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ESPECIAL
Estudio
vulcanólogico
La red geoquímica salvadoreña
Una
apuesta de futuro de la Cooperación Española para contribuir
a la Reducción del Riesgo Volcánico en El Salvador. En
esta edición, Vértice ofrece el analisis inédito
hecho después que investigadores salvadoreños -bajo la
cooperación española- participaran en un estudio científico
sobre la red vulcanológica.
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Jimmy
Hughes, quien fue un experto en aterrorizar y matar a otro , ahora
es un evangelista internacional
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En ningún lugar del planeta se puede hablar
de desarrollo sostenible sin tener en cuenta la vulnerabilidad del territorio
ante los peligros naturales. Por consiguiente, reducir el riesgo asociado
a los peligros naturales debe ser un capítulo adicional que materializar
para contribuir al fomento de un verdadero programa de desarrollo sostenible
en América Central. El fenómeno volcánico en la
región Centroamericana representa un importante recurso natural
y económico. La naturaleza y la riqueza mineral de sus suelos
volcánicos hace posible el desarrollo de una intensa actividad
agrícola en la región. La belleza que impregnan sus volcánes
al paisaje y la fascinación que conlleva experimentar de cerca
el poder de la naturaleza hacen que estos ambientes estén siendo
un importante destino turístico en crecimiento. Por el contrario,
el vulcanismo es también una amenaza real para el desarrollo
socio-económico de esta región. Mientras que algunos de
los volcánes que conforman la cadena volcánica Centroamericana
experimentan varios eventos eruptivos a lo largo de varias décadas,
otros entran en erupción después de largos periodos de
tiempo proporcionando un falso sentido de seguridad a sus comunidades.
Aún cuando muchos de los volcánes no muestran en la actualidad
señales de actividad, estos podrían entrar en erupción
en cualquier momento, como así ha ocurrido con el despertar y
la reactivación del volcán Sofriere Hills en la isla Caribeña
de Montserrat después de 350 años de tranquilidad.
Durante la Década Internacional para la Reducción de los
Desastres Naturales (1990-1999), declarada por la Asamblea General de
las Naciones Unidas en 1989, la comunidad científica y política
internacional realizo un intenso análisis y evaluación
de las catástrofes naturales ocurridas en el planeta que ha servido
para recomendar la materialización de diversas acciones para
reducir el riesgo de los peligros naturales y, entre ellos el asociado
al fenómeno volcánico.
Acciones a tomar
Las principales acciones recomendadas por la Organización de
las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura
(UNESCO) y la Asociación Internacional de Volcanología
y Química del Interior de la Tierra (IAVCEI) para reducir el
riesgo asociado al peligro volcánico son fundamentalmente tres:
(1) elaborar mapas de zonificación de la peligrosidad volcánica,
que son de utilidad para identificar y delimitar las zonas con un mayor
nivel de peligrosidad con la finalidad de realizar un uso más
racional del territorio, (2) materializar un enfoque multidisciplinar
para la vigilancia volcánica, en constante renovación
con el desarrollo tecnológico, con la finalidad de mejorar y
optimizar los sistemas de alerta temprana de futuras erupciones volcánicas,
y (3) elaborar planes de emergencia que puedan ser ensayados por la
población, pero no en los momentos de crisis, sino como entrenamientos
previos con la finalidad de educar a la población sobre el tipo
de amenaza natural que representa el fenómeno volcánico.
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Estación
geoquímica stationflux situada en flanco este
del volcán San Miguel.
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Las dos primeras son acciones puramente científico-técnicas,
y el usuario final de sus resultados deben ser los sistemas de Protección
Civil existentes en cada país. Estos a su vez deben ser los responsables
de ejecutar la tercera de las acciones que recomienda la comunidad científica
y política internacional para la reducción del riesgo
volcánico.
Cuando el uso del territorio ya tiene una importante tradición
histórica, cultural y económica que hace difícil
su planificación en función de la peligrosidad volcánica,
la mayor parte de los esfuerzos técnicos para reducir el riesgo
volcánico deben destinarse a potenciar el sistema de vigilancia.
Este es el escenario de El Salvador y del resto de América Central
donde la mayor parte de la población se asienta a lo largo de
la cadena volcánica Centroamericana. Sin embargo, los programas
de vigilancia volcánica instrumental en la mayor parte de los
volcánes activos localizados en esta región carecen de
un enfoque multidisciplinar ya que sólo cuentan con el uso y
la aplicación de métodos geofísicos convencionales,
principalmente redes sísmicas.
A raíz de los desastrosos terremotos ocurridos a principios de
2001 en El Salvador, la Universidad de El Salvador (UES) y el Ministerio
de Medio Ambiente y Recursos Naturales (MARN) solicitaron al Gobierno
Español, a través de la Agencia Española de Cooperación
Internacional, la asistencia técnica del Instituto Tecnológico
y de Energías Renovables (ITER), organismo dependiente del Cabildo
Insular de Tenerife (Islas Canarias, España), para evaluar el
impacto que estos fuertes movimientos sísmicos pudieran ejercer
sobre los principales sistemas volcánicos Salvadoreños
y materializar acciones destinadas a contribuir a la reducción
del riesgo volcánico en El Salvador.
El objetivo de la misión científica Española durante
esta asistencia técnica ha consistido fundamentalmente en proporcionar
un enfoque multidisciplinar al programa de vigilancia volcánica
instrumental en El Salvador prestando una especial atención a
la monitorización de los gases que emiten los volcánes
Salvadoreños con la finalidad de cumplimentar la segunda de las
directrices recomendadas por la comunidad científica y política
internacional para contribuir a la reducción del riesgo volcánico.
Los vulcanólogos han reconocido desde hace tiempo que los gases
disueltos en el magma - rocas fundidas en el interior de la Tierra -
proporcionan la fuerza motriz de las erupciones volcánicas. En
profundidad y altas presiones bajo la superficie de la Tierra, los gases
que emiten los volcánes se encuentran disueltos en estas rocas
fundidas o magma. Pero cuando el magma asciende hacia la superficie
donde la presión es relativamente inferior, los gases disueltos
en las rocas fundidas empiezan a formar burbujas muy pequeñas.
El aumento de volumen que adquiere como consecuencia de la formación
de las burbujas de gas hace que el magma sea menos denso que las rocas
que rodean al cuerpo magmático, y por consiguiente; esta menor
densidad permite que el magma continúe su ascenso hacia la superficie
produciéndose por último las erupciones volcánicas.
Aún cuando es ampliamente aceptada por la comunidad científica
internacional la relevancia extrema de los gases en el fenómeno
volcánico, ya que estos volátiles afectan profundamente
la dinámica del ascenso de magma y así como la actividad
eruptiva, sólo recientemente el desarrollo de nuevas tecnologías
ha permitido la realización de medidas rutinarias de diferentes
tipos y de gases que son emitidos por los volcánes.
Los primeros indicios
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El
interior de una estación geoquímica STATIONFLUX
contiene instrumentos precisos para la monitorización de
la emisión difusa de dióxido de carbono.
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Los gases de azufre y los vapores de agua son generalmente
los primeros detalles que las personas perciben cuando visitan un volcán
activo, pero otro importante número de gases también se
escapan a la atmósfera a través de manifestaciones visibles
como los hervideros, fumarolas y penachos volcánicos, así
como a través de los suelos, en forma difusa y dispersa, también
conocidas como manifestaciones no-visibles. Los gases volcánicos
se escapan a la atmósfera no sólo cuando el magma asciende
hacia la superficie durante las erupciones volcánicas sino también
cuando el magma se enfría y se cristaliza en profundidad durante
periodos no-eruptivos.
Un claro objetivo en la monitorización o vigilancia de los gases
volcánicos es determinar cambios en la liberación de ciertos
gases procedentes del volcán que nos puedan indicar cambios de
las condiciones del sistema volcánico en profundidad. Estos cambios
en la emisión y en la composición química de los
gases volcánicos pueden ser utilizados junto a otras técnicas
de vigilancia más convencionales, para mejorar y optimizar la
sistemática de detección de señales de alerta temprana
sobre futuras y posibles erupciones volcánicas, y por consiguiente,
mejorar nuestro conocimiento de cómo funcionan los volcánes.
Como decía el profesor japonés Sadao Matsu los gases
volcánicos son un telegrama procedente del interior de la Tierra,
y su buena interpretación será de una gran utilidad para
mejorar los programas de vigilancia volcánica.
La Red Geoquímica Salvadoreña, donada por la Cooperación
Española e instalada por el equipo científico UES-ITER,
es una red de vigilancia volcánica instrumental que tiene por
objeto mejorar el programa de vigilancia volcánica en El Salvador
con la finalidad de optimizar la detección de señales
de alerta temprana de futuras y posibles crisis volcánicas que
pudieran ocurrir en el país. Con la puesta en marcha de esta
red geoquímica se logra proporcionar un enfoque multidisciplinar
a la vigilancia volcánica instrumental en El Salvador y, por
lo tanto, cumplimentar la segunda de las acciones científico-técnicas
que recomienda la comunidad científica y política internacional
para contribuir a la reducción del riesgo volcánico.
Esta red esta compuesta por cuatro estaciones geoquímicas STATIONFLUX
que nos permiten realizar en modo continuo el registro de la emisión
difusa de dióxido de carbono (CO2) y sulfuro de hidrógeno
(H2S) en los volcánes de San Miguel, San Salvador, San Vicente
y Santa Ana-Izalco-Coatepeque mediante el empleo de sensores de infrarrojo
y electroquímicos, así como por dos estaciones geoquímicas
GASWATER que nos permiten realizar un registro en modo continuo de los
niveles de gas radón y torón (222Rn y 220Rn) disueltos
en las aguas subterráneas de los volcánes de San Salvador
y San Miguel mediante espectrómetros alfa de tipo electrostático.
El aporte científico
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Equipo
de trabajo español-salvadoreño compuesto por personal
de la Universidad de El Salvador (UES), el Instituto Tecnológico
de Energías Renovables (ITER, Tenerife), el Ministerio
de Medio Ambiente y el GRP de la PNC.
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Hasta la actualidad la Red Geoquímica Salvadoreña
ha proporcionado datos de un gran interés científico y
con importantes implicaciones sobre los programas para la reducción
del riesgo sísmico y volcánico en El Salvador. Aún
cuando la finalidad de las estaciones instaladas es mejorar la vigilancia
de los sistemas volcánicos de Santa Ana-Izalco-Coatepeque, San
Salvador, San Vicente, y San Miguel, estas estaciones pueden ser útiles
para la detección de señales precursoras de terremotos
que ocurran en las cercanías de estos volcánes. Los cambios
de esfuerzos que ocurren en el subsuelo asociados a la fase de preparación
de un terremoto pueden incrementar la presión de los gases que
se encuentran en los sistemas volcánicos en profundidad, y estos
cambios se pueden observar en superficie a través de fluctuaciones
en la tasa de emisión de determinados gases.
El equipo científico UES-ITER a través de la estación
geoquímica instalada en el volcán San Vicente fue capaz
de detectar una señal precursora del terremoto de magnitud 5.1
ocurrido el pasado 8 de mayo de 2001, en las cercanías de la
ciudad de San Vicente, núcleo urbano fuertemente afectado por
el terremoto de magnitud 6.1 ocurrido el 13 de febrero de 2001. Estos
resultados han sido recientemente publicados por la prestigiosa revista
científica Earth and Planetary Science Letters.
Otro de los resultados de interés obtenidos a través de
esta red geoquímica donada por la Cooperación Española
ha sido detectar una señal precursora de una pequeña crisis
volcánica ocurrida en el volcán San Miguel el pasado 16
de enero de 2002. Esta pequeña crisis se caracterizó por
la presencia de un penacho de gases y cenizas volcánicas que
ascendía unos cuantos cientos de metros por encima del cráter
del volcán, y que estuvo acompañada por una microsismicidad
anómala en el volcán San Miguel dónde se registraron
del orden de 75 microsismos entre las 7:30 y 10:30 horas del día
16 de enero de 2002 según informaciones del SNET. Diez días
antes que ocurriera esta pequeña crisis volcánica, se
observó un incremento muy significativo en los niveles de emisión
difusa de dióxido de carbono (CO2) registrados por la estación
geoquímica ubicada en el flanco este del volcán San Miguel.
Con la puesta en marcha de esta red instrumental donada por la Cooperación
Española, El Salvador es el primer país Latinoamericano
que cuenta con una red geoquímica instrumental para la vigilancia
volcánica. Los buenos resultados obtenidos por esta red instrumental
animan y sugieren expandir esta experiencia de la Cooperación
Española en El Salvador al resto de la región Centroamericana
con la finalidad de proporcionar un enfoque multidisciplinar a la vigilancia
volcánica en la región y de esta forma contribuir a fortalecer
los esfuerzos nacionales e internacionales destinados a la reducción
del riesgo volcánico en América Central. Otro de los beneficios
colaterales que ha supuesto estos trabajos de la Cooperación
Española en El Salvador, ha sido contribuir al impulso de la
creación del Instituto de Ciencias de la Tierra en la Universidad
de El Salvador (ICIT-UES) así como su proyección internacional
mediante su participación en publicaciones científicas
de prestigio internacional, y la incorporación del ICIT-UES en
la red mundial de observatorios vulcanológicos.
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