9 de noviembre de 2003


CIVILES ARMADOS

La ley del revólver

El salvadoreño se está acostumbrando a las muertes sin sentido producto de las armas
de fuego. La inseguridad, la impunidad, la insensatez, el machismo, la falta de diálogo:
una mezcla peligrosa.

Wilfredo Hernández, Mirella Cáceres
y Alicia Miranda

vertice@elsalvador.com

Primer acto. Una cervecería, tres hombres y dos mujeres alrededor de un buen número de botellas de cervezas vacías. Segundo acto. Se desata una acalorada discusión entre los parroquianos.

Tercer acto. El cuerpo inerte de un hombre yace tendido en medio de la acera, rodeado de policías y curiosos, o quizá ex compañeros de juerga apenas unos minutos antes.

La muerte le llegó envuelta en un centímetro de plomo. Está solo. Son las 4 de la mañana. El día comienza con un mal presagio. No es una obra de teatro. Ni un guión de novela. Son hechos que se suceden a diario y los vemos con tanta naturalidad que espanta. Ya no logra inmutarnos; es parte de nuestra vida.

Es la cruda realidad que nos golpea a diario, a cada momento, en cualquier parte de San Salvador y el resto del país con protagonistas en común: las armas de fuego, esas que ya cobraron el 75% de los 1,875 homicidios en lo que va del año.

Y es que este país, como muchos en Latinoamérica, compite perfectamente para nombre de película. “Aquí impera la ley del revólver”, dicen algunos.

Conocemos de muertes, lo comentamos, lo lamentamos, sin embargo, no reaccionamos. Al contrario, corremos a la primera tienda de venta de armas a comprar una “para protegernos”.

Al menos eso es lo que pensó Óscar M. el día que llegó a uno de esos negocios a comprar una pistola 9 mm.

El problema fue que cuando se quiso proteger, un asaltante acabó con su vida. El arma que adquirió “para su propia protección” no alcanzó su acometido. Al contrario, una foto colgada en una pared de su casa recuerda a su familia lo irónico de la idea.

Otros, sin embargo, han tenido mejor fortuna. Don Jesús C. es uno de ellos. A sus 68 años ha portado arma “desde que tiene uso de razón”, y, si son de grueso calibre, mejor.

Para este nahuizalqueño, el arma es su compañera inseparable. Incluso le tiene más confianza que a la protección divina. “Ella es mi Dios”, le dice a su esposa, mientras besa el cañón de su revólver calibre 357 mm.

“No hay ‘tales’, media vez alguien le apunte con un arma, sólo su arma le saca del problema”, dice convencido, de que esa devoción le ha dado buenos frutos. Incluso le ha salvado de ser asaltado en más de una ocasión.

“Dos ‘babosos’ me salieron una vez que venía de los terrenos y me dijeron ‘parate’ ahí. Tenían dos pistolas 22 y creyeron que me iban a asustar. Yo saqué la mía (una 357 mm) y les dejé ir los primeros ‘cuetazos’ directo a los pies. No se lo esperaban, así que salieron corriendo”, mientras una sonrisa se dibuja en su rostro.

Más casos

Pero don Jesús no está solo. Muchos otros piensan como él y así contribuyen a que, cada día más, El Salvador se convierta en una sociedad “pistolizada”.

Antonio G., de 65 años, dice que el arma le da seguridad. Por eso la “ha cargado” desde los 17 años. Lo único que lamenta es que cuando -por defenderse- y hiere a alguien, dice, las leyes son muy drásticas; pero, en cambio, para los asaltantes son blandas.

“Algunos andamos armados, pero no pretendemos hacerle daño a nadie… Claro, si nos sale alguien hay que defendernos. Pero si herimos a alguien, capaz nos vamos a podrir a la cárcel; pero si ellos (los delincuentes) son los que matan, rapidito salen”, dice don Antonio.

La impunidad impera en estos casos. Acaso es la peor enemiga de los organismos que velan por la “despistolización” de una sociedad que cada día se va acostumbrando a dirimir diferencias con “la ley del revólver”.O peor aún, ve con normalidad las muertes sin sentido producto de las armas y de su mal utilización.

“Las armas no son para cualquiera. Es mejor mantenerlas guardadas”, reflexiona el sexagenario. Sus palabras tienen razón. El sin sentido de muchas muertes revisten de fundamento sus aseveraciones.
En la casa de Virginia Rodríguez aún no se explican cómo a su novio se le ocurrió la irreflexiva idea de jugar a la ruleta rusa con ella.

El vestido de novia que próximamente luciría en su boda no fue estrenado. Ahora el novio de la joven de 22 años huye con la pena a cuestas por un segundo de memez.

El hecho de armarse es un complemento del ser hombre.

Incluso da sensación de hombría, de virilidad, dicen algunos. Ya no hay diálogo. La solución a los problemas pasó del ámbito de los puños al de los plomos, y todos tranquilos.

Para mientras, los ciudadanos seguirán asistiendo a una especie de filme de terror sin siquiera inmutarse.Y de esto no escapa nadie. Niños, jóvenes, ancianos. Hombres y mujeres. Todos somos especies en peligro de extinción.


CIVILES ARMADOS

Uso de armas: un factor de violencia

Raíces culturales, la guerra, el clima de inseguridad, cero tolerancia. Todo confluye en
violencia, mayormente propiciada por el uso de armas entre civiles. Las propuestas de
solución al problema son tan variadas como divididas. ¿Y mientras...?

Que un hombre luzca un arma puede resultar más atractivo para muchas mujeres por la misma normatividad social que hay en torno al tema de las armas, señala Miguel Cruz, director del Instituto Universitario de Opinión Pública (IUDOP) de la UCA. Pueda que la connotación cultural que este estudioso del problema de la violencia en el país esté cercano o alejado de la realidad. ¿Cómo saberlo? Habría que preguntarle a cada salvadoreña por ejemplo, si siente mayor seguridad al lado de un hombre armado.

Cierto o no, la palabra seguridad parece ser la clave o la razón que impulsa a millares de ciudadanos a adquirir -de la forma que sea- una de esas herramientas explosivas porque creen que con ellas están protegidos.

En el informe sobre “Armas de fuego y violencia” que presentó este año el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) a través de su programa “Hacia la Construcción de una Sociedad sin Violencia”, revela, entre otras cosas, que un importante segmento de la población concibe las armas como un instrumento adecuado para la defensa personal, y que poco más del 40% de la población, mayormente masculina y campesina, desearían tener armas de fuego por razones de defensa personal y protección.

“El arma como que otorga cierta seguridad sicológica, pero si uno analiza las condiciones en realidad es muy difícil que ésta se pueda utilizar para defenderse”, señala Cruz.

Pero la afición parece enraizada en un sector importante de la población, pese a los efectos letales que su uso implica en la mayoría de las veces. La Policía Nacional Civil (PNC) cuenta entre sus registros, que la mayoría de personas que desenfundaron un arma para defenderse terminaron siendo heridas o muertas.

Entonces, la cuestión es si en realidad el uso de las armas implica seguridad o inseguridad. Tanto Miguel Cruz como la oficial del programa del PNUD, Marcela Smutt, sugieren que el único resultado de esa acción es que generan más violencia.

Los registros del Instituto de Medicina Legal, revelan que en el 70% de los homicidios ocurridos este año, fueron causados por un arma de fuego, mucho más que las armas blancas. Jaime Vigil, director de la Academia Nacional de Seguridad Pública (ANSP) prefiere hablar de otros factores que originan violencia.

Guerra o paz

Una de las reflexiones que hace Marcela Smutt, es que cómo un país que no está en guerra importe tanta munición. “Entre 1994 y el 2001 ingresaron al país legalmente más de 20 millones de municiones. Eso significa que sólo en un año ingresaron casi 3 millones”, explica.

Las preguntas de Smutt tienen sentido. ¿En qué se gasta toda esa importación? ¿Cuál es su destino si no estamos en guerra? “Yo me atrevería a decir que aunque ingresen legalmente al final contribuye al tema delincuencial, es decir, donde más se usa ese rubro”, añade.

Una de esas tantas armas que circulan ahora en el país cegó la vida de un jovencito de 16 años hace tres meses en la colonia alta Vista de Ilopango. Dany German Quevedo Pacheco caminaba hacia la casa de su novia cuando un amigo le jugó una broma inocente, le lanzó una almendra pero ésta terminó rompiendo el retrovisor de un vehículo aparcado.

Al siguiente día, cuando Dany se dirigía a visitar nuevamente a su novia, Manuel Antonio Valle Lara -el dueño del carro- lo esperaba con un arma de fuego en la mano y sin mediar palabras le disparó. El esfuerzo por salvarle la vida fue en vano, murió dentro de una patrulla camino al hospital, no sin antes identificar a su asesino.

“Ese señor nos había amenazado muchas veces, sólo porque nos acercábamos a su carrito”, relata Josías, un amigo de Dany.

No es el único caso, es uno entre cientos que se registran todos los años en este país de civiles armados. Es una entre tantas muertes sin sentido. El municipio en el cual murió Dany, registra altos índices delincuenciales, al igual que Soyapango y San Martín.

“Vivimos en una sociedad donde cualquier detonante puede hacer que los individuos estallen”, dice el jefe policial Marco Tulio Lima.

Esa muerte ha conmovido al vecindario, sobre todo porque nada la justifica. “Si hubiéramos sabido que algo así sucedería, entre todos hubiéramos pagado por el espejo”, asegura una vecina. Hoy ya es tarde.

Analizar causas que conducen a armarse, así como la importación de tanto artefacto explosivo, es comparar nuestro país con una jungla, sin reglas, sin ley. ¿No está el Estado otorgando la seguridad que la ciudadanía necesita?
En la encuesta de opinión realizada por CID Gallup a principios de octubre pasado, la ciudadanía vuelve a poner entre sus principales preocupaciones el tema de la inseguridad por detrás del desempleo y el alto costo de la vida.

“Esa noción de inseguridad porque el Estado no me puede proteger hace que me arme y al hacerlo estoy contribuyendo a la inseguridad que yo le atribuyo al Estado... es un círculo vicioso”, opina Cruz.
Jaime Vigil cree que en nuestro país persiste ese clima pero también piensa que el problema se ha sobredimensionado, que la tasa de homicidios de 140 por cada cien mil habitantes es falsa. “No somos el segundo país más violento después de Colombia en el continente. Sí existen tasas preocupantes de homicidios, pero según mis cálculos anda por las 30”, señala.

Los cálculos de Vigil se fundamentan en el uso de diversas fuentes de información y ha sabido aislar los homicidios culposos o las causadas por los accidentes de tránsito por ejemplo. También argumenta que las tasas de homicidios han comenzado a decaer, pero no por eso dejan de ser preocupantes. Aunque insiste que hay otros factores que provocan violencia, reconoce que las armas entre civiles es un factor importante y que debe regularse.

¿Qué es más adecuado? ¿Eliminar la tenencia y portación de armas en manos de civiles? ¿Reducir su comercio? Es aquí donde el tema de la legislación cobra relevancia, la que en opinión de la mayoría de consultados, es adecuada pero con algunos vacíos que favorecen nuestra realidad violenta.

Las regulaciones

Se habla de que la Ley de Control de Armas de Fuego, Municiones, Explosivos y Artículos Similares es demasiado permisiva. Vigil cree que la importación y comercialización de armas y todo tipo de material explosivo -incluso el que se ocupa en la industria pirotécnica- debe restringirse.

Norma Quevedo pide justicia para su hijo. “ No hay excusa para lo que ese señor (Manuel Valle) le hizo a mi Dany”.

“Tiene que ser mucho más rígida, mucho más firme... sin embargo, hace tres semanas aprobaron un nuevo decreto que permite obviar ciertos requisitos para poderlas inscribir herramientas que indicen en la violencia”, apunta.
Recientemente se introdujo una pieza de correspondencia a la Asamblea Legislativa para reformar entre otras cosas, la portación de armas. Pero algunos diputados rechazan esta reforma.

Uno de ellos es el pecenista José Antonio Almendáriz, miembro de la comisión de seguridad, porque considera que la ley tal como está es suficiente. “Cómo entonces la gente se defenderá si no puede portar el arma. No te secuestran en tu casa, sino en la calle”, afirma.

Otro legislador en desacuerdo es Roberto d’Aubuisson. “Ya hay un régimen que es bastante restrictivo respecto al uso de armas de fuego. Es un derecho de toda persona poder defenderse a si mismo, a su familia y a sus bienes dentro de ese marco”, dice.

La fracción de izquierda difiere un poco con la posición de otros legisladores al proponer una reforma a la ley en el sentido de disminuir la portación de armas entre la población civil. Manuel Melgar dice que para esto es necesario reforzar la seguridad pública y es el gobierno el responsable de garantizarla. De lo contrario siempre habrá una justificación para portar o utilizar armas en este país.

Marcela Smutt considera que en el terreno de la legislación se ha mejorado mucho, pero todavía es permisiva. “Además es necesario hacer conciencia en los ciudadanos de los peligros que implica la portación de armas, la responsabilidad, los riesgos”, dice la funcionaria del PNUD.

Quizá la permisividad se entienda más en el plano de la libertad de importar y comercializar , pero la ley también autoriza prácticamente a todo civil mayor de edad a la tenencia y portación de un arma de fuego. Según el capítulo II de la ley, basta presentar una solicitud al Ministerio de Defensa que incluye información sobre identificación del solicitante, del arma que quiere registrar, así como comprobante de compra, y una solvencia policial que demuestre carencia de antecedentes penales.

En esto hay un detalle, y es que carecer de antecedentes policiales no garantiza que el portador de un arma no sea un potencial agresor. “Supuestamente la ley exige un examen sicológico para obtener la licencia de uso... (aunque) para mi el examen es ridículo porque una de las preguntas que les hacen es ‘si se enojan con facilidad...”, señala José Cárdenas, de la empresa Cosase.

Con ese tipo de examen resulta difícil advertir a asesinos potenciales como el que disparó contra Dany, quien trabajaba como vigilante de una empresa privada. Ahora guarda prisión a la espera de un juicio. El proceso se torna largo. Los amigos de Dany están atemorizados porque el agresor les ha amenazado de muerte si queda en libertad.

Efidia Pineda y Elmer Portillo rinden un homenaje, a diario, desde el viernes 31 de octubre, a sus amigos asesinados después de una discusión.
 

RESIGNACIÓN E IMPOTENCIA

Homicidios 1,875
La cantidad de homicidios que reporta la Policía Nacional Civil desde el 1 de enero hasta el 7 de noviembre de este año

Tasa de muertes 28,2
La tasa de homicidios por 100 mil habitantes que maneja la PNC en todo el país en lo que va del presente año

Homicidios 2002 2,013
El número de homicidios que reportó la PNC, según un estudio de Jaime Vigil, director de la ANSP. La tasa fue de 30,88 por 100 mil habitantes.

Muertes violentas 1,875
homicidios en lo que va del año 2003

Si se le hizo el examen a este hombre y se le aprobó la licencia, los resultados del mismo resultaron entonces equívocos.

“La ley tiene muchos vacíos, es muy blanda en algunos cosas y ridícula en otras”, opina Cárdenas.

Impacto y propuestas

Pero la falta de una ley mucho más restrictiva en el tema de las armas y las consecuencias del abuso, que un
importante segmento de la población civil hace de ellas, no es un asunto aislado.

La confluencia de factores diversos que van desde el alcoholismo, abuso de drogas, la falta de educación en resolución de conflictos, complican el abordaje de un problema que se ha vuelto sumamente complejo y que no se deriva únicamente del conflicto armado que vivimos por casi doce años.

“Hay que revisar la regulación sobre el consumo del alcohol y de las drogas que también desencadenan la violencia... hay varios indicadores que son manejables para abordar el problema de la violencia en su dimensión amplia”, opina Vigil. En esto coincide Miguel Cruz y Marcela Smutt, cuando recuerdan que ese problema tan amplio y tan complejo es necesario atacarlo desde varios frentes; no sólo desde el el punto de vista de las armas o las pandillas.

“La violencia tiene un impacto muy fuerte en el desarrollo económico, humano y es necesario enfrentarla para poder
tener una mejor calidad de vida, un desarrollo integral. De lo contrario, limita el crecimiento del país”, dice Smutt, para
quien un paso importante es identificar los factores de riesgo que posibilitan la violencia.

Para Cruz, no hay recetas mágicas para resolver el problema; son acciones a largo plazo que deben considerar las causas fundamentales (violencia intrafamiliar, pandillas juveniles, falta de espacios públicos de esparcimiento...); pero, más que todo, apostarle a la prevención. Vigil propone que los gobiernos municipales creen políticas locales para abordar el problema de inseguridad y, además, considera que la sociedad en sus distintos sectores se debe involucrar también.

El fortalecimiento del sistema de administración de justicia, así como impulsar programas de prevención y desarrollar habilidades para manejar conflictos, parecen otras alternativas que son viables.

Norma Quevedo, la madre de Dany, vive en carne propia las secuelas de la violencia por las armas de fuego; pero, ella, aunque el asesino de su hijo no lo imagine, aún tiene fuerzas para defender un principio que se nos ha olvidado. “La única forma de arreglar diferencias es hablando”.

VENTAS DE ARMAS


Comercios bajan, clientes se mantienen


Hombres jóvenes y con la firme convicción de que un arma les puede brindar protección, son los rasgos más característicos de los principales clientes que acuden a la tienda de la empresa de seguridad privada Cosase.

Aunque según el administrador del comercio, José Giovanni Cárdenas, los compradores mayoritarios son empresas de seguridad y compañías que tienen sus propios mecanismos de seguridad, destacan los hombres jóvenes y ávidos de adquirir una herramienta con la que se puedan defender en una segunda experiencia con asaltantes. “Son clientes entre 22 y 35 años que nunca les han gustado las armas pero los asaltaron o se les metieron en la casa y necesitan algo con que defenderse”, dice Cárdenas.

El tipo de armas que más vende Cosase son las pistolas nueve milímetros con cargadores de alta capacidad (15, 17 ó 19 cartuchos).

En segundo lugar de preferencia figura el revólver 38 especial y la 357 de acero inoxidable o pavón negro. El tercer lugar de los más vendidos son los fusiles o escopetas.

Según un el estudio sobre armas de fuego del PNUD, entre 1994 y 2001, las armas cortas (pistolas y revólveres) han sido las preferidas entre los salvadoreños.

Pero según Cárdenas, la venta ha disminuido en los últimos años y que por hoy venden anualmente unas 400 armas de diverso calibre y modelo; sin embargo, dice que hay personas que puede tener hasta colección de armas para uso personal. “Hay gente que portan tres armas, algunos usan una y tienen otra en su casa y otros tienen una pistola, una escopeta y un fusil, pero no por eso se convierte en un potencial agresor, el buen portador es que sabe usarla cuando su vida corre peligro”, comenta.

Según registros oficiales, unas 200 mil armas han sido registradas por civiles, pero el PNUD habla de unas 450 mil más que circulan ilegalmente.

Según la Policía Nacional Civil, en El Salvador existen 29 empresas importadoras o vendedoras de armas de fuego. Estos datos reflejan una significativa disminución de estos comercios, especialmente lo que respecta a tiendas , ya que en el 2000 habían 90 inspeccionadas.

Múltiples razones generan la violencia

La violencia, como una forma de solventar los conflictos, ha persistido en la historia de El Salvador. ¿Cuál es la razón? Entre las causas inmediatas se encuentran la existencia de factores psicosociales como la pobreza, el alcoholismo, la drogadicción y el individualismo, persistentes durante años. Además de la vigencia de patrones culturales socializados durante años, como el machismo, son reproductores de esta situación.
Algunos sostienen que la guerra genera violencia en menor grado. Sin embargo, muchas familias quedaron desintegradas después del conflicto, lo que influye en la ausencia de valores que orienten la conducta social.



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