19 de octubre de 2003


ENTREVISTA

“Si callo es como que Dios callara”

José Andrés tamayo es profeta en tierras extrañas. Hace 20 años que llegó a Salamá, provincia del sureño departamento hondureño de Olancho, y desde entonces ha hecho suya la lucha por la preservación de los bosques. Incansable en su tarea, ha llegado incluso a poner en peligro su vida por proteger lo que él llama su pueblo. No quiere protagonismo, ni crédito. “El pueblo lo está logrando”, dice.

Wilfredo Hernández/Mirella Cáceres
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El padre José Andrés Tamayo es de esos hombres dispuestos a morir por sus convicciones, y por los demás. De esa estirpe que poco a poco se extingue en este mundo.

El salvadoreño defiende incluso con su vida los bosques del sureño departamento de Olancho, de 24,351 kilómetros cuadrados, en Honduras.

Hace 20 años llegó a Salamá y desde entonces es un ferviente defensor de la naturaleza. Está consciente de que eso le ha acarreado problemas. Pero no le importa. “Mi historia no es lo central, la historia es que hay un pueblo que no tiene agua porque se destruyen los bosques”, ha dicho en más de alguna ocasión.

Vértice: ¿Cómo está la situación actualmente, después de que se cumpliera el ultimátum de los madereros?
José andrés tamayo: Una amenaza personal no se está dando. Lo que hay es una amenaza táctica política. Lo que han hecho es militarizar los bosques, es decir han enviado a personal armado.

En esa situación, ¿Cómo hacen para defender los bosques?

Nosotros usamos métodos pacíficos, pero enfrente tenemos a un ejército armado. Nos abrazamos a los árboles, el pueblo y la comunidad. Nos tiramos a la calle cuando sabemos que van a llegar la maquinaria. Nos entrelazamos para impedir el paso de los camiones. En esto están involucrados niños, jóvenes y toda la comunidad. Ahora, el grave problema es que ellos, a través de sus matones, arman balaceras para intimidar a la gente, entonces la gente tiene miedo. Muchos de nuestros elementos están en peligro. Muchos de ellos no duermen en sus casas, otros andan con seguridad porque han atentado contra sus vidas. Conmigo ya desistieron, quizá porque Amnistía Internacional sigue protegiéndome.

¿Qué hace la Fiscalía frente a las amenazas?
La Fiscalía no es tanto en eso. No investiga, no está atenta. Además (la Fiscalía) es muy pobre, no tiene mucho elemento. No tiende mucho como a buscar la defensa o a seguir los pasos para descubrir eso. Entonces no tenemos mucha competencia de la Fiscalía.

¿Se sienten desprotegidos?

Sí, en ese sentido estamos desprotegidos en la forma legal.

Aparte de la desprotección ¿han habido iniciativas gubernamentales, promesas, que, de alguna manera, sientan apoyo en su lucha?
Sí. El gobierno ha abierto las puertas, pero al mismo tiempo las cierra. Aún no hemos llegado a acuerdos, no hay nada escrito, algo que nos dé credibilidad legalmente de que estamos dando pasos más seguros. La defensa sólo la tenemos a base de pueblo. Nada más.

¿De cuánta gente estamos hablando?

Sólo en Olancho somos unas 10 mil personas. Pero si hablamos a nivel nacional, por ejemplo con la marcha que se organizó participaron de 35 a 37 mil personas.
Además, estamos organizando una movilización nacional, que va a salir de los diferentes departamentos y concluirá en un solo lugar.
Esto lo hacemos para desengañar al señor Presidente (Ricardo Maduro) de que no somos cinco personas.

“El Salvador tiene que tomar conciencia”, dice el padre Tamayo, consciente de que el país también enfrenta un grave peligro ecológico.

¿De dónde, realmente, vienen las amenazas?
Vienen de las empresas madereras.

¿Pero, qué tanta venia tienen estas empresas madereras del gobierno?

No podemos decir venia, tenemos que decir confabulación, es decir, el gobierno está metido en el negocio de la madera. Políticos, policía, empresarios, la misma institución Cohdefor está metida en esto.

¿De cuánto dinero estamos hablando?

Del 80 para acá, haciendo las sumas en ganancia, en madera son 44 mil millones de dólares.

¿Traducidos en términos de naturaleza, cuánto es eso?

Sólo en bosque, se han talado 5,5 millones de hectáreas. Pero no sólo es eso, también hay falta de agua, erosiones de tierra, y eso es riqueza también.

Conscientes de que su lucha es contra sectores extremadamente poderosos ¿considera que es suficiente sólo poner una denuncia en la Fiscalía cuando los amenazan?

Ya lo sabemos. Nos hemos preparado desde hace mucho tiempo con nuestras convicciones. Sabemos lo que defendemos. No es tanto con que me van a matar o qué, basta con nuestras convicciones. Sabemos que defendemos una población, esa es la única seguridad de nosotros, porque no podemos partir de una parte legal o de una seguridad.
El gobierno ha querido mil veces darme seguridad; la tuve, pero, quizá un mes, después ya no quise. Con eso querían desviar con que así se iba a solucionar el problema; pero yo lo que pedía era seguridad con el pueblo, y la seguridad se llama comida.

¿Pero ustedes sabían contra quienes se estaban enfrentando?

Sí. Incluso las embajadas nos mandaron a llamar. Sabemos muy bien, pero ¿qué hacemos en este caso, es decir, tendrá voluntad política el gobierno? Nosotros dijimos si no tiene voluntad política el gobierno busquemos los organismos internacionales. Yo siempre he dicho que nosotros actuamos con inocencia, sabiendo que defendemos una causa humana, no nos apartamos de ahí. Hasta ahora, gracias a la organización, a la conciencia, no se ha dividido, no se ha echado atrás el movimiento, vamos ganando más gente.
Ya sabemos de dónde puede venir algún daño, ya está todo informado. Pero no se trata de detenerse en eso. Se trata de hasta dónde puedo llegar haciendo el bien, logrando la seguridad de vida para las generaciones futuras.
Eso pretendemos. Cuando uno tiene sus ideales y sus convicciones no lo intimida nada, sino que agarra valor de su propia conciencia y quizá no está pensando en que me van a matar; sino en que tengo que avanzar, que seguir luchando, defendiendo. Eso es lo que a nosotros nos mantiene hasta el día de hoy y lo seguiré haciendo hasta el último día.

Una riqueza que se pierde
La pérdida de los recursos naturales puede llegar a ser fatal para cualquier país. Honduras es apenas un pequeño ejemplo.
80 MIL
Las hectáreas anuales que pierde Honduras, dice la Corporación Hondureña de Desarrollo Forestal.

45 MIL
Los millones que representan en pérdidas la destrucción cada año de bosques tropicales.

24 MIL
La extensión territorial del departamento hondureño de Olancho. El más extenso de ese país.

2 MIL

Los millones de personas que sufrirán escasez de agua para el año 2050, según estimaciones.

400 MIL
La cantidad diaria de árboles que alcanza a cortar una motosierra en jornadas de 8 horas.

¿Y qué han logrado?
La misma conciencia del pueblo, que antes no la tenía. Se está creando una mentalidad ecológica. La gente ya está reclamando sus derechos, está valorando más la naturaleza.
Y eso es bastante.
Yo no tengo fe de que la solución venga desde el gobierno. Yo creo que se dará porque el pueblo entendió lo que tenía que defender. Por otro lado, los organismos internacionales ya tomaron conciencia, ya están buscando una solución, quieren involucrarse en esto.

¿Qué organismos?

Amnistía Internacional, Tribunal del Agua, Tribunal de derecho, las mismas embajadas y otros organismos ambientalistas.

Antes usted dijo que rechazó la seguridad ¿por qué lo hizo?
Por dos razones. Una, cómo voy a protegerme yo y va a estar desprotegido el pueblo. La otra es porque no quiero que se desvíe (la atención) pensando que protegiéndome a mí se soluciona el problema, como dice el gobierno.

¿No lo hizo porque por un lado el gobierno le ofrece seguridad y por otro el mismo alcalde lo amenaza de muerte?
La mayoría de los alcaldes están involucrados en el negocio de la madera. Pero vuelvo a repetir; aunque me den seguridad a mí, no se soluciona el problema.
No importa que yo muera, queda un pueblo que sabe defenderse.

En una entrevista anterior usted habló de un lavado de dinero ¿lo mantiene?
Sí. Es narcomadera

¿Entonces se podría decir que hay una mafia?
Sí, es una red.

¿Y en ella están involucrados gobierno, madereros, empresarios?

Así tal cual.

¿Y no es osado pelear contra una mafia?

No. Yo hablo con mi conciencia y si callo mi conciencia es como que Dios quiere enmudecer la verdad, todo lo que está sucediendo. Yo simplemente hago ver de que esto está llevando a más pobreza.

¿Cómo se manifiesta esa pobreza?

El 30% de Olancho vive en pobreza severa y el 80% es pobre. Se nota en que no hay ningún desarrollo, a pesar de la cantidad de madera que se explota.

¿Qué viene después?

Seguimos en la mesa de diálogo, vamos a llegar a lo que es la comisión evaluadora y si no hay pasos seguiremos con nuestras acciones pacíficas.

 


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