7 de diciembre de 2003


LA COLUMNA

Erick L. Lemus
vertice@elsalvador.com

Ellos no son noticia

La fuga de los cinco futbolistas hace un mes no fue cubierta masivamente por la prensa radicada en Miami. Al parecer, el tema se mantuvo con la mayor discreción posible hasta que la embajada de los Estados Unidos manifestó públicamente el malestar y anunció que la Federación Nacional de Fútbol está bajo la lupa migratoria.

Quizá si Jaime Medina, Carlos Nerio, José Luis Penado, Carlos López y José de la Paz Portillo hubieran nacido en La Habana -y no en San Salvador- serían una historia de ocho columnas de ancho en las páginas del Herald o tendrían un minuto 30 segundos de fama en Univision. Pero ellos, más que promesas del fútbol salvadoreño,

son una estadística más. Son una cifra anónima que huye del peso de la ley porque quien viola los términos migratorios norteamericanos lo paga caro y es probable que un día de estos sus rostros asustadizos aparezcan en el aeropuerto internacional de El Salvador sin más pertenencia que una caja, un sobre papel manila o una bolsa plástica con la camisa de repuesto dentro.

O si la moneda da una vuelta de esas novelescas, talvez sean las próximas estrellas de la MLS que acaparen los aplausos del respetable ante las maravillas que ejecutan con el “esférico”. Quizá sean la historia central de una de esas crónicas de “espaldas mojadas” que venden tanto por su valentía, por su espíritu de superación y blah-blah.

Pero, ¿a alguien se les ha ocurrido responder porqué los cinco legionarios aprovecharon los visados para apostarle al “norte” en lugar de regresar a El Salvador a “hacer patria”?

La migración es el tema del siglo 21. La fuga de los países chicos a los grandes es pan de cada día en Asia, Medio
Oriente y Europa .

Solo Alemania, por ejemplo, en los años 90 tuvo más de 1,8 millones de solicitudes de asilo.
Y no eran morenitos, como los que cruzan el río Grande; unos eran yugoslavos que huían del horror de la guerra, otros de la Europa del este, que escapaban de la miseria post estalinista.

El nuevo mundo no es fácil y a veces pinta gris.
Bien lo señaló Gabo, el severo Gabriel García Márquez, hace una semanas en el homenaje que el Club Pen de New York le ofreció.

“Más grave que los cataclismos y las guerras innumerables que han acosado al género humano desde siempre, es ahora la certidumbre de que los grandes poderes económicos, políticos y militares de estos malos tiempos parecen concertados para arrastrarnos —por los intereses más mezquinos y con las armas terminales— hasta un mundo de desigualdades insalvables”.

El mes pasado, por cierto, los agentes fronterizos arrestaron a 24,684 indocumentados en Tucson. Casualidades de la vida.


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