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LA
DIETA PELIGROSA
Comida
que mata
Más
de 500 mil salvadoreños padecen diabetes y el cáncer estomacal
es la segunda
causa de muerte -entre hombres y mujeres- en el registro del Seguro
Social. Cuidado.
La muerte entra por la boca. La glotonería, grasas y químicos
en la calidad de los alimentos.
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Frijoles, crema, plátano y huevo fritos. Pan
o tortillas, café. Ese es el típico desayuno con el que
el salvadoreño promedio comienza el día.
Eso no es todo. A media mañana se come un refrigerio. Alguna
fruta o más café para aguantar hasta la hora del
almuerzo. Por su parte, los niños en la escuela pueden
degustar alguna golosina, algún refresco artificial o un empalagoso
dulce. Todo depende del dinero que le hayan dado para llevar al colegio.
Llega el almuerzo. Un plato con arroz frito, ensalada de codos con mayonesa,
un bistec de carne de res o una porción de pollo encebollado
y una orden de ensalada, de preferencia aderezada también con
mayonesa, y un refresco, natural o artificial, muy dulce.
En apariencia una buena comida, sin embargo, de acuerdo con nutricionistas
y médicos, la mayoría de salvadoreños ingiere una
dieta no muy rica en nutrientes, a decir de ellos, desbalanceada,
la que repercute, en gran medida, en su estado de salud. Incluso, los
efectos pueden ser fatales, aducen.
Para los especialistas, el salvadoreño promedio ha obviado en
su dieta los complementos importantes en la nutrición.
Carlos Chávez y González, endocrinólogo del Hospital
Rosales, sostiene que los salvadoreños se olvidaron de incluir
alimentos sanos, verduras, ensaladas, frutas, en sus comidas, es decir,
se acostumbraron a la dieta desbalanceada.
Así, un día tras otro. Semana tras semana, se exponen,
inconscientemente, a sufrir enfermedades de graves consecuencias por
sus hábitos alimenticios, higiénicos e, incluso, su estilo
de vida.
Una dieta desbalanceada, aparte del sedentarismo y la falta de
ejercicio, son condiciones del estilo de vida nuestro que predisponen
a diabetes, pero también a hipertensión arterial, a todas
las enfermedades cardiacas que ahora tenemos. Es decir, es consecuencia
de todos los trastornos crónicos de la persona como cardiacos
y metabólicos, manifiesta Chávez y González.
El creciente número de casos de enfermedades
relacionadas con la mala alimentación le dan la razón
al galeno. También, María Teresa de Morán, del
programa nacional de nutrición, del Ministerio de Salud, coincide
con él y asegura que, incluso, la mayoría de padecimientos
renales y otras enfermedades están relacionados con el desorden
alimenticio que nos caracteriza.
Eso mismo, además, tiene su incidencia en casos de cáncer
de estómago, tanto, que sólo en el Instituto Salvadoreño
del Seguro Social (ISSS) constituye la segunda causa de enfermedad en
mujeres y hombres.
Otro trastorno que se deriva de la mala alimentación, en ocasiones,
es la diabetes. En el país, de acuerdo con informaciones de la
Asociación de Diabéticos de El Salvador (ASADI), existen
más de 500 mil personas que padecen esa enfermedad. Muchos de
estos casos provocados por la obesidad, producto del exceso alimenticio.
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Y las consecuencias no sólo tocan a los adultos.
Lo preocupante es que la obesidad está afectando a los más
pequeños y los vuelve potenciales diabéticos por el aumento
de insulina que necesitan para metabolizar la sobrecarga de azúcar.
Su esperanza de vida también disminuye.
Hábitos dañinos
Acostumbrar a un niño a que ingiera a diario bebidas o golosinas
dulcificadas artificialmente y sobre todo refinadas significa una amenaza.
Un refresco natural no es más que un vaso
de agua con 30 gramos de azúcar, color y sabor artificial. Una
golosina sólo es portadora de grasas, explica Armando Velasco,
presidente de la Asociación de Nutricionistas y Dietistas de
El Salvador.
La investigación encontró que la obesidad infantil está
determinada por ciertos comportamientos que involucran el consumo de
esos productos.
Alumnos de la Universidad Evangélica realizaron, hace dos años,
un trabajo de investigación tomando como muestra a niños
obesos atendidos en el Hospital Nacional de Niños Benjamín
Bloom, y encontraron que el 80.76% de ellos degustaban golosinas mientras
miraban la televisión. Ese comportamiento, establecen en el estudio,
los obligó a abandonar la práctica del juego, que les
habría ayudado a quemar esas calorías.
Pero no sólo es eso. A ese sedentarismo y la compulsividad al
comer se une la casi ausencia de masticación y hasta las mismas
condiciones de insalubridad en que ingieren los alimentos. Esto acarrea
también sus efectos.
Entre el 29 de diciembre de 2002 al 27 de noviembre de 2003, el Ministerio
de Salud Pública y Asistencia Social (MSPAS) da cuenta de una
creciente atención de enfermedades derivadas por lo mismo. En
ese período se atendió un total de 237 mil 321 casos de
diarreas y gastroenteritis, tres de cólera y 453 de intoxicación
alimenticia.
El día continúa y el salvadoreño sigue llenando
de comida al organismo sin reparar, por ignorancia o conciencia, de
que lo que hace es dañar seriamente su salud.
La merienda, la cena, los antojitos en la noche mientras se ve la televisión,
son los agregados diarios en la alimentación del salvadoreño.
Y es que, para los especialistas, los hábitos alimenticios del
salvadoreño son desordenados.
De acuerdo con Velasco, los salvadoreños comen por instinto y
no con inteligencia. El instinto es comer cualquier cosa, simplemente
para satisfacer una necesidad sin importar qué se come,
expresa.
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Balance y educación
Pero no todo es negativo. Al menos el contenido de nuestra dieta acostumbrada
no es malo, dice Velasco, lo perjudicial es la forma en la que se come.
Porque el salvadoreño piensa que alimentarse
significa comer en grandes cantidades, ingerir alimentos saturados de
grasas, sin las suficientes proteínas o fibras que proporcionan
las frutas y verduras, o comer compulsivamente, especialmente entre
comidas, ahí es donde se falla, agrega.
¿Significa que no hemos aprendido a comer en El Salvador?
A juicio de Velasco, los salvadoreños, por regla general, dejan
de comer hasta hartarse. Cuando lo único que hacen es provocar
trastornos en el organismo. No hay que olvidar que, como dice el dicho,
a la fuerza hasta la comida es mala.
Comer lo suficiente, lo que el organismo necesita en cantidad y calidad
es lo que, al parecer, los salvadoreños no han aprendido, dice
Velasco.
Esto lo refleja nuestra dieta nada balanceada y el hecho que comamos
a toda hora cualquier cosa.
¿Pero cuál es el problema en todo esto? ¿Cuáles
son las consecuencias de no reparar en lo que comemos y cuánto
comemos?
Porque saber alimentarse no tiene nada que ver con la estética
o la apariencia física. Es cuestión de salud.
Pocas veces relacionamos las enfermedades con nuestros hábitos
alimenticios poco sanos. Comer poco o mucho e ingerir alimentos que
no aportan ningún valor nutricional a nuestro organismo, incide
en la variedad de enfermedades que más golpean a los salvadoreños,
según médicos consultados.
Arturo Hernández, un joven de 26 años, es un testimonio
de como la inadecuada alimentación lo llevó a una gastritis
crónica .
Comía casi todos los días hamburguesas, pollo rostizado,
tortas mexicanas, pizza o papas fritas. No comía frutas. El médico
me prohibió todo alimento grasoso y condimentado pero no le hice
caso hasta que me dio una úlcera en 1999. Desde entonces trato
de comer saludable, señala.
Ante esto, lo que necesitamos, aconseja Roberto Cerritos, presidente
de ASADI, es saber que una buena alimentación está formada
por agua, grasas, carbohidratos, proteínas, vitaminas y minerales.
El tradicional desayuno salvadoreño es balanceado y adecuado
porque provee en los frijoles, las tortillas o el pan los carbohidratos;
en el huevo, las proteínas, y en el plátano, el potasio
como mineral, considera Velasco.
Pero añade que lo ideal sería que sepamos variar esos
componentes y sustituirlos con otros equivalentes, a fin de obtener
los nutrientes necesarios. Por ejemplo, el arroz en el almuerzo
se puede cambiar por puré de papas, pasta o una porción
de yuca, refiere.
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Pero las prácticas alimenticias que tenemos en
su generalidad revelan un desconocimiento de como nutrirnos, de qué
cantidad de alimentos necesitamos según nuestras complexión
física y actividad que tenemos.
Desde hace un par de años, estudiantes de una universidad privada
investigan el contenido de las loncheras de los párvulos como
parte de su proceso de graduación. Encontraron que la mayoría
de niños de colegios de clase media alta sólo llevaban
golosinas.
Por desconocimiento o descuido, la gente prefiere meterle en la
lonchera comida chatarra que un pan con frijoles y queso, que es mucho
más saludable, dice Velasco. Lo que necesitamos es
una buena educación para poder tener un balance adecuado de lo
que comemos, y lógicamente eso nos va a dar salud, recomienda
Roberto Cerritos,
presidente de ASADI.
Trabajo coordinado
Velasco es consciente de que la guerra contra la preferencia de los
niños con las golosinas probablemente está perdida.
Por eso, como asociación de dietistas y nutricionistas
estudian una receta para que éstas sean elaboradas con harina
fortificada sin que pierda el atractivo sabor, informa. Además
dice que hay un movimiento para crear en las escuelas chalés
donde vendan alimentos saludables.
En otros países, como México, se ha logrado lo que aquí
se podría imitar como estrategia educativa en materia alimenticia,
adjuntar a la publicidad de golosinas, por ejemplo, mensajes dirigidos
a la población como come frutas y verduras.
María Teresa de Morán, del programa nacional de nutrición,
del Ministerio de Salud, dice que ya se está aplicando eso, pero
sólo en lo referido a la lactancia materna.
Aquí la industria alimentaria podría colaborar,
aunque la responsabilidad de educar a la gente es del gobierno a través
de los ministerios de Educación y de Salud Pública,
sugiere, por su parte, Velasco.
Morán acepta el reto y sostiene que se está trabajando
en eso. prueba de ello es la divulgación de una Guía de
Alimentación para la Familia Salvadoreña, distribuida
por esa cartera. Sin embargo, ésta se queda corta a la hora de
llegar a la población porque se trabaja en desventaja
frente al agresivo mercadeo de las distribuidoras de productos, afirma.
De acuerdo con la funcionaria, la educación alimentario-nutricional
llega a la población a través de las escuelas, los establecimientos
de salud, convenios con alcaldías y gobernaciones y los medios
de comunicación, pero éstos últimos son muy costosos
para mantener una campaña permanente de educación sobre
buenos hábitos alimenticios.
Según endocrinólogos del Hospital Rosales, el tratamiento
de tantas enfermedades derivadas en gran parte de la inadecuada alimentación,
significa un gasto millonario en atención de enfermedades por
lo que también consideran necesaria una política preventiva.
Lastimosamente no se puede determinar el costo que representan los tratamientos
porque el Ministerio de Salud no respondió a las solicitudes
hechas durante la investigación.
Si bien los males entran por la boca y nos ponen en riesgo de morir,
¿no es mejor vigilar mejor lo que comemos? Entonces la educación
es por un lado lo más adecuado.
Buena
nutrición no sólo es salud
Además
de mejorar el estado de vida, la buena alimentación determina,
además,
más intelecto y éste, a su vez, mayor productividad. Los
beneficios son integrales.
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El último Informe sobre Desarrollo Humano (IDH)
realizado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo
(PNUD) lo tiene claro, una buena alimentación está
ligada estrechamente a muchos factores que afectan el desarrollo humano
y la capacidad de una sociedad para aprovechar las oportunidades de
la globalización, reza el documento.
Y es que los beneficios de una adecuada alimentación no sólo
se traducen en salud, sino también en un mejoramiento en la condición
de vida de la ciudadanía.
Así, una sociedad adecuadamente nutrida verá incrementada
su capacidad intelectual, y ésta, a su vez, permitiría
a la persona tener una mayor productividad en el trabajo.
Pero para que la sociedad pueda brindarse una mejor alimentación,
y así mejorar en parte su nivel de vida, tiene que, necesariamente,
tener acceso a los servicio sociales básicos, de acuerdo con
el PNUD.
El IDH sostiene que el estado de salud está determinado por las
condiciones de salubridad de la comunidad, el acceso a agua potable,
los servicios de salud de calidad y, como factor importante, por una
buena alimentación de la persona.
La atención preventiva de muchas enfermedades pasaría
por orientar políticas públicas de educación alimenticia
desde muy temprano, como dice el Dr. Roberto Cerritos, presidente de
la Asociación de Diabéticos de El Salvador.
Eso es sumamente importante, yo creo que la educación en
cuanto a un estilo adecuado de vida debe comenzar con el niño.
Una escuela saludable no debería darle de comer al niño,
sino enseñarle a vivir. Eso es lo importante, agregó.
Pero para eso hay que crear un ambiente adecuado para el desarrollo
de la persona, de lo contrario se estaría creando un peligroso
campo fértil para el aparecimiento de enfermedades. (Ahora)
lo que se está alterando es el estilo de vida de nuestros ciudadanos,
la dieta de éstos ya no es balanceada, al contrario, es dañina,
dicen algunos.
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