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CARTAS
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País
de las maravillas
Érase una
vez un reino, que por ser tan pequeñito, se ganó
el mote del pulgarcito de América. Su Rey, un moreno adusto,
ceremonioso, muy político, le gustaba reunir a su pueblo
y contarles cuentos; algunos eran leyendas verídicas, otras
eran solamente eso: cuentos.
Como vivían cerca del mar muchas sirenas venían
a visitarlos y a ellos les encantaban sus cantos. Hubo cierta
vez que llegó hasta la orilla uno de los más viejos
sirenos, que con su larga barba y su gesto sentencioso más
parecía el mismísimo Tritón.
Les contó que existía un reino maravilloso, en el
cual toda la gente tenía prosperidad, sus ejércitos
eran efectivos, que no tenían problemas con invasiones
bárbaras que les robaran todas sus posesiones, que había
tierra para todos, que nadie se enfermaba.
Los pulgareños empezaron a soñar, desesperados con
su situación. Su reino se había convertido en el
país de las maravillas pero de los vándalos que
se escapaban de las mazmorras, funcionarios corruptos que prometían
llevar agua y se quedaban con su dinero, otros eran dueños
del sistema de carretas; los peores, hablaban abiertamente de
compras de voluntades, de juristas corruptores de menores, de
hechiceros ambiciosos que solamente les gustaba figurar para lograr
adquirir una cuota de poder.
Más lo que no sabían es que este viejo y astuto
pez lo que quería era llevarse a todo el pueblo a las profundidades
del mar y ahogarlos en la mentira de las promesas falsas.
Lástima que los pulgareños olvidaron la verdadera
maravilla que se llevaba día a día en aquel pequeño
reino, hacía 11 años.
Eloísa Montalvo
Eloísa_5kc@msn.com
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¿Cuánto
saben?
El motivo de mi email es para consultar sobre un tema de mucha importancia
y es sobre si en el país la población en general está
preparada o tiene conocimientos básicos de cómo prevenir
incendios.
Si las autoridades competentes hacen su labor o qué hacen por
prevenirlos; si la población sabe como afrontarlos; si las autoridades
competentes saben, ya que los eventos de este tipo (incendios) van en
aumento y -no solo eso- dañan la economía de las empresas,
sino el desarrollo del país.
Ricardo
Miguel Sosa
rmsosar@hotmail.com
Robo
de carros
El robo de vehículos en El Salvador, específicamente en
la ciudad capital, sufre un alarmante incremento. Nada menos he sido
víctima de estos malhechores en dos oportunidades en este año,
en menos de dos meses, y es una situación desesperante.
Hasta hace poco residía en la residencial reparto Santa Clara
de San Jacinto, en donde primero me hurtaron un pick up año 88
y, luego, pasados unos dos meses me robaron a punta de pistola el segundo
pick up año 1998.
Después de esto he sabido de dos hurtos más en la última
semana, en la misma zona; la policía no hace lo suficiente para
contrarrestar los robos, a pesar de que el reparto cuenta con una vigilancia
privada; pero ¿qué son dos vigilantes para más
de 10 pasajes?
Me siento en el deber de exigir una investigación exhaustiva
de parte de los medios que pueden mover la opinión pública
para frenar esta situación. Tarde o temprano esto puede terminar
en ajustes de cuentas y salirse del control por falta de garantías
ciudadanas para combatir estos actos delincuenciales. Creo que somos
más los ciudadanos honrados que vivimos en este país.
No es justo que una minoría atemorice a la mayoría.
Roger
Angel
DUI 02735932-3
Más
cobros injustos
No concebimos que las autoridades no se hayan dado cuenta del nuevo
rubro que tenemos que pagar los salvadoreños a la empresa a cargo
de la privatización en tránsito.
La empresa ha dispuesto que los propietarios de los vehículos
al refrendar sus tarjetas de circulación anual, que cuestan $11.43,
ahora paguen la suma de DIECISIETE dólares con cuarenta y tres
centavos. Es un cobro injusto.
¿Hasta cuándo seguiremos siendo víctimas de la
voracidad de empresas extranjeras, sin que las instituciones encargadas
de velar por nuestros intereses, intervengan?
Carlos
Edmundo Herrarte
DUI 2318889-3
En
descontento
Considero que la profesora de educación física, señorita
Sonia, actuó de forma repugnante contra los niños el pasado
domingo en los intramuros del Divina Providencia. Hizo llorar a tres
niños de segundo grado porque de la forma más cruel les
decía ¡fuera!
En el micrófono decía a gritos que se salieran fotógrafos
y toda la gente de la cancha. Me conmovió el deseo de los niños.
Angelita
de Delgado
delgadoangelita@latinmail.com
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