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REPORTAJE
Cinco
siglos de disputas
Su
triunfo en el litigio con El Salvador en 1992 coronó siglos de
luchas por alcanzar su salida al mar Pacífico, pero además
simboliza un esfuerzo tenaz e histórico de marcar sus fronteras.
Desde la época colonial hasta hoy, Honduras ha mantenido una
política exterior con propósitos claros, aunque eso afecte
a sus vecinos.
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Islas
como El Tigre y El Conejo en el Golfo de Fonseca que por siglos
nos pertenecieron, ampliaron el territorio hondureño.
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El triunfo que Honduras obtuvo
en La Haya en 1992, cuando se le adjudicó el 62 por ciento de
las tierras en litigio con El Salvador, corona con éxito un largo
camino emprendido desde los tiempos de la Colonia.
Copias de algunos documentos antiguos en poder del doctor Abel Salazar
Rodezno relatan cuán persistente ha sido Hondu-ras en su propósito
de salir al mar Pacífico. El 18 de mayo de 1539 es quizá
la fecha más antigua que marca sus intenciones, según
un oficio enviado por un Licenciado Pedraza al rey de España,
donde le pide que ...como Vuestra Majestad nos favorezca con darnos
la Villa de San Miguel que está usurpada y metida en la Gobernación
de Guatemala...y así vuestra Majestad tendrá en esta gobernación
la una mar y la otra y no estará repartida en dos Gobernaciones,
y más vale que en una fortaleza tenga vuestra majestad un alcaide
que no dos para ser mejor guardado y conservada porque una casa regida
por dos señores no puede ser bien regida..., dice la referida
carta.
En 1580 se anexa la Villa de Jeréz de la Frontera de Choluteca
(antes perteneciente a San Miguel) a la Real Minas de Tegucigalpa por
disposición de la reina gobernadora. Pero el doctor Salazar Rodezno
dice que fue el curato el que se le otorgó y no el territorio
marítimo, por lo tanto su jurisdicción sobre las aguas
del Golfo de Fonseca era nula.
Es más, en 1564 se derogaba un decreto real que libraba a Honduras
de Guatemala, que extendía sus límites desde el Golfo
de Fonseca hasta tierras hondureñas e incluía el actual
territorio salvadoreño, según el libro Límites
entre Guatemala y Honduras. Documento de la mediación 1929.
Pero la parte más clara que según Salazar Rodezno determina
que Honduras no tenía dominio sobre el Pacífico, es cuando
en la Cédula Real de ese año manda que la provincia hondureña
se quede por los términos que hasta aquí ha tenido....
En 1812, Honduras vuelve a la carga y le solicita al rey la agregación
del Partido de San Miguel sugeto a la Yntendencia de San Salvador distante
cuarenta leguas de Comayagua; estendiendo los términos de la
Provincia de Honduras o su diputación a orillas del Rio Lempa
desde su nacimiento en términos de esta misma Provincia... y
siguiendo este Rio su curso regular desagua en el Mar del Sur,
según consta en el libro Arbitraje de Límites entre Guatemala
y Honduras. Alegato de Guatemala, Washington, 1932.
Desde entonces, Honduras ha querido expandirse al Pacífico,
por la conveniencia de este puerto en el Golfo de Fonseca, que ha sido
desde la colonia una bahía estratégica militar y económica,
refiere el doctor Salazar Rodezno, quien además tiene en su poder
la copia de otro informe antiguo, en el que Joseph de Araujo escribe
el 17 de mayo de 1752 que la actual capital hondureña (ubicada
al sur) no tenía Puerto de Mar por donde padecer invasión
de enemigos. Otros informadores de la Corona como Luis Díaz
de Navarra, describe en un informe el 1 de agosto de 1776, que la
Conchagua (Bahía de Fonseca)...corresponde a la jurisdicción
de San Salvador.
Pese a estos datos reveladores, Honduras no se detuvo en sus intenciones
por tener dominio sobre el Pacífico, que la ha envuelto hasta
en guerras como la que libró con El Salvador en 1969 sino que
la mantiene en tensiones, hasta hoy, con varios países. Con Guatemala
peleó la posesión del río Motagua en 1939 y lo
perdió. Mejor suerte corrió cuando en 1960 ganó
a Nicaragua ante La Haya que le otorgaran como línea fronteriza
el río Coco. Hoy, estas dos naciones sostienen otro conflicto
ante el máximo tribunal a raíz de que el Congreso hondureño
ratificara un tratado de límites con Colombia, porque según
los nicaragüenses los despoja de 130 mil kilómetros cuadrados
de aguas territoriales en el Cari be, donde se ubica el archipiélago
de San Andrés, el que Nicaragua reclama como suyo a los colombianos.
Pero además, tiene otras cuentas pendientes ante las proyecciones
que ha hecho para marcar su dominio sobre el Atlántico según
el Derecho del Mar establecido por las Naciones Unidas (ver mapa).
Política sagaz
Pero este afán por delimitar fronteras, no sólo
para el caso de Hon-duras sino para todos los países del área,
encuentra algunas raíces de tipo comercial o económica.
Según una publicación en la internet titulada Fronteras
Centro americanas: espacio de encuentros y desencuentros, a cargo
de la Unidad de Investigación en Fronteras Centro americanas
FUNPADEM Univer-sidad de Costa Rica detalla entre otras
razones, el hecho que las zonas fronterizas reclamadas son en su mayoría
ricas en biodiversidad, por ejemplo, Guatemala y Nicaragua concentran
en las suyas el 77 y el 55 por ciento, respectivamente, de sus reservas
naturales protegidas. Mientras, Honduras cuenta con una proporción
muy baja de sus áreas protegidas al igual que el resto de países
del istmo. Esto podría explicar su constante reclamo alrededor
de sus límites. Para algunos juristas, las tierras que nos ganó
en 1992, como el caso de Nahuaterique, le convenían por su riqueza
boscosa y un envidiable clima que pueden explotarse comercialmente.
Para otros expertos, los orígenes de esta animosidad, no es más
que la consecuencia de que en en tiempos coloniales las delimitaciones
geográficas no quedaron suficientemente claras, prueba de ello
es que según la publicación de la Universidad de Costa
Rica, tras la emancipación de 1821 y la disolución de
la Federación Centroamericana en 1842, se inició un prolongado
período de litigios y fijaciones limítrofes. El
discurso altisonante que generalmente acompañó los diferendos
limítrofes, la exaltación constante de una patria amenazada
externamente, la invocación de una mítica historia, además
de una privilegiada geografía y un incuestionable destino común,
fortalecieron en mayor o menor grado, un espíritu nacional...,
refiere Salazar.
También agrega otro rasgo y es el carácter periférico
y militar que la frontera colonial siempre tuvo, y que fue reforzado
por el proceso de disputa territorial.
Linderos confusos
Para el politólogo Napoleón Campos, la conformación
de los Estados Centroamericanos -al igual que otros de Latinoamérica-
inauguraron otra dinámica en la resolución de disputas
limítrofes y fue por el principio legal y político, el
uti possidetis juris, que desembocó en otro problema, y es que
ante los enormes vacíos en el conocimiento geográfico
dejados por los títulos y las posesiones, los nuevos Estados
se vieron en la necesidad de negociar los límites. Pero había
algo más, y era la endemia de caudillos militares ávidos
de expandir el territorio nacional a merced de la nación vecina.
Esto, además de otro tipo de intereses habrían llevado
a la vecina Honduras por el camino de la expansión. Para el doctor
Campos, la posición geopolítica de Honduras y sus vastos
recursos naturales contrastan con su aislamiento y pobreza desde la
colonia, pues mientras El Salvador era el gran contribuyente al fisco
(24% del total) Honduras apenas contribuía con el 5%. Quizá
este tipo de desventajas la llevaron a asumir una política exterior
bien clara y definida que convenga a sus intereses nacionales, pero
además intrépida. Napoleón Campos dice que el habernos
ganado en 1992 refleja una audacia por parte de Honduras y una torpeza
del Canciller de turno, Fidel Chávez Mena, cuando consiguió
que el país se comprometiera en 1980 a que si no llegaban a acuerdos
en cinco años se sometieran a juicio en La Haya.
La experiencia en juicios internacionales como el que sostuvo con Nicaragua
le habrían dado experiencia procesal, investigativa y de argumentación
para saber que en cinco años no se lograría un acuerdo
porque además El Salvador enfrentaba un conflicto armado interno.
Nadie previó bajo el gobierno demócrata cristiano
la posibilidad de excusarse de ir a La Haya... argumentando justamente
la existencia de circunstancias internas excepcionales que impedirían
una elaboración seria, científica y sistemática
de los intereses salvadoreños en un juicio internacional,
opina Campos.
Algunos creen que El Salvador cayó en la trampa tendida por Honduras
y pecó de negligente. Napoleón Campos y Abel Salazar Rodezno
coinciden en el hecho de que nuestra delegación pasó por
alto que Santiago Torres Bernárdez, un juez español después
de integrar la Sala donde se ventiló el caso y conoció
los secretos de la defensa salvadoreña, se convierte en agente
de Honduras. Honduras puso las piedras y El Salvador tropezó
sucesiva y torpemente más de dos veces. Los ex presidentes y
ex cancilleres tienen ante el pueblo una responsabilidad histórica
por no atender con responsabilidad e inteligencia las obligaciones del
Estado, sostiene el doctor Campos
Este politólogo también cree que nuestro país no
actuó con diligencia y seriedad para pelear por la totalidad
de las tierras aprovechando el lapso de diez años que otorgaba
la Corte y buscar hechos nuevos. Esto nos deja lecciones, y una de ellas
es aprender de los hondureños, su política exterior bien
trazada y con propósitos claros.
El doctor Salazar Rodezno dice que El Salvador debe trazar una
política exterior bien definida, basada en la geopolítica
para hacer frente a esos problemas... Nuestra proyección internacional
es muy superflua y débil, dice, y ejemplifica esa debilidad
en el hecho que ahora tendremos que compartir con Honduras, nuestro
derecho de salir al Pacífico.
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¿El
Brazo de la discordia?
El derecho sobre la salida al mar Pacífico que La Haya
otorgó a Honduras en 1992, afectaría los intereses
salvadoreños y nicaragüenses.
El Golfo de Fonseca, la amplia ensenada que documentos coloniales
fijan bajo la jurisdicción de San Salvador, la que desde
la ruptura de la Colonia y la conformación de los Estados
centroamericanos, era compartida por Nicaragua y El Salvador,
es ahora un enorme pastel marítimo que debe ser compartido
con Honduras, según lo dictó la Corte Internacional
de Justicia en 1992.
Pese a que en 1907 la Corte Centroamericana de Justicia adjudicó
ese derecho a Nicaragua y El Salvador, el máximo tribunal
internacional al parecer lo ignoró. Lo curioso en todo
esto es que según el fallo de 1992, en tres países
deben confluir en la desembocadura en el Pacífico, pero
¿Hasta qué punto eso se ejecutará en paz?
El doctor Salazar Rodezno dice que el problema es que la sentencia
que otorga ese brazo de mar a Honduras y que nos quita
entre 90 y 95 mil kilómetros cuadrados de mar territorial,
Nicaragua no está obligada a cumplirla.
Hasta ahora está a la expectativa, ha asumido una
posición prudente, pero no creo que esté dispuesta
a perder su territorio marítimo, dice.
Augusto Zamora, un diplomático nicaragüense, escribe
en su libro Intereses territoriales de Nicaragua,
que el que no los obligue a cumplir esa sentencia, el ejercicio
que se hizo fue inútil. Salazar Rodezno prevé un
conflicto en este punto, el cual puede llevar a un serio obstáculo
para la integración centroamericana.
Napoleón Campos, cree que tras este último recurso
que se ventila en La Haya en torno al Goascorán, los tres
países deben hacer del Golfo de Fonseca un trifinio de
beneficio compartido.
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¿Habrá
nuevo juicio?
El Salvador
podría iniciar una nueva disputa territorial con Honduras, en
la centenaria controversia limítrofe entre ambos países,
si los jueces de la Corte Internacional de Justicia, en La Haya, Holanda,
deciden revisar el fallo de la sentencia de 1992. Las expectativas son
favorables, sin embargo, la Corte tiene la última palabra.
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La
delegación Salvadoreña está convencida de la
robustez de las pruebas presentadas
y muestra un sentimiento triunfalista; sin embargo se lo toma con
cautela. |
La última oportunidad por recuperar parte del territorio nacional
que se perdió en 1992, en el litigio fronterizo con Honduras,
entró, la pasada semana, en su etapa final.
Después de cinco días de arduas sesiones, los delegados
de El Salvador y Honduras dejaron en manos de la Corte Internacional
de Justicia lo que se vislumbra como la posible solución de una
centenaria disputa territorial que, incluso, provocó un corto
pero cruento enfrentamiento armado.
La audiencia oral realizada en el Palacio de Paz, sede de la Corte,
en la ciudad holandesa de La Haya, fue un verdadero viaje por la historia
colonial de Centroamérica.
Cartas geográficas, informes, misivas oficiales de virreyes,
dominios coloniales en la región, entre otras pruebas propias
de esa época, fueron el eje central de los alegatos de ambas
representaciones.
De hecho, la parte salvadoreña centró sus alegatos precisamente
en esas pruebas históricas, de las que la contraparte omitió,
quizá conscientemente, su discusión.
Ahí radica el optimismo de la parte salvadoreña en lograr
un fallo favorable a sus intereses.
Además, la destacada participación de la canciller María
Eugenia Brizuela de Ávila, junto con la del asesor español
Antonio Remiro Brotons, en las dos oportunidades que tuvieron de dirigirse
a los magistrados, abonan en gran manera al sentimiento triunfalista
nacional.
Pero la delegación hondureña no se quedó atrás.
Aunque fue reiterativa en el punto de la supuesta negligencia de El
Salvador en el juicio de 1992, alcanzó para dejar sembrada algunas
dudas que podrían aparecer en el estudio postrero que realicen
los jueces, sobre todo en lo referente a las pruebas científicas
presentadas por El Salvador.
200 años de litigio
La postura de Honduras es que esas pruebas científicas carecen
del necesario sustento para inclinar la balanza del lado salvadoreño.
Son solamente opiniones de personas. No constituyen pruebas ni
hechos nuevos, sostuvo Phillip Sands, uno de los seis asesores
internacionales de la contraparte.
Honduras y El Salvador han mantenido diferencias y reclamos territoriales
por más de 200 años.
Los primeros reclamos territoriales por parte de Honduras aparecieron
en 1740. A partir de entonces apareció una serie de disputas
que alcanzaron su punto más álgido con la famosa Guerra
de las 100 horas, en 1969.
Tras once años de relaciones interrumpidas, ambas naciones firman
un tratado general de paz. Después de eso, continuaron cinco
años más de negociaciones limítrofes en los que
no se alcanzaron acuerdos.
En 1986, Honduras y El Salvador deciden dirimir sus diferencias en el
máximo órgano judicial de las Naciones Unidas, la Corte
Internacional de Justicia, en La Haya.
La Corte dirimió el conflicto por los 446 kilómetros cuadrados
en disputa y otorgó, en el fallo del 11 de septiembre de 1992,
312 kilómetros cuadrados a Honduras y 134 a El Salvador. En apariencia
todo estaba solucionado.
Sin embargo, alteraciones o incongruencias en los mapas que presentó
Honduras en el juicio de 1992, referentes al sexto sector en disputa,
el ex bolsón del río Goascorán, en el departamento
de La Unión, obligaron al estado salvadoreño a pedir ante
la Corte la revisión de la sentencia original.
Antes, El Salvador tenía que encontrar un hecho nuevo
que fuera determinante para suponer una revisión de dicha sentencia.
En esa búsqueda constante aparecieron las nuevas pruebas que
esgrimió El Salvador en este nuevo juicio que está por
decidirse a partir de la resolución que dicten los jueces el
próximo mes de diciembre.
el futuro
Por el momento, la Corte Internacional de Justicia deberá, primero,
examinar esas pruebas y determinar, posterior al estudio, si la solicitud
de revisión hecha por el gobierno salvadoreño es admisible
o no.
Si lo confirma, y los argumentos salvadoreños por probar la existencia
de un hecho nuevo calaron en la mente de los jueces, vendrá una
especie de nuevo juicio que, por ahora, no tiene plazo fijo.
Si se acepta la solicitud, El Salvador procedería a iniciar un
proceso de conformidad a lo que establezca la Corte. Sería, entonces,
ese organismo quien determinaría el procedimiento, los plazos
y todo el desarrollo del proceso.
Aún no se puede cantar victoria. Aunque las cartas salvadoreñas
parecen ser lo suficientemente convincentes para inclinar la balanza
a favor de nuestro país, la decisión está aún
está en el Palacio de Paz en La Haya. Para mientras, los sentimientos
triunfalistas sólo son eso, sentimientos.
El viernes 12 de septiembre de 2003, cuando terminaron los alegatos
en La Haya, los delegados salvadoreños estaban conscientes de
que, independientemente del fallo de diciembre próximo, se había
hecho lo correcto. Convencidos de que, en esta ocasión, hemos
ganado todos.
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