11 de mayo de 2003

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INTERNACIONAL

Grandes negocios: la guerra y la paz

El gobierno estadounidense ha destinado fondos para comenzar las tareas de limpieza y reconstrucción de Irak. Buena parte de la reconstrucción se espera obtener de inversores extranjeros.

Equipo Vértice/The New York Times
vertice@elsalvador.com

Tras haber ganado la guerra con muy poco dinero (79,000 millones de dólares), el gobierno de George W. Bush aparentemente espera que la reconstrucción de Irak pronto se pague por sí misma.
Una insignificante cantidad de 2,400 millones de dólares ha sido asignada a la Oficina para la Reconstrucción y la Asistencia Humanitaria de posguerra. Sin embargo, la historia sugiere fuertemente que la reconstrucción de Irak requerirá de una cantidad sustancial de capital extranjero, particularmente para modernizar la anticuada industria petrolera.
¿Estados Unidos puede proporcionar los fondos necesarios, incluso en forma de dinero del sector privado? La respuesta es sí, en tanto otros países estén dispuestos a prestárselo a Estados Unidos.
El hecho es que Estados Unidos no es la única economía más grande del mundo. También es el mayor deudor del mundo. Su vigoroso poderío militar está sustentado por capital extranjero. Esta es una circunstancia inusual. En el inicio de los imperios europeos, cuando los británicos regían en gran parte de Oriente Medio, se suponía que la potencia dominante era un acreedor, no un deudor, que invertía grandes cantidades de sus ahorros en el desarrollo económico de sus colonias. Hegemonía también significaba poder “hegemonetario”.
Gran Bretaña, el banquero del mundo antes de 1914, nunca tuvo que preocuparse por un debilitamiento de la libra esterlina durante su auge imperial. Pero hoy, conforme Estados Unidos derroca a “regímenes rebeldes”, primero en Afganistán y ahora en Irak, es el mayor deudor del mundo.

Las grandes guerras

Servir como motor del crecimiento global, aspirar a ser un imperio liberal y aún así actuar como un mercado emergente: es una combinación extraña. Cuando Estados Unidos buscó ejercer poder por medios financieros con su diplomacia del dólar de los años 20, se exportó una cantidad importante de capital estadounidense al resto del mundo.
Los inversionistas estadounidenses prestaron miles de millones de dólares a compañías extranjeras, particularmente en Latinoamérica y Europa Central.
Para 1938, el valor bruto de los activos estadounidenses en el exterior ascendía a 11,500 millones de dólares. Tras financiar a los triunfadores de las dos guerras mundiales, Estados Unidos financió la reconstrucción de los perdedores en tiempos de paz. El ejemplo más famoso de la exportación de capital de Estados Unidos fue el Plan Marshall, que no prestó, sino otorgó 11,800 millones de dólares para revivir a las debilitadas economías de posguerra de Europa.
Algunos economistas argumentan que esta transformación de acreedor a deudor no es algo para preocuparse. El capital fluye hacia Estados Unidos, dicen, simplemente porque es un lugar grandioso donde invertir y los extranjeros quieren participar en la acción.
De 1865 a 1914, una proporción casi tan grande de los ahorros británicos totales se destinó a África, Asia y Latinoamérica que la que permaneció en Gran Bretaña. Los críticos del colonialismo quizá censuren la perversidad del imperio, pero el único beneficio innegable de la hegemonía británica era que alentaba a los inversionistas a arriesgar su dinero en países pobres. También dio a los británicos una influencia real sobre el resto del mundo.
Esto pudiera resultar ser una diferencia crucial entre los días en que Gran Bretaña ejerció poder en Oriente Medio y hoy, cuando Estados Unidos aspira a reconfigurar la región. Primero, la distribución geográfica actual de la inversión extranjera estadounidense sugiere una predisposición natural a canalizar dólares al desierto. Más de la mitad de la inversión directa extranjera está en Europa, comparado con apenas uno por ciento en Oriente Medio. Segundo, puede no haber garantía de que las inversionistas extranjeros vayan a estar dispuestos indefinidamente a colocar una gran parte de sus ahorros en bonos gubernamentales y otros valores de bajo riesgo en Estados Unidos.

Gobierno deudor

Desde la creación del euro, los inversionistas tienen toda una nueva gama de valores en los cuales invertir. Los bonos europeos podrían parecer atractivos si los extranjeros, y no sólo los millonarios franceses americanofóbicos, empiezan a pensar en el euro como más seguro que el dólar.
Al Jazeera recientemente transmitió una caricatura del Tío Sam llorando mientras el euro se elevaba por encima del anteriormente poderoso dólar. Hay, sin embargo, un destello de consuelo. La Rusia zarista dependió de los préstamos extranjeros. Lo malo es que dependió de una sucesión de enormes préstamos -en gran medida de inversionistas franceses- para modernizar sus fuerzas armadas. El inconveniente fue que la dependencia llevó al gobierno zarista a escuchar los consejos de París; por ejemplo, sobre cuántas vías férreas construir de Moscú a la frontera prusiana.
Vea donde terminó eso: Rusia fue el primer imperio europeo en colapsar -primero militarmente, luego políticamente- como resultado de los costos de la Primera Guerra Mundial. Se le podría llamar a ser un imperio deudor el método de Nicolás II. Por ello la visión del Presidente Bush de un reconfiguración mundial por medio de la fuerza militar para que se adapte a los gustos estadounidenses tiene un corolario irritante: El esfuerzo militar involucrado será financiado por los europeos -incluidos los muy vilipendiados franceses- y los japoneses.

Bagdad en la desesperanza

Los bancos, comercios y negocios de Bagdad fueron saqueados durante la guerra. Después de eso, la capital iraquí se ha convertido en ‘tierra sin ley’, donde la desesperanza crece cada día.

Cuando aún no han pasado tres semanas desde que las tropas de Estados Unidos conquistaron el corazón de Bagdad y derrocaron al gobierno de Saddam Hussein, Irak es un país que vacila entre su pasado y su futuro.
Hay gente, particularmente en momentos de frustración e ira, que dicen que las cosas estaban mejor bajo Saddam. Pero si se habla con esa misma gente en la tranquilidad de sus hogares, confiesan que esperaron largos años para el fin de la vieja dictadura, que sólo Estados Unidos tenía el poderío para lograrlo, y que lo que desean ahora es lo que esperaban de Estados Unidos: una sociedad civil basada en libertades al estilo occidental, tanto para el individuo como para la familia.

Policía Impotente

El oficial Muhammad Shaqeer Razzaq, con su gorro policiaco negro en mano, no mostró ninguna reacción al escuchar el sonido de una docena de disparos a media cuadra de la estación policiaca Althamiya, donde él ha desempeñado sus deberes durante 30 años.
En una intersección del camino, un hombre con la cabeza cubierta con una mascada roja y un grueso cinto sobre una amplia camisa blanca, blandía un rifle Kalashnikov, disparando al aire para obligar a los autos a abrir camino para el gran camión anaranjado que él trataba de maniobrar.
“No tenemos radios, teléfonos ni armas”, dijo Razzak, encogiéndose de hombros. “¿Cómo podemos enfrentrar a hombres armados, si nosotros no tenemos armas?”
En las afueras de la estación policiaca, parcialmente incendiada, un hombre que presionaba un trapo blanco a su nariz ensangrentada informaba a algunos de los colegas de Razzak que acababa de ser atacado a balazos y asaltado.
“¿Dónde está esa seguridad que los estadounidenses les prometieron a los iraquíes?”, exclamó iracundo el hombre, antes de regresar a su auto.
La fuerza policiaca está siendo reorganizada gradualmente después de que se desbandó este mes ante el avance de las fuerzas armadas estadounidenses. Una pequeña flotilla de patrullas policiacas blancas se reúne cada mañana ante el Colegio Nacional de Policía cerca del centro de la capital, donde la nueva “policía de emergencia” recibe sus órdenes del día, antes de emprender sus patrullas por toda la ciudad.
Pero las estaciones policiacas de barrio, que en el pasado proporcionaban a los residentes una presencia confiable, en su mayor parte están desarmadas y esperan órdenes.
Razzaq acompañó a un visitante a lo largo de las celdas vacías de la estación. Los pocos reos que había allí fueron trasportados a una prisión a unos kilómetros de distancia cuando el sonido de la artillería estadounidense se acercó demasiado, y no hay planes de llenar las celdas en el futuro cercano.
“No tenemos autoridad para arrestar a nadie”, dijo Razzaq, quien cojea como consecuencia de una herida cicatrizada en el muslo, provocada por un fragmento de mortero estadounidense que cayó en su casa. “Los estadounidenses primero tienen que establecer un sistema judicial antes de que hagamos respetar la ley”, dijo.

79,000
millones de dólares

Invirtió Estados Unidos en la invasión a Irak. El dinero fue gastado en apenas 27 días que duró el conflicto

2,400
millones de dólares

Ha destinado el gobierno estadounidense a la Comisión de Reconstrucción y Asistencia Humanitaria en Irak



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