18 de mayo de 2003

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VENDEDORES DE SUEÑOS

Negocios dudosos

Tentadoras y sutiles, así se presentan muchas ofertas turísticas. Todas conllevan un fin: persuadir a consumidores con deseos de placer. Muchos curiosos han sucumbido ante el hechizo; pero, al despertar, el paraíso que les prometieron resultó ser era una pesadilla muy costosa.

Mirella Cáceres
vertice@elsalvador.com

He llamado para informarles sobre una empresa que está estafando personas”, dijo una alarmada mujer al otro lado del teléfono.

Así inició el corto relato sobre el peligroso camino que a su juicio pudieron haber tomado con su marido, de haber sucumbido ante la encantadora oferta de un paquete vacacional en el extranjero que les ofrecía una empresa de la cual no sabían nada.

La preocupada mujer dijo que la desconfianza de su marido y el desconocer totalmente aquella firma que operaba en un hotel capitalino bajo el nombre Club of America, evitaron que aceptaran la oferta . “Yo llamé luego a la Dirección de Protección al Consumidor (DPC) para contar lo sucedido y allí me dijeron que me alejara de ellos porque ya habían denuncias en su contra. Por eso les llamo para investiguen eso y prevengan a otros”, relató.

El director de la DPC, Mario Cruz, confirmó lo dicho por la mujer en el sentido de que existen denuncias contra ciertas empresas que ofrecen paquetes vacacionales en el extranjero; pero rehusó mencionar firmas específicas o calificarlas de estafadoras porque eso lo definirá la investigación que han iniciado. (Ver entrevista).

La llamada de esta mujer -que no quiso identificarse- y las declaraciones del director de la DPC, abrió una serie de inquietudes. ¿Qué hay de cierto en esta denuncias? ¿Quiénes son estas empresas? ¿Cómo operan?
Hay algo claro en esto. Estos grupos empresariales legalmente establecidos y dedicados a la venta de paquetes vacacionales en el extranjero están a la caza de clientes con características comunes: suficiente capacidad económica y poseedores de tarjetas internacionales.

La mujer que llamó a Vértice dijo que a ella le preocupaba saber cómo la empresa que la contactó sabía que junto a su esposo manejaban tarjetas de crédito internacional que suman $30 mil. Ramiro, un cliente que sí sucumbió a este encanto, contó que lo abordaron mientras compraba en un supermercado. “Se me acercaron unas señoritas que yo pensé eran del almacén. Después de indagar que yo manejaba tarjetas internacionales me preguntaron si quería participar en sorteos mensuales. Acepté y les dí mis datos. Al poco tiempo me llamaron para decirme que había ganado un viaje. Insistieron tanto que al final me convencieron que asistí a un coctel donde me informarían sobre el premio que al final no existía”.

El hechizo

Ramiro cuenta que el ambiente de aquella reunión era a media luz y alrededor de una piscina.
Allí, dos representantes del Club Vacacional Cardel les recrearon convincentemente los escenarios donde podrían vacacionar una semana anual durante diez años en cualquier lugar del extranjero que eligieran. “Me pareció que el alojamiento por diez años resultaba barato y, además, nos convenía porque a menudo viajamos por razones de trabajo”, recuerda Ramiro. “Yo no quería porque era demasiado dinero; pero él no me hizo caso. Yo desconfié más cuando nos pidieron las cuatro tarjetas internacionales para consultarlas y al regresar el muchacho ya venía con el voucher para que lo firmáramos”, recrea la esposa de Ramiro.

“Es que me durmieron, todo lo pintaban bonito; pero cuando analizamos los documentos nos dimos cuenta que habíamos cometido una bobada. El viaje gratis no existía porque teníamos que pagar al final $290 y que por la semana de vacaciones anuales terminaríamos pagando el doble. Decidimos cerrar el contrato, hablé a la empresa de viajes y se enojaron por eso. Luego pusimos la denuncia en la DPC para ver si puedo recuperar algo de los $1,745 en concepto de prima que dimos”, explica.

Susana, la otra clienta desencantada, también tiene su historia. Fue contactada por el Grupo Vacacional Club Of América (CGA) en un coctel junto a su esposo. Hasta ahora desconoce cómo la ubicaron; pero asistió a la reunión. La presentación de un video de todos los escenarios turísticos tuvo su efecto. “Me enamoré de la oferta como se enamora uno de una persona”, dice.

La elocuencia de los vendedores terminó de convencerla. La separaron de su esposo y le pidieron su tarjeta internacional, cuya capacidad crediticia de $1,000 no fue obstáculo para optar a algún paquete porque automáticamente le concedieron el crédito por $752 adicionales.

Al igual que a Ramiro, ella dice que se tomaron la atribución de cargarle a su cuenta la prima del paquete equivalente a $1,750. “Me sorprendí pero acepté firmar el voucher, el contrato y un pagaré en el cual debo cancelar $77 mensuales por siete años con un interés anual del 17.65%, además de $60 cada vez que pida asesoría”, recuerda.
El mayor desencanto para esta joven mujer fue que los $1,750 -que equivalían a 240 puntos como parte del paquete más económico- le resultaban insuficientes para hacer efectivo su viaje a un hotel de Guatemala, ya que necesitaba comprar 89 puntos adicionales.

Susana aduce que no fue informada en todos estos detalles, como tampoco que “lo familiar” implicaba no más de cuatro personas, que no podía elegir el hotel, hacer uso de este derecho durante la Semana Santa y que cuatro certificados de viaje supuestamente gratuitos no podían ser utilizados en épocas no feriadas.
La reflexiva lectura del contrato de seis páginas que carecía de cláusulas que la beneficiaran como cliente y la acalorada discusión con su marido la impulsaron a visitar la empresa al día siguiente para clausurar el contrato. El resultado fue la descortesía de parte del personal y, debido a que llegó quince minutos tarde de la hora acordada, le eliminaron el derecho a ser atendida.

“Ante mi insistencia de resolver el problema, me dijeron que tenía que cancelar el 30% del monto del paquete. No puedo pagar este dinero; además, no he utilizado el plan vacacional. Puse la denuncia en la DPC y allí supe que hay otras personas afectadas en mi misma situación. Me preocupa que estas empresas estén engañando y no se haga nada”, dice.

Ramiro se siente engañado porque no le informaron. Susana prefiere usar la palabra traición. Mientras tanto, abrigan la esperanza que la DPC les resuelva. Él espera recuperar al menos algo de los invertido; ella sólo desea clausurar el contrato. No le importa si pierde su dinero.

¿Contra la ley?


Tanto Ramiro como Susana han aprendido la lección: no dejarse embaucar más con palabras ni ofertas llamativas.
Aún cuando ambos hablan de engaño, de ilusionismo, de sueños vendidos, Ana María de Jovel, de la oficina jurídica del Centro para la Defensa del Consumidor (CDC) dice que “estos casos no se pueden tipificar como estafas porque existe la firma de un contrato donde el cliente acepta todas las cláusulas que en él se detallan”.

“Tipificar la estafa es bastante complicado porque debe haber engaño, ardid de por medio. En este caso la gente llega, escucha una oferta bonita y no garantiza que suplan toda la información necesaria, se dejan llevar por el atractivo de la oferta. El problema es cuando firman cualquier documento, a veces documentos en blanco”, señala la abogada.
Ante esta imposibilidad de poder probar que lo que firmaron dista de lo que les prometieron, Jovel dice que se pueden amparar en la Ley de Protección al Consumidor, donde estipula el derecho a ser informado sobre las condiciones de un producto o servicio que se adquiere y a reclamar por vía judicial, el resarcimiento de daños y perjuicios; así como también en el hecho que prohíbe la inclusión de “cualquier dato falso que pueda inducir a engaño con relación al origen, calidad, cantidad, contenido, precio, garantía, uso o efecto de los mismos...”.

Intentamos que la empresas denunciadas, Cardel y Club of América, ofrecieran su versión; pero fue imposible. En Cardel adujeron que los representantes se encontraban fuera del país, mientras en Club of América, se negaron a dar alguna declaración y -con evidente molestia- unas señoritas que atendían al público dijeron que nos acudiéramos a Atilio Ramírez, el abogado que representa a la empresa. A él se le llamó al teléfono señalado y no respondió.

Alfonso Mojica Pérez, coordinador de la Unidad de Delitos al Patrimonio Privado de la Fiscalía General de la República (FGR), dice que en este caso podría tratarse de una estafa cuando a una persona le llaman para decirle que ha ganado un premio; pero al reclamarlo dicen que no, que debe pagarlo y además cancelar otros gastos. Sin embargo, ese engaño debe probarse y allí radica el problema si no se tiene un documento que respalde al afectado. “Eso es más procesal que penal, es más derecho subjetivo que objetivo porque en este caso concreto habría que probar si le ofrecieron una cosa y después le cumplieron otra”, dice.

Por ejemplo, Ramiro y Susana carecen de dichos documentos para probar el engaño que dicen haber sufrido. Sin embargo, tanto el fiscal como la abogada de Jovel dicen que ambos ciudadanos como cualquier otro en similar situación, deben agotar el recurso que les ofrezca la DPC .

El consejo que ofrece Armando Flores, director del CDC, es que la gente busque asesoría en la DPC y que se cerciore de que existen mecanismos que garanticen su seguridad. “De lo contrario, estarán en manos de personas sin escrúpulos”, sostiene.


ANTECEDENTES

De timadores, timados y algunos consejos prácticos

Una siquiatra, un activista de derechos del consumidor y un fiscal nos ofrecen información que puede ser útil a la hora de enfrentar un posible engaño y prevenir efectos negativos.

El mundo de la estafa es sutil, difícilmente probatorio y muy frecuente en nuestro país. El fiscal Alfonso Mojica Pérez dice que aquí se presentan en gran variedad, desde las más burdas como vender un lingote de oro, un billete de lotería premiado que es falso, pasando por casos como el de la encomienda proveniente de Estados Unidos que al final no existe y le cobran por su entrega, hasta llegar a estafadores más finos que utilizan documentos falsificados como los de identidad personal, libretas de ahorro o tarjetas de crédito con las cuales hacen transacciones bancarias.
Pero, ¿cómo identificar una estafa? El fiscal Mojica dice que este delito tiene elementos objetivos como el engaño, el error y el perjuicio patrimonial, que deben estar concatenados. Pero también debe tener elementos subjetivos como el dolo, porque nadie puede cometer estafa sin querer hacerlo.

¿Cómo reconocer a un engañador? La siquiatra Margarita Burgos dice que suele ser muy hábil, con capacidad de liderazgo, es convincente, suelen omitir información y, muchas veces, fomentan el orgullo propio de la persona a la que intenta engañar.

Los mecanismos

“Es una facilidad natural, entran en este campo para ganar dinero fácil o tienen un problema de conducta, son malos, son gente antisocial que no les importa arruinar la vida de otros, no son estables en un lugar, se mueven, desaparecen, tienen esa facilidad de estar hoy y mañana no estar.. Parecen honrados, preocupados, altruistas, que aman al ser humano”, apunta la siquiatra.

Para esta profesional, el éxito de un estafador depende de la ingenuidad de la gente, de aquella que incluso le gusta que le endulcen el oído. Es aquí donde aprovecha el timador porque también suele ser “muy empalagoso”. Por eso recomienda que antes de cerrar cualquier contrato uno tiene que averiguar.

Armando Flores, director del Centro para la Defensa del Consumidor (CDC), dice que todo consumidor debe estar ante todo informado, ser educado y orientado, una responsabilidad que es del Estado. “Tenemos una ley con bastantes vacíos y una institucionalidad frágil todavía... Con lo frágil de la defensa al consumidor, el país es paraíso para una persona que quiere hacer dinero rápido, y a eso hay que ponerle mucha atención”, dice.

Ante estos problemas, Flores cree que el consumidor salvadoreño debe dejar de ser pasivo e ingenuo y tener mucho cuidado cuando compra sobre todo una idea, como el caso de los paquetes viajeros. “Antes de cerrar un trato, deben pensarlo dos veces”, insiste.




VENDEDORES DE SUEÑOS

“Hemos recibido algunas denuncias”

Sin llegar a concluir que se trata de estafas, el director de la DPC, Mario Cruz, informa que una docena de ciudadanos ha denunciado a empresas legalmente establecidas luego de sentirse defraudadas por estas. Cada persona entregó de mil a dos mil dólares como abono de un ambicioso ‘paquete turístico’, del cual gozaron poco o nada de acuerdo con lo ofrecido

La Dirección de Protección al Consumidor (DPC) tiene indicios de que algunas empresas, locales y transnacionales, “engañan” a las personas. Les ofrecen grandiosos paquetes vacacionales, a la vez que las convencen de entregar sus tarjetas de crédito o firmar ‘vouchers’, como requisitos para gozar de las ofertas.

El jefe de la entidad, Mario Cruz, sostiene que se investigan los casos y aunque declina revelar nombres de empresas involucradas todo apunta a que se trata de organizaciones sólidas y de mucha imagen.

Vértice: ¿Tienen conocimiento de esta empresa que opera en hotel Radisson?


Mario Cruz: Así, puntualmente, no tenemos singularizado ningún grupo empresarial, pero sí sabemos que algunos grupos operan en hoteles. Hacen invitaciones como, por ejemplo, al Holiday, Radisson, Marriot...

Invitan a cocteles a las personas, diciéndoles que se han ganado un paquete vacacional. Algunas personas llenan cupones en algún centro comercial, y en otras ocasiones las identifican a por el sistema Dicom de tarjetas de crédito...
Estos grupos podrían tener relaciones o alianzas con emisores de tarjetas de crédito, porque lo primero que hacen es que cuando la gente llega al cóctel de presentación es solicitarles una tarjeta de crédito internacional, sino varias.
... Ya en el cóctel, esta gente comienza, según las denuncias que hemos tenido, a generarles ofertas muy atractivas de paquetes vacacionales, nacionales como internacionales. Las ofertas son muy buenas y dada la sublimación que provocan las personas que hacen la presentación, que estas terminan firmando algún ‘voucher’ con la tarjeta, aceptando como quien dice, el paquete.

¿Y les dan el servicio?
Tenemos entendido que cuando el cliente solicita el servicio tiene que pagar algunas cantidades adicionales, las cuales no le dejaron claro en el momento que le estaban ofreciendo el paquete. Es por eso que muchos clientes presentan denuncias debido a que lo han tipificado como algo engañoso.

¿Cuánto entregó la gente adicionalmente?
Tenemos algunos reclamos. En algunos casos de $1,402; otro de $1,562 y otro de $1,745. Todo depende del paquete escogido.

Esto no deja de ser engañoso, hasta cierto punto, porque no es lo que le van a proporcionar. Lógicamente invitan a personas de clase media para arriba por su capacidad de pago y mejor récord crediticio.
Entonces el mensaje es que hay que tener mucho cuidado, hay que examinar muy bien la oferta y reflexionar en lo que se está adquiriendo.

Usted sabe que con la modernidad, las tarjetas de crédito les permiten comprar cualquier bien o servicio a nivel del mundo. Como no es efectivo el que les da, allí pueden generar un compromiso, porque su firma en un banco es como firmar un pagaré.

También es importante que no pierdan de vista su ‘plástico’ porque en algunos establecimientos se las llevan y allí puede dar lugar a otro tipo de transacciones. Con esto no quiero generar polémica o desconfianza en cuanto a los establecimientos comerciales en general, pero sí hay que tener cuidado. Como tarjetahabientes hay que tener cuidado, es mejor levantarse e ir a la caja a pagar con tarjeta directamente.

¿Cuántas denuncias de este tipo tiene hasta hoy la DPC?
En el 2002 tuvimos siete denuncias y en el 2003 hemos tenido cinco. Los denunciantes son con cierta capacidad financiera, pues ya cuando los emisores de tarjetas le dan a alguien tarjetas internacional como VISA, Master Card o American Express es porque es un cliente con muy buena capacidad o regular capacidad de pago o ingresos.

¿Cómo proceder en estos casos?
El afectado tiene que reclamar directamente y de manera formal o escrita a la empresa (con quien hizo el trato). Si no le resuelven o queda insatisfecho porque le resuelven parcialmente, recurre a la DPC a poner la denuncia.
Nosotros intentamos hacer una conciliación económica, se cita a una reunión personal a ambas partes. Allí se trata de mediar, esa es nuestra función: la de arbitraje, para que se le revierta al cliente lo que ha pagado. En algunos casos se ha revertido, otros están en proceso.

¿Estas empresas son legales?
Sí, lo observamos en la investigación; checamos si la empresa, por ejemplo, está registrada o inscrita en el Registro de Comercio.

¿Cuál es la fachada de estas empresas? ¿Son agencias de viajes?
No, son grupos empresariales que ofrecen grupos vacacionales con amplia cobertura a nivel de hotelería en todo el mundo. Están autorizados, al menos, supuestamente por grupos transnacionales porque tienen en Europa, Asia, América.

¿Se puede decir que estafan?
No necesariamente, pero sí, no proporcionan lo que están ofreciendo. En este momento estamos investigando para tipificar si están engañando o no.



VENDEDORES DE SUEÑOS

En busca de la ansiada fortuna

Hace poco menos de tres meses, un residente en la ciudad de Izalco buscó en los periódicos la oportunidad de encontrarse con algún “chance” que le permitiera mejorar sus ingresos económicos para su familia. Ahí lo leyó.

Un llamativo anuncio de un cuarto de página le llama la atención. Una prestigiosa empresa canadiense ofrece la oportunidad de trabajar en plataformas petroleras con un sueldo de $310 a $430 diarios y hasta 50 mil al año. Todo depende del área en donde se logre ubicar.

Lo único que se les solicita a los aspirantes es enviar por correo electrónico sus datos básicos; entre ellos, la dirección de la casa. Prácticamente y según el anuncio, no hay requisitos indispensables.

Al protagonista de esta historia, los terremotos de enero de 2001 le dañaron su casa en Izalco y la situación económica
que atraviesa es peor: apenas le alcanza el sueldo para mantener a su familia.

Después de eso, cualquier oferta lucrativa significa mucho para realizar sus sueños, construir una mejor vivienda para
sus dos hijos y su esposa y darle todo lo que hoy no puede conseguir con su empleo.

Sin embargo, una de esas señales despertó en él una increíble aspiración: viajar al extranjero y ganar ¡por lo menos 250 dólares diarios!

Y, aunque suena un poco fantasiosa la oportunidad, así lo recalcaba el anuncio en el que se ofrecía trabajo bien remunerado en plataformas petroleras.

De inmediato le dijo a un amigo que pusiera sus datos en un correo electrónico, con el deseo que le respondieran y le dieran una esperanza de que podría aspirar a ganar ese dinero.

Un mes y medio después le llegaron dos formularios a través del correo postal (hasta su casa) en las que se explica el mecanismo de cómo la compañía le ayudará a colocarse en el puesto.

Todavía crédulo por el ofrecimiento piensa “que la oferta es buena y (que con el trabajo) se levantaría rápido” de su pobreza. Por su cabeza no cruza la idea de que lo puedan estafar; todo parece serio.
Su nombre y dirección llegaron claramente impresos en el sobre y, dentro, dos formularios de diferente color, en donde se escudriña su ambicioso deseo de mejorar su vida.

En la ilustrativa carta se le reafirma las perspectivas de empleo y se insiste en que la empresa será la encargada de guiar y asistir su solicitud. Además, se agrega toda una gama de información sobre el trabajo en las bases petroleras.
En la carta se agregan fotografías de diferentes lugares ubicados en alta mar, como muestra de la autenticidad y seriedad de la empresa.

No obstante existe algo singular en algunos datos y es que esta escritos en inglés.
Se le remitió adjunto una solicitud y asimismo se le pide enviar un primer desembolso de 189 dólares, como una cuota de anticipo, para iniciar con el proceso de documentación.

Además tendrá que incluir un currículum que establezca únicamente sus experiencias laborales.
Después que reciba una oferta fija de trabajo y la documentación legal necesaria, tendrá que cancelar otros 249 dólares.

La empresa es tajante al condicionar el contrato mientras no se envíe, antes del 11 de junio, el currículum y la compra de un cheque bancario de 189 dólares como cuota de anticipo.

El receptor de la oferta pretende continuar con su intento de buscar trabajo e, incluso ha solicitado ayuda económica a familiares que residen en Estados Unidos. Ellos le han contestado que le enviarán el dinero en los próximos días.
“En la carta dice que existe la garantía de regresarme el dinero si no me logran conectar”, señala.
Su esposa admite que ésta no es la primera vez que se ilusiona por un mañana mejor; ya antes se lo “engancharon” con la promesa de conseguir una visa para viajar a los Estados Unidos y ella ahora no cree que esta sea una buena idea.

“Un amigo le pidió 20 mil pesos para conseguirle la visa y no volvimos a saber de él”, recuerda.
Pero, al parecer, el protagonista de nuevo se ha llenado de ilusiones.
“La oferta está buena y ahí dicen que te entrenan... se ve buena”, insiste, quien hasta hace unos días estaba dispuesto a arreglárselas para enviar lo que le pedían.

Compromisos
El interesado en ser contratado por una petrolera debe hacer dos giros bancarios que suman más de $400 antes de recibir la oferta definitiva. Unos todavía esperan respuesta.


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