12 de enero de 2003

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UN RECUERDO

Vertice
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De la tragedia nació la prueba

El ideograma chino con el que se refleja una crisis también tiene otro significado: esperanza. Eso fue lo que, en el fondo, ocurrió en El Salvador tras el terremoto del 13 de enero de 2001. La tragedia y la devastación que nos heredó la fuerza telúrica nos puso a prueba a todos. De la crisis debía nacer una esperanza. Y así ocurrió.

Dos años después, miramos atrás y, aunque los muertos y los daños no los podemos olvidar, hemos recuperado terreno. Lo hicimos porque son las grandes crisis las que colocan bajo examen a un país. Muchas naciones contribuyeron y nos ayudaron a sobreponernos de la crisis. Pero también, y hay que decirlo, muchísimos sectores empresariales y sociales hicieron contribuciones enormes para darle techo a quien no lo tenía o para mitigar el dolor de quienes lloraban a sus muertos. Obviamente, la ayuda no alcanzaba ni alcanzará para todos. Somos un país pobre que miró cómo, en 45 segundos, se esfumaron muchos caminos de progreso. La lucha contra la pobreza retrocedió. La producción nacional también resultó severamente afectada. Hasta ahora se ha hecho lo que se pudo y se ha hecho bien. Nadie, por lo menos con pruebas en manos, puede decir que la ayuda extranjera se dilapidó o quedó en manos de quienes no la necesitaban. Una serie de organismos internacionales abrió puertas a sus créditos para ayudarnos a reponernos de la tragedia. Hay que aceptar que, en muchas materias, la recuperación se produjo a una velocidad mayor que la que muchos esperaban. La red vial está reconstituida. Muchas otras actividades económicas y sociales también. Podemos darnos por satisfechos no sólo porque hemos recuperado terreno y el país está de pie, sino también porque lo hemos hecho bien a base de solidaridad humana. Es obvio: queda mucho por hacer. Las tareas pendientes forman parte de un largo listado. Pero, como buenos estudiantes y evaluadores de las tragedias, lograremos recuperar, totalmente, el terreno perdido por designios de la naturaleza. Duelen muchísimo los muertos. También conocer el laberinto que debieron seguir quienes perdieron sus bienes. No obstante, en la memoria histórica de todos los salvadoreños, el 13 de enero de 2001 debe quedar como un reto que, poco a poco, hemos superado todos. La naturaleza nos castigó. Lo ha hecho por muchos siglos. Pero eso fue lo que hicimos: convertir la crisis en una esperanza.



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