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LA
COLUMNA
Rifar
el barrio
¿El rigor de la ley antimaras será
capaz de devolver la sensación de seguridad que ha perdido el
pueblo salvadoreño? Por el momento, los medios informativos auguran
que sí; pero, entre los antecedentes, es importante traer a colación
el resultado de la encuesta sobre percepción de la seguridad
ciudadana hecha, en enero de 2002, por FUNDAUNGO y el Instituto Universitario
de Opinión Pública (IUDOP) de la UCA.
En el documento destacan factores tales como que el 86.4% del ciudadano
se siente inseguro en el bus, el 84.6% en el mercado, el 81.9% en parques
y plazas, el 81.6% en el centro de la capital, el 70.2% a la salida
del trabajo, el 65% en su vehículo y el 60.4% en su colonia.
No creo que una nueva investigación arroje cambios pues nadie
es capaz de negar que esa percepción de vulnerabilidad es una
regla de vida entre cada salvadoreño que convive aquí.
Esta semana, el presidente del Consejo Nacional de Seguridad Pública
(CNSP), Salvador Samayoa, expuso la importancia de restaurar el orden
a partir de la recuperación de nuestros espacios públicos.
Su visión apunta hacia la recuperación de las calles y
zonas verdes tanto en barrios, vecindarios y colonias en función
de un objetivo: la prevención social como enfoque angular de
las políticas públicas para la reducción de la
delincuencia y la violencia, al margen del éxito o fracaso del
plan mano dura.
Todavía recuerdo las bromas de mal gusto, entre algunos líderes
de la sociedad hace dos años, cuando Samayoa empezó con
su plan de trabajo y que ha incluido la construcción de canchas
de fútbol, basquetbol y escuelas de karate en los escenarios
más problemáticos de San Salvador, en lugares donde ni
la policía tenía cabida.
En aquel momento los detractores bromeaban con las canchitas
de Samayoa; pero el fruto está a la vista de quienes ahora viven
en algunas de las áreas problemáticas y pueden rifar su
barrio en paz porque tienen un mínimo de garantías.
La prevención, sin embargo, no es fácil y el amarillismo
periodístico es uno de sus peores enemigos cuando exhibe sangre
a la hora del almuerzo y la cena antes que la profundización
del problema y la búsqueda de soluciones.
¿Por que el enfoque rojo, amarillo prevalece? Sin caer en el
análisis sesudo y académico, en la práctica es
un problema de comodidad a la hora de cubrir los hechos. Y eso es grave,
pues, como bien señaló el periodista colombiano Gerardo
Reyes una semana atrás, la investigación periodística
no está hecha a base de declaraciones, sino que debe trascender
a las raíces de un conflicto y en ese punto la prensa nacional
tiene mucha tela que cortar todavía.
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