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LA
COLUMNA
Mirella
Cáceres
vertice@elsalvador.com
El factor resta
Siempre me llamó la atención que
en los más remotos rincones polvorientos, las mujeres caminan
atrás de sus maridos. Una vez pregunté a una mujer rural
de Panchimalco, el por qué de esta costumbre. Sonrió tímida
y con aire desconcertado me contestó: No sé. Yo
ni me fijo en eso. Ese hábito entre las parejas campesinas
se repite en otros campos de la vida. Nunca la mujer y el hombre caminan
a la par, de igual a igual. No en nuestro país, donde las mujeres
aún se ven disminuidas respecto al hombre. Como en la operación
matemática de la resta, la mujer significa en muchos casos el
valor que está abajo. Aunque no ignoro los avances en materia
de reivindicación de la mujer, ésta no deja de estar relegada.
En la política, hay cierta presencia femenina pero raras veces
ocupan puestos de dirección, y si lo hacen, son los menos importantes.
Hoy, ante la expectativa de conocer las fórmulas de candidatos
presidenciales para las elecciones de 2004, las mujeres -si hay mérito-
son siempre las figuras vicepresidenciables. Lo mismo sucede en cualquier
empresa, donde los cargos más importantes están ocupados
por hombres.
Mis apreciaciones no responden a un pensamiento feminista, odio los
radicalismos y no estoy de acuerdo cuando activistas se esmeran en voltear
la sartén y buscan el empoderamiento de las mujeres por sobre
los hombres como justo pago a largas décadas de opresión
masculina. No. En lo que sí creo es en la igualdad de oportunidades
y la justa retribución que tanto hombres como mujeres merecen,
independientemente del género.
Esta semana me sorprendí al enterarme que la reforma al sistema
de pensiones discrimina al sector laboral femenino en el sentido de
disminuirle el monto de su pensión, aún cuando tengan
mayor tiempo de trabajo. Según el documento A cinco años
de la reforma de pensiones en El Salvador: Su impacto en la equidad
de género, elaborado por la Comisión Ejecutiva para
América Latina (CEPAL) y el gobierno de Holanda, si bien las
mujeres serán a mediano y largo plazo las mayores demandantes
de pensiones debido a un aumento en su participación laboral,
sus puestos laborales son poco productivos y escasamente remunerados.
Esto les afecta en el monto de sus pensiones.
¿Y qué hay con los millares de salvadoreñas sin
afiliación, que sobreviven de un trabajo informal o no tienen
alguno? Para 2000, las cifras oficiales reflejaban que el 47% de la
población subempleada y el 40.1% de la población desempleada
correspondía a mujeres.
La inequidad en cuanto al ingreso económico, la falta de confianza
en la mujer para que ocupe puestos claves de trabajo, se convierte en
un signo de que muchas cosas aún no han cambiado en este país.
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