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LA
COLUMNA
¿Y
la reforma educativa?
Qué triste saber que medio millón de niños y niñas
(de parvularia, media y básica) siguen desamparados por el sistema
educativo formal.
La cifra por sí sola es un golpe en seco y duele más -y
hasta deprime- cuando se piensa en el futuro cercano de estas nuevas
generaciones.
¿Qué pasará a la vuelta de cinco años? ¿Se
convertirán estos desamparados en más limpiavidrios? ¿Serán
sometidos
de manera irremediable a la explotación en los mercados laborales?
Peor aún, ¿nunca disfrutarán su niñez ni
recibirán las orientaciones adecuadas para desarrollar por sí
mismos habilidades y aptitudes?
Por más que lo intento, no logro comprender qué ha pasado.
Cómo es posible que se mantenga una cifra tan escandalosa: 250
mil niños y niñas fuera de parvularia, 180 mil fuera de
básica y otros centenares más fuera de media.
Han pasado más de diez años de reforma educativa, la cual
ha costado millones y millones de dólares. Dinero que se ha obtenido
no solo de lo captado en impuestos, sino por medio de préstamos
internacionales.
Incluso, el gobierno central ha aumentado las partidas de Educación
(y Salud) en los presupuestos generales de la Nación.
En diez años se han revisado contenidos, se han despedido y contratado
personeros de Educación luego de intensos procesos de reingeniería
(obviamente pagadas), se ha buscado ayuda en el extranjero y, también,
se ha invertido en la supuesta ampliación de la cobertura educativa.
Durante años, funcionarios y funcionarias del MINED (Ministerio
de Educación) se han llenado la boca hablando de progresos. Pero
ahora, de acuerdo con los mismos datos de la entidad, se cae en la cuenta
en que todo lo dicho ha sido un discurso oficialista más, distanciado
en absoluto de la realidad.
Siendo mucho más crítico concluyo: como a cualquier otro
salvadoreño me han mentido cuando hablaban de avances en cobertura
educativa.
Ahora bien, la cobertura es sólo uno de los tantos temas que
aquejan en nuestro país.
Falta la educación con equidad, entendida como ofrecer las mismas
oportunidades de desarrollo a niños y niñas independiente
a su lugar de origen, residencia o centro de estudios (formal o informal);
la equidad de género, iguales oportunidades a hombres y mujeres;
la repitencia, niños y niñas que por diversas circunstancias
(propias o ajenas) se ven obligados a aplazar cursos; la
sobreedad, cuya máxima expresión se encuentra en zonas
rurales, donde púberes de 12 ó 13 años apenas estudian
el quinto o sexto grado.
Si la cobertura educativa se encuentra mal ¿cómo estará
la calidad?
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