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CRÓNICA
La
sangre Barrios
Gerardo
Barrios es un héroe nacional indiscutible. Su casta y su sangre
fue heredada a los descendientes más cercanos, quienes -como
el antecesor- marcaron la historia político-militar dentro y
fuera del país. Por ejemplo, dos Barrios lucharon en la II Guerra
Mundial; uno más, participó en golpes de Estado salvadoreños.
Víctor
Hugo Dueñas
vertice@elsalvador.com
Querida
mamaíta: ¿Cómo están? Procuren escribirme
seguido, pues tengo mucho tiempo de no recibir cartas de ninguno de
la familia. Siempre les escribiré de donde vaya llegando. No
se preocupen por mí, pues me cuidaré mucho. Cuídense
ustedes y vivan tranquilos. Creo, muy luego, veré el resultado
de mi suerte...
Es el año de 1944, el salvadoreño Joaquín Atilio
Rodezno, ha sido reclutado por las fuerzas militares de Estados Unidos
y enviado al frente de batalla en Europa. Lucha junto a los aliados
contra la invasión alemana, en lo que llegaría a convertirse
en la Segunda Guerra Mundial.
Los momentos de descanso entre los combates y posiblemente la creciente
ansiedad de volver con su familia, orientan a Joaquín a escribir
algunas cartas.
El fragmento citado líneas arriba está dirigido a su madre,
Romelia. Ella vive en el centro de San Salvador (a unos metros de la
actual alcaldía capitalina) y representa a la quinta generación
de la sangre Barrios, contada a partir de Mariano, uno de los cuatro
hermanos del prócer.
Joaquín es un combatiente de avanzada por tierra e integra un
regimiento de Infantería. No hay certeza sobre el frente de guerra
donde ha sido destacado, pero otra de sus cartas -enviada siempre a
su madre- indica que ha llegado a Francia.
Siempre recordándoles con todo mi cariño, les escribo
éstas cuatro letras para contarles que estoy bueno y que ahora
les escribo de Francia (Agosto 25).
En total, son siete cartas enviadas por el salvadoreño: cuatro
fechadas en julio, dos en agosto y una en septiembre, todas del año
44.
Al leer una a una las misivas es posible hilar una historia mezclada
con la suerte impredecible de la guerra, las preocupaciones por la familia
que dejó atrás y una extraña combinación
entre optimismo y conformidad de quien vive con la muerte en ciernes.
Estoy con mucho valor y dispuesto a ver mi futuro que lo tengo
muy enfrente, (Julio 22).
No vayan a vender nada, tengan paciencia, vivan tranquilos y en
verdad los considero felices al ver la desgracia en que han quedado
miles de éstas gentes, (Julio 28).
No te preocupes por mí, pues Dios me acompañará
a que no me suceda nada malo, (Agosto 25).
Joaquín escribe en un papel especial, tamaño carta, que
le provee el ejército. La hoja es de fondo amarillento. Hay espacios
delimitados con líneas, azules o naranjas, para los datos del
remitente y destinatario, así como cinco indicaciones impresas
de qué hacer con los escritos. El papel incluye instrucciones
de cómo debe doblarse para que se convierta en una carta formal,
lista para el correo interno.
Como
medida de seguridad y para evitar cualquier fuga de información,
todas las cartas enviadas durante la guerra fueron leídas y en
ocasiones censuradas por grupos de control.
Una de las cartas de Joaquín conserva fielmente la censura aplicada.
Alguien, con ayuda de una filosa herramienta, literalmente cortó
una porción del escrito. Eliminó la palabra que evidenciaba
el lugar real desde donde escribía el salvadoreño.
Abel Salazar Rodezno, abogado penalista, civilista y diplomático
de 71 años, conserva como tesoros no solo las cartas de su tío
si no algunas viejas fotografías.
Salazar describe a su tío Atilio como el más
humildón, más sencillo e introvertido, de entre
los cinco que formaron aquel grupo familiar.
En su juventud, Joaquín estudió Química y Farmacia
y luego Odontología. Su primer trabajo fue en la finca familiar
San Antonio, de San Francisco Gotera, Morazán, en
la cual se cultivó algodón por primera vez en El Salvador.
San Francisco (California) le gustaba a mis familiares. Ya habían
parientes allá cuando él (Joaquín) decidió
irse en los años 40. Allá fue reclutado y enviado a la
guerra. Cae enfermo y al recuperarse lo mandan de nuevo al frente. Sobrevive
y regresa a Estados Unidos. Al volver, gerencia un restaurante. Muere
y sus restos los depositan en un Cementerio de Veteranos de Estados
Unidos.
Además de Joaquín, uno de sus hermanos, Juan Alcides,
participa en la Segunda Guerra Mundial. Ambos son parientes de Barrios
.
En un pequeño libro de bolsillo, a manera de anuario, se detallan
las listas de militares graduados en El Salvador. En una de las páginas
del documento, bajo el encabezado 6a. Promoción de la Escuela
Militar de El Salvador se halla el nombre de Juan Alcides Rodezno,
graduado el 1 de noviembre de 1935.
Experto aviador
Su carrera militar se liga al manejo de aviones, por lo que logra convertirse
en piloto oficial de la Fuerza Aérea Salvadoreña (FAES).
Junto a algunos militares, Juan Alcides participa en uno de los movimientos
para acabar al entonces dictador Maximiliano Hernández Martínez.
Tras el fallido intento de derrocarlo, sufre lo que cualquier insubordinado
y no tiene más opción que abandonar el país. Pide
apoyo y refugio a sus familiares en Estados Unidos.
En esos momentos, 1942, Europa y Asia están en crisis. Japón
se ha expandido a Malasia e Indonesia y apunta dominar otras zonas,
incluyendo la cadena de islas en el Pacífico, donde se halla
Hawai y la base militar estadounidense de Pearl Harbor.
Estados Unidos prevé la expansión japonesa por mar y alista
el ejército. De dos millones de elementos que regularmente operan
en esa nación, la fuerza militar se eleva a 12 millones, dispuestos
al combate, entre ellos Juan Alcides.
En
una acción que el gobierno estadounidense califica de traidora,
Japón ataca Pearl Harbor, destruyendo siete acorazados y diversas
embarcaciones de todo tipo. El 8 de diciembre de 1942 Estados Unidos
y Gran Bretaña declaran la guerra al Japón; Alemania e
Italia, a su vez, la declaran a Estados Unidos, el 11 de diciembre.
La conflagración adquiere carácter mundial.
El salvadoreño Juan Alcides se integra a la Fuerza Aérea
estadounidense y habría participado en el ataque a Japón,
después del ataque a Pearl Harbor; además de colaborar
en otros bombardeos aéreos.
Para 1945, Juan permanece de alta en el ejército, en el Grupo
de Combate 468 de la Segunda División, y escribe a su hermano
Arnoldo, en El Salvador.
En algún lugar del Pacífico, 11 de enero de 1945...
Querido hermano: Casi va a ser una sorpresa para ti recibir estas cuantas
líneas, pues tengo meses de no escribirte, no te vayas a imaginar
que me estoy olvidando de mi familia, al contrario más los recuerdo
y me hacen mucha falta... de mi parte lo único que es posible
decirte por ahora es que me encuentro perfectamente bien, en un lugar
bastante de mi agrado...
Terminada la guerra vuelve a Estados Unidos y de allí viaja a
El Salvador. Cuando vino aquí fue nombrado Director General
de Migración. Fueron buenos amigos con María Félix,
rememora Abel Salazar.
Juan Alcides se casó dos veces. Primero con Elena Rivas, conocida
socialmente como Nena Rivas, de Cojutepeque, nieta del General
José María Rivas, que defendió a El Salvador de
la invasión guatemalteca, entre 1870 y 1900. La segunda esposa
fue Elena Bará, de ascendencia francesa, con quien procreó
dos hijos.
Muere el 16 de septiembre de 1997 y, al igual que su hermano Joaquín,
sus restos fueron depositados en un cementerio de veteranos; el Golden
Gate, de San Francisco.
Era mi padrino. Perfectamente lo recuerdo, me regaló el
primer juguete de cuerda, un tanque de cuerda (con manivela para ser
autoimpulsado) para una Navidad en Gotera, añade su sobrino.
Dos cartas manuscritas y un bien cuidado retrato de su tío Juan
(de más de 20 centímetros de alto), quien posa con el
uniforme de aviador estadounidense, engrosa el patrimonio familiar de
Salazar Rodezno.
El tercer barrios
Arnoldo
Rodezno completa el trío de descendientes del prócer que
marcó las páginas de la historia.
Como sus dos hermanos, su vida está caracterizada por la carrera
militar. Su nombre figura en la Octava Promoción de Oficiales
de la Escuela Militar, del 29 de octubre de 1937.
En 1944 participó en un movimiento contra Martínez, mientras
permanecía de alta en el Regimiento de Caballería. A la
caída del dictador permaneció en el ejército. Fue
destacado en San Vicente, La Unión y hasta ocupó el cargo
de agregado militar en Panamá.
Entre los cargos desempeñados se encuentran el de Subdirector
de la extinta Policía Nacional y Subdirector de la Escuela Militar.
Rodezno sobrevive el ascenso y caída de Fidel Sánchez
Hernández; pero con el gobierno de Oscar Osorio experimenta algunos
problemas.
Le dio de baja el presidente Osorio. Tuvo problemas con él
y hasta fue arrestado en las bartolinas de la Guardia Nacional. Después
de Osorio, tío Arnoldo dejó la vida de militar,
explica Abel.
Arnoldo se dedicó, entonces, a la crianza de pollos y encabezó
la primera industria de esta naturaleza en el país. Construyó
granjas en una finca cercana al actual Bulevar del Ejército,
donde instaló equipos para matanza de pollos con toques eléctricos
y desplumadoras tecnificadas, con capacidad de procesar entre 5 y 10
mil pollos semanales. A su muerte, la gran empresa que creó fue
abandonada y terminó por desaparecer.
Era mi segundo padre. Era un hombre de gran temple, con carácter
recto. Me daba buenos consejos y... pues, yo lo quería mucho.
Los otros (tíos) se fueron para Estados Unidos, pero él
se quedó con mi mamá en El Salvador.
Tío Arnoldo, agrega el heptogenario Abel, junto a Julio Rivera
(que gobernó el país entre 1962 y 1967) hicieron posible
la aprobación y vigencia de la representación proporcional
-ahora Plancha Nacional- en la Asamblea Legislativa. En 1964 se aplica
por primera vez en El Salvador el nuevo sistema de elección.
Años más tarde se traslapan las historias: la herencia
de Arnoldo y la representación proporcional termina por favorecer
al sobrino que ahora lo recuerda con emoción.
Abel recibió la oferta de una diputación legislativa por
el PCN, que terminó por rechazar. Más tarde, sin embargo,
un grupo de paisanos lo convenció para lanzarse al
ruedo político y sacar del atraso a Morazán, considerado
la siberia de El Salvador.
Participé con un partido decente, la Democracia Cristiana,
con una ideología consistente... Morazán tuvo, por fin,
un diputado electo y gané por la representación proporcional.
La vida de Abel es una historia aparte que merece ser divulgada, no
solo como descendiente de Barrios, sino por su labor en defensa del
territorio salvadoreño, durante el diferendo limítrofe
con Honduras.
Desde 1813, natalicio de Barrios, se cuentan 190 años de historia
familiar de este salvadoreño. El prócer y su esposa, Adelaida,
no tuvieron hijos, pero quizá se congraciarían al saber
las historias de sus parientes.
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Una
honrosa despedida
El Diario de Hoy publicó una noticia sobre la partida de
Atilio Rodezno y su participación en la gran invasión
europea, en los grupos de avanzada
Vestido con su uniforme militar, y en posición de
descanso, Atilio fue fotografiado al engrosar las fuerzas militares
estadounidenses. Aunque se incorporó como infante, la imagen
contiene de fondo una flota de aviones.
El Diario de Hoy dedicó un pequeño espacio para
destacar la labor de este compatriota.
La nota publicada cita textualmente: Atilio Rodezno es el
nombre de este joven compatriota que ha sido incorporado a la
infantería del ejército de los Estados Unidos y
que participará en la maniobras de invasión a Europa.
El joven Atilio Rodezno es originario de Gotera, departamento
de Morazán, su madre es doña Romelia viuda de Rodezno.
Nos permitimos felicitarlo en esta oportunidad y deseamos
que salga con bien del desembarco en los países ocupados
por los nazis.
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