12 de octubre de 2003


LA COLUMNA

Erick L. Lemus
vertice@elsalvador.com

Seis años de “vértigo”

Un 12 de octubre de 1997 nació el producto que ustedes leen cada domingo bajo un título de suspenso: “Los extraños crímenes del beeper 5340”.
Un mes antes había cruzado el dintel de la sala de redacción para sumarme a dos almas en pena que buscaban hacer un poco de periodismo literario. Un costarricense llamado Lafitte Fernández nos había ido seleccionando poco a poco. Juan Bosco Martín y Alberto Fernández estuvieron jugando unos meses antes construyendo historias y yo era la pieza local. Al inicio, bajo el estigma de acompañar a tres extranjeros, el resto de la sala de redacción me negó unas palabras o el saludo cordial. Recuerdo que salvo Francisco Ayala Silva y el entrañable departamento de fotografía (a donde siempre han llegado especímenes de colección como Meco, el hombre murciélago; Neto, el papá cusuco; Gerbi, el caballito y tantos etcéteras más) no hubo más con quien buscar crónicas. Vértice cumple 309 ediciones y seis años de existencia este domingo. El tiempo ha volado como un girón de nube y por esta micro sala de redacción han venido amistades, enemistades, investigaciones, denuncias, amenazas, miedos, osadías y locuras. Sin quererlo, pero bajo el yugo de ser finiquitados cada semana por el ojo del lector, uno de los productos más serios de este periódico ha tenido la dicha de enlistar -entre sus filas- a nombres como Raúl Gallegos, un especialista en economía que adora la vorágine neoyorquina; Juan Bosco Martín, posicionado en la sub dirección de la Maestría de Gestión de Empresas de la Comunicación, en la Universidad de Navarra; Alberto Fernández, en el periódico La Razón, de España; Claudia Rivera, purgada de La Prensa Gráfica y luego artífice del primer Premio Iberoamericano de la Niñez gracias a un trabajo memorable hecho junto a Sarah Currlin, hoy, en LPG. Los cuatro editores que me precedieron (Alberto, Juan Bosco, Sandra Moreno, José Luis Sánz) imprimieron su estilo con brillos y desaciertos, como los que -sin duda- he cometido yo. Nadie es non plus ultra en el oficio de imprimir reportajes. Quien pierda de vista ese simple hecho no llega lejos. Aterriza más temprano que tarde las narices en el barro. En 2001, cuando regresé a la revista con la responsabilidad de editarla, muchas cosas habían cambiado y otras venían en camino. Por ahora, el equipo ha perdido a otro de sus elementos, Víctor Hugo Dueñas (que pasó a dirigir la sección online) pero se siente satisfecho de tener un equipo con el cual interpretamos lo que pasa en las calles de San Salvador y donde precisan ayuda. Will, Alicia, Mirella, Álvaro y un servidor les decimos gracias por soportarnos.


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