9 de febrero de 2003

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CRÓNICA

Una lección Samurai a la media noche

Instructores y alumnos avanzados de karate do y taekwondo recibieron hace algunos días un curso de defensa personal con golpes y llaves que pueden hacer mucho daño, pero que deben usarse sólo en casos ‘especiales’.

Jorge Carbajal
vertice@elsalvador.com

Faltaba poco para las once de la noche cuando el ‘sensei’ salió de una pequeña oficina y alzando su voz casi a grito, les ordenó que se alistaran porque la sesión estaba punto de comenzar.
El grupo de hombres y algunas mujeres -que también habían acudido al llamado- se pusieron de pie, mientras los más interesados preguntaban ¿cuál sería el contenido?
Hasta ese momento casi nadie lo sabía, excepto algunos allegados a Oswalds Mata, un dirigente deportivo del país que luego de varias semanas de planificación había preparado un seminario teórico-práctico con el tema: “Karate do, un arte para matar”.
Aunque el tema suena fuerte, el ‘sensei’ Mata había decidido reunir a los más avanzados instructores de karate do y de otras disciplinas marciales de El Salvador para desarrollar una actualización de conocimientos.
Según él, en los últimos meses se ha tenido que enfrentar a duras pruebas y eso le motivó a brindar un curso donde el principal objetivo sería ‘educar’.
Una de las pruebas y quizá las más interesantes es el caso de uno de sus alumnos, quien fue procesado por las leyes salvadoreñas, acusado de matar a un persona durante una pelea callejera.
Durante un año, el ex seleccionado nacional estuvo procesado, pero a mediados de enero pasado, fue sobreseído definitivamente y el calvario terminó.
La reunión a la que se dieron cita casi medio centenar de practicantes de taekwondo y karate do, con grado de cinta negra como mínimo, fue interesante de principio a fin.

Luces, cámaras...

Aparte de la exigencia de que los asistentes tuvieran como mínimo el grado de cinta negra, se pidió que fueran mayores de 18 años y que llegaran por su propia convicción.
El curso -si se quiera llamar así- no tuvo ningún costo económico y de alguna forma se realizó a altas horas de la noche para evitar ‘testigos’.
Todo comenzó con la proyección de una parte de la película de Walt Disney, “Mulán”.
De alguna forma, los dibujos animados sirvieron para romper el hielo; aunque no faltó uno que otro participante que se extrañara por el filme.
“Observen y aprendan...”, dijo Mata desde una mesa que había sido ubicada en la parte frontal de la habitación.
La escena de la cinta, que dura 88 minutos, es la parte en la que la inquieta joven está recibiendo instrucción militar de parte del Capitán Shang, jefe del Ejército Imperial chino.
Mulán, quien se había disfrazado de hombre para sustituir a su anciano padre en el Ejército, es una de las menos aventajadas del grupo; pero, luego de perseverar, se convierte en una de las mejores o mejor ya que se hace pasar como hombre.
De alguna forma el mensaje para los presentes fue: Sacrificarse y esforzarse por alcanzar las metas trazadas.
Luego de observar el fragmento del video, llegó el turno de dos profesionales quienes complementarían la parte teórica del curso.
Juan Salmerón -egresado de la carrera de derecho- y el doctor en leyes, Edwin Valladares fueron los encargados de profundizar en el aspecto legal.
Ambos se encargaron de repasar algunos artículos relacionados con lo que es la legítima defensa. Al final de la charla, las preguntas sobraron.
El turno para el medico Edwin Torres había llegado. Con ayuda de mucho material de apoyo, Torres explicó cuáles eran las partes más vulnerables del cuerpo.
El galeno profundizó sobre los distintos tipos de lesiones que puede sufrir un individuo en un ataque, tanto con armas de fuego como con armas cortantes.
La aguja del reloj -ubicado en una pared del salón- ya pasaba de la media noche. Mata pidió un aplauso para los expositores y luego les pidió que pasaran al ‘tatami’ para iniciar la fase práctica.
Luego de media hora de ejercicios de calentamiento, el instructor llamó al primer voluntario de la clase.
La agenda incluía desde barridas, bloqueos con pie y manos, hasta la fractura y desgarramiento de miembros del cuerpo.
Literatura especializada indica que el cuerpo humano tiene al menos 50 partes vulnerables. Un dibujo en la que se muestra la silueta de un ser humano con puntos rojos en todas partes, es conocido en el vocabulario de las artes marciales como ‘Kyusho’.
Colocándose la mano abierta sobre su rostro -en posición de cuarta- y girando la misma sobre varios puntos, el ‘sensei’ explicó como a cada palmo hay un punto vital en el que se puede infligir daño.
“Este mapa es similar al que utiliza la acupuntura; sólo que ellos lo utilizan para curar. Pero también hay zonas para hacer daño”, explicó.
Un golpe con el puño cerrado en el tórax no hace el mismo daño que si se da con la mano abierta. Los ejemplos sobraron y el interés de los alumnos era cada vez mayor.

El temario del taller

Para los tiempos actuales, en los que la delincuencia hace uso tanto de armas de fuego, como de armas ‘blancas’ también hubo una explicación de defensa personal.
Cómo quitar un puñal, cómo evadir un corte o quitar un revolver fue parte del tema.
Los primeros vehículos del transporte público hacían rugir sus motores. El nuevo día estaba por llegar. Eran las 3:30 de la mañana y aunque las preguntas y explicaciones eran parte del momento, Mata anunció el final de la clase.
Algunos participantes habían pedido permiso para retirarse antes de la finalización de la jornada, pero la mayoría estaba en el ‘tatami’ queriendo aprender más.
Como una especie de ritual, planificado o no, el instructor llegó al área de trabajo con un puñado de naranjas ya peladas.
Los guerreros del Siglo XXI las tomaron y disfrutaron. La fruta era excelente para saciar la sed luego de varias horas de trabajo físico.
A esa hora, el cansancio ya era evidente. Pero el interés era tal que nadie lo podía perder, tanto así que uno de los vigilantes del lugar no quiso despegar un ojo hasta que todo terminó. Era interesante ver cómo los cuerpos cedían ante la ligera presión de dos dedos, una mano, el pie en una zona vulnerable.
Fuera del recinto, el viento soplaba fuerte y el cielo aún mantenía su velo negro. El frío calaba nuestros huesos.
“Gracias a los que han venido, ya que no hay como terminar un día sin aprender nada nuevo. Un día sin aprender nada nuevo es como si no se ha vivido”, les había dicho horas atrás el ‘sensei’ Mata.
Y es que durante las cuatro horas y media hubo mucho que aprender. Muchas cosas nuevas que ahora ellos, los instructores que tiene grupos de enseñanza en todo el país, las podrán trasmitir a sus alumnos bajo la rigurosa filosofía de la defensa personal.

Un caso real
El poder que implica el dominio de las artes marciales es una espada de doble filo cuando no se está consciente que la fuerza puede ser un instrumento letal


Ocurrió en febrero del año pasado. El atleta Jorge Zeyala andaba visitando a su novia en una colonia de Ciudad Delgado cuando fue provocado por otra persona que también pretendía a su chica.
Después de una corta discusión, Zelaya le lanzó un golpe y lo mandó al suelo. En la caída el individuo se golpeó la cabeza con una pared y murió en el acto. Según el diagnóstico médico, sufrió un edema cerebral.
El seleccionado nacional fue detenido y procesado, pero sólo le aplicaron medidas cautelares. Se le prohibió salir del país y se le exigió presentarse cada cierto tiempo a firmar un libro en el tribunal.
Zelaya es cinturón negro, con grado de primera Dan.
El pasado 16 de enero fue sobreseido definitivamente y en el seminario que hubo hace dos fines de semana iba a dar su testimonio.

 


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