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ENTREVISTA
La
mencionan pero no hablan de ella
La guerra
es ese fantasma que los salvadoreños apenas esbozan en unas palabras,
pero no quiere ahondar de ella, como si fuese la novia que te causó
una herida, como la mujer que te dejó por otro, como el hijo
que nunca volvió a casa, pero, Roberto Salomón, en cambio,
es capaz de observar lo que al resto nos parece irrelevante o intentamos
olvidar por la fuerza de la costumbre. Este dramaturgo, radicado en
Suiza, tiene una explicación. Se trata de la soledad del
individuo en una sociedad que lo agrede, sentencia sin el menor
titubeo.
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No me pida que invente porque lo hago, advirtió el
teatrero, y lo hizo: la emblemática silla de director que usaba
de madera y lona fue plegada, vuelta a abrir, elevada al
cielo, la giró a la izquierda, a la derecha; se sentó
en uno de los brazos, la subió de rodillas y para
cerrar con broche de oro, se paró de manos sobre ella para elevar
los pies al aire y dar un sonoro chasquido con los tacones de los zapatos
Ese es Roberto Salomón, el mismo que sufrió censura a
una de sus obras durante la guerra, el mismo afamado director teatral
de Ginebra, Suiza, la cabeza principal del nuevo Teatro Luis Poma.
El hombre de 58 años de edad, cuya experiencia en la vida y en
el arte escénico le permiten resumir que los salvadoreños
vivimos en soledad. Una soledad obligada e injusta que hereda
la violencia cotidiana.
Vértice: ¿Por qué la cultura es menos importante
que un aeropuerto?
Roberto Salomón: Dígamelo usted
No, dígalo usted, según su experiencia
Yo creo que es importante cuáles son las prioridades. Siempre
hay prioridades. A mí me parece que la Educación tiene
que ser la primera prioridad después de la Salud. Ese es mi opinión.
Educación no es solo aprender a leer y a escribir sino es cómo
percibimos el mundo.
¿Cómo cree que percibe el mundo el salvadoreño
promedio de hoy, al que dejó en los 80?
Yo creo que han cambiado mucho las cosas. Siento que con la guerra la
gente se volvió menos egoísta, quizá.
Tengo una sensación pero talvez es mi optimismo, el que me hace
sentir esto. Una guerra civil es la peor de todas las guerras. Es Eurípides
que dice la peor cosa que puede existir en el mundo es que el
hermano luche contra el hermano
Tengo la sensación de que la gente está más humanizada
y como que el otro es un ser que existe.
Antes como que el otro era un ser que había que sacar del camino.
El otro, ahora, es un ser que existe que hay que tomarlo en cuenta.
Hay gente que piensa lo contrario, que el salvadoreño ya no es
confianzudo ni despreocupado
Yo no creo que se pueda ver como una generalización total de
todo lo que es un pueblo. Creo que hay otro tipo de personas en la sociedad.
Yo siento que hubo un momento en los años noventa, después
de la guerra, en que yo sentía en que se tomaba en consideración
al otro; un poquito más de lo que se había tomado en años
anteriores.
Lo que me preocupa a mí, sobre manera, es la polarización
de las personas, de las posiciones, de las instituciones. Cuando se
polariza es el primer paso a las rupturas.
Yo siento que hay un lenguaje en el que empiezan a introducirse aspectos
de odio y de falta de respeto. Tengo la impresión que ahora con
las elecciones esto se va a poner peor.
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¿Esa polarización puede llegar al
arte?
Yo he visto fotos, haciendo historia del teatro, unas fotos que hicimos
del teatro del absurdo que trajimos en el ochenta; una obra que no tiene
ningún fondo político que no es combativa, no es de tesis,
sino es una obra sobre el lenguaje y me impactó la violencia
que había entre los actores de ese momento; o sea que el actor
siempre está reflejando el medio en el que vive.
Yo creo que a principios de los noventa las obras de teatro reflejaban
la luna de miel en la que estábamos después de los Acuerdos
de Paz. Las obras que se ven ahora, ésta temporada, si una cosa
me ha asombrado es que todas tratan de la soledad. Es decir, que la
gente se siente muy sola.
Yo no creo que sea una cosa subconsciente; pero todas tratan de la soledad
del ser humano en una sociedad que le es agresiva al individuo. Lo cual
es bien interesante...
Ese sentimiento uno se lo imagina como en terreno de una sociedad más
neoyorquina
Claro, claro. Todas las obras que se han producido en El Salvador este
año tienen ese puente en común que se trata de la soledad
del individuo en una sociedad que lo agrede. Ahora, el escape está
claramente visto en el éxito que han tenido las comedias.
Yo creo que el público salvadoreño es un público
que está más deseoso de tener comedias que de ver dramas.
Eso para mí está claro. Eso no quiere decir que solo debe
hacer comedias, pero creo que la gana de reir es fuerte en el público
salvadoreño.
Pero es un reir extraño porque la gente en El Salvador no tiene
sentido del humor
¡¿Cómo que no tiene sentido de humor el salvadoreño?!
Fíjese adonde estaríamos si no tuvieramos sentido del
humor. Después de todo lo que nos ha pasado en los últimos
años.
¿Cree que tenemos una capacidad mayor para reirnos?
¿Usted nunca se ha fijado en una persona en El Salvador? Cuando
casi lo atropella un bus o un carro, la gente se ríe
Hay
otros países donde la gente se pone enojada porque casi lo atropelló
con el vehículo. Aquí nos reímos.
¿Qué nos ha permitido a los salvadoreños tener
buen humor?
No sé.
Volviendo al tema de la guerra ¿qué pasará
con la nuestra?
Lo que en cualquier país que la ha vivido. Pasarán como
diez años antes de que la gente pueda hablar de las cosas. Las
heridas tardan mucho tiempo en sanar
Una cosa sí me ha
llamado la atención y es que la gente que tiene 30 años
sabe muy poco de la guerra. La gente que tiene 40 sabe bastante de la
guerra.
Y la que tiene 20 está más perdida, piensa que todo es
una película gringa
Eso es peligroso. Eso da lugar a los populismos de la peor índole.Una
juventud ignorante y polarizada es terrible. Los jóvenes de ahora
creo que son un poco conservadores.
Eso es la contradicción: tienen una vida privada inmoral, pero
son mucho más conservadores que sus padres en otras cosas. Pero
bien, ¿cómo se ve Roberto Salomón en comparación
a los 80, cuando se fue
?
Una de las cosas más importantes en estos 20 años es el
hecho de haber trabajado en una cultura francesa donde se desarrolla
la capacidad de análisis
Cuando he trabajado en una cultura
de habla hispana o una cultura de habla inglesa siento que se guía
más por el sentimiento.
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¿Había menos análisis en
el Salomón del 80?
Sí, definitivamente, pero hay otros factores como, por ejemplo,
el hecho de ser simplemente más viejo. Y más sabe el diablo
por viejo que por malo
Sabemos que regresa a Ginebra, pero aquí ¿cómo
se siente?
Para mí es mucho más importante hacer teatro para un público
salvadoreño que para uno europeo. En Europa hay tanta gente haciendo
teatro que si no estoy hay otros. Aquí uno siente que hay una
necesidad, eso me da mucha energía, me halaga mi ego.
¿Se siente famoso?
No, no. Hay una cosa que me revienta aquí cuando la gente dice
Gracias a Dios que estás tú porque si no no hay
nada, Eso no es cierto
Dentro de su historia teatral, ¿cuál ha sido su experiencia
más feliz y cuál la más amarga?
La más amarga es cuando me censuraron la obra Los tres
centavos, en el ensayo general, que estaba programada en el 77
para inagurar el Teatro Nacional, y me lo prohibieron.
¿Quién la censuró?
El Ministerio de Educación.
¿Contenía algún mensaje político ideológico?
Quizás
(Ríe)
El
ideario
Salomón es un dramaturgo rico en espíritu e ideas.
Tiene una visión crítica y muy realista de la vida.
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Después
de la guerra
Tengo la sensación de que la gente está más
humanizada y como que el otro es un ser que en verdad existe.
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El
mejor condimento
¡¿Cómo que no tiene sentido de humor el
salvadoreño?! (Después) de todo lo que nos ha pasado
en los últimos años. |
Para
que no se repita
Lo que me preocupa a mí, sobre manera
es la polarización
de las personas, de las posiciones, de las instituciones.
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