20 de abril de 2003

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Mirella Cáceres
vertice@elsalvador.com

El factor resta

Siempre me llamó la atención que en los más remotos rincones polvorientos, las mujeres caminan atrás de sus maridos. Una vez pregunté a una mujer rural de Panchimalco, el por qué de esta costumbre. Sonrió tímida y con aire desconcertado me contestó: “No sé. Yo ni me fijo en eso”. Ese hábito entre las parejas campesinas se repite en otros campos de la vida. Nunca la mujer y el hombre caminan a la par, de igual a igual. No en nuestro país, donde las mujeres aún se ven disminuidas respecto al hombre. Como en la operación matemática de la resta, la mujer significa en muchos casos el valor que está abajo. Aunque no ignoro los avances en materia de reivindicación de la mujer, ésta no deja de estar relegada.

En la política, hay cierta presencia femenina pero raras veces ocupan puestos de dirección, y si lo hacen, son los menos importantes. Hoy, ante la expectativa de conocer las fórmulas de candidatos presidenciales para las elecciones de 2004, las mujeres -si hay mérito- son siempre las figuras vicepresidenciables. Lo mismo sucede en cualquier empresa, donde los cargos más importantes están ocupados por hombres.

Mis apreciaciones no responden a un pensamiento feminista, odio los radicalismos y no estoy de acuerdo cuando activistas se esmeran en voltear la sartén y buscan el empoderamiento de las mujeres por sobre los hombres como justo pago a largas décadas de opresión masculina. No. En lo que sí creo es en la igualdad de oportunidades y la justa retribución que tanto hombres como mujeres merecen, independientemente del género.

Esta semana me sorprendí al enterarme que la reforma al sistema de pensiones discrimina al sector laboral femenino en el sentido de disminuirle el monto de su pensión, aún cuando tengan mayor tiempo de trabajo. Según el documento “A cinco años de la reforma de pensiones en El Salvador: Su impacto en la equidad de género”, elaborado por la Comisión Ejecutiva para América Latina (CEPAL) y el gobierno de Holanda, si bien las mujeres serán a mediano y largo plazo las mayores demandantes de pensiones debido a un aumento en su participación laboral, sus puestos laborales son poco productivos y escasamente remunerados. Esto les afecta en el monto de sus pensiones.

¿Y qué hay con los millares de salvadoreñas sin afiliación, que sobreviven de un trabajo informal o no tienen alguno? Para 2000, las cifras oficiales reflejaban que el 47% de la población subempleada y el 40.1% de la población desempleada correspondía a mujeres.
La inequidad en cuanto al ingreso económico, la falta de confianza en la mujer para que ocupe puestos claves de trabajo, se convierte en un signo de que muchas cosas aún no han cambiado en este país.
vertice@elsalvador.com

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