16 de noviembre de 2003


LA COLUMNA

Erick L. Lemus
vertice@elsalvador.com

“Rifar” el barrio

¿El rigor de la ley antimaras será capaz de devolver la sensación de seguridad que ha perdido el pueblo salvadoreño? Por el momento, los medios informativos auguran que sí; pero, entre los antecedentes, es importante traer a colación el resultado de la encuesta sobre percepción de la seguridad ciudadana hecha, en enero de 2002, por FUNDAUNGO y el Instituto Universitario de Opinión Pública (IUDOP) de la UCA.
En el documento destacan factores tales como que el 86.4% del ciudadano se siente inseguro en el bus, el 84.6% en el mercado, el 81.9% en parques y plazas, el 81.6% en el centro de la capital, el 70.2% a la salida del trabajo, el 65% en su vehículo y el 60.4% en su colonia.
No creo que una nueva investigación arroje cambios pues nadie es capaz de negar que esa percepción de vulnerabilidad es una regla de vida entre cada salvadoreño que convive aquí.
Esta semana, el presidente del Consejo Nacional de Seguridad Pública (CNSP), Salvador Samayoa, expuso la importancia de restaurar el orden a partir de la recuperación de nuestros espacios públicos. Su visión apunta hacia la recuperación de las calles y zonas verdes tanto en barrios, vecindarios y colonias en función de un objetivo: la prevención social como enfoque angular de las políticas públicas para la reducción de la delincuencia y la violencia, al margen del éxito o fracaso del plan “mano dura”.
Todavía recuerdo las bromas de mal gusto, entre algunos líderes de la sociedad hace dos años, cuando Samayoa empezó con su plan de trabajo y que ha incluido la construcción de canchas de fútbol, basquetbol y escuelas de karate en los escenarios más problemáticos de San Salvador, en lugares donde ni la policía tenía cabida.
En aquel momento los detractores bromeaban con las “canchitas” de Samayoa; pero el fruto está a la vista de quienes ahora viven en algunas de las áreas problemáticas y pueden rifar su barrio en paz porque tienen un mínimo de garantías.
La prevención, sin embargo, no es fácil y el amarillismo periodístico es uno de sus peores enemigos cuando exhibe sangre a la hora del almuerzo y la cena antes que la profundización del problema y la búsqueda de soluciones.
¿Por que el enfoque rojo, amarillo prevalece? Sin caer en el análisis sesudo y académico, en la práctica es un problema de comodidad a la hora de cubrir los hechos. Y eso es grave, pues, como bien señaló el periodista colombiano Gerardo Reyes una semana atrás, la investigación periodística no está hecha a base de declaraciones, sino que debe trascender a las raíces de un conflicto y en ese punto la prensa nacional tiene mucha tela que cortar todavía.


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