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LA
COLUMNA
Erick
L. Lemus
vertice@elsalvador.com
Los nuevos blancos de guerra
El
periodismo nunca ha salido endeble de una guerra. Desde siempre, los
periodistas han sufrido la peor parte de un conflicto. O pueden ser
víctimas del fanatismo de unos o del endurecimiento oficial de
otros. Nunca tienen escapatoria, pero son contados los casos donde se
ejecutan -en vivo y en directo- a quienes están tras el lente
de una cámara y cuya única arma es la pluma que tienen
entre los dedos. Al filo del sitio a Bagdad, la lección que ofreció
el artillero del blindado M2/M3 al girar la torreta y soltar una ráfaga
contra el hotel Palestina es ejemplificante para saber cómo se
caracterizarán las relaciones entre los instrumentos del poder
y el ejercicio periodístico en Occidente en el siglo 21.
La muerte de José Couso, cámara español de Tele5,
y Taras Protsuk, cámara ucraniano de Reuter, y el misil aliado
que cayó sobre la humanidad de Tareq Ayoub, corresponsal de Al
Jazeera, nos muestra cuan frágil será la línea
de la tolerancia entre los bandos de un conflicto y quienes informan.
Es decir, el periodista siempre se verá enfrentado a no menos
de dos puntos de vista, que nunca coincidirán con su misión:
informar desde todos los ángulos; no solo desde las espaldas
del soldado aliado o de la mano del chaperón que asigna la censura
castrense. ¿Qué pasa cuando se rompe con esa estructura?
¿El periodista se convierte en un objetivo de guerra? Nadie lo
puede asegurar, pero las imágenes son elocuentes.
Otro ejemplo y menos televisado y, de hecho, muy ignorado por la opinión
pública internacional es la última maniobra de Fidel Castro
en La Habana. El reconocido poeta y periodista independiente Raúl
Rivero y Ricardo González Alfonso, el editor de la revista De
Cuba y representante de Reporteros Sin Fronteras en la isla, fueron
sentenciados a 20 años de prisión.
Las sentencias se emitieron en virtud de la ley 88 de protección
de la independencia nacional y de la economía en Cuba. Ambos
periodistas se encuentran entre unos 80 cubanos acusados de conspiración
contra el estado.
Alberto Ibargüen, Presidente de The Miami Herald Publishing Co.
y editor de The Miami Herald y El Nuevo Herald, dice que su verdadero
delito fue que han expresado sus opiniones, firmado peticiones
y escrito artículos. Se han congregado en las casas de unos y
otros para hablar de política y de cómo construir una
Cuba mejor. Rivero tuvo múltiples oportunidades de abandonar
la isla, pero las rechazó.
La policía le confiscó una recopilación de los
discursos de Martin Luther King, autografiada por el ex presidente Jimmy
Carter. Paradoja. El libro es evidencia de sus ideas subversivas.
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