20 de julio de 2003


LA COLUMNA

Víctor Hugo Dueñas
vertice@elsalvador.com

Hitos del periodismo

Julio es el mes del periodista en El Salvador, por decreto de ley. La celebración alude a una de las primeras publicaciones impresas fechada en la época de la colonia y que, definitivamente, es una muestra convincente del primitivo periodismo salvadoreño. Amén de los tres, cuatro o más siglos de desarrollo periodístico en otras naciones del “nuevo” y “viejo” mundo.

El periodismo es una profesión, una carrera o una vida -si se quiere- de cuidado. Sobre todo, cuando quien lo ejerce se ve tentado a traspasar la imaginaria línea que lo separa de los mundillos de poder que ostentan los funcionarios, militares, religiosos, empresarios, dirigentes sindicales y cuanto personaje sirve de “fuentes”.

Julio 2003 quedará marcado por dos hechos significativos, que más de allá de convertirse en motivo de chambres, señalamientos o golpes de pecho, alertan sobre la necesidad de mirar -o mirarse- interiormente (particular o institucional) para saber cómo anda nuestra ética periodística, entendida como una solvencia real y medible en el campo profesional.

El primero de los hechos se relaciona a la compleja decisión del Director de Canal 33, Ignacio Castillo, de evitar la transmisión de un programa televisivo donde el precandidato presidencial del FMLN, Schafik Handal, recurre a la prepotencia, desatino y obsecación al sentirse “acorralado” por jóvenes areneros, que lo interrogan de manera insistente.

Handal, consciente de las penosas escenas, pide a Castillo evitar la divulgación del programa. Castillo accede.
Los Medios de Comunicación, sus directores y ejecutivos defienden una línea editorial (legítima desde todo punto de vista) y se puede pensar que Castillo se arropó a este precepto. Surge la duda si la decisión tiene que ver con el cargado ambiente preelectoral de nuestro país y, de nuevo, la puesta en evidencia del radicalismo del precandidato de izquierda.

Lo segundo es más delicado. La Asamblea Legislativa aprobó la creación de un régimen especial de previsión y seguridad social para periodistas, el cual iniciará funciones con base en una partida presupuestaria del gobierno.

En este último caso, no dudo que el proyecto -así como otras posibles ideas y planes- se conciban con la mejor de las intenciones, pero hay que medir las consecuencias de todo cuanto se proponga, en especial cuando se trate de fondo públicos, o sea dinero que paga buena parte del pueblo.

Julio 2003, quizá sea amargo para algunos periodistas. Pero más allá del sabor de boca, están las lecciones que se deben aprender.


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