15 de junio de 2003


LA COLUMNA

Víctor Hugo Dueñas
vertice@elsalvador.com

Ocho meses, 23 días...

Viéndolo fríamente, ocho meses, 23 días es poco tiempo si con ello se logra -en realidad- una transformación profunda de la red de salud pública en nuestro país donde se privilegie la atención a los usuarios (internos y externos). Una transformación permanente, sistemática, novedosa y visionaria es necesaria al margen de los prejuicios pro y anti privatización. Pero ¿será viable?

Es una pena que hayan ocurrido incidentes violentos en todo este proceso, acusaciones viscerales, desatención de pacientes, drama humano y lo peor, talvez, juegos políticos que terminaron por agudizar el dolor que ya se vivía.
El fin de la huelga en el sistema de Salud abre la posibilidad para esbozar una nueva era en función de la vida (entendida como el binomio salud física y mental) de los trabajadores del país.

Al final, son ellos quienes sufren la inoperancia de un sistema de salud sobredemandado y limitado en recursos. Creo que es momento de potenciar la salud preventiva, la que lastimosamente debe reflejarse en reglamentos, normativas o posibles leyes porque -de lo contrario- nadie cumple. Aunque tampoco es garantía que lo expuesto en papel se aplique.

Una revisión a la plana de médicos, enfermeras, anestesistas y demás personal de salud no caería nada mal, considerando los casos de mala praxis que se registran recurrentemente. Otra ojeada, con lupa, a los niveles de dirección no está de más.

El presidente de la República, Francisco Flores, lo ha confirmado ya: “Nuestro compromiso es formar la comisión de seguimiento y empezar la reforma integral del sector salud (una vez terminada la huelga)”.

Ojalá esta vez si haya avances reales y los obstáculos no lleguen a entrampamientos.

Sé que es difícil hablar de tiempo en situaciones tan complejas como el tema salud. Mucho más cuando algunos cambios urgen hoy.

Sería bueno que los miembros de la ansiada comisión de la reforma en el sistema salud prepararan una agenda en orden de emergencia y evacuen los puntos neurálgicos.

No se trata que pasen semanas o meses deliberando sobre los puntos “a discutir”. ¡Basta de burocracia y manejos políticos!

Voluntad será el ingrediente que más necesiten los negociadores y motivadores de la reforma en Salud: para escuchar a la contraparte, ceder en lo que sea necesario, deponer actitudes sectoriales o partidaristas, disponer el tiempo y esfuerzo suficiente. Sólo con voluntad fue posible que los médicos y representantes del gobierno decidieran firmar la propuesta que propició el término de la huelga. Pero ¿habrá algún beneficio a los pacientes?


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