18 de mayo de 2003

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REPORTAJE

¿Niño o niña?

Es irónico, pero eso es lo primero que pasa por la mente de alguien cuando visita las comunidades del bajo Lempa: seco, árido y un sudor pegajoso en verano; en el otro extremo: pantanoso, húmedo, angustia e inundaciones en invierno. Cada año la incertidumbre es la misma; el paso del huracán Mitch marcó para siempre a esta gente.

Alejandro Miranda
vertice@elsalvador.com

El paso del huracán Mitch define un antes y un después en la vida de los pobladores del Bajo Lempa. No es para menos. La catástrofe dejó al menos 225 muertos, 106 desaparecidos y 54,141 damnificados en todo el país, la mayor parte era de esa zona.
La llena de 1998 prácticamente transformó el paisaje en el Bajo Lempa. La mayoría de viviendas fueron arrastradas por las corrientes de agua, que dejaron a su paso luto, dolor y desolación en los caseríos.

Durante años vulnerables a las inundaciones en la zona, por la inexistencia de mecanismos de prevención de desastres, los pobladores vieron cómo, esa fatídica noche de octubre, la correntada transformaba para siempre su entorno.
No fue sino hasta después de la catástrofe que se comienza a hablar de un proyecto de construcción de bordas al menos a un lado del imponente río Lempa, límite natural entre San Vicente y Usulután.

Un enorme gusano de tierra de 22 kilómetros que bordea el Lempa por el lado de San Vicente, desde el Pacún hasta Santa Marta.

Pero no todos están contentos con el proyecto. Los mismos pobladores critican que la obra fuera construida con materiales de la zona, que, según los residentes, son de mala calidad.

“Es que esta tierra es como arenosa y cuando llueva lo irá minando”, dice no muy convencido de la obra el director del Centro Escolar de Rancho Grande, Miguel Omar Franco.

El proyecto incluía reforzar las formas de comunicación entre las comunidades, ONGs, el Servicio Nacional de Estudios
Territoriales (SNET) y la Comisión Ejecutiva Hidroeléctrica del Río Lempa (CEL), ésta última la encargada de realizar las descargas de agua cuando la presa ha alcanzado su capacidad de recuperación.

Así, desde San Carlos Lempa, un radio base coordina, monitorea y escucha el reporte que hacen todas la mañanas invernales más de 19 comunidades ubicadas geográficamente entre la borda y el río Lempa -cuando azotó Mitch, Santa Marta, Puerto Nuevo y el Coyol, entre otras, fueron inundadas-.

Además, cada comunidad es informada por CEL y SNET a través de un radio portátil.
Pero aún no se ha comprobado la efectividad del proyecto. Esto porque, desde Mitch, los inviernos no han sido severamente copiosos en esta zona.

Sin embargo, la duda aparece en cada invierno. ¿Funcionará la borda? ¿Qué pasará con la borda del lado de Usulután, donde falta terminar de construir siete kilómetros? ¿Peligrarán las comunidades que están no sólo en ese sector, sino que también del lado de San Vicente?

No sembrar en mayo

La preocupación se acentúa si se toma en cuenta que para este año el análisis del SNET indica que existe la posibilidad de que en junio el Fenómeno de El Niño se disipe, con la posibilidad mínima de que se forme el Fenómeno de La Niña, que trae cantidades de lluvias arriba de lo normal.

El SNET advierte que mayo será más seco de lo normal y recomienda que la mejor época para sembrar será junio. Contradiciendo la luz verde que dio el Ministerio de Agricultura -el 2 de mayo pasado- para los agricultores y sus cultivos.

“El mes que está mostrando, digamos para los intereses de la población, de la agricultura especialmente, un impacto importante es mayo, donde se está mostrando deficiencia en la precipitaciones acumuladas”, dice Luis García, el director del Departamento de Meteorología de la institución.

La zona sur-oriental del país, La Unión, Usulután y parte de San Miguel, tendrá un ambiente más seco en este mes. En el resto de departamentos del país habrá lluvia, aunque no será suficiente para humedecer satisfactoriamente el suelo.
“Sí, definitivamente el mes de junio lo que nos estaría mostrando es que es mucho más seguro que en esa época ya haya suficiente humedad en el suelo y no haya ningún problema, repito en el caso de la agricultura”, recalca García.

El pronóstico del SNET es hasta julio, adelantando que la canícula -breve espacio de sequía entre julio y agosto- será corta, previéndose además que septiembre sea por tradición el más copioso.

Sembrar o no sembrar

Entre promesas de abaratar los fertilizantes por un lado y el anuncio de varios vetos, por el otro, el gobierno de la República inauguró el año agrícola en el país, el pasado 2 de mayo.

El Servicio Nacional de Estudios Territoriales (SNET) y el Ministerio de Agricultura hablan distintos idiomas sobre cuándo iniciar el año agrícola.

Por un lado, los pronósticos del SNET indican que mayo será más seco de lo normal en todo el país, y por el otro, el pasado 2 de mayo, la cartera de Estado dio luz verde a los agricultores para que sacaran sus aperos de labranza.

Aunque los pronósticos del SNET indican que el mes más húmedo será junio, el MAG tiene su propia perspectiva de lo que será el año agrícola en cuanto a la producción de los pocos granos básicos que todavía se cultivan en el país.

El Centro Nacional de Tecnología Apropiada (CENTA) estima que la siembra será favorable en la zona occidental entre el 15 y 20 de mayo.

Por el contrario, en oriente, la preparación de la tierra tendrá que ser en los últimos días del presente mes, con el fin de introducir la semilla a principios de junio.

“El año anterior, según los datos que nosotros tenemos, para la primera época de mayo-junio se sembraron aproximadamente 271 mil manzanas, en la segunda época -agosto- fueron unas 76 mil manzanas, todos en maíz”, dice el director del CENTA, ingeniero Hernán Ever Amaya.
Sin embargo, la cosecha en superficie no superó a la del año anterior e incluso fue un 10% menor.

En el caso del frijol y el maicillo, la mayor época de siembra es para agosto.
En la primera siembra, en 2002, se cubrieron entre 18 y 20 mil manzanas, para la segunda fase fueron casi 100 mil.

Para este año, el CENTA tiene preparada semilla de maíz para 15 mil productores.
Veinticinco libras de este grano -cuyo precio es de 17 dólares- rinden para una manzana de terreno, la que produce entre 80 y 90 quintales de maíz. Cada quintal se puede vender a un precio de ocho dólares aproximadamente.

Cultivos variados
No en todos los departamentos se cultiva lo mismo. La fertilidad de la tierra, el clima y la situación geográfica influyen en gran medida.
El maíz, grano de mayor producción y que se considera autoabastecedor del mercado, se siembra en Ahuachapán, Santa Ana y Sonsonate en un área total de 84 mil manzanas en toda la zona occidental.
En la zona paracentral los productores son Chalatenango, La Libertad, San Salvador y Cuscatlán. El primer lugar es para el departamento costero, con 25 mil manzanas.
En la región tres, donde se están ubicados los departamentos de Cabañas y San Vicente, se cultivan 20 mil manzanas en cada uno.
Mención aparte es Usulután -al que se le conoce como el granero de la República- donde se trabajan 34 mil manzanas para el cultivo del maíz.

¿Y el frijol?

El frijol ha encontrado su asidero en el departamento de Santa Ana, donde se siembran aproximadamente 25 mil manzanas.
Le siguen La Libertad, con 17 mil manzanas, y San Vicente, con 13 mil, donde se cultiva el grano.
Otros productos como el sorgo o maicillo se cultiva más en el departamento de Ahuachapán.
Mientras tanto, el cultivo de arroz se ha reducido significativamente, ya que se limita a las posibilidades de riego que tenga el agricultor y que son demasiadas limitadas.
Por su parte, el arroz cultivado en el exterior cuenta con subsidios y menores costos de producción, lo que lo hace atractivo para los beneficios, que mejor deciden importarlo.
“El incremento en la energía eléctrica para el uso del riego en nuestro país no motiva a que los productores de arroz incrementen su área de siembra”, asegura Hernán Amaya del CENTA.
Quizás por eso, en el último quinquenio, el cultivo del arroz ha venido disminuyendo en forma paulatina y de forma inevitable.


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