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LA
COLUMNA
Seis
años de vértigo
Un 12 de octubre de 1997 nació el producto
que ustedes leen cada domingo bajo un título de suspenso: Los
extraños crímenes del beeper 5340.
Un mes antes había cruzado el dintel de la sala de redacción
para sumarme a dos almas en pena que buscaban hacer un poco de periodismo
literario. Un costarricense llamado Lafitte Fernández nos había
ido seleccionando poco a poco. Juan Bosco Martín y Alberto Fernández
estuvieron jugando unos meses antes construyendo historias y yo era
la pieza local. Al inicio, bajo el estigma de acompañar a tres
extranjeros, el resto de la sala de redacción me negó
unas palabras o el saludo cordial. Recuerdo que salvo Francisco Ayala
Silva y el entrañable departamento de fotografía (a donde
siempre han llegado especímenes de colección como Meco,
el hombre murciélago; Neto, el papá cusuco; Gerbi, el
caballito y tantos etcéteras más) no hubo más con
quien buscar crónicas. Vértice cumple 309 ediciones y
seis años de existencia este domingo. El tiempo ha volado como
un girón de nube y por esta micro sala de redacción han
venido amistades, enemistades, investigaciones, denuncias, amenazas,
miedos, osadías y locuras. Sin quererlo, pero bajo el yugo de
ser finiquitados cada semana por el ojo del lector, uno de los productos
más serios de este periódico ha tenido la dicha de enlistar
-entre sus filas- a nombres como Raúl Gallegos, un especialista
en economía que adora la vorágine neoyorquina; Juan Bosco
Martín, posicionado en la sub dirección de la Maestría
de Gestión de Empresas de la Comunicación, en la Universidad
de Navarra; Alberto Fernández, en el periódico La Razón,
de España; Claudia Rivera, purgada de La Prensa Gráfica
y luego artífice del primer Premio Iberoamericano de la Niñez
gracias a un trabajo memorable hecho junto a Sarah Currlin, hoy, en
LPG. Los cuatro editores que me precedieron (Alberto, Juan Bosco, Sandra
Moreno, José Luis Sánz) imprimieron su estilo con brillos
y desaciertos, como los que -sin duda- he cometido yo. Nadie es non
plus ultra en el oficio de imprimir reportajes. Quien pierda de vista
ese simple hecho no llega lejos. Aterriza más temprano que tarde
las narices en el barro. En 2001, cuando regresé a la revista
con la responsabilidad de editarla, muchas cosas habían cambiado
y otras venían en camino. Por ahora, el equipo ha perdido a otro
de sus elementos, Víctor Hugo Dueñas (que pasó
a dirigir la sección online) pero se siente satisfecho de tener
un equipo con el cual interpretamos lo que pasa en las calles de San
Salvador y donde precisan ayuda. Will, Alicia, Mirella, Álvaro
y un servidor les decimos gracias por soportarnos.
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