.16 de noviembre de 2003


INTERNACIONAL

¿Amenaza o desarrollo nuclear?
Irán y el cambio hacia el pragmatismo

A lo largo de los 24 años de historia de la República Islámica de Irán, la política
en Teherán, su ciudad capital, ha sido conducida por una mezcla de orgullo
nacional y un sentido histórico de agravio desde que la revolución botó al Sha y
replanteó la “convivencia pacífica” con los Estados Unidos de Norteamérica.

Por Elaine Sciolino
PARIS -
vertice@elsalvador.com

¿Por qué Irán tiene que someterse a reglas que no se aplican a otros? La pregunta es justa pero necia si la vemos al margen del 79.

La revolución islámica de 1979 desechó a un rey que había sido restituido con un golpe de Estado liderado por la CIA décadas antes.

La toma de la embajada estadounidense en Teherán después de la revolución estuvo justificada, decía el argumento, porque los diplomáticos estadounidenses eran “espías” determinados a destruir el experimento de un gobierno islámico en Irán.

El siglo XX ha corrido su telón y la nueva era en Oriente Medio es compleja. En los dos últimos años, surgió un consenso entre estadounidenses y europeos en torno a que Irán está desarrollando un programa de armamento nuclear. Mientras lo negaba, Irán también preguntaba la razón por la que tiene que someterse a reglas que no se aplican a países como Israel, India y Paquistán, que ya son potencias nucleares.

Sin embargo, el 21 de octubre Teherán aceptó los límites para sus actividades nucleares, y esto parece ser un asombroso ejemplo de una dinámica nueva y diferente: el rechazo a una política de agravio en favor de una evaluación pragmática tanto de la política mundial como de sus intereses de seguridad nacional.

La decisión de Irán de estar de acuerdo en que se realicen inspecciones internacionales más a fondo en sus sitios nucleares y la suspensión de sus actividades para enriquecer uranio fueron la culminación de un fuerte debate interno que duró meses en el Parlamento y las mezquitas. Se enfrentaron un pequeño grupo de línea dura con influencia, que argumentaba que cualquier concesión era una humillación, y una coalición mucho más amplia convencida de que la creciente presión exterior por la cuestión nuclear amenazaba a todo el país.

Farideh Farhi, una científica política que ha escrito sobre el tema nuclear en Irán, denomina al proceso “una
conversación nacional orientada a convencer a los actores importantes para que resuelvan el problema creativamente”.

Realismo pragmático

La revolución islámica de 1979 desechó a un rey restituido por la CIA.

“Y ya están haciendo las cosas como Dios manda”, afirma Farhi.

Ese proceso está lejos de haber concluido, y el acuerdo podría derrumbarse con facilidad. Sin embargo, sea lo que sea lo que pase, al parecer los iraníes han decidido sustituir su política de agravio aplicada desde hace mucho tiempo con un pragmatismo realista que coloca primero al interés nacional.

Ese argumento fue expresado en forma más categórica en octubre por Reza Khatami, el líder del partido reformista en el Parlamento y hermano del presidente Mohammad Khatami. Reza reconoció que “el sistema mundial no es justo”, pero también dijo que Irán ha dañado sus propios intereses con sus acciones pasadas, que condujeron a que fuera identificado como un “Estado impredecible”; pero agregó “tendremos que cambiar nuestra actitud”.

La decisión nuclear también hizo añicos uno de los mitos sobre el cómo se toman las decisiones en Irán. Se dice que el ayatolá Alí Khamenei, el líder supremo y el personaje más poderoso del país, está rodeado por una cerrada banda de conservadores que lo inducen a tomar decisiones rechazantes.

Pero, en un cambio extraordinario de la situación, Khamenei no denunció el acuerdo, quizá porque no tenía opción. Incluso, es posible que comparta el punto de vista, expresó Khatami, de que Irán no desea tener armamento nuclear.

No fue Khatami ni ningún otro reformista quien negoció el trato con tres ministros europeos de relaciones exteriores, sino un clérigo de nivel medio, Hasan Rowhani. En tanto jefe del Supremo Consejo Nacional de Seguridad de Irán, responsable de la seguridad, inteligencia y políticas militar y estratégica del país, Rowhani le informa directamente a Khamenei.

Así es que, ¿a qué se debe el cambio? En diversas formas, Irán ha tratado muy duro en los últimos años de tener buenas relaciones con la comunidad internacional.

Los iraníes ayudaron a Washington a hacer la guerra en Afganistán al sostener a la Alianza del Norte respaldada por ellos, por ejemplo; y lo ayudaron también en su guerra contra Iraq, al mantenerse al margen.

Sin embargo, Irán ha sido obstaculizado en su búsqueda de una política de compromiso por su propia y muy discutida política interna.

El hecho de que el presidente Bush etiquetara a Irán como parte de un “eje del mal” y las insinuaciones de que la República Islámica podría ser derrocada hizo que cualquier compromiso significativo con Washington fuera imposible.

El subsecretario de Estado Richard Armitage dijo esta semana que el gobierno de Bush está “preparado para comprometerse en discusiones limitadas” con Irán sobre “áreas de interés mutuo”. Sin embargo, enfatizó que el gobierno no tiene la intención de normalizar relaciones, e Irán sigue convencido de que no importa qué tanto coincidan sus intereses con los de Washington, el gobierno de Bush no le hará ningún favor para garantizar la tranquilidad del sistema político islámico.

Los europeos entienden que la forma de alimentar el nuevo estado de ánimo de Irán es reconociendo su profundo orgullo y evitando cualquier cosa que pueda percibirse como humillación. Tanto en sus declaraciones públicas como en el breve acuerdo final, los ministros de relaciones exteriores de Francia, Gran Bretaña y Alemania afirmaron que no habían sido comprometidas la “soberanía” y “dignidad” de Irán.

Diplomacia pura

Los tres gobiernos declararon que Irán tiene el derecho legal a desarrollar energía nuclear con fines pacíficos (que Estados Unidos argumenta que Irán no necesita y no debería tener), y se comprometieron a cooperar con transferencias de tecnología y de acuerdo a los parámetros que establece el convenio.

Sin embargo, para que cualquier cooperación se materialice, Irán tiene que cumplir con su parte del trato. Tan sólo dos días después de haber estado de acuerdo con éste, Rowhani dijo ante una reunión de líderes de Oraciones del Viernes en Teherán que el gobierno sólo había anunciado que estaba listo para aceptar inspecciones más a fondo, pero que no quería hacerlo.

Rowhani también afirmó que la suspensión del enriquecimiento de uranio podría durar menos de un mes. ¿Un exabrupto o pura fachada?

No hay duda de que sus comentarios estaban orientados al consumo interno; aunque, resaltaron el hecho de que el acuerdo nuclear no es, por ningún motivo, el fin del proceso de negociaciones sino el inicio de un compromiso de duración indefinida que presenta dos aspectos: “la conversación interna” de Irán y la reconciliación tentativa del país con occidente. Como escribió el periódico reformista Shargh el otro día: “Apenas estamos en el comienzo del camino”.

El desarrollo nuclear irani

La infraestructura nuclear en Irán es objetada por la administración Bush.

El 21 de octubre Teherán aceptó los límites para sus actividades nucleares.

 



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