9 de marzo de 2003

Portada
La Columna
Cartas
Tema de Portada
Reportaje
Política
Internacional
Opinión
Colofón
Archivo

LA COLUMNA

Erick L. Lemus
vertice@elsalvador.com

El voto influyente

No sé si los partidos políticos tienen una relación armónica con las iglesias o si tienen una noción exacta de lo que miles de creyentes significan cuando éstos son traducidos a votos.
Si usted es político, candidato a alcalde, diputado o cualquier cosa haga cuentas.

El Tribunal Supremo Electoral ha carnetizado a 4,001 ciudadanos cuya ocupación es la religiosa (de ese total, 2,929 son licenciados en teología o ministro evangélico, misionero, clérigo, luterano, pastor, sacerdote, monja, seminarista o hermana religiosa. Otros 1,049 son profesores en religión, religioso, catequista o precursor religioso. Otros 22 son colaboradores religiosos).

Haga la siguiente relación: ¿sobre cuánta gente podrían tener ellos influencia? No malinterprete, estamos hablando de influencia religiosa-formativa, y no de política. Pero tampoco lo dejemos de lado, pues no son pocas las iglesias donde las campañas proselitistas tienen una extensión impropia desde los púlpitos.

Imagínese, si cada uno de los 4,001 religiosos de profesión que están carnetizados tuviese acceso a por lo menos 10 ciudadanos aptos para el voto y ejerciera sobre ellos alguna influencia que les incline a votar por “a” o “b” partido (incorrecto, pero ocurre) resulta que tendríamos a 40 mil feligreses que acudirían a las urnas con un pensamiento claro sobre la bandera a marcar.

¿Qué son 40 mil votos en El Salvador? Bueno, en vista de los bajos índices de asistencia a las urnas, a cualquier partido le brillarían los ojos si tuviese un caudal de votos de ese tipo.
Por ejemplo, 40 mil equivale al total de votos válidos que generaron los municipios de Ilopango y Cuscatancingo, juntos, durante las elecciones municipales del 2000. Si no me ha captado la idea, le doy un ejemplo más claro. Ese número equivale también al 70 por ciento de la votación que se genera en Soyapango, el municipio más populoso del país después de San Salvador.|

¿Cuenta o no cuenta el voto religioso? Definitivamente sí, sobre todo cuando los discursos políticos son llevados a las iglesias, cuyos líderes tienen acceso a masas de personas a las que se les motiva o se les prohíbe votar, según la línea doctrinal. A ellas se les incita a emplear el “libre albedrío” para emitir el sufragio, pero no se vacila en sugerir, con nombre y apellido, el candidato o partido más o menos conveniente “para la obra de Dios”.

La política y la religión son áreas fundamentales en la realidad de los países y en la medida en que el umbral de una esté al margen de la otra, tanto mejor. La naturaleza del ciudadano es de libertad y respeto a la decisión de la religión que profesa y del candidato que escoge. Todos tienen el mismo peso cuando se habla de derechos fundamentales. No permitamos que se vulnere.

elemus@elsalvador.com
Copyright 2002 El Diario de Hoy - Derechos Reservados. vertice@elsalvador.com
Prohibida su reproducción total o parcial sin autorización escrita de su titular.