8 de junio de 2003

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INTERNACIONAL

El giro moderado de Lula

El rostro amable y la nueva visión del presidente de Brasil es la parte favorita del Fondo Monetario Internacional (FMI ) y los inversionistas de Wall Street, que prefieren las economías estables ante todo.

Larry Rohter
The New York Times News Service

BRASILIA, Brasil.-

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La capacitación en el trabajo no es nada nuevo para Luiz Inacio Lula da Silva. Él mismo lo hizo casi 40 años atrás cuando era aprendiz de operador de torno, y actualmente, como el nuevo presidente del país más grande en Latinoamérica, está pasando por ese proceso una vez más.

No es sólo que haya estado estudiando libros de economía para así tener una mejor comprensión del tema que representa su desafío más difícil. Da Silva también ha estado revisando ciertas nociones que han sido sagradas por largo tiempo sobre el mundo y la forma en que este opera, incluso si no le da gusto a su base electoral, a la izquierda en el espectro político, la cual contribuyó para lograr su elección como el primer mandatario-obrero del Brasil, el año pasado.

“Cuando Dios creó a los seres humanos, hizo la cabeza redonda de modo que las ideas puedan circular” y “podamos cambiar de opinión de cuando en cuando”, expresó durante una entrevista de una hora de duración, con siete reporteros extranjeros, en el palacio presidencial aquí esta semana. “He tenido que ajustarme a la realidad”, agregó, “y trabajar sobre la base de esa realidad y no de mis aspiraciones”.

En el caso de Lula da Silva, eso ha significado archivar buena parte de la ambiciosa agenda social que lo llevó a la presidencia por un margen histórico. En vez de ser así, ha incrementado las tasas de intereses, introdujo un paquete de reforma fiscal que reduciría los beneficios de los pensionados y aumentaría los ingresos fiscales, amén de que redujo el gasto gubernamental con el fin de lograr los objetivos de superávit en el presupuesto, delineados en un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI).

“El Partido de los Trabajadores cambió porque la realidad cambió, hizo un cambio porque está en el gobierno”, sostuvo. “Se trata de un cambio natural”.

La conferencia con reporteros fue la primera de da Silva desde que asumió el cargo en enero y precedió lo que promete ser un estallido de actividad y exposición para él, tanto desde el interior como desde el extranjero. Fiel al estilo casual de Lula, la reunión fue clasificada como una “conversación” más que una entrevista formal, lo cual significaba bajo las normas del terreno que sus declaraciones no podían ser grabadas o filmadas.

El salto al G-8

Da Silva fue el único jefe de estado que se presentó tanto al Foro Mundial de la Sociedad como al Foro Mundial de Economía, efectuados en enero, lo cual refleja sus orígenes como líder sindicalista de la izquierda y su nuevo estatus como estadista. No obstante, su verdadero debut sobre el escenario mundial se produjo en la reunión del Grupo de los Ocho (G-8) en Evián, Francia. Ahora le espera una visita al Presidente estadounidense, George W. Bush, en Washington el próximo 20 de junio.

En muchas formas, Bush es el opuesto de da Silva en ideología y educación. El Presidente carioca muestra escepticismo hacia un acuerdo de libre comercio patrocinado por Estados Unidos, criticó la acción militar de los estadounidenses en contra del terrorismo en Afganistán y fue citado, en fecha reciente, en una revista local, luego de opinar que Bush estaba “delirante” en cuanto a su insistencia en la acción militar para dar solución a la crisis sobre Irak.

Con todo, da Silva al parecer asume una posición más pragmática con respecto al hombre a quien se ha referido en broma como “Camarada Bush”, en comparación con la posición que él y su partido habían tenido en el pasado. “No puedo pedirle a George Bush que sea el presidente que yo quiero que sea, y él tampoco me puede pedir que sea el presidente que desearía ver en mí”, expesó. “Tenemos que aprender a vivir con cada cual de la manera que somos”.

El lado preferido

Esta nueva versión de da Silva, al parecer más moderada, se ha convertido en la preferida del FMI y los mismos inversionistas de Wall Street, cuya alarma ante un gobierno encabezado por el Partido de los Trabajadores, contribuyó con un aumento de las tasas de intereses y el tipo de cambio durante la campaña presidencial, efectuada el año pasado. En la vecina Argentina, por ejemplo, el nuevo Presidente, Néstor Kirchner, se encuentra bajo exhortaciones para que “sea como Lula y no como Hugo Chávez”, el combativo mandatario populista de Venezuela.

“No se trata de un cambio ideológico”, respondió da Silva cuando le preguntarn si su partido estaba avanzando hacia el centro político o si aún se consideraba socialista. “Aún creemos en todos los principios que siempre hemos creído”.
No obstante, todo parece indicar que da Silva está siguiendo una trayectoria similar a la de su predecesor en la presidencia del Brasil.

“Fernando Henrique Cardoso también dio la espalda a su propia teoría”, recordó David Fleischer, editor de Brazil Focus -boletín noticioso de política- y catedrático de ciencias políticas en la Universidad Nacional de la localidad.

Como uno de los autores de la “teoría de la dependencia”, Cardoso se convirtió en el favorito de la izquierda latinoamericana al argumentar que los países en la “periferia” del sistema capitalista estaban condenados a la explotación por parte del “centro”. No obstante, para cuando asumió la presidencia en 1995, ya había hecho a un lado esa opinión, usando para ello lenguaje casi idéntico al que ahora Lula da Silva está empezando a recurrir.

“Estoy harto de conocer a presidentes de Latinoamérica que culpan al imperialismo por la mala fortuna del Tercer Mundo”, dijo da Silva en un discurso reciente. “Esas son tonterías. Somos víctimas solamente de nuestra propia incompetencia”.


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