13 de julio de 2003


CARTAS

Redacción Vértice
vertice@elsalvador.com

País de las maravillas

Érase una vez un reino, que por ser tan pequeñito, se ganó el mote del pulgarcito de América. Su Rey, un moreno adusto, ceremonioso, muy político, le gustaba reunir a su pueblo y contarles cuentos; algunos eran leyendas verídicas, otras eran solamente eso: cuentos.
Como vivían cerca del mar muchas sirenas venían a visitarlos y a ellos les encantaban sus cantos. Hubo cierta vez que llegó hasta la orilla uno de los más viejos sirenos, que con su larga barba y su gesto sentencioso más parecía el mismísimo Tritón.
Les contó que existía un reino maravilloso, en el cual toda la gente tenía prosperidad, sus ejércitos eran efectivos, que no tenían problemas con invasiones bárbaras que les robaran todas sus posesiones, que había tierra para todos, que nadie se enfermaba.
Los pulgareños empezaron a soñar, desesperados con su situación. Su reino se había convertido en el país de las maravillas pero de los vándalos que se escapaban de las mazmorras, funcionarios corruptos que prometían llevar agua y se quedaban con su dinero, otros eran dueños del sistema de carretas; los peores, hablaban abiertamente de compras de voluntades, de juristas corruptores de menores, de hechiceros ambiciosos que solamente les gustaba figurar para lograr adquirir una cuota de poder.
Más lo que no sabían es que este viejo y astuto pez lo que quería era llevarse a todo el pueblo a las profundidades del mar y ahogarlos en la mentira de las promesas falsas.
Lástima que los pulgareños olvidaron la verdadera maravilla que se llevaba día a día en aquel pequeño reino, hacía 11 años.

Eloísa Montalvo
Eloísa_5kc@msn.com

¿Cuánto saben?

El motivo de mi email es para consultar sobre un tema de mucha importancia y es sobre si en el país la población en general está preparada o tiene conocimientos básicos de cómo prevenir incendios.
Si las autoridades competentes hacen su labor o qué hacen por prevenirlos; si la población sabe como afrontarlos; si las autoridades competentes saben, ya que los eventos de este tipo (incendios) van en aumento y -no solo eso- dañan la economía de las empresas, sino el desarrollo del país.

Ricardo Miguel Sosa
rmsosar@hotmail.com



Robo de carros

El robo de vehículos en El Salvador, específicamente en la ciudad capital, sufre un alarmante incremento. Nada menos he sido víctima de estos malhechores en dos oportunidades en este año, en menos de dos meses, y es una situación desesperante.
Hasta hace poco residía en la residencial reparto Santa Clara de San Jacinto, en donde primero me hurtaron un pick up año 88 y, luego, pasados unos dos meses me robaron a punta de pistola el segundo pick up año 1998.
Después de esto he sabido de dos hurtos más en la última semana, en la misma zona; la policía no hace lo suficiente para contrarrestar los robos, a pesar de que el reparto cuenta con una vigilancia privada; pero ¿qué son dos vigilantes para más de 10 pasajes?
Me siento en el deber de exigir una investigación exhaustiva de parte de los medios que pueden mover la opinión pública para frenar esta situación. Tarde o temprano esto puede terminar en ajustes de cuentas y salirse del control por falta de garantías ciudadanas para combatir estos actos delincuenciales. Creo que somos más los ciudadanos honrados que vivimos en este país. No es justo que una minoría atemorice a la mayoría.

Roger Angel
DUI 02735932-3


Más cobros injustos

No concebimos que las autoridades no se hayan dado cuenta del nuevo rubro que tenemos que pagar los salvadoreños a la empresa a cargo de la privatización en tránsito.
La empresa ha dispuesto que los propietarios de los vehículos al refrendar sus tarjetas de circulación anual, que cuestan $11.43, ahora paguen la suma de DIECISIETE dólares con cuarenta y tres centavos. Es un cobro injusto.
¿Hasta cuándo seguiremos siendo víctimas de la voracidad de empresas extranjeras, sin que las instituciones encargadas de velar por nuestros intereses, intervengan?

Carlos Edmundo Herrarte
DUI 2318889-3



En descontento

Considero que la profesora de educación física, señorita Sonia, actuó de forma repugnante contra los niños el pasado domingo en los intramuros del Divina Providencia. Hizo llorar a tres niños de segundo grado porque de la forma más cruel les decía ¡fuera!
En el micrófono decía a gritos que se salieran fotógrafos y toda la gente de la cancha. Me conmovió el deseo de los niños.

Angelita de Delgado
delgadoangelita@latinmail.com

 



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