11 de mayo de 2003

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EL CALVARIO EN ADUANAS

De malas a pésimas

Por lo menos para los turistas, las aduanas de los países centroamericanos representan el mayor fracaso de los anuncios integradores. Las salvadoreñas eran, hasta hace poco, las mejores. Ahora muestran un franco deterioro en la lentitud de los procedimientos y en los trámites engorrosos.

Lafitte Fernández
vertice@elsalvador.com

Como el mayor fracaso de los esfuerzos que hace Centroamérica para integrarse, podrían calificarse las aduanas de los países de la región.

No existe un solo centroamericano que no se queje del funcionamiento de las aduanas de la región, después de recorrerlas en auto o en autobuses.

Y si esos recintos espantan a los centroamericanos, cualquier turista que no resida en el istmo debe sufrir verdaderos calvarios que frustran cualquier pretensión de regresar.

Dos periodistas de El Diario de Hoy comprobaron que la lentitud en los trámites, las largas hileras humanas, los cobros ilegales, el pago de dinero a intermediarios, los trámites brutalmente engorrosos y la ineficiencia de los empleados representan un submundo que ningún gobierno de la región se atreve a transformar.

Incluso, las aduanas salvadoreñas, mencionadas por esta revista como las mejores del área, hace algunos años, muestran un franco deterioro que las acerca a las peores del área.

De arranque se puede advertir que, al menos en procedimientos y tiempos de espera, las peores aduanas de Centroamérica son las de Nicaragua.

Si topa con suerte, necesitará al menos una hora para terminar un rosario de trámites que ponen de mal humor hasta el más paciente.

Los mejores, aunque con retrocesos y sin que muestren las condiciones físicas mínimas de una aduana moderna, son, de nuevo, las salvadoreñas.

Eso sí: muestran un retroceso en tiempos de espera y en rigideces de fiscalizaciones aplicadas con poco sentido práctico.

Las hondureñas son, después de las aduanas nicaragüenses, las peores enemigas de los turistas.
Todos los puestos fronterizos de Centroamérica tienen, sin embargo, muchas cosas en común.

Uno de los mayores problemas es el poco espacio que poseen para que se estacionenlos autos de los turistas y las decenas de furgones que las atraviesan a diario.

Frente a esa afirmación surge una paradoja: las nicaragüenses son las únicas que muestran un espacio decente realizar los trámites o estacionar los vehículos.

La dificultad para los recintos nicaragüenses no es, entonces, el espacio.

Los principales problemas que encuentran los turistas son el elevado número de trámites y la enorme confusión entre aduanas que endurecen sus tareas fiscalistas con requisitos de seguridad que debieron morir con la guerra fría.

Hallazgos

El inventario de los hechos observados por periodistas de El Diario de Hoy en las aduanas revela que, de entrada, el afamado uso del formulario del C-4 para vehículos ya no se respeta no se usa en Honduras o Nicaragua.
Otros de los problemas encontrados son:

1. No hay información rotulada y clara, en casi ninguna de las aduana, para guiar a los turistas.
2. No existen formularios a disposición de los turistas centroamericanos o foráneos. Muchas veces se recorre una larga hilera humana para pedir, simplemente, un formulario. Después se empieza de nuevo para entregarlo.
3. En las aduanas de Honduras y Nicaragua se exigen pagos no contemplados por las leyes. Los recibos que se reciben a cambio , cuando los funcionarios se deciden a entregarlos, no corresponden a lo pagado.
4. También en las aduanas de Honduras y Nicaragua, los funcionarios cobran dinero como paga de “tiempos extras” que pasan directo a los bolsillos. En el fondo, exigen pagos no contemplados por la ley para días feriados u horarios extraordinarios.
5. Tanto en las aduanas de Costa Rica como en Nicaragua se exige el pago de un seguro extra para vehículos privados sin tomarse en cuenta que existen modalidades con coberturas en toda la región.
6. En la mayoría de las aduanas no existen servicios sanitarios adecuados. En las pocas que los poseen, la higiene es deficiente.
7. En las aduanas de El Salvador y Honduras no existen sitios adecuados para que las personas formen las hileras. Los usuarios deben pasar mucho tiempo al sol en sitios inadecuados.
8. Las aduanas nicaragüenses son las que tienen los procedimientos más engorrosos para introducir vehículos centroamericanos.

También las personas deben cumplir tramitaciones ineficientes e inadecuadas que pudieron servir para otras épocas. No para los tiempos actuales.

El problema fundamental de las aduanas de Nicaragua es que están volcadas hacia la fiscalización de bienes con altísimos controles sobre las personas.

Esto último posiblemente es herencia de dos distintas épocas: la dictadura de Somoza y las inquietudes por la seguridad del Estado que prohijaron los sandinistas.

Son las únicas aduanas que, por ejemplo, hacen una revisión minuciosa del equipaje que llevan pasajeros de autobuses, para mencionar solo un ejemplo.

El tiempo ha demostrado que esas revisiones resultan ineficientes porque el grueso de los contrabandos no ingresan, a un país, de esa manera.

Lo peor es que los turistas deben pasar buena parte de su tiempo en busca de sellos de vigilantes que, generalmente, no aparecen.

Además, como no existe información visible, no es nada extraño que en las aduanas nicaragüenses se gaste el tiempo en una hilera hasta que el funcionario de una ventanilla le alerta que le falta una fotocopia.

Para colmo de males, cuando ha cumplido la mayoría de los trámites, y usted estime que ya cumplió todos los requisitos, no se escandalice si le dicen que debe formar una nueva hilera en un banco para pagar cobros adicionales.

La pesadilla

Quizá las únicas aduanas dignas de aplaudir, son aquellas en las que las autoridades de migración salvadoreñas decidieron unificarlas con los representantes de Guatemala o de Honduras.

Es el caso del paso fronterizo de Las Chinamas donde ahora las autoridades salvadoreñas están sentadas junto a las guatemaltecas para realizar, conjuntamente, los trámites migratorios.

Eso permite realizar gestiones más ágiles y rápidas.

Lo mismo sucede en la frontera El Poy entre Honduras y El Salvador.

La idea de juntar los servicios cortó, a la mitad, el tiempo de la tramitación.

Además, en las fronteras entre Guatemala y El Salvador son las únicas donde se puede hacer una tramitación ágil de los vehículos particulares mediante el empleo del formulario del C-4.

Aunque los puestos fronterizos salvadoreños siguen siendo los mejores de la región, algunas medidas tomadas, recientemente, las convirtieron en recintos más lentos.

Un ejemplo: la revisión de los equipajes de los pasajeros es más estricta ahora.

El problema no es cumplir con ese requisito. La mayor dificultad es que, en la mayoría de los casos, los usuarios deben buscar por todo el recinto al hombre encargado de la revisión, sin que aparezca.

Y no se encuentra porque hubiese abandonado sus tareas. El problema es cuando crece el número de usuarios, esa tarea la cumple sólo una persona.

Aduanas donde todavía se escriben los documentos en máquinas, es el mejor signo de lo que ocurre en en esos lugares.

Libre paso
El tratado CA-4 permite el libre paso terrestre entre Guatemala, El Salva-dor, Honduras y Nicaragua. En los últimos dos se incumple la disposición.

Honduras 100
Cantidad diaria que puede percibir el punto aduanal en Honduras, al considerar el dólar que se exige a cada viajero.

NICARAGUA 1,800
Dólares se perciben al mes en concepto de “contribuciones”. El pago equivala en el caso de que 100 personas crucen las aduanas.

COSTA RICA $18
Es el costo por tránsito que obligadamente deben pagar los costarricenses al cruzar suelo ‘nica’.




EL CALVARIO EN ADUANAS

Problemas y más problemas

Un viaje por tierra entre El Salvador y Costa Rica se convierte en un fastidio al llegar a los puntos fronterizos. Para muchas autoridades migratorias, el CA-4 no existe y fijan cobros disfrazados de “contribuciones”

Paciencia. Es lo único que queda a los viajeros para sobrellevar los abusos que cometen las autoridades migratorias en las aduanas de Honduras y Nicaragua.

Además de paciencia: dólares (si es posible en abundancia) para cubrir los ilegales cobros que exigen.

Si falta alguno de los requisitos es mejor desistir de cualquier viaje por tierra, incluso en los buses de servicio internacional como Tica Bus y TransNica.

Las pasadas vacaciones de Semana Santa fueron excusa para planear una visita a Costa Rica (desde San Salvador) a bordo de uno de esos “busones”.

La primera sorpresa, antes de salir de territorio nacional, fue la visita “asiento por asiento” del sobrecargo para recoger los pasaportes y, adjunto, un dólar por persona (para entrar a Honduras) y otro más para salir.

El joven, micrófono en mano, aclaró: “estas son disposiciones de las autoridades migratorias. Nosotros nada tenemos que ver”.

El colmo fue llegar a Nicaragua, donde cada pasajero debía preparar entre 6 y 18 dólares de acuerdo con su nacionalidad. La paga mayor (18 dólares) si es costarricense: son nueve dólares por ingreso e igual cifra por la salida.
“Son contribuciones que piden las autoridades”, insistió el sobrecargo.

¿Y el CA-4?, preguntaron algunos pasajeros que podrían beneficiarse con el tratado internacional.
- Ellos (los “chochos” en la aduana) dicen que no lo conocen, responde el muchacho. Luego, esboza una risa irónica.
Apenas han pasado las incomodidades por el pago, viene la revisión del equipaje.

Cada pasajero debe tener todas sus maletas, con los zíperes abiertos, colocadas sobre una mesa de más de cinco metros de largo, y esperar que los encargados hurguen (a su antojo) dentro de los equipajes.
Hay decomisos de ropa, supuestamente nueva y para comerciarse que no fue declarada. Se requisa café en grano y hasta alimentos.

Ay de aquel que reclame por algún despojo, ya que posiblemente deberá quedarse para resolver su situación. Mientras tanto, el bus en que viajaba reinicia la marcha y lo deja.

De Managua a San José, el viaje es un fastidio y algunas escenas resultan insospechadas.

Una viejecilla, boleto en mano, no pudo abordar, debido a que le faltaba lo necesario para pagar en aduanas; un equipo juvenil de Tae Kwon Do, de Nicaragua, se quedó en el punto fronterizo Peñas Blancas, en suelo “Tico”, debido a que los pequeños viajaban sin pasaporte.

Una septuagenaria dejó sus tres maletas, supuestamente llenas de contrabando. Irónicamente, una morena joven sí pudo pasar una enorme caja con electrodomésticos, luego de pasar algunos córdobas a los agentes. También se las arregló al ingresar a Costa Rica. La señora se quedó llorando, la morena, muy tranquila.

Todo esto en el viaje de ida. En el regreso, otras historias.


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