecho sobre la salida al mar Pacífico que La Haya otorgó a Honduras en 1992, afectaría los intereses salvadoreños y nicaragüenses.


El Golfo de Fonseca, la amplia ensenada que documentos coloniales fijan bajo la jurisdicción de San Salvador, la que desde la ruptura de la Colonia y la conformación de los Estados centroamericanos, era compartida por Nicaragua y El Salvador, es ahora un enorme pastel marítimo que debe ser compartido con Honduras, según lo dictó la Corte Internacional de Justicia en 1992.

Pese a que en 1907 la Corte Centroamericana de Justicia adjudicó ese derecho a Nicaragua y El Salvador, el máximo tribunal internacional al parecer lo ignoró. Lo curioso en todo esto es que según el fallo de 1992, en tres países deben confluir en la desembocadura en el Pacífico, pero ¿Hasta qué punto eso se ejecutará en paz?
El doctor Salazar Rodezno dice que el problema es que la sentencia que otorga ese “brazo” de mar a Honduras y que nos quita entre 90 y 95 mil kilómetros cuadrados de mar territorial, Nicaragua no está obligada a cumplirla.
“Hasta ahora está a la expectativa, ha asumido una posición prudente, pero no creo que esté dispuesta a perder su territorio marítimo”, dice.

Augusto Zamora, un diplomático nicaragüense, escribe en su libro “Intereses territoriales de Nicaragua”, que el que no los obligue a cumplir esa sentencia, el ejercicio que se hizo fue inútil. Salazar Rodezno prevé un conflicto en este punto, el cual puede llevar a un serio obstáculo para la integración centroamericana.
Napoleón Campos, cree que tras este último recurso que se ventila en La Haya en torno al Goascorán, los tres países deben hacer del Golfo de Fonseca un trifinio de beneficio compartido.



¿Habrá nuevo juicio?

El Salvador podría iniciar una nueva disputa territorial con Honduras, en la centenaria controversia limítrofe entre ambos países, si los jueces de la Corte Internacional de Justicia, en La Haya, Holanda, deciden revisar el fallo de la sentencia de 1992. Las expectativas son favorables, sin embargo, la Corte tiene la última palabra.

Wilfredo Hernández
vertice@elsalvador.com
La delegación Salvadoreña está convencida de la robustez de las pruebas presentadas
y muestra un sentimiento triunfalista; sin embargo se lo toma con cautela.


La última oportunidad por recuperar parte del territorio nacional que se perdió en 1992, en el litigio fronterizo con Honduras, entró, la pasada semana, en su etapa final.

Después de cinco días de arduas sesiones, los delegados de El Salvador y Honduras dejaron en manos de la Corte Internacional de Justicia lo que se vislumbra como la posible solución de una centenaria disputa territorial que, incluso, provocó un corto pero cruento enfrentamiento armado.

La audiencia oral realizada en el Palacio de Paz, sede de la Corte, en la ciudad holandesa de La Haya, fue un verdadero viaje por la historia colonial de Centroamérica.

Cartas geográficas, informes, misivas oficiales de virreyes, dominios coloniales en la región, entre otras pruebas propias de esa época, fueron el eje central de los alegatos de ambas representaciones.

De hecho, la parte salvadoreña centró sus alegatos precisamente en esas pruebas históricas, de las que la contraparte omitió, quizá conscientemente, su discusión.

Ahí radica el optimismo de la parte salvadoreña en lograr un fallo favorable a sus intereses.
Además, la destacada participación de la canciller María Eugenia Brizuela de Ávila, junto con la del asesor español Antonio Remiro Brotons, en las dos oportunidades que tuvieron de dirigirse a los magistrados, abonan en gran manera al sentimiento triunfalista nacional.

Pero la delegación hondureña no se quedó atrás. Aunque fue reiterativa en el punto de la supuesta negligencia de El Salvador en el juicio de 1992, alcanzó para dejar sembrada algunas dudas que podrían aparecer en el estudio postrero que realicen los jueces, sobre todo en lo referente a las pruebas científicas presentadas por El Salvador.
200 años de litigio

La postura de Honduras es que esas pruebas científicas carecen del necesario sustento para inclinar la balanza del lado salvadoreño. “Son solamente opiniones de personas. No constituyen pruebas ni hechos nuevos”, sostuvo Phillip Sands, uno de los seis asesores internacionales de la contraparte.

Honduras y El Salvador han mantenido diferencias y reclamos territoriales por más de 200 años.

Los primeros reclamos territoriales por parte de Honduras aparecieron en 1740. A partir de entonces apareció una serie de disputas que alcanzaron su punto más álgido con la famosa “Guerra de las 100 horas”, en 1969.

Tras once años de relaciones interrumpidas, ambas naciones firman un tratado general de paz. Después de eso, continuaron cinco años más de negociaciones limítrofes en los que no se alcanzaron acuerdos.
En 1986, Honduras y El Salvador deciden dirimir sus diferencias en el máximo órgano judicial de las Naciones Unidas, la Corte Internacional de Justicia, en La Haya.

La Corte dirimió el conflicto por los 446 kilómetros cuadrados en disputa y otorgó, en el fallo del 11 de septiembre de 1992, 312 kilómetros cuadrados a Honduras y 134 a El Salvador. En apariencia todo estaba solucionado.

Sin embargo, alteraciones o incongruencias en los mapas que presentó Honduras en el juicio de 1992, referentes al sexto sector en disputa, el ex bolsón del río Goascorán, en el departamento de La Unión, obligaron al estado salvadoreño a pedir ante la Corte la revisión de la sentencia original.

Antes, El Salvador tenía que encontrar un “hecho nuevo” que fuera determinante para suponer una revisión de dicha sentencia.

En esa búsqueda constante aparecieron las nuevas pruebas que esgrimió El Salvador en este nuevo juicio que está por decidirse a partir de la resolución que dicten los jueces el próximo mes de diciembre.

el futuro

Por el momento, la Corte Internacional de Justicia deberá, primero, examinar esas pruebas y determinar, posterior al estudio, si la solicitud de revisión hecha por el gobierno salvadoreño es admisible o no.

Si lo confirma, y los argumentos salvadoreños por probar la existencia de un hecho nuevo calaron en la mente de los jueces, vendrá una especie de nuevo juicio que, por ahora, no tiene plazo fijo.

Si se acepta la solicitud, El Salvador procedería a iniciar un proceso de conformidad a lo que establezca la Corte. Sería, entonces, ese organismo quien determinaría el procedimiento, los plazos y todo el desarrollo del proceso.
Aún no se puede cantar victoria. Aunque las cartas salvadoreñas parecen ser lo suficientemente convincentes para inclinar la balanza a favor de nuestro país, la decisión está aún está en el Palacio de Paz en La Haya. Para mientras, los sentimientos triunfalistas sólo son eso, sentimientos.

El viernes 12 de septiembre de 2003, cuando terminaron los alegatos en La Haya, los delegados salvadoreños estaban conscientes de que, independientemente del fallo de diciembre próximo, se había hecho lo correcto. Convencidos de que, en esta ocasión, “hemos ganado todos”.

 


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