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CRÓNICA
Los vendelotodo sobre ruedas
Un
enjambre de vendedores ataca a diario las unidades del transporte
público
en busca del sustento diario. Las opciones de compras son muchas y variadas.
Los centros comerciales rodantes ofrecen, incluso, un rato
de sano esparcimiento.
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Hay
que tener agilidad para subir y bajar de los autobuses en plena
marcha. El esfuerzo a veces vale la pena. Algunos dicen que llegan
a ganar hasta $40 diarios.
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Amables personas que se conducen en esta unidad
de transporte. Perdonen la bulla que les vengo a ocasionar. Perdonen
también mi mala educación al interrumpir sus conversaciones
y su tranquilidad, pero déjeme robarle un minuto de su valioso
tiempo. Mi intención es llevar hasta sus manos esta agenda portadocumentos.
En algunas librerías le cuesta $1, pero en esta ocasión
no me pague uno ni dos, deme únicamente dos coras
y, además, se lleva un lapicero pontier punto fino,
un lápiz y dos plumas.
El discurso continúa, mientras el mercader camina, al vaivén
del bus, por el pasillo de apenas un metro de ancho repartiendo su producto.
Y es que en esta historia no importan los nombres porque es el diario
vivir de muchos vendedores en los autobuses de la capital y el país.
Esos que han convertido las unidades del transporte público en
un centro comercial rodante, los que le llevan lo
necesario hasta la palma de sus manos.
¿Cuántos son? Imposible de cuantificar, dicen
en la oficina de comunicaciones de la Alcaldía capitalina. La
comuna sólo tiene registrados a los que todos los días
inundan las calles del Centro Histórico de San Salvador desde
las cinco de la mañana hasta el último sol del día.
Casi los diez mil, manifiesta.
Dulces, mentas, bombones
Y el desfile se prolonga.
Son gimnastas, equilibristas, oradores; pero, sobre todo, buenos comerciantes.
La tarea no es fácil. Llevar la rodilla hasta el pecho para sortear
la máquina numeradora del autobús es el primer obstáculo.
Luego viene el obligado discurso persuasivo o el necesario pregón
mientras se desplazan rozando sus productos en el hombro de cualquier
pasajero distraído.
En la mano izquierda, cuatro bolsas repletas de dulces de todo sabor.
Desde los de coco hasta las ya familiares pastillas de Clorets.
La derecha asida al tubo que está prendido en la parte superior
del vehículo hasta que llega el momento de cobrar o dar cambio.
Toda una vida
Luis Mejía, El Gordo, lleva cuatro años en
estos menesteres, apenas aparenta una veintena. Su vida ha sido vender.
Ahora lo hace con dulces.
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| El
Gordo comienza su jornada a las seis de la mañana y
finaliza a las 6 de la tarde. Tiene cuatro años de recorrer
la 4a. Calle Poniente del centro de San Salvador. |
De esto he hecho mi terreno allá por Apopa
y llevo comida a la casa, dice convencido y emprende una carrera
desenfrenada para afianzarse de los estribos de un bus todavía
en marcha. Las cuatro bolsas de dulces se bambolean, de izquierda a
derecha y viceversa, en la puerta del vehículo y luego se pierden
entre el mar de piernas adentro del autobús.
El Gordo tiene esposa y el otro año será padre.
A su lado está La Seca, quien asegura lleva ya 30
años en el negocio, mientras espera la confirmación de
su compañero.
Ella vende portadocumentos a cincuenta centavos de dólar.
La suerte es compartida. En días buenos, dice El Gordo,
llegan a vender hasta $40 dólares, a pesar de la
competencia.
Vendedores, artistas, voluntarios de algunos organismos de socorro,
payasos, recuperados de centros de rehabilitación de drogadictos,
falsos enfermos, personas que dicen haber perdido un familiar y no tiene
para el ataúd, todo un ejército que se disputa el poco
espacio de un bus para conseguir unas monedas para sobrevivir. La competencia
es fuerte. Por eso hay que tener reglas de convivencia.
Cada quien defiende su puesto. Cada vendedor tiene
su sector, si viene otro de otro lado se le dice que busque su sector.
Si no lo hace, entonces hay que proceder, dice desafiante El
Gordo.
Prácticamente nadie puede escapar de ellos. Están en todas
las unidades del transporte público. De sol a sol. La variedad
es vasta y para todos los gustos y necesidades. Desde golosinas, artículos
de primera necesidad hasta momentos de esparcimiento. La consigna es
conseguir el sustento familiar.
Hay quienes les critican. Otros, más por compromiso o por un
arrebato de bondad, se llevan las manos hasta los bolsillos y sacan
una moneda ya sea para comprar o para regalar. Casi siempre el vendedor
o el artista logra su acometido.
Sean las razones que sean, los vendedores ruteros han convertido el
transporte público en su modo de ganarse la vida.
Estamos aquí por pura necesidad. Antes me ahuevaba,
pensaba en que me iba a ver alguien de mi colonia. Pero no conseguí
trabajo y tuve que venir a vender a los buses. Ahora tengo mi mujer
y un hijo y saco lo suficiente para comer, dice Sidney Damián
Reyes Blanco, un robusto joven de unos veinte años que fue deportado
de Estados Unidos hace seis años. La mayoría de ellos
ha vendido en el transporte público.
Para todo gusto
Buenos tardes damas y caballeros, mi compañero y yo le
vamos a cantar una canción
¡Dicen que venían
del sur, en un carro colorado, traían tres quilos de coca, iban
con rumbo a Chicago
!, sus voces chillonas rasgan los aproximadamente
siete metros del vehículo.
Los pequeños, de 10 y 11 años de edad, pero con el cuerpo
de un niño dos años menos, delgados, a medio peinar y
con sus ropas raídas lograron, al final de la canción,
arrancar un par de monedas de su auditorio.
Gelatinas para refrescarse la garganta, treinta colas
de macho por dos coras, agua, agua, Galletas
de maní con coco, Deje de sufrir de esos dolores
de cabeza. Para la vista turbia. Aquí le traigo el remedio. Treinta
pastillas para su salud, la algarabía es general y simultánea.
El mercado rodante está en su mayor apogeo. Y más si hay
congestionamiento.
De repente, se antoja un rato de esparcimiento. Ese necesario rato de
distensión después de la agobiante jornada laboral. No
vaya lejos, ni siquiera se baje del bus. Al rato menos pensado soltará
una estruendosa carcajada con las ocurrencias del payaso Golosito
y su cholero, perdón, compañero Risitas que
tienen a su cargo el número artístico en la carpa de latas
retorcidas y asientos a medio tapizar.
Bueno familia es así como les he querido llevar un poco
de alegría. Ahora voy a pasar por cada uno de sus asientos para
que me regalen para una tortilla, porque no he comido todo el día
y me duele la barriga. Si no tiene una moneda, no se preocupe, puede
bolsiar al que lleva a la par
pasaje
pasaje.
Y la función debe continuar.
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UN
CENTRO COMERCIAL RODANTE
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La venta se
adapta a la temporada. unos días son dulces, otros frutas
de temporada. ahora se va a poner bonito. con la navidad
se vende mucho las uvas y las manzanas, confiesa un vendedor.
Las bolsas con dulces reposaran en algún rincón
de la casa.
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VENDEDORES
8 MIL
El número de vendedores estacionarios que, según
la Alcaldía, existen en el Centro Histórico capitalino.
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VENTA
$40
Cantidad diaria que venden los comerciantes en los buses. La mitad
se destina a la mercancía.
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NIÑOS
225
Los niños, según la OIT, que trabajan en el país.
Una gran cantidad de ellos lo hace en autobuses.
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Seis
tips para obtener buenas ganancias
La búsqueda de potenciales clientes demanda estrategias mercadológicas
que permitan sacar el máximo provecho a la hora de vender
los productos.
Los vendedores en los autobuses tienen su propio método y,
dicen, les rinde buenos frutos. Incluso se atreven a compartir su
manifiesto del éxito.
- Espere a que el bus vaya con suficientes pasajeros, de preferencia
con todos los asientos ocupados, para subirse y ofrecer su mercadería.
- Ya en el interior del vehículo, utilice técnicas
de persuasión y atención hacia el cliente. Esto depende
del producto. Hay quien hace una introducción en inglés.
- Ataque al posible cliente. Trate de convencerlo de
la necesidad de comprarle el producto.
- Aproveche las trabazones. Son una mina de oro
para el vendedor rutero.
- Cuide su sector, de eso depende el obtener buenas ganancias y
evitar la competencia desleal.
- La buena convivencia con los conductores es esencial. Algunos
vendedores hacen regalos a los motoristas en época navideña
o cuando se suben al vehículo. |
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