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LA
COLUMNA
Ellos
no son noticia
La fuga de los cinco futbolistas hace un mes no
fue cubierta masivamente por la prensa radicada en Miami. Al parecer,
el tema se mantuvo con la mayor discreción posible hasta que
la embajada de los Estados Unidos manifestó públicamente
el malestar y anunció que la Federación Nacional de Fútbol
está bajo la lupa migratoria.
Quizá si Jaime Medina, Carlos Nerio, José Luis Penado,
Carlos López y José de la Paz Portillo hubieran nacido
en La Habana -y no en San Salvador- serían una historia de ocho
columnas de ancho en las páginas del Herald o tendrían
un minuto 30 segundos de fama en Univision. Pero ellos, más que
promesas del fútbol salvadoreño,
son una estadística más. Son una cifra anónima
que huye del peso de la ley porque quien viola los términos migratorios
norteamericanos lo paga caro y es probable que un día de estos
sus rostros asustadizos aparezcan en el aeropuerto internacional de
El Salvador sin más pertenencia que una caja, un sobre papel
manila o una bolsa plástica con la camisa de repuesto dentro.
O si la moneda da una vuelta de esas novelescas, talvez sean las próximas
estrellas de la MLS que acaparen los aplausos del respetable ante las
maravillas que ejecutan con el esférico. Quizá
sean la historia central de una de esas crónicas de espaldas
mojadas que venden tanto por su valentía, por su espíritu
de superación y blah-blah.
Pero, ¿a alguien se les ha ocurrido responder porqué los
cinco legionarios aprovecharon los visados para apostarle al norte
en lugar de regresar a El Salvador a hacer patria?
La migración es el tema del siglo 21. La fuga de los países
chicos a los grandes es pan de cada día en Asia, Medio
Oriente y Europa .
Solo Alemania, por ejemplo, en los años 90 tuvo más de
1,8 millones de solicitudes de asilo.
Y no eran morenitos, como los que cruzan el río Grande; unos
eran yugoslavos que huían del horror de la guerra, otros de la
Europa del este, que escapaban de la miseria post estalinista.
El nuevo mundo no es fácil y a veces pinta gris.
Bien lo señaló Gabo, el severo Gabriel García Márquez,
hace una semanas en el homenaje que el Club Pen de New York le ofreció.
Más grave que los cataclismos y las guerras innumerables
que han acosado al género humano desde siempre, es ahora la certidumbre
de que los grandes poderes económicos, políticos y militares
de estos malos tiempos parecen concertados para arrastrarnos por
los intereses más mezquinos y con las armas terminales
hasta un mundo de desigualdades insalvables.
El mes pasado, por cierto, los agentes fronterizos arrestaron a 24,684
indocumentados en Tucson. Casualidades de la vida.
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