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PERFIL
Excelencia
de corazón
Sus
manos han tratado cientos de trasplantes de corazón en su clínica
ubicada en la ciudad de Texas. En los últimos años se
ha especializado en cardiología intervencional. Carlos Eduardo
Morales es el primer médico salvadoreño en practicar,
en el país, Angioplastía Coronaria.
Iván
Gómez
vertice@elsalvador.com
Desde que tenía cinco años, Carlos Eduardo Morales se
trazó la idea de ser médico y especializarse en cardiología.
Para eso se esforzó por ser uno de los mejores alumnos de la
escuela y luego del Instituto Nacional José Simeón
Cañas de Zacatecoluca.
Su persistencia le ha permitido alcanzar, a sus 53 años, todos
los proyectos que se ha trazado. Una de las cosas que más
me ha servido en la vida es tener visión de túnel. Eso
significa que lo que me interesa, lo logro. No importa que tanto tiempo
tome. dice.
Esa es la razón por la cual a Carlos, las únicas dos cosas
que le interesan en su vida es su familia y sus pacientes, la mayoría
atendidos en el Hospital del Corazón del Sur de Texas en donde
ha trabajado durante los últimos doce años.
Modestamente, insiste en que no sirve para otra cosa que para ser médico;
aunque no pueda cambiar ni el aceite de su vehículo o simplemente
ir de compras.
Su vasta experiencia le ha permitido dictar diversas conferencias a
nivel internacional.
Morales es reconocido gracias a las investigaciones que ha hecho relacionadas
con cardiología intervencional, la cual consiste en tratamiento
de enfermedades cardiovasculares.
Lío
de arterias
La cardiología intervencional comenzó a practicarse en
algunos países como Estados Unidos en 1980. Básicamente
en las intervenciones se utilizan pequeños tubos huecos dentro
de los cuales se avanza con resortes de metal, como del grosor de un
cabello, que se expanden dentro de las arterias hasta llegar a la arteria
obstruida del corazón. Estas intervenciones se hacen a través
de la piel sin necesidad de operar.
Por su experiencia, Carlos Morales fue invitado al país a finales
de 1991 para realizar la primera intervención de angioplastía
coronaria. Una vez que se buscó el paciente ideal, se trasladó
el equipo de Estados Unidos y la intervención fue realizada en
uno de los hospitales de la red del Seguro Social. A partir de ese momento,
se despertó el entusiasmo entre los médicos salvadoreños
para especializarse en la práctica de cardiología intervencional.
El paciente llega en la mañana al hospital y, por la tarde,
es dado de alta. La arteria del corazón se destapa por medio
de los tubos que pueden introducirse en la muñeca o la ingle,
explica el galeno.
En el hospital del Corazón del Sur de Texas, ubicado en la ciudad
de McAllen, Carlos Morales, es fundador junto al compatriota Héctor
Urrutia, del Instituto de Cardiología. El trabajo profesional
le ha merecido atender a cientos de pacientes de modo que ha realizado
más de 900 trasplantes de corazón. En el hospital se cuenta
con la facilidad para atender unos diez mil pacientes al año,
que requieren del tratamiento de la cardiología intervencional.
Además de unas 900 operaciones de corazón abierto.
Pero tras su exitosa carrera, se encuentra una cortina de sacrificios
y el hecho de aprovechar, desde muy temprano, el descubrimiento de su
talento.
Nació un seis de mayo de 1950. De padre dentista y de madre ama
de casa. Carlos es el mayor de su único hermano, quien siguió
las huellas de su padre. Aunque desde niño encontró su
vocación, el arte de la música lo tomó como un
pasatiempo antes de ingresar a la universidad. Apenas tenía 13
años y fundó -junto a cuatro amigos del Instituto- el
grupo de rock llamado, Black Jaket, que estaba influenciado
por la música de la época, los Beatles. Sin embargo, tres
años después, el destino los dividió. Roberto Molina,
que era uno de sus amigos, se hizo militar; el caso del resto apuntó
en su propia dirección: Roberto Turcios buscó la Ingeniería
Agrícola, José Aristides Salamanca se convirtió
en hombre de negocios y sólo Mariano Rodríguez decidió
continuar con la música. Actualmente vive en Estados Unidos.
Pero durante esa época, no sólo la inclinación
por la guitarra le marcó un cambio en su vida.
Apenas iniciaba su adolescencia, cuando conoció a Vilma, una
niña de apenas 11 años y quien se convirtiera en su primera
y única novia. Hoy tienen 26 años de casado y dos hijas.
La ilusión
En
1966 y con apenas 16 años, ingresó a la Facultad de Medicina
de la Universidad de El Salvador. Prácticamente es el más
pequeño del grupo, al menos en edad, ya que su estatura alcanzaría
los uno noventa. Carlos tiene que trasladarse desde Zacatecoluca hasta
la capital en donde alquila un pequeño cuarto. No es que
mi familia tenía facilidades económicas, más bien
durante esos años, se pagaban unos ocho dólares de universidad,
sostiene.
Diez años después, finalizan sus estudios y realiza tres
años de medicina interna en el Hospital Rosales. Es durante ese
período que decide casarse. En 1980, la situación del
país y su inclinación por especializarse en cardiología
mueven a Carlos a buscar otras alternativas; pese a que la falta de
recursos le impidió salir al extranjero a especializarse. Así
decidió aplicar a una beca al Instituto Nacional de Cardiología
Ignacio Chávez de México.
Pero no sería fácil; de todos los postulados extranjeros
a nivel mundial, sólo seis tendrían suerte. Carlos Morales
fue uno de ellos. Allí llegó a ser jefe de residentes.
Una vez finalizado sus estudios de post grado y luego de analizar la
situación de inseguridad que se vivía en el país,
Carlos decide trasladarse al hospital estadounidense de Texas Heart
Institute de Houston, en donde hizo investigación por tres años
y luego se traslado a Ohio en donde trabajó por la misma cantidad
de años. Sin embargo, regresa a Houston para ejercer cardiología
intervencional.
Más tarde se trasladará a McAllen, Texas, en donde fundará
el Instituto de Cardiología.
Carlos no se considera un hombre de suerte; por el contrario, a su juicio,
la vida se trata de descubrir el talento y la perseverancia, no importa
que la persona viva en el lugar más remoto del país. Él
mismo es un ejemplo por ser una persona que se esforzó a partir
de cero.
Morales considera que en el país existe talento, el problema
es que quien tiene facilidades emigra. Otro de los problemas es la poca
relación existente entre las universidades y el gobierno. Existen
por lo menos siete escuelas de medicina, de cada una de ellas egresan
un promedio de unos cien estudiantes. Nos damos cuenta que hay pocas
opciones de trabajo. No existe una relación entre la oferta y
la demanda, sostiene.
Morales sugiere una mejor comunicación entre las partes; mas
este problema no es ajeno al país, también hay naciones
en donde el médico finaliza ejerciendo otras ocupaciones.
Este salvadoreño ejemplar considera que, ante todo, la persona
debe encontrar su propia vocación.
Si no hubiera podido ser médico, no sé que hubiera
sido porque no tengo talento para otra cosa, certifica Carlos
Morales.
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Siempre
capaz
Fecha de nacimiento: 6 de mayo de 1950
Padres: René Morales y Blanca López de Morales
Profesión: Cardiólogo intervencionista
Hermanos: Jorge Alberto Morales
Hijos: Vilma y Blanca Morales Miranda
Logros: Pionero en realizar, en el país, en 1991,
la primera operación de angioplatía.
Ha realizado casi un millar de operaciones de trasplantes de corazón.
En 1980, solicitó una beca para realizar un post grado
en cardiología en el Instituto Nacional de Cardiología
Ignacio Chávez de México. Fue uno de
los ocho seleccionados a nivel mundial.
Ha realizado investigaciones en relación a la cardiología
intervencional. Mérito que le ha permitido ser reconocido
por ser un conferencista de nivel internacional.
A sus 16 años Carlos Morales inicia sus estudios de medicina
en la Universidad de El Salvador.
Carlos Eduardo morales ha encontrado en sus pacientes y en su
familia la única razón por la cual vale la pena
realizar cualquier esfuerzo y sacrificio. Morales sostiene que
nació para ser médico por lo que cree que no posee
ningún otro talento.
Desde hace más de 26 años Carlos y Vilma permanecen
juntos. Lo que comenzó cuando tenía 13 años,
hoy se refleja en sus dos hijas, Vilma y Blanca Morales.
Ciudades como Valencia y Andalucía, en España, parecen
ocupar un lugar de vanguardia en cuanto a seguridad en discotecas
respecta. En la primera, se exige a los vigilantes o porteros
que tomen clases de psicología y de manejo de situaciones
de crisis, para saber cómo actuar en casos de trifulcas,
incendios o aglomeraciones sin control. Además, existe
un reglamento de once normas de conducta que se colocan a la entrada
de los locales. A los que lo incumplen se les prohibe el ingreso.
En la segunda, está estrictamente prohibido instalar discotecas
en zonas residenciales y sólo se permite el ingreso de
veinte personas por discoteca, porque la mayoría de establecimientos
están ubicados en calles de menos de tres metros de ancho.
La proliferación de las drogas químicas o de laboratorio,
como el éxtasis, ha hecho que algunas ordenanzas costarricenses
se vuelvan más estrictas.
La exigencia de lugares abiertos y ventilados, paralelos a la
pista de baile, se prevén con el objetivo de evitar la
brusca subida de temperatura o golpes de calor, que forman parte
de los efectos secundarios de esta droga.
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