19 de enero de 2003

Portada
La Columna
Cartas
Tema de Portada
Perfil
Analisis
Reportaje
Especial
Colofón
Archivo

LA COLUMNA

Víctor Hugo Dueñas
vertice@elsalvador.com

La violencia de cada día

La realidad parece estar superando todos los pronósticos: 2003 no será un año tranquilo. Todo lo contrario, inició marcado por la violencia y a medida transcurren los días del nuevo ciclo calendario, la situación amenaza con empeorar.

La barbarie se apodera de las calles. La lapidación, que detonó a finales del año pasado con el caso de una mujer, hoy se ha “recetado” a tres víctimas más: José Ismael Constanza y Javier Hernández Constanza (primos) y Rosa María Rivera.

El triple crimen se cometió la madrugada del domingo pasado, en el centro de San Salvador. Se acusa como responsables a miembros de la “Mara 18”.

A la fecha se cuentan 10 mil pandilleros (de las tradicionales maras 18 y MS) que hostigan, atacan, pelean, no solo a sus “naturales” enemigos de grupos contrarios, sino a civiles (hombres, mujeres, niños, niñas) que se atraviesan en su camino.

Además de la violencia personificada en los ‘mareros’, se cuenta el crimen organizado, las bandas que operan a la sombra de instituciones, empresas y organizaciones, incluyendo la misma PNC.
En El Salvador, 600 mil armas, de diferente calibre, están en manos de civiles. El armamentismo justifica los seis homicidios diarios que registra oficialmente la policía.

Falta considerar el creciente mercado clandestino de armamento y la portación ilegal, así como los crímenes que no llegan a incluirse en los registros oficiales.

Si a lo anterior sumamos la violencia que originan los desalojos de vendedores callejeros; la violencia de los médicos huelguistas y sus detractores; la violencia de los desquiciados ambulatorios, de los huele pega, de los ciudadanos que aplican “la ley del más fuerte”, de los buseros o microbuseros que roban monedas, de los políticos que atropellan a quien sea, hasta concretar sus intereses, muchas veces mezquinos... En fin, todo aquello que atente contra la estabilidad afectiva, emocional, mental y física de cada salvadoreño o salvadoreña, posiblemente nos daremos cuenta que no es posible seguir en esta condición.

¿Qué le queda al común de los ciudadanos? Enclaustrarse, huir, rezar, morir.
La violencia es el mal de cada día y sólo trabajando como país en su erradicación, podrá salirse avante.

No se requieren fórmulas mágicas ni oscuros planes. Las leyes están hechas y sobre todas se encuentra la Constitución de El Salvador.

¿Cuando rescataremos el espíritu de la llamada Carta Magna? Donde la persona humana es el origen y el fin de la actividad del Estado; donde se enarbolan como prioritarias la libertad, la salud, la cultura, el bienestar económico y la justicia social; donde los derechos y deberes forman un equilibrio cuasi perfecto.

hugovictor@elsalvador.com



Copyright 2002 El Diario de Hoy - Derechos Reservados. vertice@elsalvador.com
Prohibida su reproducción total o parcial sin autorización escrita de su titular.