7 de septiembre de 2003

Abel Ortiz era adicto al crack y contrajo el sida.
El fotógrafo Álvaro López lo acompaño hasta su fin.



 

Ademas
Vidas simétricas / Así nació este trabajo
Bitácora

En sus manos tiene una extraordinaria historia, construida con la complicidad del azar, como muchísimas veces sucede en el periodismo.

 
Fotohistoria Fotohistoria
Fotohistoria

Arrecia la enfermedad /
El miedo se asoma
Quebrantos

Las diarreas y calenturas se le acrecentaron a Abel. También las visitas a los hospitales. En él comenzó a crecer la angustia existencial. Era en Fundasida donde más reposo espiritual podía encontrar. Ahí siempre le dieron una esperanza, siempre lo ayudaron

Camino a la muerte /
Una despedida
La agonía

A pesar de los retrovirales que tomaba, la salud de Abel comenzó a empeorar.
“Cada vez que me da calentura, no sé si veo las puertas del cielo o las del infierno”, me dijo. Eso me pone a reflexionar: es un hombre marcado por la muerte

El final

Por correo electrónico, Arturo Silva, otro fotógrafo, me escribe:

—Te tengo una mala noticia.

—¿Qué pasó? —pregunto.

—Tu amigo Abel murió —asegura sin hacer pausa.



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