19 de enero de 2003

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Excelencia de corazón

Sus manos han tratado cientos de trasplantes de corazón en su clínica ubicada en la ciudad de Texas. En los últimos años se ha especializado en cardiología intervencional. Carlos Eduardo Morales es el primer médico salvadoreño en practicar, en el país, Angioplastía Coronaria.

Iván Gómez
vertice@elsalvador.com

Desde que tenía cinco años, Carlos Eduardo Morales se trazó la idea de ser médico y especializarse en cardiología. Para eso se esforzó por ser uno de los mejores alumnos de la escuela y luego del Instituto Nacional “José Simeón Cañas” de Zacatecoluca.
Su persistencia le ha permitido alcanzar, a sus 53 años, todos los proyectos que se ha trazado. “Una de las cosas que más me ha servido en la vida es tener visión de túnel. Eso significa que lo que me interesa, lo logro. No importa que tanto tiempo tome”. dice.
Esa es la razón por la cual a Carlos, las únicas dos cosas que le interesan en su vida es su familia y sus pacientes, la mayoría atendidos en el Hospital del Corazón del Sur de Texas en donde ha trabajado durante los últimos doce años.
Modestamente, insiste en que no sirve para otra cosa que para ser médico; aunque no pueda cambiar ni el aceite de su vehículo o simplemente ir de compras.
Su vasta experiencia le ha permitido dictar diversas conferencias a nivel internacional.
Morales es reconocido gracias a las investigaciones que ha hecho relacionadas con cardiología intervencional, la cual consiste en tratamiento de enfermedades cardiovasculares.

Lío de arterias

La cardiología intervencional comenzó a practicarse en algunos países como Estados Unidos en 1980. Básicamente en las intervenciones se utilizan pequeños tubos huecos dentro de los cuales se avanza con resortes de metal, como del grosor de un cabello, que se expanden dentro de las arterias hasta llegar a la arteria obstruida del corazón. Estas intervenciones se hacen a través de la piel sin necesidad de operar.
Por su experiencia, Carlos Morales fue invitado al país a finales de 1991 para realizar la primera intervención de angioplastía coronaria. Una vez que se buscó el paciente ideal, se trasladó el equipo de Estados Unidos y la intervención fue realizada en uno de los hospitales de la red del Seguro Social. A partir de ese momento, se despertó el entusiasmo entre los médicos salvadoreños para especializarse en la práctica de cardiología intervencional.
“El paciente llega en la mañana al hospital y, por la tarde, es dado de alta. La arteria del corazón se destapa por medio de los tubos que pueden introducirse en la muñeca o la ingle”, explica el galeno.
En el hospital del Corazón del Sur de Texas, ubicado en la ciudad de McAllen, Carlos Morales, es fundador junto al compatriota Héctor Urrutia, del Instituto de Cardiología. El trabajo profesional le ha merecido atender a cientos de pacientes de modo que ha realizado más de 900 trasplantes de corazón. En el hospital se cuenta con la facilidad para atender unos diez mil pacientes al año, que requieren del tratamiento de la cardiología intervencional. Además de unas 900 operaciones de corazón abierto.
Pero tras su exitosa carrera, se encuentra una cortina de sacrificios y el hecho de aprovechar, desde muy temprano, el descubrimiento de su talento.
Nació un seis de mayo de 1950. De padre dentista y de madre ama de casa. Carlos es el mayor de su único hermano, quien siguió las huellas de su padre. Aunque desde niño encontró su vocación, el arte de la música lo tomó como un pasatiempo antes de ingresar a la universidad. Apenas tenía 13 años y fundó -junto a cuatro amigos del Instituto- el grupo de rock llamado, “Black Jaket”, que estaba influenciado por la música de la época, los Beatles. Sin embargo, tres años después, el destino los dividió. Roberto Molina, que era uno de sus amigos, se hizo militar; el caso del resto apuntó en su propia dirección: Roberto Turcios buscó la Ingeniería Agrícola, José Aristides Salamanca se convirtió en hombre de negocios y sólo Mariano Rodríguez decidió continuar con la música. Actualmente vive en Estados Unidos.
Pero durante esa época, no sólo la inclinación por la guitarra le marcó un cambio en su vida.
Apenas iniciaba su adolescencia, cuando conoció a Vilma, una niña de apenas 11 años y quien se convirtiera en su primera y única novia. Hoy tienen 26 años de casado y dos hijas.

La ilusión

En 1966 y con apenas 16 años, ingresó a la Facultad de Medicina de la Universidad de El Salvador. Prácticamente es el más pequeño del grupo, al menos en edad, ya que su estatura alcanzaría los uno noventa. Carlos tiene que trasladarse desde Zacatecoluca hasta la capital en donde alquila un pequeño cuarto. “No es que mi familia tenía facilidades económicas, más bien durante esos años, se pagaban unos ocho dólares de universidad”, sostiene.
Diez años después, finalizan sus estudios y realiza tres años de medicina interna en el Hospital Rosales. Es durante ese período que decide casarse. En 1980, la situación del país y su inclinación por especializarse en cardiología mueven a Carlos a buscar otras alternativas; pese a que la falta de recursos le impidió salir al extranjero a especializarse. Así decidió aplicar a una beca al Instituto Nacional de Cardiología “Ignacio Chávez” de México.
Pero no sería fácil; de todos los postulados extranjeros a nivel mundial, sólo seis tendrían suerte. Carlos Morales fue uno de ellos. Allí llegó a ser jefe de residentes.
Una vez finalizado sus estudios de post grado y luego de analizar la situación de inseguridad que se vivía en el país, Carlos decide trasladarse al hospital estadounidense de Texas Heart Institute de Houston, en donde hizo investigación por tres años y luego se traslado a Ohio en donde trabajó por la misma cantidad de años. Sin embargo, regresa a Houston para ejercer cardiología intervencional.
Más tarde se trasladará a McAllen, Texas, en donde fundará el Instituto de Cardiología.
Carlos no se considera un hombre de suerte; por el contrario, a su juicio, la vida se trata de descubrir el talento y la perseverancia, no importa que la persona viva en el lugar más remoto del país. Él mismo es un ejemplo por ser una persona que se esforzó a partir de cero.
Morales considera que en el país existe talento, el problema es que quien tiene facilidades emigra. Otro de los problemas es la poca relación existente entre las universidades y el gobierno. “Existen por lo menos siete escuelas de medicina, de cada una de ellas egresan un promedio de unos cien estudiantes. Nos damos cuenta que hay pocas opciones de trabajo. No existe una relación entre la oferta y la demanda”, sostiene.
Morales sugiere una mejor comunicación entre las partes; mas este problema no es ajeno al país, también hay naciones en donde el médico finaliza ejerciendo otras ocupaciones.
Este salvadoreño ejemplar considera que, ante todo, la persona debe encontrar su propia vocación.
“Si no hubiera podido ser médico, no sé que hubiera sido porque no tengo talento para otra cosa”, certifica Carlos Morales.

Siempre capaz

Fecha de nacimiento: 6 de mayo de 1950
Padres: René Morales y Blanca López de Morales
Profesión: Cardiólogo intervencionista
Hermanos: Jorge Alberto Morales
Hijos: Vilma y Blanca Morales Miranda
Logros: Pionero en realizar, en el país, en 1991, la primera operación de angioplatía.
Ha realizado casi un millar de operaciones de trasplantes de corazón.
En 1980, solicitó una beca para realizar un post grado en cardiología en el Instituto Nacional de Cardiología “Ignacio Chávez” de México. Fue uno de los ocho seleccionados a nivel mundial.
Ha realizado investigaciones en relación a la cardiología intervencional. Mérito que le ha permitido ser reconocido por ser un conferencista de nivel internacional.
A sus 16 años Carlos Morales inicia sus estudios de medicina en la Universidad de El Salvador.
Carlos Eduardo morales ha encontrado en sus pacientes y en su familia la única razón por la cual vale la pena realizar cualquier esfuerzo y sacrificio. Morales sostiene que nació para ser médico por lo que cree que no posee ningún otro talento.

Desde hace más de 26 años Carlos y Vilma permanecen juntos. Lo que comenzó cuando tenía 13 años, hoy se refleja en sus dos hijas, Vilma y Blanca Morales.
Ciudades como Valencia y Andalucía, en España, parecen ocupar un lugar de vanguardia en cuanto a seguridad en discotecas respecta. En la primera, se exige a los vigilantes o porteros que tomen clases de psicología y de manejo de situaciones de crisis, para saber cómo actuar en casos de trifulcas, incendios o aglomeraciones sin control. Además, existe un reglamento de once normas de conducta que se colocan a la entrada de los locales. A los que lo incumplen se les prohibe el ingreso.
En la segunda, está estrictamente prohibido instalar discotecas en zonas residenciales y sólo se permite el ingreso de veinte personas por discoteca, porque la mayoría de establecimientos están ubicados en calles de menos de tres metros de ancho.
La proliferación de las drogas químicas o de laboratorio, como el éxtasis, ha hecho que algunas ordenanzas costarricenses se vuelvan más estrictas.
La exigencia de lugares abiertos y ventilados, paralelos a la pista de baile, se prevén con el objetivo de evitar la brusca subida de temperatura o golpes de calor, que forman parte de los efectos secundarios de esta droga.



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