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CRÓNICA
Herbert,
hijo del infortunio
En
doce años de vida, Herbert Antonio Chicas ha probado los oscuros
caminos de la vida. Alcoholismo, tabaquismo, los acechos de la vagancia
y las consecuencias de delinquir, son algunas de sus experiencias.
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Mantenerse
en el billar del pueblo y jugar entre adultos es para Herbert
algo normal. El juego representa su principal pasatiempo.
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Hasta hace cuatro años su nombre era casi desconocido,
era simplemente Herbert, el nieto de doña Dolores Chicas, residente
en el barrio San Este-ban de Tepecoyo, La Libertad. A los ocho años
empezó a figurar públicamente en este poblado de calles
empedradas y su fama corre desde entonces.
No es el personaje más típico de la localidad, tampoco
es el artista, el más intelectual o el servicial, no es el niño
modelo de buena conducta o el mejor deportista. Todo lo contrario. Su
nombre es sinónimo de travesura, término que
en el diccionario local significa simple y sencillamente: un ladronzuelo.
Pero la persona de Herbert Anto- nio Chicas, no se limita
a ser el niño travieso, a los ojos de los tepecoyenses
su nombre tiene otros significados: alcoholismo, vagancia, vulgaridad,
maldad, depravación. En resumen, este jovencito es definido bajo
el mote de Cara de malo.
Pese a haber pasado por las aulas del centro escolar Guillermo
Schmi- dt, y haber participado en la banda de paz, sus compañeros
lo recuerdan más por su mote que por su nombre o su rendimiento
escolar.
A veces lo vemos tirado en la calle, bien bolo, comenta
un alumno. Cuentan que a menudo el pequeño Herbert amanece en
las aceras del poblado víctima de una noche intensa de embriaguez.
Mientras decenas de niños tepecoyenses duermen en sus camas después
de un día ajetreado en la escuela, el juego y los quehaceres
domésticos, Herbert duerme muchas veces en la dura acera porque
los efectos del alcohol le impidieron llegar a su casa.
A veces llega en la madrugada, arando de bolito por eso le he
puesto una cama de pita porque se orina de la gran borrachera,
reconoce Dolo-res, la abuela que lo ha criado.
Herbert no lo niega, sólo sonríe, y asiente que toma licor
en veces. Más de sus noches tirado en la calle prefiere
guardar silencio.
Mientras los niños y niñas de su edad están en
la casa o la escuela, él vaga por las calles del pueblo, juega
al billar en medio de adultos o simplemente duerme en el día
porque casi siempre está desvelado.
Caminar a su lado por las calles empedradas de la localidad causa un
efecto inmediato. Algunos pobladores dirigen miradas curiosas o maliciosas,
otros lanzan advertencias como: Tenga cuidado con el cara de malo,
cuide su cartera. El adolescente sólo calla y baja la cabeza.
Este niño se hace amigo de la gente pero mientras tanto,
le está vigiando algo de valor. Cuando usted menos se descuida,
le saca la cartera o el dinero, comenta una señora.
Herbert sabe que su fama no es muy buena entre la gente del pueblo.
Al preguntársele por qué le han apodado cara de
malo, refiere a un baboso de allá arriba como
el autor pero sin explicar las razones.
El me empezó a llamar así, y no sé porqué,
dice.
Pero el apodo y el triste historial que este adolescente de baja estatura
tiene ganado, no ha sido obra de la casualidad.
La vida de este niño no ha sido fácil. Antes de nacer
ya había sido rechazado por su propia madre según la abuela
Dolores.
Ella le encargó a su hija que al menos lo amamantara por un año
y que luego se lo dejara a su cuidado. Aunque a veces la madre lo llevaba
a la casa el niño jamás se sintió a gusto allí.
Siempre se regresaba solito, y sólo tenía cinco
años. Ella lo maltrataba, nunca lo ha querido. El papá
a saber quien es, relata.
La iniciación
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Una
cama de pit a en donde siempre reina el desorden,. es testigo
silenciosa de sus desvelos y alcoholismo, pero también
de sus sueños.
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Aunque en apariencia Herbert no siente nostalgia por
su madre biológica, algunas maestras que tuvo en la escuela recuerdan
como asomaba en su interior el vacío maternal. El niño
está muy deseoso de amor y tal vez se refugia en eso (alcoholismo),
dice Reina de la Paz Pérez, su ex maestra del tercer grado.
Su abuela todavía no se explica como de repente la vida de su
nieto cambió. Los juegos, la escuela, el deporte y la vida en
familia las sustituyó por la vagancia, el alcohol, el cigarrillo
y actos ilícitos.
Tomar sin permiso de la abuela algunas monedas cuando tenía apenas
ocho años no despertaron sospechas en ella de que algo andaba
mal, tampoco que pasara mucho tiempo en la calle o viajara todo el día
en autobuses.
Nada bueno aprendió en la calle. Ahora, ni siquiera lo
puedo llevar a ver a la familia a San Miguel porque una vez le robó
¢400 a un pariente, cuenta la abuela.
El último robo cometido por habría sido de $6 a un motorista
quien le ha prometido una paliza. Algunos cobradores y motoristas confirmaron
-no la amenaza- pero si que Herbert se apropia del dinero en el menor
descuido.
¿Por qué roba? La abuela dice que para tomar licor con
los amigos porque él se consiente un hombre.
El joven acepta que bebe por invitación de sus amigos pero no
que robe para eso. Lo cierto es que muchos le temen.
Un comerciante dijo que en su tienda no lo deja entrar; los autobuses
en las canchas deportivas también le desconfían. Todos
recuerdan como sustrajo ¢300 de la bolsa de un pantalón
mientras su dueño jugaba al fútbol.
Su abuela dice estar cansada y avergonzada de tantas quejas, pero Herbert
no escarmienta y su vida sigue como siempre.
Es igualito de rebelde que la mamá. Me contesta mal cada
vez que lo regaño por lo que hace y un día por poco me
pega, por eso llamé a la policía. Yo ya tiré la
toalla, a Dios se lo he dejado para que lo calme, dice Dolores,
resignada.
Una oportunidad
Se habla en el pueblo que el alcalde y las Hermanas de La Caridad se
interesaron en la rehabilitación de Herbert, pero es la profesora
Matilde Arely Paz, quien más ha intentado ayudarlo.
Hemos tratado que permanezca en la escuela pero ha sido difícil.
Cursó hasta el segundo grado pero aprendió a leer y a
escribir bien, pero ahora bebe (licor), vaga, trasnocha. Lo he encontrado
algunas veces tambaleándose. Yo lo estimo mucho y lamento que
teniendo tanto potencial esté ahora en esa situación,
dice.
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Dolores
muestra uno de los cuadernos que Herbert ha ha dejado en el olvido.
Los dibujos, las planas y apuntes de clase no parecen causarle
nostalgia por la escuela.
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El corto paso de Herbert por la escuela dejó
buenas impresiones por su capacidad para aprender, no así por
su irregularidad en la asistencia a clases y las relaciones con sus
compañeros.
Les pegaba a los niños cuando lo trataban de integrar al
grupo, era agresivo pero no puedo negar que a la vez era cariñoso,
afirma Reina de la Paz Pérez.
Dolores dice que una vez aceptó que lo llevaran
a una clínica a recibir tratamiento sicológico pero luego
se arrepintió. También ha pasado por el albergue capitalino
para niños en riesgo social del Instituto Salvadore-ño
para la Atención integral de la Niñez y la Adolescencia
(ISNA), pero se ha fugado en dos ocasiones.
A su corta edad, Herbert dice estar consciente de que el alcoholismo,
el cigarrillo, la vagancia y los amigos que lo inducen a todo esto no
es algo bueno. Reconoce, además, los riesgos de abandonar la
escuela.
Me gustaría estudiar pero este año no he ido porque
no me matriculé, se justifica.
Herbert asegura que el otro año irá a la escuela, pero
quienes lo conocen, saben que eso no es tan fácil.
Algunas personas del pueblo creen que pesa más las manía
de vagar y robar, beber y fumar con amigos de mala fama; otros, simplemente
lo han desahuciado y estigmatizado.
Religiosas de Las Hermanas de la Caridad dicen que él se resiste
a recibir ayuda; su abuela Do lores se lo ha dejado a Dios. Las maestras
Arely y Reina todavía creen en él. Lo ven como un ser
con potenciales para labrarse un mejor destino y muy necesitado de amor.
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Solidaridad con niñez
en riesgo
La niñez en situación de riesgo es un sector que
debe atenderse de manera urgente.
Aún no hay un censo oficial de la población de niños
y niñas en situación de calle a nivel nacional.
Se habla de unos 500 sólo en San Salvador; sin embargo,
se cree que la cifra es mucho mayor.
Existen instituciones oficiales e independientes que desarro llan
programas de atención a este sector de la niñez.
El recién inaugurado Complejo de Inte gración Social
para la Niñez y la Adolescencia (CISNA) dice estar atendiendo
a 110 menores con un novedoso programa que funciona en varias
fases. La directora del centro, Maris de Belloso, dice que lo
interesante de programa es que los menores se someten a él
voluntariamente.
CISNA
Tel.294-1606
Es el nuevo centro oficial de atención a la niñez
en calle. |
OLOF
PALEM
Tel.225-4138
También cuentan con programas de atención. |
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