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LA
COLUMNA
¿Dónde
irán a parar?
Los persiguen sin darles tregua; al detenerlos
los encierran y dicen sin que hayan acusaciones sostenibles
en su contra; su sola existencia ha despertado una especie de marafobia
Los cazan en El Salvador, Honduras y ahora en los Estados Unidos, que
para librarse de ellos, nos los envía en paquetes de 40 cada
semana.
No es que defienda de manera incondicional y a ciegas a los miembros
de maras, mucho menos a quienes son responsables de delitos o crímenes,
el punto es ¿dónde irán a parar? y qué hacemos
como país y sociedad para ayudarles y ayudarnos.
No se trata de expulsarlos, enviarlos a guetos, construir un muro para
separar a la población honrada de quienes marcan
su cuerpo con tatuajes, acostumbran señales de manos y usan prendas
de vestir holgadas.
Es un problema complejo y como tal hay que abordarlo con todas sus aristas.
Si es verdad que existen 10 mil miembros de maras en el país,
como lo asegura la policía, ese es un buen comienzo. Por lo menos
se sabe el sector de población que necesita atenderse. (La cifra,
10 mil, comparada con los seis millones de ciudadanos en todo el territorio,
parece pequeña.)
Más que su existencia y número de miembros, el tema neurálgico
se refiere a los niveles de violencia que pueden provocar.
En este sentido, se debiera identificar, de entre los 10 mil, a los
que generan más violencia y actuar contra ellos. Personalmente
creo que es un error decir que una mara u otra es la mas violenta,
pareciera que existe intencionalidad de combatir a un grupo mientras
el otro se fortalece, o en el peor de los casos, se descuida.
Hay que frenar las cacerías humanas, las persecuciones desenfrenadas,
la militarización, las sospechas infundadas, la armamentización
oficial y de particulares, los abusos de poder que se están arrogando
algunos miembros del orden y la seguridad pública.
En cambio, apoyo los planes concretos y efectivos que terminen a los
grupos verdaderamente violentos, que, por supuesto, actúan al
margen de la ley
Dejo a los más expertos sugerir ideas
de las acciones a tomar.
Ahora, como sociedad y país tenemos grandes compromisos: natalidad
responsable, integración familiar, afectividad permanente, comprensión,
buenos ejemplos, cese a la explotación y los maltratos, acompañamiento
permanente; educación para todos y todas, desarrollo de las potencialidades
natas particulares, igualdad de oportunidades en género y estratos
sociales, formación integral, alivio de la pobreza, fuentes de
empleo, equidad, justicia social...
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