9 de noviembre de 2003


REPORTAJE

Guatemala: tierra de desconfianza

Serias irregularidades en el padrón electoral hacen aparecer un cierto dejo de
incertidumbre y desconfianza en Guatemala. El TSE atribuye los problemas a
“errores humanos”, que ya están superados, dice.

Guillermo Fernández
vertice@elsalvador.com

Muy pocos guatemaltecos lo saben, pero San José del Golfo es una comunidad en buena parte simbólica del ambiente de desconfianza, temor y confusión que se vivirá hoy, día de elecciones, en su país.

No es por su nombre que San José del Golfo genera tales sentimientos a los guatemaltecos, pese a que, contrario a su denominativo, el poblado de pobres campesinos y artesanos está enclavado en el mero centro del país, unos 28 kilómetros al norte de la capital y muy distante de cualquier litoral.

Es su población lo que constituye el más reciente elemento creador de desasosiego en el resto de ciudadanos: oficialmente tiene 1,422 electores más —empadronados y habilitados para emitir su voto— que habitantes censados.

Por un lado, el Instituto Nacional de Estadística (INE) confirma que San José del Golfo cuenta con 2,578 habitantes, pero el Tribunal Supremo Electoral (TSE) reporta que tiene cuatro mil personas empadronadas.

Con esa incongruencia numérica, gravísima en una contienda electoral marcada por un clima de mucha violencia, este bucólico poblado se suma a los muchos casos descubiertos donde el porcentaje de empadronados constituye el 150 por ciento de la población.

“El padrón y el Censo no coinciden, y eso es un hecho”, dice un respetado grupo de ciudadanos que dirige El Observador Electoral, publicación independiente y financiada por organismos internacionales que monitorea el proceso de elecciones.

El fantasma del fraude

Consideran que el fraude es en muchas instituciones “el innombrable, digno de censura para el que se atreva a discutirlo o bien un tema del cual no se habla para no reconocer la posibilidad de la ocurrencia del mismo”.
Con ellos coincide el 70 por ciento de los electores que, según las encuestas, “cree” que se producirá fraude.

Pero San José del Golfo no es la única comunidad que conjuga y eleva olas de temor y desconfianza a los cinco millones (5.073.290) de ciudadanos que en caóticas condiciones se aprestan hoy a elegir gobernantes para el próximo cuatrienio.

Encajado a unos 20 kilómetros al sur de la capital, se encuentra San Miguel Petapa, otro pequeño poblado de tierra adentro que fue hace dos semanas escenario de una protesta espontánea de ciudadanos, seguidores de distintos partidos políticos.

Ellos denunciaron que, según el padrón electoral, buena parte tendría que votar en comunidades distintas, dispersas y muy alejadas de esta comunidad, pese a que días antes cumplieron con el pedido del TSE de actualizar sus datos.

Aquí se destapó lo que era un secreto a voces en círculos políticos, académicos, profesionales, empresariales y hasta en ex magistrados del TSE: el padrón electoral está repleto de graves errores que, aparte de otras flaquezas menores, pone en peligro el voto de 1.8 millones de ciudadanos.

Todo empezó el 1 de abril de este año cuando el TSE comenzó un Programa de Actualización de Datos y Empadronamiento Masivo que finalizó el 8 de agosto. En ese período, los electores podían empadronarse, si no lo estuvieran, y actualizar su lugar de residencia a fin de que se le asignara un centro de votación cercano.
De las cinco millones de personas registradas en el padrón (5.073.290), se presentaron a actualizar sus datos 1.865.445 ciudadanos, un poco más de la tercera parte (36.77% ).

Tras la protesta de San Miguel Petapa, el TSE dispuso una revisión del padrón y encontró un gigantesco desastre que atribuye a “errores humanos” de los oficinistas que contrató e improvisó con el fin de que recibieran, en edificios públicos, mercados y centros comerciales, la información que actualizaran los ciudadanos.

En resumen, quien cumplió con actualizar los datos en el padrón podría no estar inscrito en el centro de votación asignado y al que seguramente acuda hoy a emitir su voto. Por el contrario, bien puede ser que le nieguen el derecho al sufragio y le digan que debe trasladarse a alguna comunidad distante 50, 100 ó 200 kilómetros, que quizás ni conoce, donde nunca ha vivido y que jamás deseó ni solicitó que fuera su centro de votación.

No se sabe cuántos electores, de ese 1,8 millones que actualizó sus datos, se toparán hoy con el rechazo de los fiscales de las mesas electorales. EL TSE no lo sabe. Y si lo sabe, no lo dice.

Los responsables del proceso electoral decidieron, hace apenas 48 horas, distribuir 100 mil juegos de boletas extras adicionales a las ya distribuidas y exactamente necesarias en las mesas electorales a fin de que cada centro de votación disponga de cierta cantidad (tampoco lo dice el TSE) y permita votar a esos electores que en calidad de víctimas de los “errores humanos” el padrón les negará el derecho a emitir su voto.

Lo que tampoco explica el TSE es cómo solucionar el problema con apenas 100 mil juegos de boletas extras (cada elector debe emitir su voto en cinco papeletas: para presidente y vicepresidente, diputado nacional, diputado distrital, diputado centroamericano y para alcalde), si el problema —esto sí lo ha dicho el TSE— lo podría tener 1,8 millones de electores.

Menos quiere hablar el TSE de lo que pueda ocurrir hoy con esa población electoral flotante que andará “cazando” alguna de esas boletas flotantes y extras.

Como lo afirma el abogado y ex magistrado del TSE César Augusto Conde Rada, “el quid de la cuestión reside,
aparentemente, en que el padrón dejó de tener confianza, atributo muy sencillo de perder pero difícil de recuperar...”.

El mismo Conde Rada advirtió públicamente hace dos semanas lo que calentaba los corrillos políticos electorales, al afirmar que “es preocupante que a escasos días de las elecciones no se informe con suficiente claridad de cómo se ubicara a los ciudadanos que actualizaron sus datos y donde podrán votar los que no lo hicieron”.

La respuesta no la acaba de dar el TSE. Hoy quizás se llegue a saber la verdad. Entretanto, los humildes pobladores de San José del Golfo y San Miguel Petapa señalaron claramente las causas de la desconfianza, el temor y la confusión que carcome a los guatemaltecos.

La muerte del mito Ríos Montt
Las alternativas presidenciales guatemaltecas se han reducido a dos nombres. Lo único seguro parece ser el perdedor. Todos le apuestan a que el general Efraín Ríos Montt será derrotado.

Guatemala

Este domingo, día de elección nacional, el país amanece con un gran perdedor. Pero, curiosamente, de seguro tampoco habrá ganador.

Once son los aspirantes presidenciales, pero el tatascán del oficial partido eferregista y actual presidente legislativo, el general Efraín Ríos Montt, de 72 años, es, a todas luces, el mayor perdedor de la contienda electoral.

El ex golpista y dictador, acusado de los mayores crímenes de lesa humanidad, y quien durante todo este año ha sido el candidato a derrotar por los diez restantes candidatos, no logrará que su pupilo, el actual mandatario Alfonso Portillo, le entregue el poder en la tarde del próximo 14 de enero.

En este pronóstico coinciden todas las encuestas publicadas por los diarios guatemaltecos, las cuales ubican al general Ríos Montt en un tercer lugar, muy distante de Óscar Berger y de Álvaro Colom, quienes comandan el listado de intenciones de voto de los electores, en primero y segundo lugar, de manera respectiva. El general no ha pasado del 14% del termómetro de la opinión ciudadana. De hecho, ha oscilado entre un 3.3% y un 13.8%.

Para muchos morirá el mito Ríos Montt. Lo dicen en referencia a que, si bien gobernó poco mas de un año como líder de un movimiento golpista, el general nunca lo ha hecho por mandato democrático. Ello, a pesar de que, en 1974, como candidato de la Democracia Cristiana, habría ganado las elecciones, pero por decisión de sus colegas militares aceptó la agregaduría militar en España, de donde regresó cuatro años más tarde convertido al protestantismo y como dirigente y predicador de la secta El Verbo.

No habrá ganador

Con los resultados previstos, entonces, el partido Frente Revolucionario Guatemalteco (FRG) y su líder Ríos Montt deberán ceder el poder a alguna de las dos principales fuerzas opositoras que comandan Berger y Colom.
Pero tampoco ninguno de estos dos saldrá ganador hoy. Al menos no logrará el mandato presidencial.

Y es que contrario a lo que suele suceder en la generalidad de los procesos electorales, donde suele definirse claramente un ganador conforme se acerca el día de la elección, esta vez en Guatemala el proceso ha sido cada vez mas crítico, tenso y emocionante.

Al punto de que hoy prácticamente nadie duda que habrá una segunda ronda electoral, a efectuarse el próximo domingo 28 de diciembre.

Ninguno de los dos más fuertes aspirantes, pareciera estar hoy muy claro, recibirá el voto de la mayoría más uno, requisito para que sea declarado ganador en la primera ronda.

La tensión llegó al tope esta semana, al colocar los termómetros de opinión en su nivel más bajo al liberal Óscar Berger
-favorito en todo el proceso- separado apenas por estrechos márgenes de apenas un 3% del social demócrata Álvaro Colom.
La pirámide de intención de voto de los electores está hoy cerrada en su vértice superior, donde sólo hay espacio para uno.

Óscar Berger, abogado y ganadero, quien por cierto manifiesta a Siglo XXI que su ejemplo político a seguir es Francisco Flores, el mandatario salvadoreño, se mantuvo por 11 meses a la cabeza de las encuestas de opinión, con altos porcentajes. En diciembre del año anterior obtuvo un 58.6%. Hoy cuenta con apenas un 33,8%.

Álvaro Colom, ingeniero y empresario industrial, se declara abiertamente socialdemócrata, pero muy pocos saben, hoy día, a ciencia cierta lo que eso puede significar en un país como Guatemala. Es, sin embargo, quien menos asusta a los bergeristas. En realidad no pareciera existir una diferencia abismal entre Berger y Colom. Ambos han sido fuertes críticos del FRG y del riosmontismo.

En todo caso, Álvaro Colom dispone para hoy con un caudal electoral que constituye exactamente una tercera parte de los votos que se vayan a emitir. Las encuestas le miden esa fuerza en un 30%.

Empate técnico

Más cercanos no podrían estar. El usual margen de error en las encuestas políticas, un 2,8% arriba o debajo de los resultados, absorbe prácticamente esa diferencia. Están, podría decirse, empatados. Así, en igualdad de condiciones, de seguro deberán partir hacia la segunda y definitiva etapa electoral del 28 de diciembre.

Los cálculos electorales para esa venidera ocasión se desataron desde principios de esa semana, cuando los principales diarios de este país, Prensa Libre y Siglo XXI, coincidieron en el resultado de sus encuestas al colocar a Berger y Colom como prácticamente empatados y, más importante aún, en niveles que ninguno obtendría la mitad mas uno de los votos.

El deporte favorito, entonces, dejó de ser el fútbol y dio paso al de pronosticar resultados, combinaciones de sumas, restas y fuerzas electorales que vaticinen quien será el ganador entre Berger y Colom.

Retos del programa
La búsqueda de nuevos talentos ayudará en el nivel de desarrollo guatemalteco.

El padrón electoral de Guatemala se empezó a construir hace 20 años, en 1983. Con el tiempo ha acumulado una serie de imperfecciones, tales como mantener registrados a millares de personas que han fallecido, ya que no todos los municipios avisan de las defunciones. Cerca de un millón de guatemaltecos residen en el extranjero y un porcentaje de ellos seguramente sigue empadronado, porque para obtener el pasaporte es forzoso estar inscrito en el Registro de Ciudadanos.

Oficialmente se admite que el padrón tiene un error del 10 por ciento, pero hoy no cabe duda que en realidad es mucho mayor.

Ciudadanos empadronados: 5,073.290

Datos actualizados:
1,865.445 ( 36.7 %)

No actualizados:
3,207.845 ( 63.23 % ) Padrón electoral de 1999 4,458.744

Diferencia entre padrones:
614.077 ( 13.77 % )

Jóvenes entre 18 y 35 años:
43 %

Mujeres:
44 %

Analfabetos:
29 %

 


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