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LA
COLUMNA
Los
intereses nacionales
La Corte de La Haya recibió nuevamente
a las delegaciones de dos países hermanos once años después
que este mismo tribunal solucionara el diferendo limítrofe
centenario.
Una vez más Honduras y El Salvador enfrentaron sus argumentos
con la asesoría de juristas internacionales, cuyos curriculos
testimonian que conocen los pasillos y los atajos de la Corte Internacional
de Justicia. Allá llegó la prensa hondureña, ávida
de nacionalismos; y la salvadoreña, temerosa del mal genio de
los vecinos.
Quizá parezca curioso a los incautos que cruzan la frontera y
viajan al Atlántico hondureño (paradisíaco y envidiable,
por cierto) cuando nuestros vecinos recuerdan la guerra de 1969, la
victoria de La Haya y al presidente tiznado que tenemos.
A la mayoría de salvadoreños les produce risa, pero nuestros
vecinos centroamericanos están claros que no están contando
un chiste.
Entre la clase castrenses es vital reconocer que el enemigo potencial
es el vecino más cercano y nunca es el lejano. ¿Por qué?
Porque es más fácil identificar qué cocinan en
el patio contiguo a partir de los olores, los ruidos y las voces que
escuchamos. Tiene lógica ¿verdad? Por eso es que la mayoría
de analistas militares discrepan sendamente con la clase política
cuando se habla de defender los intereses nacionales por
sobre todas las cosas en el tema Honduras-El Salvador.
Antes que las cuotas políticas en la Asamblea
Legislativa, las medidas discrecionales y los proyectos de desarrollo
en áreas de interés partidario, hay que pensar en lo que
nos pertenece, confía un oficial de rango medio.
Sin embargo, en tiempos de globalización, fortalecimiento de
las democracias (sobre todo donde la Guerra Fría tuvo su escenario
más infernal) y lucha internacional contra el terrorismo es probable
que un asunto doméstico pase a segundo término en la vida
pública nacional.
¿Por qué a los salvadoreños les importa un pepino?
Incluso, entre juristas, no pueden comprender el punto de vista de personajes
como Abel Salazar Rodezno que demanda la defensa de lo que perdimos
al norte del país.
¿Qué piensa el ciudadano promedio? ¿Valió
la pena el debate en Holanda? ¿Todo fue terreno perdido? Un país
tan escaso de recursos naturales renovables lo menos que puede hacer
es obsequiar tierras y plataformas oceánicas. Debe pelear con
los instrumentos de la ley y morir en el intento. Pero también
debe empezar a reflexionar sobre la fórmula que detenga la expulsión
sistemática de profesionales salvadoreños que terminan
lavando los retretes del pueblo norteamericano.
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