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LA
COLUMNA
Hitos
del periodismo
Julio es el mes del periodista en El Salvador, por decreto de ley. La
celebración alude a una de las primeras publicaciones impresas
fechada en la época de la colonia y que, definitivamente, es
una muestra convincente del primitivo periodismo salvadoreño.
Amén de los tres, cuatro o más siglos de desarrollo periodístico
en otras naciones del nuevo y viejo mundo.
El periodismo es una profesión, una carrera o una vida -si se
quiere- de cuidado. Sobre todo, cuando quien lo ejerce se ve tentado
a traspasar la imaginaria línea que lo separa de los mundillos
de poder que ostentan los funcionarios, militares, religiosos, empresarios,
dirigentes sindicales y cuanto personaje sirve de fuentes.
Julio 2003 quedará marcado por dos hechos significativos, que
más de allá de convertirse en motivo de chambres, señalamientos
o golpes de pecho, alertan sobre la necesidad de mirar -o mirarse- interiormente
(particular o institucional) para saber cómo anda nuestra ética
periodística, entendida como una solvencia real y medible en
el campo profesional.
El primero de los hechos se relaciona a la compleja decisión
del Director de Canal 33, Ignacio Castillo, de evitar la transmisión
de un programa televisivo donde el precandidato presidencial del FMLN,
Schafik Handal, recurre a la prepotencia, desatino y obsecación
al sentirse acorralado por jóvenes areneros, que
lo interrogan de manera insistente.
Handal, consciente de las penosas escenas, pide a Castillo evitar la
divulgación del programa. Castillo accede.
Los Medios de Comunicación, sus directores y ejecutivos defienden
una línea editorial (legítima desde todo punto de vista)
y se puede pensar que Castillo se arropó a este precepto. Surge
la duda si la decisión tiene que ver con el cargado ambiente
preelectoral de nuestro país y, de nuevo, la puesta en evidencia
del radicalismo del precandidato de izquierda.
Lo segundo es más delicado. La Asamblea Legislativa aprobó
la creación de un régimen especial de previsión
y seguridad social para periodistas, el cual iniciará funciones
con base en una partida presupuestaria del gobierno.
En este último caso, no dudo que el proyecto -así como
otras posibles ideas y planes- se conciban con la mejor de las intenciones,
pero hay que medir las consecuencias de todo cuanto se proponga, en
especial cuando se trate de fondo públicos, o sea dinero que
paga buena parte del pueblo.
Julio 2003, quizá sea amargo para algunos periodistas. Pero más
allá del sabor de boca, están las lecciones que se deben
aprender.
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