12 de enero 2003

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A DOS AÑOS DE LA TRAGEDIA
Demandas a todo nivel

El terremoto del 13 de enero de 2001 dejó más de medio millar de muertos y cerca de 300 viviendas
destruidas sólo en el área de Las Colinas, en Nueva San Salvador, a causa del derrumbe de una
sección de la cordillera de El Bálsamo. Esto ha llevado a los afectados a demandar al Estado ante
la Corte Suprema y la OEA. Por el derecho a la vida, la Corte dijo que no era posible procesar las demandas


Alberto López
vertice@elsalvador.com

Cada 2 de noviembre y 13 de enero, familiares y amigos de víctimas mortales en Las Colinas depositan ofrendas florales en el lugar de la tragedia.

Se desconoce aún el tiempo que lleve el trámite de las demandas en la Corte y ante la OEA por el derrumbe de Las Colinas. Los demandantes han recibido dos reveses en la Corte: no poder trami-tar el derecho a la vida y el retraso del proceso


Los afectados por el derrumbe del terremoto de enero de 2001 en Las Colinas, Nueva San Salvador, La Libertad, han emprendido demandas a todo nivel, tanto en la Corte Suprema como en el extranjero.
La avalancha de lodo, piedras y árboles destruyó alrededor de 300 viviendas y acabó con la vida de cerca de 500 personas.
El primer grupo de demandas fue presentado el 3 de julio de 2001. Hasta la fecha, el total de querellas ante la Sala de lo Constitucional pasa de las 200.
La Fundación de Estudios para la Aplicación del Derecho (FESPAD) presentó una demanda contra el Estado salvadoreño en la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, dependencia de la Organización de Estados Americanos (OEA).
Ésta fue presentada el 5 de septiembre de 2002. El argumento es que el gobierno falló en su responsabilidad de velar por el bienestar de la población al permitir la construcción de viviendas al pie de la cordillera de El Bálsamo, al sur de Nueva San Salvador.
Se pide reparar e indemnizar el daño material, moral y psicológico de las víctimas por no haber cumplido el Estado con sus obligaciones de respeto y garantía que permitieran el goce pleno de los derechos, entre los que sobresale la vida.
Precisamente en este derecho, la Sala de lo Constitucional de la Corte no admitió el proceso de las demandas de amparo. Los derechos procesados son a la propiedad, a la seguridad jurídica y a la vivienda.
La resolución del 5 de marzo del año pasado establece que el derecho a la vida es un derecho fundamental del que dependen otros derechos más y que es de carácter personal, por lo que los familiares de las víctimas no pueden venir a ostentar el derecho de ciudadanos que ya no existen físicamente.
Precisamente, por tratarse de un derecho propio de la esfera personal, “sólo el individuo que lo titulariza se encuentra habilitado para solicitar que le sea tutelado en esta vía jurisdiccional extraordinaria...”, expresa parte del fallo. La negativa de procesar la demanda por este derecho no impide, dice la Corte, buscar alternativas en los tribunales comunes de lo penal y de lo civil. Se trataría de lesiones afectivas o psicológicas por la pérdida de seres queridos. Los afectados definen como ilógica la negativa de la Corte en el derecho a la vida.

Demandas 200

La Sala de lo Constitucional de la Corte estudia más de 200 demandas de amparo, las que se han acumulado en un mismo proceso.

 

Decesos 500

Se calcula que el total de muertos en Las Colinas pasaría de 500. El derecho a la vida no es materia de estudio en la Corte.



El proceso se vuelve complejo

Puente de la corte dice que el proceso es complejo

El magistrado Mario Solano asegura que ya se le ha reclamado el retraso en el proceso de los amparos por Las Colinas, pero explica que los estudios técnicos para documentar el juicio han sido las causa del retraso y son vitales para el mismo

Los afectados por el derrumbe en Las Colinas, a causa del terremoto del 13 de enero de 2001, que han buscado amparo constitucional en la Corte Suprema deben tener paciencia para conocer un fallo definitivo en el caso.
Así lo confirmó uno de los magistrados que procesan las demandas (cerca de 267 querellas acumuladas en un mismo proceso), Mario Solano, pues el análisis jurídico constitucional depende de una gran cantidad de peritajes o estudios científicos.
“Ninguna Sala de lo Constitucional del mundo podría emitir un fallo tan delicado, tanto si hubo irresponsabilidad del Estado o si hubo un accidente desgraciado de la naturaleza, sin tomar en cuenta los peritajes necesarios”, aseguró.
El estudio de las demandas presentadas ante la Corte Suprema por el derrumbe en la residencial Las Colinas, en Nueva San Salvador, La Libertad, a consecuencia del terremoto de enero de 2001, no avanza debido a los estudios de especialistas en hidrología y geología, entre otras disciplinas, apuntó el magistrado Solano.
Los afectados, sin embargo, no están muy seguros de que, efectivamente, sean esos estudios la causa de que no se emita un fallo definitivo en más de 200 peticiones de amparo que se promueven en la Sala de lo Constitucional, desde el año pasado.
Cerca de medio millar de personas murió bajo toneladas de tierra, piedras y árboles, cuando una sección de la Cordillera del Bálsamo (Cerro La Gloria) se derrumbó sobre cientos de casas que se hallaban al pie de la montaña, durante el terremoto del 13 de enero de 2001.
A principios de 2002, la Corte admitió decenas de amparos por el argumento de violaciones a derechos como la propiedad, vivienda y seguridad jurídica.
El aspecto más importante para los demandantes fue declarado “improcedente” por la Sala de lo Constitucional en lo que se refiere al derecho a la vida.
Reclamo
El magistrado constitucionalista asegura que ya se le ha reclamado en foros públicos sobre el atraso en el proceso de los amparos. Los afectados hasta han llegado a señalar que se trata de algo a propósito para ganar tiempo en beneficio de los permisos de urbanización de una empresa constructora que edifica al otro lado de la sección de la cordillera que sepultó a Las Colinas.
Solano explica que se ha dado un trámite diligente a las demandas y, en lo posible, se ha tratado de evitar atrasos burocráticos, pero, lastimosamente, los peritajes son vitales para emitir un fallo apegado al derecho constitucional y éstos han sido la causa del retraso.
Por ejemplo, relata, la mayoría de amparos fue presentada el 3 de julio de 2001 y dos días después ya se había dado la admisión de los mismos. Para mediados del mismo mes, el Ministerio de Obras Públicas (MOP) ya había emitido su primer informe sobre las infracciones señaladas por los afectados.
En octubre del mismo año, se abrió la etapa de pruebas y en noviembre de ese año, la Oficina de Planificación del Área Metropolitana de San Salvador (OPAMSS) aseguró a la Corte, según el magistrado, que no hay por qué amparar a los afectados, ya que se trata de una percance ocasionado por la naturaleza y no es prevenible.
Solano agregó que en marzo del año pasado se ordenó con una inspección de campo que se encomendó a un juez de Paz de Nueva San Salvador, en compañía de algunos de los especialistas. En noviembre del año pasado se emitió la última diligencia en el caso, que tiene que ver también con inspecciones, añadió.
Los plazos o términos de tiempo en la Corte sólo se aplican a los informes de las partes. Los magistrados no están sujetos a plazos.

2 años

En julio próximo se cumplen dos años de que los afectados comenzaron a presentar sus peticiones de amparo.

 

5 MAGISTRADOS

La Sala de lo Constitu-cional, que estudia el proceso, está integrada por cinco magistrados. Dos de ellos finalizan gestión en junio


DEMANDANTES URGEN UN FALLO DE
LA SALA DE LO CONSTITUCIONAL

Muchos de los afectados que sobrevivieron al derrumbe en Las Colinas han tenido que volver a sus viviendas, al menos los que no sufrieron pérdida total. La zona sigue siendo de riesgo


Apoyo en Asamblea

Los afectados de Las Colinas también han buscado apoyo en la Asamblea Legislativa

Solicitud
Han presentado una pieza de correspondencia en la Comisión de Relaciones Exteriores para derogar el decreto del parque memorial.

CHINA
Pretenden que se derogue el decreto legislativo que posibilitó el parque y que financió China. Quieren la ayuda de ¢ 75 mil, pero sin dar a cambio su propiedad.



Comasagua sobrevive

El terremoto de enero de 2001 cambió el panorama de Comasagua. Las casas de bahareque o adobe y teja son cosa del pasado. Las casas de lámina son las que dominan el ambiente. Mientras, la gente continúa su vida en los cafetales, en el mercado o en sus empleos distantes, tratando de superar lo sucedido aquel día en que nueve personas murieron y sólo 33 casas del pueblo quedaron en pie.

Jorge E. Beltran
vertice@elsalvador.com

La reconstrucción del municipio de Comasagua, La Libertad, aún continúa. Muchas familias todavía no han podido reedificar de manera permanente sus viviendas.

A pesar de la destrucción, los muertos fueron pocos, y los heridos no pasaron del medio centenar. Muchos atribuyen “el milagro” a que familias enteras se encontraba entre los cafetales cuando ocurrió la tragedia

En la colonia Vene-zuela, Hugo Rafael Hernández está por cumplir su segundo año de vida. Hugo fue el primer niño que nació en Comasagua, a los tres días de ocurrido el terremoto. Es el ahijado del presidente de Venezuela, Hugo Chávez, y un símbolo de aquel duro momento para Comasagua.
En Comasagua es temporada de corta de café. Por la mañana se encuentran grupos de cortadores con canastos y costales de mezcal. Las casas, en su mayoría, lucen cerradas, deshabitadas.
Esto, aunado a las innumerables champas de lámina que proliferan a lo largo y ancho del casco del pueblo y de sus arrabales, hace imposible no recordar aquel 13 de enero.
El tema domina las pláticas que se escuchan bajo el verdor de los cafetales. Hoy, como aquel día, cientos de cortadores de café, entre hombres, mujeres, niños y ancianos, aprovechan el trabajo temporal. Los recuerdos se esparcen por toda el cafetal, como los granos de café sobre los canastos.
“Nosotros en estas laderas nos sentíamos como pulgas cuando se sacude un chucho”, asegura un anciano de manos mieludas y sucias de tanto raspar las ramitas de café.
Pero eso es cosa del pasado. Recuerdos, aunque insoslayables.
Pero como la vida debe continuar, Gloria Acevedo, una señora de 51 años, prepara el desayuno a sus tres hijos antes de que se marchen a los cafetales.
Aquel día un bloque de pared le cayó y le quebró la pierna izquierda. Después de dos años, la cura no es total. Con la herida resguardada por una venda, Gloria no descuida los quehaceres domésticos. Baja al río a lavar, a cortar leña para cocinar y acarrea agua de un manantial cercano. “Hago lo mismo que antes del terremoto”, asegura.
Bueno, casi lo mismo, porque ahora ya no va a las cortas a ganarse los cinco colones que pagan por cada arroba cortada.

Hugo Rafael es símbolo de la continuidad de la vida en Comasagua.

Por su parte, Amalia Rodríguez, una sexagenaria, aún no ha superado el trauma de perder a su nieta, Adriana Marisol Rodríguez, de 6 años, en aquel entonces.
Para Amalia, la vida también continúa, y por ello debe mañanear a los cafetales. Ayer por la mañana, en las laderas de la finca Britania, se encontraba con su canasto sujetado a la cintura; desgranaba las ramas rojas de los cafetos.
“Aquí anduviera cortando conmigo”, asegura la mujer, al recordar que Marisol era la nieta más apegada a ella. La seguía por todas partes, y a Amalia le gustaba aquel gesto. A la abuela le resulta imposible esconder las lágrimas.
Para conocer estas historias es necesario platicar con los lugareños.
Pero para ver los contrastes en el pueblo, sólo basta llegar y hacer un recorrido por sus calles. Muchas casitas de lámina se yerguen a la par de una que otra de ladrillo y duralita. Son la razón de las quejas de algunos habitantes. La fortuna no sonríe igual a todos.


Reconstrucción sigue en oriente

Usulután sufrió los embates de la madre naturaleza hace dos años. El terremoto se ensaño con esa región del oriente del país. Hoy, las ciudades más golpeadas, Santiago de María, San Agustín y Santa Elena, se levantan del suelo. Aunque falta mucho por caminar, lo más importante es, al final, la reconstrucción espiritual de las familias

Rosa Amelia Fuentes
vertice@elsalvador.com

Los proyectos habitacionales para damnificados en Santiago de María, Usulután, están en marcha. Más de 16 mil viviendas ya fueron entregadas.

Reconstruir más de 33 mil viviendas destruidas en los terremotos de 2001 no es una tarea fácil. El tesón de los salvadoreños y el apoyo de la comunidad internacional se conjugaron para hacer realidad esa obra en la zona oriental

En Usulután y, principalmente, en San-tiago de María, aún falta mucho por hacer tras los terremotos de hace dos años. En la actualidad, unas 700 familias residen en albergues como El INCAFE, otro situado en la colonia Fátima María y otro conocido como Montebello. En estos lugares, en la actualidad, los niños padecen de una epidemia de conjuntivitis.
Las familias que cuentan con sus viviendas dignas expresan que, gracias a las ONG, han podido beneficiarse. No obstante, otra gran cantidad que perdió sus techos se encuentra a la espera de tener sus propias viviendas.
De parte del Gobierno Central y las alcaldías, los esfuerzos se centraron en la rehabilitación de las vías de acceso y los servicios, como el agua potable, el tendido eléctrico y las telecomunicaciones.
Pero en la parte doméstica, el problema es complejo, ya que se necesita el esfuerzo conjunto del Gobierno, las ONG y las mismas familias. A dos años del terremoto, en Santiago de María sólo se ha levantado un 30 por ciento de viviendas. El municipio fue una de las zonas devastadas por el sismo.
Los hermanos del templo budista Yuan Heng, en el lejano Taiwán, deben estar satisfechos por la labor que desplegaron sus misioneros en El Salvador. Y es que gracias a su apoyo incondicional, unas 278 familias de Santiago de María pudieron reemprender el rumbo de sus vidas después de los terremotos de enero y febrero de 2001.
En efecto, el proyecto más grande benefició a estas familias de Santiago de María, donde los seguidores de Shidarta Gautama construyeron el asentamiento Kuan Yin, con financiamiento de la Agencia para el Desarrollo Internacional de los Estados Unidos (USAID).
Otras organizaciones que han obsequiado viviendas son Cáritas Internacional y CHF. El programa de reconstrucción fue gestionado por los miembros del templo Yuan Heng, del sur de Taiwán, y las cinco manzanas de terreno fueron donadas por FONAVIPO y la municipalidad.
Según datos oficiales, de las 33 mil 95 viviendas destruidas, sólo 16 mil 287 han sido reconstruidas con ayuda de organizaciones como CHF Internacional, Cáritas Interna-cional, World Vision, CARE, FUNDESA, REDES y FUNDAMUNI, entre otras.


La calamidad continúa

Unas 120 familias viven en la comunidad El Cobanal, en Colón. Desde hace dos años han sufrido un rosario de calamidades que empezó con el terremoto del 13 de enero. Sus cinco meses en El Cafetalón sólo fueron el inicio del calvario que los ha llevado a una vida de incertidumbre, temores y falta de cooperación

Heydi vargas
vertice@elsalvador.com

Las champas provisionales, construidas con láminas de zinc, se han convertido en permanentes para 120 familias. Durante el día, la champa es un horno por el calor. Durante la noche, es un congelador, por la baja temperatura

El terremoto sigue siendo una calamidad omnipresente para los habitantes de una abandonada comunidad de San José El Cobanal: tras dos años del sismo, todavía no tienen algo que puedan llamar hogar.
La mayoría habitaba en las comunidades San Martín II y Santa Eduviges, en Santa Tecla. El 13 de enero de 2001, su pobreza se convirtió en miseria y su humilde vivienda, en champa. Desde entonces, pasando por los difíciles cinco meses que estuvieron damnificados en El Cafetalón, la vida sigue llena de incertidumbre.
“No tenemos agua potable, la energía eléctrica la donó una ONG y todo el techo me lo volaron los vientos”, relata Catalina Lobato, una habitante de esta comunidad, ubicada al occidente de Lourdes, Colón.
Tras ser desalojadas de El Cafetalón, y llevadas a lo que sería su hogar, se encontraron con un lugar lleno de cafetales. Empezaron a limpiar el lugar y tratar de reconstruir sus vidas.
Iniciaron con champas provisionales, que luego se volvieron permanentes: láminas de zinc como cuatro paredes y techo, piso de tierra, escasos servicios básicos y el abandono de todas las autoridades que les habían prometido algo.
“En El Cafetalón vivíamos en toldos plásticos; nos pasaron a vivir acá. Murieron varias personas y queremos que nos ayuden para tener una vivienda digna”, dice Teresa Córdova, haciendo eco de lo que todos sus vecinos desean.
La vida de estas 120 familias no ha estado carente de otras desgracias adicionales: varios vecinos murieron en accidentes mientras construían sus champas.
Lo que todavía esperan es que la Alcaldía de Nueva San Salvador legalice sus lotes y les construya viviendas dignas.
El problema, según el alcalde tecleño, Óscar Ortiz, es que el Viceministerio de Vivienda les condicionó la ayuda a obras de mitigación.
“Nos propusieron (el viceministerio) que tenían que recomponer y redistribuir los lotes, y nosotros, ya con esto, no tenemos ningún problema en hacer los trámites de legalización”, dijo Ortiz.
“Ya con el aval del viceministerio, nosotros no tendríamos ningún problema que la cooperación nos ayude a construir viviendas permanentes, como se ha hecho en otras partes”, explicó el alcalde.
Con mucho esfuerzo, los habitantes presentaron los planos para la autorización al Viceministerio de Vivienda y están en la etapa de factibilidad de proyecto, y esperando la aprobación de la parcelación.

VIVIENDA: LES AYUDAREMOS
El Viceministro de Vivienda asegura que le darán asistencia técnica a El Cobanal

Las etapas

Las aprobaciones se dividen en dos partes: la primera es la factibilidad de proyecto, y la segunda, la aprobación de parcelación. La primera ya tiene permiso, y en la segunda, falta corregir el plano para su aprobación definitiva.



El olvido cobró 27 vidas

La tarde del 13 de enero de 2001, 285 familias de damnificados llegaron a La Jabonera, en El Congo, Santa Ana. A orillas de la línea férrea, levantaron sus champas y fundaron la comunidad “13 de Enero”. La ayuda llegó, pero se fue después de seis meses. A los terremotos le siguieron inundaciones, un proceso penal por usurpación y... muerte

Wenceslao Martínez hijo
vertice@elsalvador.com

Lo perdieron todo en 45 segundos. Sólo el instinto les permitió conservar la vida. La fuerza y el coraje les han permitido sobrevivir a la herencia del terremoto. Los más débiles, niños y ancianos, han ido cayendo en ese camino

En los suburbios del barrio El Tránsito, de El Congo, en Santa Ana, habitan 170 familias damnificadas. Son lo que resta de un total de 285 hogares que perdieron la casi totalidad de sus bienes durante el primer terremoto de 2001.
Allí, lo que hace falta es solidaridad. Carecen de viviendas dignas, agua potable, energía, sanitarios, medicinas, alimentos y muebles. Son, sin embargo, los dueños de fortaleza y la esperanza.
“El olvido en que nos encontramos llegó a tal punto que la Navidad no llegó a nuestros hogares”, comentó María Julia Cisneros. Antonio Cano, presidente de la directiva de la comunidad, informó que desde aquel fatídico día han muerto 27 personas, víctimas de diarreas, infecciones respiratorias agudas, desnutrición y depresiones. En su mayoría, se trata de ancianos y niños.

Un calvario

Además de sus grandes limitantes, la comunidad ha sobrevivido a seis inundaciones, fuertes vientos y un proceso judicial por usurpación promovido por Ferro-carriles Nacionales de El Salvador, FENADESAL.
La municipalidad de El Congo, a cargo de Mario Cartagena, ha movido piezas claves en un afán por ayudar a la comunidad. Logró que un Tribunal de Primera Instancia absolviera a los damnificados. Por otra parte, FENADESAL aceptó dar una prórroga para concretar la reubicación.
Un inmueble de ocho manzanas, ubicado en el barrio La Cruz, será su nuevo hogar. “No hemos descansado haciendo gestiones, de un momento a otro les daremos una sorpresa”, agregó el edil.
El 13 de enero de 2003, a las 11:35, la comunidad rezará a Dios para pedirle más coraje, esperanza y poder enfrentar la incertidumbre del futuro.

Herederos de miseria

El panorama en La Jabonera, El Congo, es conmovedor. Más de 100 familias luchan por saciar sus necesidades en una situación miserable.


FAMILIAS 170

Habitan la comunidad de damnificados “13 de Enero”, en El Congo, Santa Ana.

 

ADULTOS 340

Se rebuscan a diario para obtener alimento y abrigo para sus hijos e hijas.

 

INFANTES 400

Sobreviven de lo que sus padres obtienen. La alimentación y la vestimenta escasean.




A DOS AÑOS DE LA TRAGEDIA
Regreso al punto inicio

Fortalecerse y tomar medidas para no sufrir tanto. Son las únicas opciones que todos los sectores
del país tienen ante el hecho de que los eventos naturales que periódicamente causan estragos y
luto en el país no pueden eliminarse. Tras los terremotos de enero y febrero de 2001, se han dado
algunos pasos para tomar ese camino, pero todavía estamos en pañales.


Susana Joma
vertice@elsalvador.com

La naturaleza ha dado una muestra más de la capacidad que tiene para regenerar la tierra.

Como los salvadoreños, la tierra también se recupera de las heridas que le provocaron los terremotos. Las zonas de riesgo disminuyen, pero en ningún caso desaparecen

Desde un punto de vista socioeconómico, el regreso al país que había el 12 de enero de 2000 depende en gran medida del esfuerzo de los distintos sectores sociales. Si se tienen en cuenta las áreas de riesgo, aquellas zonas que presentaban un peligro luego de los terremotos, dos años después, el factor humano y la naturaleza han sido capaces de reducirlos de forma ostensible.
“Cuando más aumentó esa vulnerabilidad o esa amenaza por los efectos de los terremotos fue en el invierno de 2001. Pero ya dos años después, creo que estamos sin efectos de los terremotos”, afirma Carlos Pullinger, geólogo del Servicio Nacional de Estudios Territoriales (SNET).
El Director del Servicio de Geología no lanza las campanas al vuelo si de terremotos se trata. “Eso no quiere decir que si viene un terremoto esto va a estar seguro. Un terremoto es una manera de disparar derrumbes, y las lluvias son otra, pero estamos llegando otra vez a las condiciones pre-terremotos”, asegura Pullinger.
Como ejemplo, pone la parte de la Cordillera del Bálsamo que ahora tiene una capa de zacates y arbustos, y la zona del río El Desagüe. Pero aún hay otros puntos, como la quebrada El Muerto, en Guadalupe, San Vicente, que son muy susceptibles.
“Aquellos sitios que antes del terremoto presentaban la posibilidad de deslizamientos o flujo de lodo siguen siendo los más vulnerables”, explica. Se refiere, entre otros, a El Picacho en el volcán de San Salvador, el volcán de San Vicente y el de San Miguel en los sectores de Las Casitas, Los Naranjos.
Si bien la amenaza de un terremoto siempre está latente, el geólogo señala que el número de sismos sensibles ha vuelto a los niveles anteriores al terremoto.
Algunas cosas están mejores, pues el gobierno ha dado más importancia a la gestión de riesgo y se han consolidado conocimientos sobre terremotos. Hoy los especialistas están más conscientes de que la posibilidad de que un terremoto desencadene otros inmediatos no se queda en teoría.
Luego de los eventos, el equipo del SNET ha realizado, en computadora, modelos de zonas donde ocurren terremotos y que permiten establecer hacia dónde se traslada el estrés (la energía que liberan). “Lastimosamente, eso (modelo) no se puede hacer en tiempo real, porque si no estuviéramos poniendo un poco más de atención a ese sector”, explica.


Terremotos cambiaron la forma de ‘medir’ el riesgo

La idea de ordenar el país con base en las fortalezas y debilidades del territorio
cobró fuerza tras la experiencia de los terremotos. Instituciones que invierten
en infraestructura, como Educación, revisan los modelos de construcción


Tras los terremotos, todos los sectores del país adquirieron una visión más profunda sobre las vulnerabilidades del territorio salvadoreño y cómo adecuar sus proyectos a esa realidad
.

Los terremotos de enero y febrero también sacudieron las áreas de investigación que trabajan en el estudio de este tipo de fenómenos y afines. Y lo que allí quedó al descubierto es el atraso y el poco interés que a nivel estatal, hasta ese momento, se le prestaba al conocimiento de los sismos y las zonas de riesgo.
Esa mentalidad, sin embargo, cambió en los días que siguieron al 13 de enero y febrero. Así lo considera Carlos Pullinger, director del Servicio de Geología del recién creado SNET, seguro de que los eventos provocaron un cambio en la forma de pensar y hacer las cosas entre los especialistas y todos los sectores del país.
Desde el punto de vista técnico, una de las lecciones es “el traslado de energía de un sector a otro”.
Pullinger reconoce que el terremoto del 13 de febrero cayó de sorpresa a los técnicos. “Esperábamos un sismo de esa magnitud en la misma zona de subducción, pero nunca se previó que podía causar un segundo terremoto a una distancia mayor de la que normalmente se hace”, apunta el geólogo y especialista en vulcanología.
Hoy, los expertos prestan mayor atención a la tesis de que la energía liberada por un terremoto se traslada y puede llegar a activar una falla en un lugar distante del epicentro del primer sismo.
Otro aspecto que destaca el especialista es la cuestión del diseño en la construcción de las viviendas. “Ahora también se deberá tener en cuenta que los diseños de construcción deben ser elaborados tomando en cuenta los dos tipos de sismos: locales, como el del 86, y los de subducción, como el primero”.
Cada sismo tiene un tipo de movimiento y, en función de eso, las viviendas y edificios requieren ciertos elementos de seguridad.
Hasta hoy se conoce que por lo menos en el campo de la infraestructura escolar se están tomando providencias en ese sentido.
Los técnicos que laboran en ese rubro han comenzado a revisar los modelos que se ocupaban para edificar escuelas y se prepara un sistema que permitirá identificar, incluso horas después de ocurrido un desastre natural, prever el número de centros afectados y hasta el tipo de construcción e inversión que requerirá.
El mismo esfuerzo estatal debería ser correspondido en cuanto los proyectos constructivos que impulsa el sector privado.
También se han roto esquemas al impulsar la creación del mismo SNET y de registros y mapas puntuales que permitan tener un panorama real.
Antes de los terremotos, algunas instituciones habían identificados lugares de mayor peligrosidad, pero tras los terremotos se ha tomado un mayor empeño en sistematizar la información sobre los terrenos vulnerables a los deslizamientos.
Eso podría relacionarse con el hecho de que uno de los principales problemas derivados de estos terremotos fueron los deslizamientos que causaron muchas muertes.
Con todo y eso, aún tiene que trabajarse más en este campo.
Ahora hay una mayor conciencia en la prevención de desastres, y frente a ello, las instituciones se han abierto a trabajar juntas en proyectos científicos y sociales en favor de un país más seguros. “Se han dado pasos a la investigación, en los que se han involucrado otros sectores de la sociedad”, subraya Pullinger, al referirse a los proyectos que desarrollan con apoyo internacional y en coordinación con la Universidad de El Salvador, la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas y varias ONG.

Un paso adelante

La creación del Servicio de Estudios Territoriales (SNET) fortalece el control de las zonas de riesgos en el país

Un solo equipo
El SNET reúne lo que antes fue el Centro de Investigaciones Geotécnicas del Ministerio de Obras Públicas y el Servicio de Meteorología e Hidrología del Ministerio de Agricultura.

Mejoras

Tras la creación del SNET, aumentó la agenda de monitoreo y se dieron avances en el área de investigación y equipamiento. En ese sentido, la institución aprovechó el apoyo financiero de Estados Unidos, España, Noruega, República Checa y Alemania.

Gestión de Riesgos

El papel del SNET trasciende el monitoreo y la investigación, pues también desarrolla un componente de gestión de riesgo en muchas comunidades en situación de riesgo. Dedican horas a capacitar los residentes incluso a los comunicadores.

Hay carencias

Aunque la institución cuenta con su propio local, por hoy los directores de la institución resienten que hay déficit de personal técnico y vehículos, lo cual les impide dedicar más esfuerzos a la investigación.



A DOS AÑOS DE LA TRAGEDIA
En memoria de todos

Más de 600 vidas fueron segadas por el alud que se desprendió de la cordillera de El Bálsamo,
la mañana del sábado 13 de enero de 2001. A dos años de su partida, quienes los amaron mantienen
vivos los recuerdos en su memoria. EL DIARIO DE HOY, como un homenaje a todas las víctimas
de ese fatídico día, publica las imágenes de algunas de ellas.

Jaime Magaña fallecido en Las Colinas, Santa Tecla. Dallys Paola Juárez, de 16 años, falleció en Las Colinas II. Inés de Montoya junto a sus hijas Janeth, Heydi, Inés y Wendy y su cuñada Thelma América Montoya, todas murieron en la catástrofe.
Guadalupe Orellana de Hernández murió junto a su esposo. Evelyn Amaya, de 3 meses de edad, murió junto a su madre. También murió Antonio Montoya, padre de las niñas. Ellos vivían en la 14a. Calle Oriente, polígono Q # 1, en La Colina II, Santa Tecla.
Oscar Machuca falleció en La Colina II, Santa Tecla. Antonio Rivas, taxista, pereció en La Coli-na II, Santa Tecla. Jaime López, profesor, murió con su familia en La Colina II.
Silvia Evelyn de Ama-ya murió junto a su hija de 3 meses. Danny Steve Orellana pereció junto a ocho familiares más. Katya Murillo Machu-ca perdió la vida en La Colina II.
Liza Cienfuegos, estudiante, falleció en La Colina II Oscar Ernesto Machuca
falleció junto a cuatro familiares más.
Evelyn Patricia Machuca vivía en La Colina II, Santa Tecla.
José Hernández falleció junto a su esposa en La Colina II Jaqueline Esmeralda Orellana falleció en La Colina II. Lorena Marisel Orellana
falleció con ocho familiares más.


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