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REPORTAJE
A
la espera de una oportunidad
El
mundo de las discapacidades es tan amplio como los problemas que les
afectan. La inserción laboral de las personas discapacitadas
en el terreno laboral es un tema complejo no sólo por las escasas
oportunidades de empleo, sino también por la discriminación
y las pocas herramientas educativas que tienen para lograrlo.
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Jenny Chinchilla
trabaja en el Centro de Capacitación Laboral y desde allí
ayuda a otros alumnos a superar lo que ella ya logró.
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Contestar las llamadas telefónicas, redactar
cartas, atender a los clientes, trabajar como cajero en un supermercado
o manejar la base de datos de alguna empresa, significaban tareas muy
difíciles para que la población discapacitada pudiera
desempeñarlas en el país.
Hasta hace poco, para que estas personas se insertaran en el mundo laboral
necesitaban aprender oficios y aspirar a algún puesto en el plano
productivo-operativo. Y es comprensible, la limitada competencia que
genera este sector ha sido de alguna manera determinante. Hasta hace
dos años, Jenny Chinchilla estaba confinada en su casa y desde
allí se desempeñaba como ejecutiva de cobros.
Los escasos recursos económicos que siempre rodearon a Jenny,
no le permitieron educarse más allá del tercer grado.
A falta de esto, fue su mamá la que le enseñó a
leer y a escribir. Su contacto con un computador revolucionó
su vida. Fue un día del 2001 cuando ingresó al primer
curso de tecnologías de la información y la comunicación
en el centro de capacitación de la Fundación para las
Américas, una dependencia de la Organización de Estados
Unidos (OEA). Tenía algunos conocimientos de computación
pero no sabía que fueran tan importantes para desempeñarse
en el campo laboral, dice Jenny, quien destacó tanto en
el curso que fue contratada por el centro para un puesto secretarial.
La experiencia para esta mujer de 28 años de edad, fue tal que
la timidez, la falta de confianza en si misma y la limitada formación
académica se convirtieron en un reto a vencer, y lo logró.
Hoy, no sólo es la recepcionista, la redactora de correspondencia,
la encargada de la base de datos y la orientadora de los alumos de los
cursos, sino también es instructora de un módulo Tecnología
de Oficina.
Jenny representa una historia entre miles, que refleja la lucha que
vive la población discapacitada por desarrollarse como personas
útiles dentro de la sociedad, y que a la menor oportunidad y
capacitación sacan a flote sus potencialidades.
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Al igual que Nohemy Ortíz, otras personas discapacitadas,
tienen la oportunidad de capacitarse en computación y presentar
sus hojas de vida a las empresas en la feria.
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En El Salvador existen unos 600 mil personas que sufren
algún tipo de discapacidad, según estimaciones de la Organización
Panamericana de la Salud (OPS) pero otras instancias como el Consejo
Nacional para la Atención Integral de la Persona Discapacitada
(CONAIPD) considera que la cifra sobrepasa los 700 mil. Las consecuencias
de la guerra civil, los accidentes de tránsito y el fenómeno
de la emigración a Estados Unidos que devuelve a muchos compatriotas
mutilados en su fracasado intento por cruzar la frontera, serían
las causales que más determinarían ese aumento en este
sector de la población.
Pero de esta masiva cantidad de discapacitados, son pocos los que están
empleados. El Ministerio de Trabajo registra a 1 mil 358 empleados a
nivel de cinco departamentos. Por su parte, instituciones como el Instituto
Salvadoreño de Rehabilitación de Inválidos (ISRI)
registran desde 1992 a 1 mil 83 discapacitados que han sido capacitados
e insertados en la industria de la maquila, servicios generales y cosmetología.
La sociedad nos ve como personas que no tenemos capacidad. Hay
empresas donde nos discriminan cuando dicen que no pueden acoplar nos.
Yo tuve ese tipo de experiencias, cuenta Jenny.
Reto laboral
Cecilia Jiménez, colaboradora técnica del CONAIPD, dice
que la situación laboral de la población discapacitada
es difícil. Cecilia Jiménez dice que son muchos los factores
que les impide ingresar y desarrollarse en el mundo laboral porque no
están preparados académicamente, falta sensibilización
y apertura en muchas empresas, y no existen condiciones arquitectónicas
y de transporte.
Aún cuando se hayan dado algunos pasos para el
cumplimiento del artículo 24 de la Ley de Equiparación
de Oportunidades que establece que las empresas deben contratar a una
persona discapacitada por cada 25 empleados, pero aún existe
discriminación por la parte patronal. No es sencillo imponer
sanciones, argumenta Jiménez. Por eso dice que junto al
Ministerio de Trabajo coordinan actividades de sensibilización
dirigidas a empresas para lograr un cambio.
No es un secreto que por años, las personas ciegas,
sordas o con capacidad física reducida, han sido marginadas de
casi cualquier actividad productiva e incluso se les ha negado la oportunidad
de ingresar al mundo académico. Esta situación ha llevado
a algunas instituciones a buscar más condiciones para generarles
más posibilidades de empleo. Uno de ellos -y bastante novedoso
en el país- es el Proyecto Tecnologías de la Información
y Comunicación (TIC):
Empleo para las personas con discapacidad en El Salvador, que financia
el Departamento de Trabajo del gobierno de los Estados Unidos, y es
ejecutado por la Fundación para las Américas. La
inserción laboral de la población discapacitada en El
Salvador es aún incipiente porque no están dadas las mejores
condiciones. También hay que trabajar mucho en la concientización
y la sensibilización, opina Daniel Zappalá, coordinador
del proyecto en el cual participan el Ministerio de Trabajo, ISRI, FUNTER
y el CONAIPD entre otras. Este proyecto se propicia en el marco de la
ley de Equipa ración de Oportunidades.
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600 Mil
discapacitados es la cifra oficial que se
maneja para El Salvador, aunque entidades como el CONAIPD calculan
más de 700 mil.
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1083
Personas
Con discapacidad han logrado
intregrarse a la vida productiva en cinco departamentos según
el Ministerio de Trabajo. |
Buscando empleo
El proyecto TIC, que a partir de julio pasará a ser administrada
por FUNTER, pretende aumentar las posibilidades laborales para la población
discapacitada en un país de escasas oportunidades. Por eso desde
el 2001 han capacitado a 500 personas en el campo de la informática
que les permitiría aspirar a puestos en el área administrativa
donde se requieren conocimientos en computación que los mismos
han aprendido como son los programas Windows, Excel y Power Point, navegación
por internet, además de técnicas secretariales y charlas
motivacionales. La personas discapacitada tiende a ser tímida
y tiene poca preparación académica, por eso estos cursos
nos han ayudado mucho, dice Jenny.
Pero el proyecto -que se extiende a Santa Ana y San Miguel- también
facilita gratuitamente a las empresas los pro gramas diseñados
según la discapacidad del aspirante. Según Daniel Zappalá,
esta información y asesoría a los empleadores ayuda a
definir los puestos más adecuados para estas personas.
Pero hay una estrategia interesante que se ha preparado para los primeros
días de esta semana. A partir de mañana se desarrollará
en la Feria Internacional el primer Encuentro entre el trabajo
y la discapacidad, que reunirá a 22 empresas que estarán
recibiendo hojas de vida a todo aquel interesado. Nohemy Soledad Ortíz,
espera ansiosa esta singular feria del trabajo. Con los conocimientos
aprendidos desde octubre en este centro espera lograr algún empleo
a sus 32 años.
Otros jóvenes comparten esa misma esperanza. Salvador Muñoz
que, desde hace cuatro años, enfrenta la vida sobre una silla
de ruedas desde que lo balearan. Ha pasado desempleado todo este tiempo
y desea volver a trabajar pero ya no en la obra de banco sino como diseñador
de presentaciones con el programa Power Point.
William Mendoza, de 32 años y víctima de la poliomielitis,
aspira trabajar en la recepción de alguna empresa. No he
podido trabajar porque la sociedad te encierra como alguien inútil.
Ojalá me contraten, dice.
Tanto a William como a Salvador les invade la expectativa por lo que
les depare la feria laboral para lo cual se han preparado largos meses.
La ley de Equiparación de Oportunidades ha abierto una nuevo
panorama, un nuevo escenario, incipiente pero es un
gran paso. La Normativa técnica de accesibilidad urbanística,
transporte y comunicaciones que fue entregada el pasado mes al
ministro de Obras Públicas, José Angel Quiroz, es un buen
indicio para entender que el más de medio millón de personas
discapacitadas necesitan aún de espacios físicos para
desarrollarse. Jenny Chinchilla parece resumir el sentir de esta población
cuando dice que no hay nada mejor que sentirse útil.
El derecho a la educación
Un paso importante para mejorar la
condición de vida de los discapacitados es el acceso a
la educación.
William Mendoza dice que sus padres siempre
fueron justos. Nunca hubo diferencias y al igual que a sus cuatro
hermanas, le proveyeron educación hasta terminar el bachillerato.
Pero el dinero no alcanzó para la universidad. Así
fue como se involucró en el proyecto TIC para compensar
ese vacío y aprender algunas herramientas tecnológicas
que le permitan proveerse de algún trabajo.
Daniel Zappalá cree que el bajo nivel académico
de la población discapacitada en el país es determinante
en el hecho de que no encuentren trabajo, sobre todo cuando hay
poca oferta de empleo y mucha competencia por conseguir un mismo
puesto. Por lógica se los adjudican a los más competentes.
Nohemy Ortiz sacrificó lo poco en un curso de computación
antes de entrar al TIC, a fin de aprender lo que no pudo en las
escuelas en sus 32 años de vida.
Hasta hace unos años la integración de la población
discapacitada a la escuela era escasa, casi nula. Un primer paso
positivo fue cuando el Ministerio de Educación creó
aulas de educación especial, pero ahora los está
integrando al aula regular. Desde 1992 han pasado por esas aulas
unos 800 alumnos. Esto ha implicado la capacitación de
docentes para que puedan detectar, evaluar y atender un aula con
alumnos que presentan no solamente discapacidades físicas
sino también aquellos con necesidades educativas especiales.
En lo que va de este año, 80 personas se han incorporado
a la vida académica.
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