.9 de noviembre de 2003


INTERNACIONAL

100 años de Panamá:
“Made in U.S.A.”

El primer centenario de la creación de Panamá tuvo dos puntos de vista en contra.
Por un lado, los optimistas, y al otro extremo aquellos que reconocen las críticas
del libro de Díaz Espino.

Ovidio Díaz Espino (Revista Semana) *
vertice@elsalvador.com

La aventura norteamericana en Panamá alcanzó su éxito cuando el vapor Ancon abrió, en el Corte Culebra, el tránsito por el canal el 15 de agosto de 1914.

Cuando me encontraba en sexto grado, creciendo en Panamá, fui seleccionado como orador para las celebraciones del 3 de noviembre, aniversario de la independencia de Colombia. Elegí recitar el poema Aspiración suprema, el cual narra la historia de un soldado panameño que murió durante la guerra de independencia.

El héroe del poema está en su lecho de muerte diciéndole a su madre en medio de la agonía que si su muerte contribuye a la libertad de Panamá, entonces su alma descansará en paz.
Muchos de los integrantes del público derramaron lágrimas, en tanto que el poema suscitó en otros enérgicas exigencias de soberanía que condujeron al tratado Torrijos-Carter mediante el cual se le devolvió a Panamá el canal después de un siglo de ocupación norteamericana.

Sin embargo, tal como lo revela mi libro titulado “El país creado por Wall Street: La historia no contada de Panamá” (Grupo Planeta,

Bogotá, 2003), esta visión idealizada de nuestra historia era completamente falsa. Ningún patriota panameño murió jamás para liberar a Panamá y, en vez de una guerra de independencia, lo que encontramos en los registros históricos es una vergonzosa conspiración realizada entre el gobierno de Teddy Roosevelt, un grupo de financistas norteamericanos y algunos ingenuos patriotas panameños.

En dicha conspiración, la separación de Panamá era parte de un plan maestro destinado a lograr que el gobierno de Estados Unidos le pagara una fortuna a un sindicato secreto de promotores norteamericanos y franceses a cambio de los derechos de construcción del Canal de Panamá.

La visión distorsionada de la historia fue inicialmente utilizada por Roosevelt en su discurso sobre el Estado de la Unión en 1904. Tan sólo unos pocos meses después de la operación militar norteamericana, él afirmó que los panameños se habían rebelado contra Colombia porque estaban hartos de las injusticias cometidas por el gobierno de Bogotá contra el pueblo panameño a lo largo del siglo XIX y que, por consiguiente, se “habían alzado literalmente como un solo hombre” (“Sí, y el hombre solo era Roosevelt”, comentó irónicamente en aquella ocasión el senador Carmack). Solamente después de consumada la revolución, aseguró Roosevelt, intervinieron las tropas norteamericanas, y únicamente con el fin de mantener en funcionamiento la Empresa del Ferrocarril de Panamá.

La versión de Roosevelt se convirtió en la historia oficial adoptada en los textos escolares que utilicé cuando era niño en Panamá. Inclusive hace tan poco tiempo como el año pasado, el 3 de noviembre de 2002, mientras el gobierno de la República en pleno, incluyendo a la presidenta Mireya Moscoso, su gabinete y todos los miembros de la Asamblea Nacional, se reunió para colocar coronas florales en la tumba de Manuel Amador Guerrero, primer presidente de la República y símbolo de la celebración del centenario que culminó el pasado 3 de noviembre, el historiador oficial le dedicó la totalidad de sus reflexiones y de su intervención a atacar mi libro y a “aquellos quienes afirman que Panamá fue creado por Washington y Wall Street”, y argumentó que dichas afirmaciones constituyen “acusaciones irresponsables que no están basadas en documentación sustentable”. La Prensa, el principal diario panameño, presentó sus comentarios en la primera página de la edición del 3 de noviembre con grandes encabezados que decían que ‘Washington no creó Panamá. La independencia surgió de las auténticas necesidades de los panameños’.

En defensa del libro

Mosaicos, la principal revista semanal, acudió inmediatamente en defensa del libro, afirmando que “el país creado por Wall Street es el libro más completo y mejor documentado, en suma y sencillamente: el mejor libro jamás publicado acerca de la escandalosa independencia de Panamá. Sin duda alguna, el libro del centenario”.

El origen de Panamá está marcado por sus vínculos históricos con el pueblo vecino, Colombia, de la que fue provincia.

A partir de aquel momento la radio, los periódicos, la televisión y hasta el debate parlamentario acerca del tema se han vuelto agrios e incluso violentos. Muchos historiadores oficiales continúan denunciando la visión histórica plasmada en mi libro y estigmatizándola como una “leyenda negra”.

Desde que empecé a escribir el libro en 1998, fui presionado para que eliminara cualquier referencia a la participación de los padres fundadores de Panamá, y todo a pesar de que se sustentaba en una abrumadora carga de la evidencia histórica.

No obstante, decidí publicar mis hallazgos sin dejar nada en el tintero porque quería brindarle a Panamá su propia historia.

“El país creado por Wall Street” narra la historia de cómo los intereses financieros y políticos se coaligaron para determinar primero la política exterior de Estados Unidos y luego para lucrarse de ella mediante la creación del Canal de Panamá.

En 1900, un grupo de inversionistas liderado por William Nelson Cromwell, fundador de la prestigiosa firma neoyorquina de abogados Sullivan & Cromwell, y por el banquero J.P. Morgan, crearon un sindicato de financistas y políticos de Wall Street con el fin de comprar las acciones de la quebrada Compañía del Canal de Panamá, fundada por el constructor del Canal de Suez, Ferdinand de Lesseps.

Negocios de familia

La empresa francesa poseía el derecho de construcción del Canal de Panamá; pero fracasó miserablemente en la tarea luego de haber gastado 250 millones de dólares en el intento. El sindicato incluía al cuñado del presidente Roosevelt y hermano del futuro presidente William Taft.

Los mencionados empresarios invirtieron cerca de 3,5 millones de dólares y compraron aproximadamente dos tercios de la empresa que estaban en manos de pequeños accionistas diseminados por toda Europa. Luego los inversionistas pasaron los tres años siguientes persuadiendo a Estados Unidos de que comprara los activos sin valor por 40 millones de dólares, el pago de los cuales les revertiría luego. Con el fin de lograr su cometido tenían que derrotar primero a un lobby nicaragüense muy bien atrincherado.

Nicaragua era la ruta preferida para el canal debido a sus dos grandes lagos y también porque todo el mundo creía que era imposible construir un canal que atravesara Panamá, habida cuenta del fracaso de los franceses. Para modificar el punto de vista del Congreso, el sindicato comenzó a comprar senadores republicanos y congresistas mediante enormes donaciones destinadas a sus respectivas campañas. El senador Mark “Dólar” Hanna, que por aquel entonces era presidente del Partido Republicano y quizá el más poderoso de Norteamérica, recibió 60.000 dólares como donación para su campaña.

A cambio de lo anterior, Hanna inició una campaña con el propósito de construir el Canal en Panamá en lugar de Nicaragua.

Sin embargo, existía un problema: en aquel entonces Panamá era provincia de Colombia y Estados Unidos requería la aprobación de Colombia para seguir adelante. Roosevelt y el secretario de Estado John Hay enviaron a Cromwell, quien había de beneficiarse financieramente con el negocio, para que negociara con Colombia. Él le ofreció a Colombia tan sólo 10 millones de dólares, ante lo cual el Congreso colombiano exigió más dinero.

Cromwell decidió saltarse a las autoridades colombianas procurando, en cambio, la separación panameña para crear su propio país que negociara directamente el tratado con Estados Unidos.

Cromwell y su homólogo francés, Philippe Bunau-Varilla, quien representaba a los accionistas franceses mayoritarios
que no habían vendido sus participaciones a los norteamericanos y esperaban beneficiarse con el tratado, planearon,
financiaron y dirigieron la independencia de Panamá. Eligieron a los líderes del movimiento independentista, la fecha de la independencia, redactaron la Declaración de Independencia y lograron que Washington acompañara el proceso. Roosevelt dirigió personalmente el movimiento de barcos que bloqueó al istmo impidiendo que las fuerzas colombianas desembarcaran y se tomaran de nuevo a Panamá.

Gracias a la abundante cantidad de dólares prestados por J.P. Morgan y a la ayuda de los empleados de la Compañía del Ferrocarril de Panamá, de propiedad norteamericana, Manuel Amador Guerrero empleado del Ferrocarril de Panamá- y otros Padres Fundadores de Panamá, compraron a todo aquel que se opusiera a la independencia, incluyendo a las tropas colombianas estacionadas en Panamá.

Negocios de familia

El resultado fue la primera revolución sin efusión de sangre en la historia de América Latina. Sin embargo, los panameños habían de pagar un precio por su independencia.

La celebración del primer centenario de nacimiento de la república de Panamá concluyó el pasado lunes con diversos actos oficiales.

A los 18 días de la declaración de independencia, el tratado del Canal de Panamá fue negociado y suscrito apresuradamente, no por ninguna autoridad panameña, sino por el propio Bunau-Varilla, quien se autoproclamó embajador de Panamá.

El tratado que él negoció desposeyó a Panamá de cualquier derecho dentro de la zona del Canal de Panamá, declarándola territorio norteamericano a perpetuidad. Era un documento tan sesgado a favor de los norteamericanos que inclusive el propio secretario de Estado John Hay, al igual que Hanna y otros senadores vacilaron en firmar por temor de que estallara la ira y el resentimiento de los latinoamericanos.

Sin embargo, demasiado tentado por los intereses de negocios y con el fin de evitar un prolongado debate en el Senado, el gobierno Roosevelt siguió adelante y firmó el tratado minutos antes de que la delegación panameña pudiera llegar a Washington para negociar un tratado más equitativo, cerrando una emocionante historia de intriga y engaño que logré documentar detalladamente.

Al colocar ciegamente toda su confianza en Wall Street, que recaudó sus rendimientos puntualmente al firmarse el tratado, los panameños sufrieron la pérdida de su territorio más valioso durante un siglo entero. Irónicamente, Estados Unidos también sufrió. Lo ocurrido con Panamá en 1903 generó un quiebre tanto físico como metafórico entre Estados Unidos y los países de América Latina y dañó gravemente la reputación de Estados Unidos durante el siglo XX.

La Doctrina Monroe, que había guiado las amistosas relaciones entre Estados Unidos y América Latina a lo largo del siglo XIX, se encontraba ahora totalmente muerta.

El tratado Bunau-Varilla se convirtió en una espina en las relaciones entre Panamá y Estados Unidos a lo largo del siglo XX, hasta que el Tratado Carter-Torrijos lo reemplazó y el canal le fue devuelto a Panamá el 31 de diciembre de 1999, una historia que narro en un apéndice del libro.

* El autor publicó el artículo originalmente en la revista Semana.



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