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REPORTAJE
¿Niño
o niña?
Es
irónico, pero eso es lo primero que pasa por la mente de alguien
cuando visita las comunidades del bajo Lempa: seco, árido y un
sudor pegajoso en verano; en el otro extremo: pantanoso, húmedo,
angustia e inundaciones en invierno. Cada año la incertidumbre
es la misma; el paso del huracán Mitch marcó para siempre
a esta gente.
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El paso del huracán Mitch define un antes y un
después en la vida de los pobladores del Bajo Lempa. No es para
menos. La catástrofe dejó al menos 225 muertos, 106 desaparecidos
y 54,141 damnificados en todo el país, la mayor parte era de
esa zona.
La llena de 1998 prácticamente transformó el paisaje en
el Bajo Lempa. La mayoría de viviendas fueron arrastradas por
las corrientes de agua, que dejaron a su paso luto, dolor y desolación
en los caseríos.
Durante años vulnerables a las inundaciones en la zona, por la
inexistencia de mecanismos de prevención de desastres, los pobladores
vieron cómo, esa fatídica noche de octubre, la correntada
transformaba para siempre su entorno.
No fue sino hasta después de la catástrofe que se comienza
a hablar de un proyecto de construcción de bordas al menos a
un lado del imponente río Lempa, límite natural entre
San Vicente y Usulután.
Un enorme gusano de tierra de 22 kilómetros que bordea el Lempa
por el lado de San Vicente, desde el Pacún hasta Santa Marta.
Pero no todos están contentos con el proyecto. Los mismos pobladores
critican que la obra fuera construida con materiales de la zona, que,
según los residentes, son de mala calidad.
Es que esta tierra es como arenosa y cuando llueva lo irá
minando, dice no muy convencido de la obra el director del Centro
Escolar de Rancho Grande, Miguel Omar Franco.
El proyecto incluía reforzar las formas de comunicación
entre las comunidades, ONGs, el Servicio Nacional de Estudios
Territoriales (SNET) y la Comisión Ejecutiva Hidroeléctrica
del Río Lempa (CEL), ésta última la encargada de
realizar las descargas de agua cuando la presa ha alcanzado su capacidad
de recuperación.
Así, desde San Carlos Lempa, un radio base coordina, monitorea
y escucha el reporte que hacen todas la mañanas invernales más
de 19 comunidades ubicadas geográficamente entre la borda y el
río Lempa -cuando azotó Mitch, Santa Marta, Puerto Nuevo
y el Coyol, entre otras, fueron inundadas-.
Además, cada comunidad es informada por CEL y SNET a través
de un radio portátil.
Pero aún no se ha comprobado la efectividad del proyecto. Esto
porque, desde Mitch, los inviernos no han sido severamente copiosos
en esta zona.
Sin embargo, la duda aparece en cada invierno. ¿Funcionará
la borda? ¿Qué pasará con la borda del lado de
Usulután, donde falta terminar de construir siete kilómetros?
¿Peligrarán las comunidades que están no sólo
en ese sector, sino que también del lado de San Vicente?
No sembrar en mayo
La
preocupación se acentúa si se toma en cuenta que para
este año el análisis del SNET indica que existe la posibilidad
de que en junio el Fenómeno de El Niño se disipe, con
la posibilidad mínima de que se forme el Fenómeno de La
Niña, que trae cantidades de lluvias arriba de lo normal.
El SNET advierte que mayo será más seco de lo normal y
recomienda que la mejor época para sembrar será junio.
Contradiciendo la luz verde que dio el Ministerio de Agricultura -el
2 de mayo pasado- para los agricultores y sus cultivos.
El mes que está mostrando, digamos para los intereses de
la población, de la agricultura especialmente, un impacto importante
es mayo, donde se está mostrando deficiencia en la precipitaciones
acumuladas, dice Luis García, el director del Departamento
de Meteorología de la institución.
La zona sur-oriental del país, La Unión, Usulután
y parte de San Miguel, tendrá un ambiente más seco en
este mes. En el resto de departamentos del país habrá
lluvia, aunque no será suficiente para humedecer satisfactoriamente
el suelo.
Sí, definitivamente el mes de junio lo que nos estaría
mostrando es que es mucho más seguro que en esa época
ya haya suficiente humedad en el suelo y no haya ningún problema,
repito en el caso de la agricultura, recalca García.
El pronóstico del SNET es hasta julio, adelantando que la canícula
-breve espacio de sequía entre julio y agosto- será corta,
previéndose además que septiembre sea por tradición
el más copioso.
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Sembrar o no sembrar
Entre promesas de abaratar los fertilizantes
por un lado y el anuncio de varios vetos, por el otro, el gobierno
de la República inauguró el año agrícola
en el país, el pasado 2 de mayo.
El Servicio Nacional de Estudios Territoriales (SNET) y el Ministerio
de Agricultura hablan distintos idiomas sobre cuándo iniciar
el año agrícola.
Por un lado, los pronósticos del SNET indican que mayo
será más seco de lo normal en todo el país,
y por el otro, el pasado 2 de mayo, la cartera de Estado dio luz
verde a los agricultores para que sacaran sus aperos de labranza.
Aunque los pronósticos del SNET indican que el mes más
húmedo será junio, el MAG tiene su propia perspectiva
de lo que será el año agrícola en cuanto
a la producción de los pocos granos básicos que
todavía se cultivan en el país.
El Centro Nacional de Tecnología Apropiada (CENTA) estima
que la siembra será favorable en la zona occidental entre
el 15 y 20 de mayo.
Por el contrario, en oriente, la preparación de la tierra
tendrá que ser en los últimos días del presente
mes, con el fin de introducir la semilla a principios de junio.
El año anterior, según los datos que nosotros
tenemos, para la primera época de mayo-junio se sembraron
aproximadamente 271 mil manzanas, en la segunda época -agosto-
fueron unas 76 mil manzanas, todos en maíz, dice
el director del CENTA, ingeniero Hernán Ever Amaya.
Sin embargo, la cosecha en superficie no superó a la del
año anterior e incluso fue un 10% menor.
En el caso del frijol y el maicillo, la mayor época de
siembra es para agosto.
En la primera siembra, en 2002, se cubrieron entre 18 y 20 mil
manzanas, para la segunda fase fueron casi 100 mil.
Para este año, el CENTA tiene preparada semilla de maíz
para 15 mil productores.
Veinticinco libras de este grano -cuyo precio es de 17 dólares-
rinden para una manzana de terreno, la que produce entre 80 y
90 quintales de maíz. Cada quintal se puede vender a un
precio de ocho dólares aproximadamente.
Cultivos variados
No en todos los departamentos se cultiva lo mismo. La fertilidad
de la tierra, el clima y la situación geográfica
influyen en gran medida.
El maíz, grano de mayor producción y que se considera
autoabastecedor del mercado, se siembra en Ahuachapán,
Santa Ana y Sonsonate en un área total de 84 mil manzanas
en toda la zona occidental.
En la zona paracentral los productores son Chalatenango, La Libertad,
San Salvador y Cuscatlán. El primer lugar es para el departamento
costero, con 25 mil manzanas.
En la región tres, donde se están ubicados los departamentos
de Cabañas y San Vicente, se cultivan 20 mil manzanas en
cada uno.
Mención aparte es Usulután -al que se le conoce
como el granero de la República- donde se trabajan 34 mil
manzanas para el cultivo del maíz.
¿Y el frijol?
El frijol ha encontrado su asidero en el departamento de Santa
Ana, donde se siembran aproximadamente 25 mil manzanas.
Le siguen La Libertad, con 17 mil manzanas, y San Vicente, con
13 mil, donde se cultiva el grano.
Otros productos como el sorgo o maicillo se cultiva más
en el departamento de Ahuachapán.
Mientras tanto, el cultivo de arroz se ha reducido significativamente,
ya que se limita a las posibilidades de riego que tenga el agricultor
y que son demasiadas limitadas.
Por su parte, el arroz cultivado en el exterior cuenta con subsidios
y menores costos de producción, lo que lo hace atractivo
para los beneficios, que mejor deciden importarlo.
El incremento en la energía eléctrica para
el uso del riego en nuestro país no motiva a que los productores
de arroz incrementen su área de siembra, asegura
Hernán Amaya del CENTA.
Quizás por eso, en el último quinquenio, el cultivo
del arroz ha venido disminuyendo en forma paulatina y de forma
inevitable.
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