14 de septiembre de 2003


LA COLUMNA

Por: Erick L. Lemus
vertice@elsalvador.com

Los intereses nacionales

La Corte de La Haya recibió nuevamente a las delegaciones de dos países hermanos once años después que este mismo tribunal “solucionara” el diferendo limítrofe centenario.
Una vez más Honduras y El Salvador enfrentaron sus argumentos con la asesoría de juristas internacionales, cuyos curriculos testimonian que conocen los pasillos y los atajos de la Corte Internacional de Justicia. Allá llegó la prensa hondureña, ávida de nacionalismos; y la salvadoreña, temerosa del mal genio de los vecinos.
Quizá parezca curioso a los incautos que cruzan la frontera y viajan al Atlántico hondureño (paradisíaco y envidiable, por cierto) cuando nuestros vecinos recuerdan la guerra de 1969, la victoria de La Haya y al presidente “tiznado” que tenemos. A la mayoría de salvadoreños les produce risa, pero nuestros vecinos centroamericanos están claros que no están contando un chiste.
Entre la clase castrenses es vital reconocer que el enemigo potencial es el vecino más cercano y nunca es el lejano. ¿Por qué? Porque es más fácil identificar qué cocinan en el patio contiguo a partir de los olores, los ruidos y las voces que escuchamos. Tiene lógica ¿verdad? Por eso es que la mayoría de analistas militares discrepan sendamente con la clase política cuando se habla de defender los “intereses nacionales” por sobre todas las cosas en el tema Honduras-El Salvador.
“Antes que ‘las cuotas políticas’ en la Asamblea Legislativa, las medidas discrecionales y los proyectos de desarrollo en áreas de interés partidario, hay que pensar en lo que nos pertenece”, confía un oficial de rango medio.
Sin embargo, en tiempos de globalización, fortalecimiento de las democracias (sobre todo donde la Guerra Fría tuvo su escenario más infernal) y lucha internacional contra el terrorismo es probable que un asunto doméstico pase a segundo término en la vida pública nacional.
¿Por qué a los salvadoreños les importa un pepino? Incluso, entre juristas, no pueden comprender el punto de vista de personajes como Abel Salazar Rodezno que demanda la defensa de lo que “perdimos” al norte del país.
¿Qué piensa el ciudadano promedio? ¿Valió la pena el debate en Holanda? ¿Todo fue terreno perdido? Un país tan escaso de recursos naturales renovables lo menos que puede hacer es obsequiar tierras y plataformas oceánicas. Debe pelear con los instrumentos de la ley y morir en el intento. Pero también debe empezar a reflexionar sobre la fórmula que detenga la expulsión sistemática de profesionales salvadoreños que terminan lavando los retretes del pueblo norteamericano.


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