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EL
CALVARIO EN ADUANAS
De malas a pésimas
Por
lo menos para los turistas, las aduanas de los países centroamericanos
representan el mayor fracaso de los anuncios integradores. Las salvadoreñas
eran, hasta hace poco, las mejores. Ahora muestran un franco deterioro
en la lentitud de los procedimientos y en los trámites engorrosos.
Como
el mayor fracaso de los esfuerzos que hace Centroamérica para
integrarse, podrían calificarse las aduanas de los países
de la región.
No existe un solo centroamericano que no se queje del funcionamiento
de las aduanas de la región, después de recorrerlas en
auto o en autobuses.
Y si esos recintos espantan a los centroamericanos, cualquier turista
que no resida en el istmo debe sufrir verdaderos calvarios que frustran
cualquier pretensión de regresar.
Dos periodistas de El Diario de Hoy comprobaron que la lentitud en los
trámites, las largas hileras humanas, los cobros ilegales, el
pago de dinero a intermediarios, los trámites brutalmente engorrosos
y la ineficiencia de los empleados representan un submundo que ningún
gobierno de la región se atreve a transformar.
Incluso, las aduanas salvadoreñas, mencionadas por esta revista
como las mejores del área, hace algunos años, muestran
un franco deterioro que las acerca a las peores del área.
De arranque se puede advertir que, al menos en procedimientos y tiempos
de espera, las peores aduanas de Centroamérica son las de Nicaragua.
Si topa con suerte, necesitará al menos una hora para terminar
un rosario de trámites que ponen de mal humor hasta el más
paciente.
Los mejores, aunque con retrocesos y sin que muestren las condiciones
físicas mínimas de una aduana moderna, son, de nuevo,
las salvadoreñas.
Eso sí: muestran un retroceso en tiempos de espera y en rigideces
de fiscalizaciones aplicadas con poco sentido práctico.
Las hondureñas son, después de las aduanas nicaragüenses,
las peores enemigas de los turistas.
Todos los puestos fronterizos de Centroamérica tienen, sin embargo,
muchas cosas en común.
Uno de los mayores problemas es el poco espacio que poseen para que
se estacionenlos autos de los turistas y las decenas de furgones que
las atraviesan a diario.
Frente a esa afirmación surge una paradoja: las nicaragüenses
son las únicas que muestran un espacio decente realizar los trámites
o estacionar los vehículos.
La dificultad para los recintos nicaragüenses no es, entonces,
el espacio.
Los principales problemas que encuentran los turistas son el elevado
número de trámites y la enorme confusión entre
aduanas que endurecen sus tareas fiscalistas con requisitos de seguridad
que debieron morir con la guerra fría.
Hallazgos
El inventario de los hechos observados por periodistas de El Diario
de Hoy en las aduanas revela que, de entrada, el afamado uso del formulario
del C-4 para vehículos ya no se respeta no se usa en Honduras
o Nicaragua.
Otros de los problemas encontrados son:
1. No hay información rotulada y clara, en casi ninguna de las
aduana, para guiar a los turistas.
2. No existen formularios a disposición de los turistas centroamericanos
o foráneos. Muchas veces se recorre una larga hilera humana para
pedir, simplemente, un formulario. Después se empieza de nuevo
para entregarlo.
3. En las aduanas de Honduras y Nicaragua se exigen pagos no contemplados
por las leyes. Los recibos que se reciben a cambio , cuando los funcionarios
se deciden a entregarlos, no corresponden a lo pagado.
4. También en las aduanas de Honduras y Nicaragua, los funcionarios
cobran dinero como paga de tiempos extras que pasan directo
a los bolsillos. En el fondo, exigen pagos no contemplados por la ley
para días feriados u horarios extraordinarios.
5. Tanto en las aduanas de Costa Rica como en Nicaragua se exige el
pago de un seguro extra para vehículos privados sin tomarse en
cuenta que existen modalidades con coberturas en toda la región.
6. En la mayoría de las aduanas no existen servicios sanitarios
adecuados. En las pocas que los poseen, la higiene es deficiente.
7. En las aduanas de El Salvador y Honduras no existen sitios adecuados
para que las personas formen las hileras. Los usuarios deben pasar mucho
tiempo al sol en sitios inadecuados.
8. Las aduanas nicaragüenses son las que tienen los procedimientos
más engorrosos para introducir vehículos centroamericanos.
También las personas deben cumplir tramitaciones ineficientes
e inadecuadas que pudieron servir para otras épocas. No para
los tiempos actuales.
El problema fundamental de las aduanas de Nicaragua es que están
volcadas hacia la fiscalización de bienes con altísimos
controles sobre las personas.
Esto último posiblemente es herencia de dos distintas épocas:
la dictadura de Somoza y las inquietudes por la seguridad del Estado
que prohijaron los sandinistas.
Son las únicas aduanas que, por ejemplo, hacen una revisión
minuciosa del equipaje que llevan pasajeros de autobuses, para mencionar
solo un ejemplo.
El tiempo ha demostrado que esas revisiones resultan ineficientes porque
el grueso de los contrabandos no ingresan, a un país, de esa
manera.
Lo peor es que los turistas deben pasar buena parte de su tiempo en
busca de sellos de vigilantes que, generalmente, no aparecen.
Además, como no existe información visible, no es nada
extraño que en las aduanas nicaragüenses se gaste el tiempo
en una hilera hasta que el funcionario de una ventanilla le alerta que
le falta una fotocopia.
Para colmo de males, cuando ha cumplido la mayoría de los trámites,
y usted estime que ya cumplió todos los requisitos, no se escandalice
si le dicen que debe formar una nueva hilera en un banco para pagar
cobros adicionales.
La pesadilla
Quizá las únicas aduanas dignas de aplaudir, son aquellas
en las que las autoridades de migración salvadoreñas decidieron
unificarlas con los representantes de Guatemala o de Honduras.
Es el caso del paso fronterizo de Las Chinamas donde ahora las autoridades
salvadoreñas están sentadas junto a las guatemaltecas
para realizar, conjuntamente, los trámites migratorios.
Eso permite realizar gestiones más ágiles y rápidas.
Lo mismo sucede en la frontera El Poy entre Honduras y El Salvador.
La idea de juntar los servicios cortó, a la mitad, el tiempo
de la tramitación.
Además, en las fronteras entre Guatemala y El Salvador son las
únicas donde se puede hacer una tramitación ágil
de los vehículos particulares mediante el empleo del formulario
del C-4.
Aunque los puestos fronterizos salvadoreños siguen siendo los
mejores de la región, algunas medidas tomadas, recientemente,
las convirtieron en recintos más lentos.
Un ejemplo: la revisión de los equipajes de los pasajeros es
más estricta ahora.
El problema no es cumplir con ese requisito. La mayor dificultad es
que, en la mayoría de los casos, los usuarios deben buscar por
todo el recinto al hombre encargado de la revisión, sin que aparezca.
Y no se encuentra porque hubiese abandonado sus tareas. El problema
es cuando crece el número de usuarios, esa tarea la cumple sólo
una persona.
Aduanas donde todavía se escriben los documentos en máquinas,
es el mejor signo de lo que ocurre en en esos lugares.
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Libre paso
El tratado CA-4 permite el libre paso terrestre entre Guatemala,
El Salva-dor, Honduras y Nicaragua. En los últimos dos
se incumple la disposición.
Honduras 100
Cantidad diaria que puede percibir el punto aduanal en Honduras,
al considerar el dólar que se exige a cada viajero.
NICARAGUA 1,800
Dólares se perciben al mes en concepto de contribuciones.
El pago equivala en el caso de que 100 personas crucen las aduanas.
COSTA RICA $18
Es el costo por tránsito que obligadamente deben pagar
los costarricenses al cruzar suelo nica.
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EL
CALVARIO EN ADUANAS
Problemas
y más problemas
Un
viaje por tierra entre El Salvador y Costa Rica se convierte en un fastidio
al llegar a los puntos fronterizos. Para muchas autoridades migratorias,
el CA-4 no existe y fijan cobros disfrazados de contribuciones
Paciencia. Es lo único que queda a los viajeros
para sobrellevar los abusos que cometen las autoridades migratorias
en las aduanas de Honduras y Nicaragua.
Además de paciencia: dólares (si es posible en abundancia)
para cubrir los ilegales cobros que exigen.
Si falta alguno de los requisitos es mejor desistir de cualquier viaje
por tierra, incluso en los buses de servicio internacional como Tica
Bus y TransNica.
Las pasadas vacaciones de Semana Santa fueron excusa para planear una
visita a Costa Rica (desde San Salvador) a bordo de uno de esos busones.
La primera sorpresa, antes de salir de territorio nacional, fue la visita
asiento por asiento del sobrecargo para recoger los pasaportes
y, adjunto, un dólar por persona (para entrar a Honduras) y otro
más para salir.
El joven, micrófono en mano, aclaró: estas son disposiciones
de las autoridades migratorias. Nosotros nada tenemos que ver.
El colmo fue llegar a Nicaragua, donde cada pasajero debía preparar
entre 6 y 18 dólares de acuerdo con su nacionalidad. La paga
mayor (18 dólares) si es costarricense: son nueve dólares
por ingreso e igual cifra por la salida.
Son contribuciones que piden las autoridades, insistió
el sobrecargo.
¿Y el CA-4?, preguntaron algunos pasajeros que podrían
beneficiarse con el tratado internacional.
- Ellos (los chochos en la aduana) dicen que no lo conocen,
responde el muchacho. Luego, esboza una risa irónica.
Apenas han pasado las incomodidades por el pago, viene la revisión
del equipaje.
Cada pasajero debe tener todas sus maletas, con los zíperes abiertos,
colocadas sobre una mesa de más de cinco metros de largo, y esperar
que los encargados hurguen (a su antojo) dentro de los equipajes.
Hay decomisos de ropa, supuestamente nueva y para comerciarse que no
fue declarada. Se requisa café en grano y hasta alimentos.
Ay de aquel que reclame por algún despojo, ya que posiblemente
deberá quedarse para resolver su situación. Mientras tanto,
el bus en que viajaba reinicia la marcha y lo deja.
De Managua a San José, el viaje es un fastidio y algunas escenas
resultan insospechadas.
Una viejecilla, boleto en mano, no pudo abordar, debido a que le faltaba
lo necesario para pagar en aduanas; un equipo juvenil de Tae Kwon Do,
de Nicaragua, se quedó en el punto fronterizo Peñas Blancas,
en suelo Tico, debido a que los pequeños viajaban
sin pasaporte.
Una septuagenaria dejó sus tres maletas, supuestamente llenas
de contrabando. Irónicamente, una morena joven sí pudo
pasar una enorme caja con electrodomésticos, luego de pasar algunos
córdobas a los agentes. También se las arregló
al ingresar a Costa Rica. La señora se quedó llorando,
la morena, muy tranquila.
Todo esto en el viaje de ida. En el regreso, otras historias.
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