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INTERNACIONAL
Grandes
negocios: la guerra y la paz
El
gobierno estadounidense ha destinado fondos para comenzar las tareas
de limpieza y reconstrucción de Irak. Buena parte de la reconstrucción
se espera obtener de inversores extranjeros.
Tras
haber ganado la guerra con muy poco dinero (79,000 millones de dólares),
el gobierno de George W. Bush aparentemente espera que la reconstrucción
de Irak pronto se pague por sí misma.
Una insignificante cantidad de 2,400 millones de dólares ha sido
asignada a la Oficina para la Reconstrucción y la Asistencia
Humanitaria de posguerra. Sin embargo, la historia sugiere fuertemente
que la reconstrucción de Irak requerirá de una cantidad
sustancial de capital extranjero, particularmente para modernizar la
anticuada industria petrolera.
¿Estados Unidos puede proporcionar los fondos necesarios, incluso
en forma de dinero del sector privado? La respuesta es sí, en
tanto otros países estén dispuestos a prestárselo
a Estados Unidos.
El hecho es que Estados Unidos no es la única economía
más grande del mundo. También es el mayor deudor del mundo.
Su vigoroso poderío militar está sustentado por capital
extranjero. Esta es una circunstancia inusual. En el inicio de los imperios
europeos, cuando los británicos regían en gran parte de
Oriente Medio, se suponía que la potencia dominante era un acreedor,
no un deudor, que invertía grandes cantidades de sus ahorros
en el desarrollo económico de sus colonias. Hegemonía
también significaba poder hegemonetario.
Gran Bretaña, el banquero del mundo antes de 1914, nunca tuvo
que preocuparse por un debilitamiento de la libra esterlina durante
su auge imperial. Pero hoy, conforme Estados Unidos derroca a regímenes
rebeldes, primero en Afganistán y ahora en Irak, es el
mayor deudor del mundo.
Las grandes guerras
Servir como motor del crecimiento global, aspirar a ser un imperio liberal
y aún así actuar como un mercado emergente: es una combinación
extraña. Cuando Estados Unidos buscó ejercer poder por
medios financieros con su diplomacia del dólar de los años
20, se exportó una cantidad importante de capital estadounidense
al resto del mundo.
Los inversionistas estadounidenses prestaron miles de millones de dólares
a compañías extranjeras, particularmente en Latinoamérica
y Europa Central.
Para 1938, el valor bruto de los activos estadounidenses en el exterior
ascendía a 11,500 millones de dólares. Tras financiar
a los triunfadores de las dos guerras mundiales, Estados Unidos financió
la reconstrucción de los perdedores en tiempos de paz. El ejemplo
más famoso de la exportación de capital de Estados Unidos
fue el Plan Marshall, que no prestó, sino otorgó 11,800
millones de dólares para revivir a las debilitadas economías
de posguerra de Europa.
Algunos economistas argumentan que esta transformación de acreedor
a deudor no es algo para preocuparse. El capital fluye hacia Estados
Unidos, dicen, simplemente porque es un lugar grandioso donde invertir
y los extranjeros quieren participar en la acción.
De 1865 a 1914, una proporción casi tan grande de los ahorros
británicos totales se destinó a África, Asia y
Latinoamérica que la que permaneció en Gran Bretaña.
Los críticos del colonialismo quizá censuren la perversidad
del imperio, pero el único beneficio innegable de la hegemonía
británica era que alentaba a los inversionistas a arriesgar su
dinero en países pobres. También dio a los británicos
una influencia real sobre el resto del mundo.
Esto pudiera resultar ser una diferencia crucial entre los días
en que Gran Bretaña ejerció poder en Oriente Medio y hoy,
cuando Estados Unidos aspira a reconfigurar la región. Primero,
la distribución geográfica actual de la inversión
extranjera estadounidense sugiere una predisposición natural
a canalizar dólares al desierto. Más de la mitad de la
inversión directa extranjera está en Europa, comparado
con apenas uno por ciento en Oriente Medio. Segundo, puede no haber
garantía de que las inversionistas extranjeros vayan a estar
dispuestos indefinidamente a colocar una gran parte de sus ahorros en
bonos gubernamentales y otros valores de bajo riesgo en Estados Unidos.
Gobierno
deudor
Desde la creación del euro, los inversionistas
tienen toda una nueva gama de valores en los cuales invertir. Los bonos
europeos podrían parecer atractivos si los extranjeros, y no
sólo los millonarios franceses americanofóbicos, empiezan
a pensar en el euro como más seguro que el dólar.
Al Jazeera recientemente transmitió una caricatura del Tío
Sam llorando mientras el euro se elevaba por encima del anteriormente
poderoso dólar. Hay, sin embargo, un destello de consuelo. La
Rusia zarista dependió de los préstamos extranjeros. Lo
malo es que dependió de una sucesión de enormes préstamos
-en gran medida de inversionistas franceses- para modernizar sus fuerzas
armadas. El inconveniente fue que la dependencia llevó al gobierno
zarista a escuchar los consejos de París; por ejemplo, sobre
cuántas vías férreas construir de Moscú
a la frontera prusiana.
Vea donde terminó eso: Rusia fue el primer imperio europeo en
colapsar -primero militarmente, luego políticamente- como resultado
de los costos de la Primera Guerra Mundial. Se le podría llamar
a ser un imperio deudor el método de Nicolás II. Por ello
la visión del Presidente Bush de un reconfiguración mundial
por medio de la fuerza militar para que se adapte a los gustos estadounidenses
tiene un corolario irritante: El esfuerzo militar involucrado será
financiado por los europeos -incluidos los muy vilipendiados franceses-
y los japoneses.
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Bagdad
en la desesperanza
Los bancos, comercios y negocios
de Bagdad fueron saqueados durante la guerra. Después de
eso, la capital iraquí se ha convertido en tierra
sin ley, donde la desesperanza crece cada día.
Cuando aún no han pasado tres semanas desde que las tropas
de Estados Unidos conquistaron el corazón de Bagdad y derrocaron
al gobierno de Saddam Hussein, Irak es un país que vacila
entre su pasado y su futuro.
Hay gente, particularmente en momentos de frustración e
ira, que dicen que las cosas estaban mejor bajo Saddam. Pero si
se habla con esa misma gente en la tranquilidad de sus hogares,
confiesan que esperaron largos años para el fin de la vieja
dictadura, que sólo Estados Unidos tenía el poderío
para lograrlo, y que lo que desean ahora es lo que esperaban de
Estados Unidos: una sociedad civil basada en libertades al estilo
occidental, tanto para el individuo como para la familia.
Policía Impotente
El oficial Muhammad Shaqeer Razzaq, con su gorro policiaco negro
en mano, no mostró ninguna reacción al escuchar
el sonido de una docena de disparos a media cuadra de la estación
policiaca Althamiya, donde él ha desempeñado sus
deberes durante 30 años.
En una intersección del camino, un hombre con la cabeza
cubierta con una mascada roja y un grueso cinto sobre una amplia
camisa blanca, blandía un rifle Kalashnikov, disparando
al aire para obligar a los autos a abrir camino para el gran camión
anaranjado que él trataba de maniobrar.
No tenemos radios, teléfonos ni armas, dijo
Razzak, encogiéndose de hombros. ¿Cómo
podemos enfrentrar a hombres armados, si nosotros no tenemos armas?
En las afueras de la estación policiaca, parcialmente incendiada,
un hombre que presionaba un trapo blanco a su nariz ensangrentada
informaba a algunos de los colegas de Razzak que acababa de ser
atacado a balazos y asaltado.
¿Dónde está esa seguridad que los estadounidenses
les prometieron a los iraquíes?, exclamó iracundo
el hombre, antes de regresar a su auto.
La fuerza policiaca está siendo reorganizada gradualmente
después de que se desbandó este mes ante el avance
de las fuerzas armadas estadounidenses. Una pequeña flotilla
de patrullas policiacas blancas se reúne cada mañana
ante el Colegio Nacional de Policía cerca del centro de
la capital, donde la nueva policía de emergencia
recibe sus órdenes del día, antes de emprender sus
patrullas por toda la ciudad.
Pero las estaciones policiacas de barrio, que en el pasado proporcionaban
a los residentes una presencia confiable, en su mayor parte están
desarmadas y esperan órdenes.
Razzaq acompañó a un visitante a lo largo de las
celdas vacías de la estación. Los pocos reos que
había allí fueron trasportados a una prisión
a unos kilómetros de distancia cuando el sonido de la artillería
estadounidense se acercó demasiado, y no hay planes de
llenar las celdas en el futuro cercano.
No tenemos autoridad para arrestar a nadie, dijo Razzaq,
quien cojea como consecuencia de una herida cicatrizada en el
muslo, provocada por un fragmento de mortero estadounidense que
cayó en su casa. Los estadounidenses primero tienen
que establecer un sistema judicial antes de que hagamos respetar
la ley, dijo.
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79,000
millones de dólares
Invirtió Estados Unidos en la invasión a Irak.
El dinero fue gastado en apenas 27 días que duró
el conflicto
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2,400
millones de dólares
Ha destinado el gobierno estadounidense a la Comisión
de Reconstrucción y Asistencia Humanitaria en Irak
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