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LA
COLUMNA
Si
no es timo, entonces
En este país es fácil estafar a alguien, me
dijo un amigo después de leer sobre el caso de las supuestas
estafas con paquetes vacacionales. Lastimosamente, no pude rebatir su
afirmación.
Y es que, en este país, cualquier hijo de vecina puede venir,
acomodar un cuartucho para que parezca oficina, alquilar un espacio
en un hotel o simplemente poner un anuncio en cualquier periódico
ofertando equis servicio para montar toda una red de estafas al más
alto nivel sin que haya una entidad gubernamental que se responsabilice
de verificar que su accionar es legal y por ende determinar responsabilidades.
Es que no tenemos el personal para que esté verificando
todo lo que parezca sospechoso, me dijo un funcionario público
cuando le mencioné la anterior. De acuerdo, pero no se necesitan
tres dedos de frente para sospechar de empresas que le ofrecen $310
a $430 diarios. No cree.
Escudarse en el se estafa al que se deja estafar, como sostiene
un fiscal, me parece lo más simplista del mundo. La realidad
es que, sostienen los afectados, se dejaron llevar porque estas oficinas
operaban a la luz del día y sin ocultarse de nadie ¿quién
sospecharía entonces?
Los timos pueden ser desde lo más burdo hasta lo más sofisticado.
Desde los tradicionales barra de oro, el billete de lotería premiado
hasta engaños con dinero plástico, ofertas de viajes,
etc. Todos ellos apoyados en cierta necesidad personal ya sea de dinero
o de conseguir algo con poco esfuerzo, según sicólogos.
Por más que los empresarios de estos clubes vacacionales aleguen
de que operan legalmente y que no han estafado a alguien, perdón
por mi ignorancia, yo me pregunto, ¿cómo hay que llamarle
al hecho de pagar, en un inicio, 50 mil dólares por un paquete
vacacional y luego resulta que ese dinero era sólo el costo de
la membresía? ¿o el de tomar la tarjeta de crédito
de una persona y cargarle un importe que ésta no ha autorizado?
¿o el cobrar por los trámites de empleo, pero si no lo
contratan se le regresa el dinero, de lo cual nadie da fe? Si no es
timo
qué demonios es.
Lo cierto es que los salvadoreños estamos vulnerables a cualquier
engaño, por poco que parezca, sin que nos sintamos protegidos
por una entidad que verdaderamente tengas dientes para hacerse respetar.
A propósito, cómo llamarle al cobro de $0.50 en máquinas
infantiles instaladas en los centros comerciales y darse cuenta de que
éstas no funcionan, reclamar y que le digan que no se le puede
regresar su dinero. ¿Alguien tiene la respuesta?
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