17 de agosto de 2003


LA COLUMNA

Por: Víctor Hugo Dueñas
vertice@elsalvador.com

¿Dónde irán a parar?

Los persiguen sin darles tregua; al detenerlos los encierran y dicen sin que hayan acusaciones ‘sostenibles’ en su contra; su sola existencia ha despertado una especie de “marafobia”… Los cazan en El Salvador, Honduras y ahora en los Estados Unidos, que para librarse de ellos, nos los envía en paquetes de 40 cada semana.

No es que defienda de manera incondicional y a ciegas a los miembros de maras, mucho menos a quienes son responsables de delitos o crímenes, el punto es ¿dónde irán a parar? y qué hacemos como país y sociedad para ayudarles y ayudarnos.

No se trata de expulsarlos, enviarlos a guetos, construir un muro para separar a la población “honrada” de quienes marcan su cuerpo con tatuajes, acostumbran señales de manos y usan prendas de vestir holgadas.
Es un problema complejo y como tal hay que abordarlo con todas sus aristas.

Si es verdad que existen 10 mil miembros de maras en el país, como lo asegura la policía, ese es un buen comienzo. Por lo menos se sabe el sector de población que necesita atenderse. (La cifra, 10 mil, comparada con los seis millones de ciudadanos en todo el territorio, parece pequeña.)

Más que su existencia y número de miembros, el tema neurálgico se refiere a los niveles de violencia que pueden provocar.

En este sentido, se debiera identificar, de entre los 10 mil, a los que generan más violencia y actuar contra ellos. Personalmente creo que es un error decir que una mara u otra es la “mas violenta”, pareciera que existe intencionalidad de combatir a un grupo mientras el otro se fortalece, o en el peor de los casos, se descuida.

Hay que frenar las cacerías humanas, las persecuciones desenfrenadas, la militarización, las sospechas infundadas, la armamentización oficial y de particulares, los abusos de poder que se están arrogando algunos miembros “del orden y la seguridad pública”.

En cambio, apoyo los planes concretos y efectivos que terminen a los grupos verdaderamente violentos, que, por supuesto, actúan al margen de la ley… Dejo a los más expertos sugerir ideas de las acciones a tomar.

Ahora, como sociedad y país tenemos grandes compromisos: natalidad responsable, integración familiar, afectividad permanente, comprensión, buenos ejemplos, cese a la explotación y los maltratos, acompañamiento permanente; educación para todos y todas, desarrollo de las potencialidades natas particulares, igualdad de oportunidades en género y estratos sociales, formación integral, alivio de la pobreza, fuentes de empleo, equidad, justicia social...


Copyright 2002 El Diario de Hoy - Derechos Reservados. vertice@elsalvador.com
Prohibida su reproducción total o parcial sin autorización escrita de su titular.