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INTERNACIONAL
Cómo
surgió Corea del Norte
Nadie
imaginó el surgimiento de Corea del Norte, el llamado país
rebelde en boca de jefes de Estado de los Estados Unidos. El poderío
bélico de la fortuita nación provoca las discusiones
más encendidas.
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Una
turista observa el mural alegórico a los caídos
en la Guerra en Corea, que está ubicado en la ciudad de
Washington.
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Han Sung Joo, embajador de Corea
del Sur en Estados Unidos, era un adolescente en la devastada ciudad
de Seúl, cuando fue firmado el armisticio que puso fin a la guerra
de Corea, hace 50 años. Recuerda el momento vívidamente.
Los chicos mayores nos movilizaron en una ruidosa protesta,
recordó Han, quien todavía lleva fragmentos de bala en
la espalda, un recordatorio del momento en que se vio atrapado en el
tiroteo, cuando las tropas estadounidenses intentaron recuperar Seúl
en septiembre de 1950. Nos convencieron de que era una oportunidad
perdida para reunificar el país, aunque significara el fin de
tantas muertes a nuestro alrededor. Y, ¿quién sabe? Tal
vez tenían razón.
Hoy, este debate continúa, por una buena razón. Cuando
el armisticio fue firmado renuentemente por el general Mark W. Clark,
comandante en jefe del Comando en el Lejano Oriente de Estados Unidos,
prácticamente nadie esperaba que el estancamiento se prolongaría
durante medio siglo. O que Corea del Norte realizara una transición
de enemigo de la guerra fría a lo que el gobierno de Bush llamara
una nación rebelde que amenaza con la proliferación nuclear.
O que la labor inconclusa de un presidente republicano, Dwight D. Eisenhower,
recaería sobre otro, George W. Bush, quien tenía siete
años cuando Ike decidió que el país había
soportado demasiado de esta guerra.
Tal vez es por ello que las ceremonias de conmemoración del fin
de semana son tan apagadas. El Presidente Bush visitó el Monu-mento
a la Guerra de Corea en el Centro Comercial durante siete minutos, al
amanecer del viernes, y se llevaron a cabo algunas modestas ceremonias
aquí y en la Zona Desmilitarizada.
En 1953, la tregua fue recibida sencillamente con alivio. El senador
Alexander Wilev, presidente del Comité de Relaciones Exteriores
del Senado, afirmó: Al menos detuvimos la muerte de estadounidenses.
Los demócratas, fuera de la Presidencia, se quejaron de que,
si Harry Truman hubiera negociado una tregua que no solucionara nada
con un enemigo comunista, habría sido impugnado.
¿Paz tras la guerra?
Sin embargo, casi todos aquellos que acudieron a atestiguar el final
de la guerra, esa mañana en la zona desmilitarizada, tuvieron
la acuciante sospecha de que el armisticio significaría problemas.
James Reston, de The Times, viajó con Clark a la ceremonia e
informó que el clima era de un deber llevado a cabo por
veteranos oficiales, como si tuvieran graves recelos acerca de los términos
de la tregua, pero no creí que fuera el momento o la hora para
expresarlas.
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El
memorial a los soldados caídos en Corea rinde tributo a
las tropas estadunidenses que combatieron en la península
asiática en los años 50.
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El armisticio y la creación de la zona desmilitarizada
forjaron a Corea del Norte de maneras imprevistas. La zona desmilitarizada
ha sido un impedimento mucho más formidable para el intercambio
de personas e ideas que el Muro de Berlín. Los Alemanes Orientales
sabían lo que ocurría en el Oeste, y las fallas de su
gobierno se hacían más evidentes.
Sin embargo, pocos en Corea del Norte tienen un concepto de lo que sucede
más allá de sus fronteras (Este corresponsal, quien viajó
por tren desde Pyongyang hasta la frontera china, hace una década,
le dio su radio de onda corta a su escolta oficial, quien deseaba encenderlo,
pero lo guardó en su maletín, bajo las obras completas
del Gran Líder).
Muchos creen que el aislamiento convirtió a los norcoreanos en
curtidos sobrevivientes. Recuerden, los europeos orientales tenían
las tropas soviéticas en su territorio, y dependían totalmente
de ellas, explicó Han, quien era ministro de relaciones
exteriores durante la crisis nuclear de 1994. Corea del Norte
nunca tuvo eso después de la guerra. Tenía
que defenderse a sí misma.
La amenaza nuclear
Cuando Corea del Norte se abre, suele ser para vender drogas, dólares
falsos y misiles. El gobierno de Bush contempla interceptar las tres
cosas, lo que, temen algunos, podría llevar al Norte a responder.
Sin embargo, el gran temor es que una bomba nuclear sea el legado final
del armisticio. Un arsenal nuclear es la única arma para un país
que no tiene aliados (Ningún satélite soviético
en Europa había sentido la necesidad de contar con su propia
arma nuclear). Derramar fondos en el programa nuclear forma parte del
mito norcoreano de juche, o la autodependencia. En la realidad,
Corea del Norte se convirtió en la sociedad anti-juche, que importa
grandes cantidades de petróleo y comida.
Por ahora, a pesar de la reciente amenaza del norte de abandonar el
armisticio, la tregua se mantiene. El nuevo Presidente de Corea del
Sur insta a Washington a negociar a cualquier costo, en vez de correr
el riesgo de otra confrontación, en la que el sur tiene mucho
que perder.
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El
monumento en Seúl, Corea del Sur, rinde tributo a los soldados
y a los veteranos que pelearon entre 1950 y 1953.
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Bush afirma que ha elegido la diplomacia primero, y
con habilidad y suerte, podría lograr lo que Eisenhower no pudo,
y negociar un verdadero tratado de paz con el norte, a cambio del desarme
nuclear.
Sin embargo, la historia deja en claro el costo de un mal cálculo.
Los expertos todavía debaten si el secretario de Estado Dean
Acheson allanó la vía para la invasión del sur
en 1950, cuando no incluyó a Corea del Sur en la lista de países
a los que Washington se apresuraría a defender en caso de verse
amenazados.
Ahora, la línea dura dentro y fuera de la Casa Blanca discute
si Bush comete errores similares. Las tropas serán retiradas
de la zona desmilitarizada, y Bush decidió no emitir una advertencia
explícita, sobre la manera en que reaccionaría si el norte
despliega o intenta vender armas nucleares. No descartemos la
posibilidad de que lo hayamos hecho en privado, declaró
recientemente un asistente de Bush.
Mientras Bush va a su rancho en Crawford, Texas, podría desear
llevar consigo una copia de las memorias del general Clark, Desde
el Danubio Hasta el Yalu, de 1954, que concluye con la oscura
(y discutible) advertencia de que, aunque ganamos esta escaramuza
contra el comunismo, perdemos porque el enemigo no ha sido vencido
y es aún más poderoso y amenazante que antes.
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El
Museo de la Guerra en Seúl reproduce un misil scud
norcoreano.
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La
zona desmilitarizada, entre las dos coreas, es el trágico
legado del armisticio. Como hace 50 años, Corea del Norte
sigue en la mira de los Estados Unidos.
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