8 de junio de 2003

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Wlfredo Hernández
vertice@elsalvador.com

Si no es timo, entonces…

“En este país es fácil estafar a alguien”, me dijo un amigo después de leer sobre el caso de las supuestas estafas con paquetes vacacionales. Lastimosamente, no pude rebatir su afirmación.

Y es que, en este país, cualquier hijo de vecina puede venir, acomodar un cuartucho para que parezca oficina, alquilar un espacio en un hotel o simplemente poner un anuncio en cualquier periódico ofertando equis servicio para montar toda una red de estafas al más alto nivel sin que haya una entidad gubernamental que se responsabilice de verificar que su accionar es legal y por ende determinar responsabilidades. “Es que no tenemos el personal para que esté verificando todo lo que parezca sospechoso”, me dijo un funcionario público cuando le mencioné la anterior. De acuerdo, pero no se necesitan tres dedos de frente para sospechar de empresas que le ofrecen $310 a $430 diarios. No cree.

Escudarse en el “se estafa al que se deja estafar”, como sostiene un fiscal, me parece lo más simplista del mundo. La realidad es que, sostienen los afectados, se dejaron llevar porque estas oficinas operaban a la luz del día y sin ocultarse de nadie ¿quién sospecharía entonces?

Los timos pueden ser desde lo más burdo hasta lo más sofisticado. Desde los tradicionales barra de oro, el billete de lotería premiado hasta engaños con dinero plástico, ofertas de viajes, etc. Todos ellos apoyados en cierta necesidad personal ya sea de dinero o de conseguir algo con poco esfuerzo, según sicólogos.

Por más que los empresarios de estos clubes vacacionales aleguen de que operan legalmente y que no han estafado a alguien, perdón por mi ignorancia, yo me pregunto, ¿cómo hay que llamarle al hecho de pagar, en un inicio, 50 mil dólares por un paquete vacacional y luego resulta que ese dinero era sólo el costo de la membresía? ¿o el de tomar la tarjeta de crédito de una persona y cargarle un importe que ésta no ha autorizado? ¿o el cobrar por los trámites de empleo, pero si no lo contratan se le regresa el dinero, de lo cual nadie da fe? Si no es timo… qué demonios es.

Lo cierto es que los salvadoreños estamos vulnerables a cualquier engaño, por poco que parezca, sin que nos sintamos protegidos por una entidad que verdaderamente tengas dientes para hacerse respetar.

A propósito, cómo llamarle al cobro de $0.50 en máquinas infantiles instaladas en los centros comerciales y darse cuenta de que éstas no funcionan, reclamar y que le digan que no se le puede regresar su dinero. ¿Alguien tiene la respuesta?


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