11 de mayo de 2003

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LA COLUMNA

Víctor Hugo Dueñas
vertice@elsalvador.com

¿Y la reforma educativa?

Qué triste saber que medio millón de niños y niñas (de parvularia, media y básica) siguen desamparados por el sistema educativo formal.

La cifra por sí sola es un golpe en seco y duele más -y hasta deprime- cuando se piensa en el futuro cercano de estas “nuevas” generaciones.
¿Qué pasará a la vuelta de cinco años? ¿Se convertirán estos desamparados en más limpiavidrios? ¿Serán sometidos

de manera irremediable a la explotación en los mercados laborales?

Peor aún, ¿nunca disfrutarán su niñez ni recibirán las orientaciones adecuadas para desarrollar por sí mismos habilidades y aptitudes?

Por más que lo intento, no logro comprender qué ha pasado. Cómo es posible que se mantenga una cifra tan escandalosa: 250 mil niños y niñas fuera de parvularia, 180 mil fuera de básica y “otros centenares más” fuera de media.

Han pasado más de diez años de reforma educativa, la cual ha costado millones y millones de dólares. Dinero que se ha obtenido no solo de lo captado en impuestos, sino por medio de préstamos internacionales.
Incluso, el gobierno central ha aumentado las partidas de Educación (y Salud) en los presupuestos generales de la Nación.

En diez años se han revisado contenidos, se han despedido y contratado personeros de Educación luego de intensos procesos de reingeniería (obviamente pagadas), se ha buscado ayuda en el extranjero y, también, se ha invertido en la supuesta ampliación de la cobertura educativa.

Durante años, funcionarios y funcionarias del MINED (Ministerio de Educación) se han llenado la boca hablando de progresos. Pero ahora, de acuerdo con los mismos datos de la entidad, se cae en la cuenta en que todo lo dicho ha sido un discurso oficialista más, distanciado en absoluto de la realidad.

Siendo mucho más crítico concluyo: como a cualquier otro salvadoreño me han mentido cuando hablaban de avances en cobertura educativa.

Ahora bien, la cobertura es sólo uno de los tantos temas que aquejan en nuestro país.

Falta la educación con equidad, entendida como ofrecer las mismas oportunidades de desarrollo a niños y niñas independiente a su lugar de origen, residencia o centro de estudios (formal o informal); la equidad de género, iguales oportunidades a hombres y mujeres; la repitencia, niños y niñas que por diversas circunstancias (propias o ajenas) se ven obligados a ‘aplazar’ cursos; la sobreedad, cuya máxima expresión se encuentra en zonas rurales, donde púberes de 12 ó 13 años apenas estudian el quinto o sexto grado.

Si la cobertura educativa se encuentra mal ¿cómo estará la calidad?


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