13 de julio de 2003


LA COLUMNA

Erick L. Lemus
vertice@elsalvador.com

Manía con el deporte

En 1960 pidió asilo en la embajada Argentina y abandonó Cuba el 25 de febrero de 1961. Se convirtió en instructor de la CIA en Miami.

En Estados Unidos era conocido como un atractivo oficial de inteligencia miembro de la Brigada 2506, en Fort Benning, Georgia, en 1962.

En Venezuela, en 1978, saltó a la opinión pública como prisionero después de la explosión de un vuelo de Cubana de Aviación, donde murieron 73 pasajeros, entre ellos atletas cubanos.

La vida de Luis Posada Carrilles, amigo entrañable de salvadoreños que lo recuerdan en el campo de tiro de Changallo, Ilopango, es algo más compleja que su autobiografía (donde se autocensura, por razones obvias) y las declaraciones contradictorias que ofrece a la prensa, tanto en la clandestinidad como ahora tras las rejas.

Lo que ni las autoridades estadounidenses ni cubanas obvian es que Posada Carriles es un ex miembro de la CIA, que en 1964, lideró un campamento de entrenamiento de elementos pertenecientes a la organización denominada JURE.
Este anciano de gestos afables, ingeniero químico titulado en la Universidad de La Habana, ha estado marcado toda su vida.

Para los cubanos residentes en Miami es un héroe. Syla Cuervo, autora del prólogo de “Los caminos del guerrero”, lo describe como miembro de “una raza de hombres en vías de extinción” donde “el honor, la lealtad, el valor, el amor a la tierra que los vio nacer forman su carácter, condición y estilo de vida”.

Los cubanos también lo recuerdan como autor intelectual de los atentados terroristas contra hoteles habaneros en 1997; aunque él lo niega. Posada rechaza la investigación periodística hecha por el Miami Herald publicada en noviembre de 1997 y que entrevistó decenas de oficiales de seguridad, amigos de los salvadoreños presos en La Habana, personas de origen cubano y otras en Miami, El Salvador, Guatemala y Honduras.

Pero, lamentablemente, de Posada Carriles no se sabe cómo escogió a una salvadoreña como pareja y que lo acompañó hasta la muerte; de hecho, ella falleció víctima de cáncer.

Tampoco sabemos de los dotes artísticos de Posada y su estancia en las calles de Antigua Guatemala, donde vivía elaborando y vendiendo paisajes. Lo cierto es que no es la primera vez que a Posada se relaciona en un atentado.

En 1971, en ocasión de la visita de Castro a Chile, Perú y Ecuador, Posada Carriles se dice que planeó la realización de un atentado junto a miembros de la organización Alfa 66. El anciano es una caja de “pandora” que nunca ha simpatizado con el deporte cubano, sin duda.


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