13 de abril de 2003

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Erick L. Lemus
vertice@elsalvador.com

Los nuevos blancos de guerra

El periodismo nunca ha salido endeble de una guerra. Desde siempre, los periodistas han sufrido la peor parte de un conflicto. O pueden ser víctimas del fanatismo de unos o del endurecimiento oficial de otros. Nunca tienen escapatoria, pero son contados los casos donde se ejecutan -en vivo y en directo- a quienes están tras el lente de una cámara y cuya única arma es la pluma que tienen entre los dedos. Al filo del sitio a Bagdad, la lección que ofreció el artillero del blindado M2/M3 al girar la torreta y soltar una ráfaga contra el hotel Palestina es ejemplificante para saber cómo se caracterizarán las relaciones entre los instrumentos del poder y el ejercicio periodístico en Occidente en el siglo 21.

La muerte de José Couso, cámara español de Tele5, y Taras Protsuk, cámara ucraniano de Reuter, y el misil aliado que cayó sobre la humanidad de Tareq Ayoub, corresponsal de Al Jazeera, nos muestra cuan frágil será la línea de la tolerancia entre los bandos de un conflicto y quienes informan.

Es decir, el periodista siempre se verá enfrentado a no menos de dos puntos de vista, que nunca coincidirán con su misión: informar desde todos los ángulos; no solo desde las espaldas del soldado aliado o de la mano del chaperón que asigna la censura castrense. ¿Qué pasa cuando se rompe con esa estructura? ¿El periodista se convierte en un objetivo de guerra? Nadie lo puede asegurar, pero las imágenes son elocuentes.

Otro ejemplo y menos televisado y, de hecho, muy ignorado por la opinión pública internacional es la última maniobra de Fidel Castro en La Habana. El reconocido poeta y periodista independiente Raúl Rivero y Ricardo González Alfonso, el editor de la revista De Cuba y representante de Reporteros Sin Fronteras en la isla, fueron sentenciados a 20 años de prisión.

Las sentencias se emitieron en virtud de la ley 88 de protección de la independencia nacional y de la economía en Cuba. Ambos periodistas se encuentran entre unos 80 cubanos acusados de “conspiración” contra el estado.

Alberto Ibargüen, Presidente de The Miami Herald Publishing Co. y editor de The Miami Herald y El Nuevo Herald, dice que su verdadero delito fue que “han expresado sus opiniones, firmado peticiones y escrito artículos. Se han congregado en las casas de unos y otros para hablar de política y de cómo construir una Cuba mejor”. Rivero tuvo múltiples oportunidades de abandonar la isla, pero las rechazó.

La policía le confiscó una recopilación de los discursos de Martin Luther King, autografiada por el ex presidente Jimmy Carter. Paradoja. El libro es evidencia de sus ideas subversivas.

elemus@elsalvador.com


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