16 de febrero de 2003

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CRÓNICA

La sangre Barrios

Gerardo Barrios es un héroe nacional indiscutible. Su casta y su sangre fue heredada a los descendientes más cercanos, quienes -como el antecesor- marcaron la historia político-militar dentro y fuera del país. Por ejemplo, dos Barrios lucharon en la II Guerra Mundial; uno más, participó en golpes de Estado salvadoreños.

Víctor Hugo Dueñas
vertice@elsalvador.com

Querida mamaíta: ¿Cómo están? Procuren escribirme seguido, pues tengo mucho tiempo de no recibir cartas de ninguno de la familia. Siempre les escribiré de donde vaya llegando. No se preocupen por mí, pues me cuidaré mucho. Cuídense ustedes y vivan tranquilos. Creo, muy luego, veré el resultado de mi suerte...”
Es el año de 1944, el salvadoreño Joaquín Atilio Rodezno, ha sido reclutado por las fuerzas militares de Estados Unidos y enviado al frente de batalla en Europa. Lucha junto a ‘los aliados’ contra la invasión alemana, en lo que llegaría a convertirse en la Segunda Guerra Mundial.
Los momentos de descanso entre los combates y posiblemente la creciente ansiedad de volver con su familia, orientan a Joaquín a escribir algunas cartas.
El fragmento citado líneas arriba está dirigido a su madre, Romelia. Ella vive en el centro de San Salvador (a unos metros de la actual alcaldía capitalina) y representa a la quinta generación de la sangre Barrios, contada a partir de Mariano, uno de los cuatro hermanos del prócer.
Joaquín es un combatiente de avanzada por tierra e integra un regimiento de Infantería. No hay certeza sobre el frente de guerra donde ha sido destacado, pero otra de sus cartas -enviada siempre a su madre- indica que ha llegado a Francia.
“Siempre recordándoles con todo mi cariño, les escribo éstas cuatro letras para contarles que estoy bueno y que ahora les escribo de Francia” (Agosto 25).
En total, son siete cartas enviadas por el salvadoreño: cuatro fechadas en julio, dos en agosto y una en septiembre, todas del año 44.
Al leer una a una las misivas es posible hilar una historia mezclada con la suerte impredecible de la guerra, las preocupaciones por la familia que dejó atrás y una extraña combinación entre optimismo y conformidad de quien vive con la muerte en ciernes.
“Estoy con mucho valor y dispuesto a ver mi futuro que lo tengo muy enfrente”, (Julio 22).
“No vayan a vender nada, tengan paciencia, vivan tranquilos y en verdad los considero felices al ver la desgracia en que han quedado miles de éstas gentes”, (Julio 28).
“No te preocupes por mí, pues Dios me acompañará a que no me suceda nada malo”, (Agosto 25).
Joaquín escribe en un papel especial, tamaño carta, que le provee el ejército. La hoja es de fondo amarillento. Hay espacios delimitados con líneas, azules o naranjas, para los datos del remitente y destinatario, así como cinco indicaciones impresas de qué hacer con los escritos. El papel incluye instrucciones de cómo debe doblarse para que se convierta en una carta formal, lista para el correo interno.
Como medida de seguridad y para evitar cualquier fuga de información, todas las cartas enviadas durante la guerra fueron leídas y en ocasiones censuradas por grupos de control.
Una de las cartas de Joaquín conserva fielmente la censura aplicada. Alguien, con ayuda de una filosa herramienta, literalmente cortó una porción del escrito. Eliminó la palabra que evidenciaba el lugar real desde donde escribía el salvadoreño.
Abel Salazar Rodezno, abogado penalista, civilista y diplomático de 71 años, conserva como tesoros no solo las cartas de su tío si no algunas viejas fotografías.
Salazar describe a su “tío Atilio” como “el más humildón, más sencillo e introvertido”, de entre los cinco que formaron aquel grupo familiar.
En su juventud, Joaquín estudió Química y Farmacia y luego Odontología. Su primer trabajo fue en la finca familiar ‘San Antonio’, de San Francisco Gotera, Morazán, en la cual se cultivó algodón por primera vez en El Salvador.
“San Francisco (California) le gustaba a mis familiares. Ya habían parientes allá cuando él (Joaquín) decidió irse en los años 40. Allá fue reclutado y enviado a la guerra. Cae enfermo y al recuperarse lo mandan de nuevo al frente. Sobrevive y regresa a Estados Unidos. Al volver, gerencia un restaurante. Muere y sus restos los depositan en un Cementerio de Veteranos de Estados Unidos”.
Además de Joaquín, uno de sus hermanos, Juan Alcides, participa en la Segunda Guerra Mundial. Ambos son parientes de Barrios .
En un pequeño libro de bolsillo, a manera de anuario, se detallan las listas de militares graduados en El Salvador. En una de las páginas del documento, bajo el encabezado “6a. Promoción de la Escuela Militar de El Salvador” se halla el nombre de Juan Alcides Rodezno, graduado el 1 de noviembre de 1935.

Experto aviador
Su carrera militar se liga al manejo de aviones, por lo que logra convertirse en piloto oficial de la Fuerza Aérea Salvadoreña (FAES). Junto a algunos militares, Juan Alcides participa en uno de los movimientos para acabar al entonces dictador Maximiliano Hernández Martínez. Tras el fallido intento de derrocarlo, sufre lo que cualquier insubordinado y no tiene más opción que abandonar el país. Pide apoyo y refugio a sus familiares en Estados Unidos.
En esos momentos, 1942, Europa y Asia están en crisis. Japón se ha expandido a Malasia e Indonesia y apunta dominar otras zonas, incluyendo la cadena de islas en el Pacífico, donde se halla Hawai y la base militar estadounidense de Pearl Harbor.
Estados Unidos prevé la expansión japonesa por mar y alista el ejército. De dos millones de elementos que regularmente operan en esa nación, la fuerza militar se eleva a 12 millones, dispuestos al combate, entre ellos Juan Alcides.
En una acción que el gobierno estadounidense califica de “traidora”, Japón ataca Pearl Harbor, destruyendo siete acorazados y diversas embarcaciones de todo tipo. El 8 de diciembre de 1942 Estados Unidos y Gran Bretaña declaran la guerra al Japón; Alemania e Italia, a su vez, la declaran a Estados Unidos, el 11 de diciembre. La conflagración adquiere carácter mundial.
El salvadoreño Juan Alcides se integra a la Fuerza Aérea estadounidense y habría participado en el ataque a Japón, después del ataque a Pearl Harbor; además de colaborar en otros bombardeos aéreos.
Para 1945, Juan permanece de alta en el ejército, en el Grupo de Combate 468 de la Segunda División, y escribe a su hermano Arnoldo, en El Salvador.
“En algún lugar del Pacífico, 11 de enero de 1945... Querido hermano: Casi va a ser una sorpresa para ti recibir estas cuantas líneas, pues tengo meses de no escribirte, no te vayas a imaginar que me estoy olvidando de mi familia, al contrario más los recuerdo y me hacen mucha falta... de mi parte lo único que es posible decirte por ahora es que me encuentro perfectamente bien, en un lugar bastante de mi agrado...”
Terminada la guerra vuelve a Estados Unidos y de allí viaja a El Salvador. “Cuando vino aquí fue nombrado Director General de Migración. Fueron buenos amigos con María Félix”, rememora Abel Salazar.
Juan Alcides se casó dos veces. Primero con Elena Rivas, conocida socialmente como “Nena Rivas”, de Cojutepeque, nieta del General José María Rivas, que defendió a El Salvador de la invasión guatemalteca, entre 1870 y 1900. La segunda esposa fue Elena Bará, de ascendencia francesa, con quien procreó dos hijos.
Muere el 16 de septiembre de 1997 y, al igual que su hermano Joaquín, sus restos fueron depositados en un cementerio de veteranos; el Golden Gate, de San Francisco.
“Era mi padrino. Perfectamente lo recuerdo, me regaló el primer juguete de cuerda, un tanque de cuerda (con manivela para ser autoimpulsado) para una Navidad en Gotera”, añade su sobrino.
Dos cartas manuscritas y un bien cuidado retrato de su tío Juan (de más de 20 centímetros de alto), quien posa con el uniforme de aviador estadounidense, engrosa el patrimonio familiar de Salazar Rodezno.

El tercer barrios

Arnoldo Rodezno completa el trío de descendientes del prócer que marcó las páginas de la historia.
Como sus dos hermanos, su vida está caracterizada por la carrera militar. Su nombre figura en la “Octava Promoción de Oficiales de la Escuela Militar”, del 29 de octubre de 1937.
En 1944 participó en un movimiento contra Martínez, mientras permanecía de alta en el Regimiento de Caballería. A la caída del dictador permaneció en el ejército. Fue destacado en San Vicente, La Unión y hasta ocupó el cargo de agregado militar en Panamá.
Entre los cargos desempeñados se encuentran el de Subdirector de la extinta Policía Nacional y Subdirector de la Escuela Militar.
Rodezno sobrevive el ascenso y caída de Fidel Sánchez Hernández; pero con el gobierno de Oscar Osorio experimenta algunos problemas.
“Le dio de baja el presidente Osorio. Tuvo problemas con él y hasta fue arrestado en las bartolinas de la Guardia Nacional. Después de Osorio, tío Arnoldo dejó la vida de militar”, explica Abel.
Arnoldo se dedicó, entonces, a la crianza de pollos y encabezó la primera industria de esta naturaleza en el país. Construyó granjas en una finca cercana al actual Bulevar del Ejército, donde instaló equipos para matanza de pollos con toques eléctricos y desplumadoras tecnificadas, con capacidad de procesar entre 5 y 10 mil pollos semanales. A su muerte, la gran empresa que creó fue abandonada y terminó por desaparecer.
“Era mi segundo padre. Era un hombre de gran temple, con carácter recto. Me daba buenos consejos y... pues, yo lo quería mucho. Los otros (tíos) se fueron para Estados Unidos, pero él se quedó con mi mamá en El Salvador”.
Tío Arnoldo, agrega el heptogenario Abel, junto a Julio Rivera (que gobernó el país entre 1962 y 1967) hicieron posible la aprobación y vigencia de la representación proporcional -ahora Plancha Nacional- en la Asamblea Legislativa. En 1964 se aplica por primera vez en El Salvador el nuevo sistema de elección.
Años más tarde se traslapan las historias: la herencia de Arnoldo y la representación proporcional termina por favorecer al sobrino que ahora lo recuerda con emoción.
Abel recibió la oferta de una diputación legislativa por el PCN, que terminó por rechazar. Más tarde, sin embargo, “un grupo de paisanos” lo convenció para lanzarse al ruedo político y sacar del atraso a Morazán, considerado ‘la siberia de El Salvador’.
“Participé con un partido decente, la Democracia Cristiana, con una ideología consistente... Morazán tuvo, por fin, un diputado electo y gané por la representación proporcional”.
La vida de Abel es una historia aparte que merece ser divulgada, no solo como descendiente de Barrios, sino por su labor en defensa del territorio salvadoreño, durante el diferendo limítrofe con Honduras.
Desde 1813, natalicio de Barrios, se cuentan 190 años de historia familiar de este salvadoreño. El prócer y su esposa, Adelaida, no tuvieron hijos, pero quizá se congraciarían al saber las historias de sus parientes.

Una honrosa despedida
El Diario de Hoy publicó una noticia sobre la partida de Atilio Rodezno y su participación “en la gran invasión europea”, en los grupos de avanzada


Vestido con su uniforme militar, y en posición de descanso, Atilio fue fotografiado al engrosar las fuerzas militares estadounidenses. Aunque se incorporó como infante, la imagen contiene de fondo una flota de aviones.
El Diario de Hoy dedicó un pequeño espacio para destacar la labor de este compatriota.
La nota publicada cita textualmente: “Atilio Rodezno es el nombre de este joven compatriota que ha sido incorporado a la infantería del ejército de los Estados Unidos y que participará en la maniobras de invasión a Europa.
“El joven Atilio Rodezno es originario de Gotera, departamento de Morazán, su madre es doña Romelia viuda de Rodezno.
“Nos permitimos felicitarlo en esta oportunidad y deseamos que salga con bien del desembarco en los países ocupados por los nazis”.

 


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