10 de agosto de 2003


INTERNACIONAL

Cómo surgió Corea del Norte

Nadie imaginó el surgimiento de Corea del Norte, el llamado “país rebelde” en boca de jefes de Estado de los Estados Unidos. El poderío bélico de la “fortuita” nación provoca las discusiones más encendidas.

Por David E. Sanger
The New York Times News Service

WASHINGTON.-
vertice@elsalvador.com
Una turista observa el mural alegórico a los caídos en la Guerra en Corea, que está ubicado en la ciudad de Washington.

Han Sung Joo, embajador de Corea del Sur en Estados Unidos, era un adolescente en la devastada ciudad de Seúl, cuando fue firmado el armisticio que puso fin a la guerra de Corea, hace 50 años. Recuerda el momento vívidamente.

“Los chicos mayores nos movilizaron en una ruidosa protesta”, recordó Han, quien todavía lleva fragmentos de bala en la espalda, un recordatorio del momento en que se vio atrapado en el tiroteo, cuando las tropas estadounidenses intentaron recuperar Seúl en septiembre de 1950. “Nos convencieron de que era una oportunidad perdida para reunificar el país, aunque significara el fin de tantas muertes a nuestro alrededor. Y, ¿quién sabe? Tal vez tenían razón”.

Hoy, este debate continúa, por una buena razón. Cuando el armisticio fue firmado renuentemente por el general Mark W. Clark, comandante en jefe del Comando en el Lejano Oriente de Estados Unidos, prácticamente nadie esperaba que el estancamiento se prolongaría durante medio siglo. O que Corea del Norte realizara una transición de enemigo de la guerra fría a lo que el gobierno de Bush llamara una nación rebelde que amenaza con la proliferación nuclear. O que la labor inconclusa de un presidente republicano, Dwight D. Eisenhower, recaería sobre otro, George W. Bush, quien tenía siete años cuando Ike decidió que el país había soportado demasiado de esta guerra.

Tal vez es por ello que las ceremonias de conmemoración del fin de semana son tan apagadas. El Presidente Bush visitó el Monu-mento a la Guerra de Corea en el Centro Comercial durante siete minutos, al amanecer del viernes, y se llevaron a cabo algunas modestas ceremonias aquí y en la Zona Desmilitarizada.

En 1953, la tregua fue recibida sencillamente con alivio. El senador Alexander Wilev, presidente del Comité de Relaciones Exteriores del Senado, afirmó: “Al menos detuvimos la muerte de estadounidenses”.

Los demócratas, fuera de la Presidencia, se quejaron de que, si Harry Truman hubiera negociado una tregua que no solucionara nada con un enemigo comunista, habría sido impugnado.

¿Paz tras la guerra?


Sin embargo, casi todos aquellos que acudieron a atestiguar el final de la guerra, esa mañana en la zona desmilitarizada, tuvieron la acuciante sospecha de que el armisticio significaría problemas.

James Reston, de The Times, viajó con Clark a la ceremonia e informó que “el clima era de un deber llevado a cabo por veteranos oficiales, como si tuvieran graves recelos acerca de los términos de la tregua, pero no creí que fuera el momento o la hora para expresarlas”.

El memorial a los soldados caídos en Corea rinde tributo a las tropas estadunidenses que combatieron en la península asiática en los años 50.

El armisticio y la creación de la zona desmilitarizada forjaron a Corea del Norte de maneras imprevistas. La zona desmilitarizada ha sido un impedimento mucho más formidable para el intercambio de personas e ideas que el Muro de Berlín. Los Alemanes Orientales sabían lo que ocurría en el Oeste, y las fallas de su gobierno se hacían más evidentes.

Sin embargo, pocos en Corea del Norte tienen un concepto de lo que sucede más allá de sus fronteras (Este corresponsal, quien viajó por tren desde Pyongyang hasta la frontera china, hace una década, le dio su radio de onda corta a su escolta oficial, quien deseaba encenderlo, pero lo guardó en su maletín, bajo las obras completas del Gran Líder).

Muchos creen que el aislamiento convirtió a los norcoreanos en curtidos sobrevivientes. “Recuerden, los europeos orientales tenían las tropas soviéticas en su territorio, y dependían totalmente de ellas”, explicó Han, quien era ministro de relaciones exteriores durante la crisis nuclear de 1994. “Corea del Norte nunca tuvo eso” después de la guerra. “Tenía que defenderse a sí misma”.

La amenaza nuclear

Cuando Corea del Norte se abre, suele ser para vender drogas, dólares falsos y misiles. El gobierno de Bush contempla interceptar las tres cosas, lo que, temen algunos, podría llevar al Norte a responder.

Sin embargo, el gran temor es que una bomba nuclear sea el legado final del armisticio. Un arsenal nuclear es la única arma para un país que no tiene aliados (Ningún satélite soviético en Europa había sentido la necesidad de contar con su propia arma nuclear). Derramar fondos en el programa nuclear forma parte del mito norcoreano de “juche”, o la autodependencia. En la realidad, Corea del Norte se convirtió en la sociedad anti-juche, que importa grandes cantidades de petróleo y comida.

Por ahora, a pesar de la reciente amenaza del norte de abandonar el armisticio, la tregua se mantiene. El nuevo Presidente de Corea del Sur insta a Washington a negociar a cualquier costo, en vez de correr el riesgo de otra confrontación, en la que el sur tiene mucho que perder.

El monumento en Seúl, Corea del Sur, rinde tributo a los soldados y a los veteranos que pelearon entre 1950 y 1953.

Bush afirma que ha elegido la diplomacia primero, y con habilidad y suerte, podría lograr lo que Eisenhower no pudo, y negociar un verdadero tratado de paz con el norte, a cambio del desarme nuclear.

Sin embargo, la historia deja en claro el costo de un mal cálculo. Los expertos todavía debaten si el secretario de Estado Dean Acheson allanó la vía para la invasión del sur en 1950, cuando no incluyó a Corea del Sur en la lista de países a los que Washington se apresuraría a defender en caso de verse amenazados.

Ahora, la línea dura dentro y fuera de la Casa Blanca discute si Bush comete errores similares. Las tropas serán retiradas de la zona desmilitarizada, y Bush decidió no emitir una advertencia explícita, sobre la manera en que reaccionaría si el norte despliega o intenta vender armas nucleares. “No descartemos la posibilidad de que lo hayamos hecho en privado”, declaró recientemente un asistente de Bush.

Mientras Bush va a su rancho en Crawford, Texas, podría desear llevar consigo una copia de las memorias del general Clark, “Desde el Danubio Hasta el Yalu”, de 1954, que concluye con la oscura (y discutible) advertencia de que, aunque “ganamos esta escaramuza” contra el comunismo, “perdemos porque el enemigo no ha sido vencido y es aún más poderoso y amenazante que antes”.

El Museo de la Guerra en Seúl reproduce un misil “scud” norcoreano.
La zona desmilitarizada, entre las dos coreas, es el trágico legado del armisticio. Como hace 50 años, Corea del Norte sigue en la mira de los Estados Unidos.


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