15 de junio de 2003


CRÓNOCA

Llegaron como ilegales a E.E.U.U.
“La historia de Toni y Mari”

La siguiente es una anécdota sobre como una familia salvadoreña, luego de pasar por muchas angustias y arriesgar sus vidas, están juntos en los Estados Unidos. Los padres -al igual que los hijos- se la “jugaron” y cruzaron la frontera méxico-americana ilegalmente recurriendo a los “coyotes”.

Alejandro Miranda
vertice@elsalvador.com

Era principios de 1998, Antonio y Marilú (cuyas identidades mantenemos en reserva) se encontraban en la transición de dejar sus modestos empleos y pasar a formar parte de los microempresarios salvadoreños.

En un principio, y con muchas ilusiones, Mari pensaba en poner un restaurante pequeño. Ella tenía mucha experiencia en la cocina, incluso sus amigas decían que era un Chef sin título. Toni, a su vez, pensaba en el negocio de distribución de bebidas, motivado por un amigo de infancia, quien a la postre sería el que lo dejaría complemente en la calle.

El hermano de Mari radicaba en los “yunais” desde de la década de los 80, adonde había llegado huyendo de la guerra. Ahí se había hecho de una pequeña fortuna, suficiente como para tomar 100 mil colones y prestárselos a los dos soñadores para que los invirtieran en el negocio.

Mari y Toni se decidieron al final por la distribución de bebidas, ayudados por Enrique(nombre ficticio), el amigo de Toni, que trabajaba en una empresa de ese tipo.

Planificaron, tomaron un número de IVA, imprimieron facturas, compraron un vehículo, en el que Toni aprendería más tarde a conducir, y confiaron en que todo saldría bien.

Pero Toni tomaría una decisión que más tarde le traería graves consecuencias.

Depositó su confianza en Enrique y le entregó el dinero para que él lo administrara.
A los pocos meses, todo parecía normal. Sin embargo, Enrique había utilizado el dinero que le confió Toni en saldar deudas, comprar electrodomésticos, un vehículo y pagar los gastos de su reciente boda.

Esto fue demasiado para la esposa de Enrique. Al ver que éste robaba sin escrúpulos a su amigo, le contó todo a Toni, pero él no le creyó. Sin embargo así era.

Al cabo de un tiempo, Toni y Mari no tenían nada, sólo una deuda de 100 mil colones. Nuevamente, los esposos, angustiados, debían tomar otra decisión crucial en sus vidas.

Alguien les invitó a emigrar a Estados Unidos, con la promesa de encontrar trabajo bien remunerado. Les advirtieron que tenían que trabajar duro, pero que ahí iban a vivir bien y, es más, podrían pagar la deuda.

Así, una madrugada de mayo, Mari fue la primera en emprender el viaje, con un nudo en la garganta y dejando atrás a sus hijos, esposo y muchos recuerdos de El Salvador. Sin visa, se encomendó a un “coyote”, quien le cobró cinco mil dólares. Los familiares de Mari asumirían los gastos, pero sería un préstamo adicional para ella.

El recorrido fue largo y muy peligroso. La ruta era cruzar Guatemala hasta llegar a Tecún Umán, y de ahí pasar a México. El equipaje, como todos, nada más dos mudadas.

Sin hacer muchas preguntas, Mari y otro grupo de indocumentados fueron llevados por tierra para atravesar estos países. Sin embargo, antes de cruzar la frontera Guatemala-México, se perdió junto a otra persona.
Con desesperación, buscaron dónde esconderse. Si la “migra” de ese país las atrapaba, serían deportadas. En ese momento, se encomendó a Dios.

LA LENTA ESPERA

Sus ruegos fueron escuchados. A pesar de los inconvenientes logró llegar a Estados Unidos. Cansada y triste, lloró esa helada noche. Era lo único que podía hacer. El consuelo llegaría hasta muchos años después.

Pasado un tiempo consiguió trabajo. No era exactamente lo que hacía acá. Un trabajo muy diferente. Pero no tenía otra opción, había que pagar hasta el último centavo. La deuda había aumentado con el préstamo para el viaje.

A los dos años de la aventura de Mari, Toni decidió hacer el viaje. Un familiar se encargaría de cuidar a los hijos de la pareja mientras llegara el momento de que también ellos emprenderían la misma odisea.

La espera no fue mucha, Toni corrió la misma suerte que Mari. Frío, calor extremo, hambrunas. Perdió casi 20 libras en 21 días que duró el calvario. Se arriesgó igual o más que su esposa. Pero al fin llegó.

Corrió con suerte, otros compañeros de viaje fueron deportados. Ahora, entre ambos se les hacía más fácil pagar la deuda, que otra vez había aumentado con el viaje de Toni.

Ya en Estados Unidos, la idea era llevarse a los hijos.

A los 16 años, el hijo mayor inició la arriesgada y peligrosa travesía. Era el más ‘aventado’ de los dos hermanos y por eso sus padres estaban esperanzados en que llegaría bien.

Los riesgos que se corren
Los indocumentados que acuden a coyotes están expuestos a una serie de riesgos en el camino hacia los Estados Unidos. Abandono y robo de lo que han pagado es casi seguros.
RIESGOS
- Ser asaltados por individuos sin escrúpulos.
- Las mujeres han sido violadas en algunas ocasiones.
- Morir en el camino, por falta de agua, frío o calor extremo.
- Depende el camino que tomen, pueden ahogarse al cruzar, por ejemplo, el Gran Canal Americano.
- La mayoría de los que optan por la línea del tren, están propensos a caerse y quedar mutilados o morir.
DEPORTACIONES
El Programa Bienvenido a Casa, que atiende a salvadoreños y salvadoreñas que retornan por vía aérea a El Salvador (principalmente de Estados Unidos), funciona desde el 4 de febrero de 1999. Hasta el 30 abril de este año se han atendido a 15,366 personas.
CIFRAS
- Año 1990 - 3,516 personas recibidas
- Año 2000 - 3,632 personas
- Año 2001 - 3,064 personas
- Año 2002 - 3,563 personas
- Año 2003 (hasta marzo) - 1,591 personas

TOTAL : 15,366 personas recibidas.
De estos un 56% es deportado por razones migratorias, un 14% por delitos graves, un 20% por causales que no constituyen delito en El Salvador, un 6% por delitos menos graves y 4% por faltas.

De nuevo confiaron en un “coyote”, quien se encargaría de cumplir la misión de llevarlo a los Estados Unidos. El viaje costaría $5,700, pagados en dos partes, $2,000 al salir, y el resto al llegar.

El joven tardó más de tres semanas en atravesar Guatemala y México. En este caso, el viaje fue transbordando buses.
En los Estados Unidos, Mari y Toni vivieron momentos de angustia mientras esperaban la llamada con la noticia de que el mayor de sus hijos había llegado sano y salvo.

Al fin llegó donde sus padres. Asustado, narraba todo lo que había pasado por los lugares más desolados, a veces, o con mucha policía, en otras ocasiones.
Aún así, Mari no se sentía conforme, faltaba el hijo menor. Éste, por su parte, esperaba su turno impaciente.

EL VIAJE DE LOS HIJOS

En El Salvador, la falta de los padres habían hecho del hijo menor de Mari y Toni una persona rebelde que, muchas veces, tomaba decisiones apresuradas. Por suerte no cayó en las garras de las drogas y el alcohol, aunque tenía fuertes influencias de los amigos.

Con dedicación y disciplina, los familiares de Toni y Mari lo fueron encarrilando.

Al fin llegó el día en que debía viajar al encuentro con sus padres. La ansiedad se apoderó de la familia, porque se trataba del menor. El joven tenía una personalidad nerviosa e hiperactiva, por lo que sus parientes pensaban que eso lo podía delatar en el momento justo ante la “migra”.

Aun sin cumplir los quince años, fue puesto en manos del pollero, junto con los dos mil dólares de adelanto. Sin saber lo que le esperaba, el adolescente salió con una mochila donde llevaba dos camisas e igual número de pantalones. Un suéter para el frío y un par de zapatos fuertes, pero cómodos.

Los coyotes aseguraban que no habría problema y que al “niño” se le daría un trato especial. En efecto, así fue, pero por eso se tardó más tiempo en cruzar la frontera.

Las familias, tanto en el país como en Estados Unidos, estaban en vilo. Especularon al punto de pensar que se había perdido, tal y como le sucedió a Mari en su travesía.

“Imaginate un niño de su edad perdido en México, sin saber para donde tomar”, se lamentaba Mari.

La desconfianza contra el coyote crecía cada día. El silencio era el peor enemigo.

Mari tuvo un ataque de ansiedad acompañado de nauseas y diarrea. La situación era difícil. Veintinueve días pasaron para que llegara. En ese tiempo los padres llegaron a pensar en que cometieron un error al entregar al menor a un traficante de ilegales.

“Pero es que esa gente así trabaja. Hasta que ya están seguros se comunican con uno”, la animaban las amigas a Mari. La ansiedad terminó para Mari cuando llegó su hijo. Con obvios síntomas de deshidratación, con muchas picaduras de insectos, muy requemado por el sol, el menor al fin se reunía con sus padres.

“No es como dicen, es peor, por poco y no llego. Por ratos me daban ganas de regresarme”, cuenta mientras se sienta en un cómodo sofá. A veces comía y dormía. La misma situación que estaba viviendo no lo dejaba descansar en paz.
No iba solo, cincuenta más fueron escondidos por dos días en algún lugar del desierto de Estados Unidos. Eso ero lo que más le había impactado. Cruzar ya no es como antes. A pesar de que Estados Unidos reforzó las medidas de seguridad después del 11 de septiembre, el flujo de inmigrantes, no solo de salvadoreños, sino que toda Centroamérica, continúa.

Aun así, la situación en la frontera México-americana es diferente. México hizo un pacto de seguridad en el que puso de inmediato a trabajar al ejército. Desde el 27 de mayo de 2003, las capturas de inmigrantes en la nación azteca se han incrementado, redadas y capturas a diario. Deportaciones en ascenso.

Pero también detrás de este operativo conjunto hay otro fin más profundo: desbaratar las redes de traficantes de ilegales y llegar hasta los cabecillas de las organizaciones diseminadas en América.


CRÓNOCA
La vida: el nuevo precio del sueño americano

Después de los incidentes del furgón de Victoria, en Texas, queda demostrado una vez más que a pesar de los esfuerzos y las medidas que han tomado conjuntamente México y Estados Unidos, el flujo de inmigrantes es continuo y persistente.

El caso de Victoria conmovió a la comunidad hispana en Estados Unidos. A la vez ha sido el hilo conductor para que las autoridades migratorias de ese país inicien una profunda investigación para capturar a los responsables.

Ocho compatriotas sobrevivientes a cambio de colaborar como testigos se han beneficiado con visas y permisos de trabajo temporales, mientras se desarrolla un juicio contra 7 sospechosos. Dos de ellos huyen de la ley.

En este caso 19 personas murieron, uno de ellos, Jorge Torres, de 15 años, originario de San Alejo en La Unión. El cónsul general de El Salvador en Houston, Luis Carranza, quien da seguimiento al juicio de Victoria, sostiene que contrario a lo que se esperaba, la gente continua arriesgando la vida por lograr reunificarse con sus familiares.

Vértice: ¿En que momento llegan a Victoria y que fue lo que vieron?
Luis Carranza:
Cuando se llega se descubre que había un grupo de personas en una situación de salud bastante delicada. Creame que sorprende porque había una persona que había ingresado al hospital y lo habían dado por muerto. Pero la doctora que estaba a cargo le tomó los signos vitales por última vez para confirmar el deceso. La sorpresa fue que estaba vivo, que continuaba vivo.

¿Quien era?

Se llama Mario Geovani Cruz, de 21 años y es originario de Cojutepeque.

¿Los sobrevivientes que cuentan?

Después de estar por un espacio de dos días en una casa de seguridad en Harlingen, en Texas, los suben a un furgón. Les dicen cállense, no hagan ruido, porque pasaremos por lugares donde está la migra. Iban en el camino y ya sentían que no tenían aire. Este tipo de camiones se llaman Termo King y son refrigerados. Se utilizan para transportar melones de esa ciudad a Victoria. Salen de Harlingen, recorren 300 millas y llegan a Victoria, los dejan ahí.
El motorista desengancha la carga cuando se detiene en una de esos lugares de descanso cerca de la ciudad de Victoria. Abre el furgón porque escucha ruidos, y se encuentra conque había gente que estaba adentro. Entonces, va a comprar agua, se las entrega, deja abierto, desengancha el cabezal y sale.
En ese momento, en la madrugada, mucha gente que todavía tenía aire se escapó. Algunos fueron detectados posteriormente porque fueron a parar a hospitales. Ahí la policía los agarraba.

¿Porque sector cruzaron la frontera?

Fue por la frontera de Brownsville, siempre en Texas.

Después de Victoria, México y Estados Unidos emprenden una campaña que busca primero capturar a los traficantes de ilegales y segundo detener el flujo de inmigrantes. ¿Cómo es visto eso allá? Porque también el Departamento de Seguridad Interna, a través de la oficina de Migración y Aduana, está desarrollando la operación Tarmac con operativos estratégicos en lugares que podrían ser blancos de posibles ataques terroristas...
Mire, pasan todo el tiempo cantidades de personas.Yo me pregunto si está realmente controlada esa situación. Nosotros recibimos en el consulado cantidad de personas que han entrado así y llegan a traer su documentación. Nuestra gente no cree porque esa visión del sueño americano es porque ‘allá esta mi prima, allá está mi mamá mi papá, me mandan dinero’. Hay una contribución de todos para que ese sueño americano persista en que tienen que irse.

¿Cuántos niños son a veces enviados y nos llaman los de la patrulla fronteriza; niños de 4 ó 5 años que cuando detienen el bus, no hay nadie que se haga responsable de ellos?


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