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| EDICIÓN
ESPECIAL |
FOTOHISTORIA
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En el sótano de la vida / El principio del fin
El
infierno
El
primer encuentro fue casual. Abel permitió hacerle algunas fotografías.
Cero nombres. Cero direcciones, dijo. Después narró
su calvario con las drogas. Aseguraba que se lanzó a tiempo completo
al vicio luego que lo abandonara su mujer.
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El
final
Abel murió el sábado 19 de agosto. Una atribulada
alma se apagó, sin dejar más sombra que la suya. |
Lo miro a la cara. Tiene unos ojos nostálgicos,
grandes y pardos.
Su cuerpo es esquelético. Parece rumiar una paradoja.
Viste una camisa gris, desabotonada. Sus zapatos fueron blancos en algún
tiempo. Están rotos.
Es una calurosa tarde del 28 de mayo mayo. Me topo con Abel por casualidad.
Dame para fumar me dice. Su voz tiene una cualidad extraña:
es carrasposa.
Pienso que así se la construyó el crack.
Abajo, un poco lejos, se encuentra, en esta colonia La Chacra, un nido
de fumadores de crack, construido con láminas de zinc oxidadas,
colocadas desordenadamente a la orilla de una barranca. Aquí
nadie se atreve a cotizar ni su propia vida.
Respiro. Allá huele a porquería.
¿En que andás aquí? pregunta Abel.
Le explico que busco a una fumadora de crack que me recomendó
un amigo. Le doy su nombre.
También le aclaro que mi pretensión es tomar una fotografía
de un fumador de crack para ilustrar una historia de Vértice.
Como si tuviese una brújula instintiva, Abel
me dice que no baje a la champa porque es peligroso.
Creerán que sos policía. Iré a buscar a la
mujer. Quedate aquí.
Abel se marcha. Espero, pacientemente, con mis cámaras fotográficas
en la mano.
Pasan algunos minutos. Abel regresa y me dice que la mujer no está
en la madriguera.
La vi hace un rato en la colonia Santa Marta. Ahora no está
aquí asegura.
Abel ve mi cara de frustración por el viaje perdido. Entonces
me dice:
No te preocupés. Yo te ayudo. A mí me entrevistaron
un día. Eso sí: no saqués el rostro. Cero nombres
y cero direcciones.
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La
lealtad
El amigo más leal de Abel era su perro. Ambos hacían
esfuerzos para comer un día sí, otro no. |
La escena
Acepto la propuesta de Abel. Caminamos hasta la champa.
Aquel desordenado y maloliente lugar alberga a unos seis fumadores de
crack. Todos ellos me miran con desconfianza.
Están drogados. Tienen los ojos vidriosos. Están en su
porfía habitual.
Abel se sienta a mi lado en la mugrienta champa. Fuma y me cuenta que
desde los 19 años se droga.
Empecé por curiosidad dice. Y luego
se justifica: Me hice adicto a tiempo completo cuando llegué
un día a la casa y sólo encontré una pequeña
cama y un ventilador.
Su esposa lo dejó y se llevó el hijo de un año
de edad.
No sé por qué lo hizo replica. Me cegó
la furia. Lo único que quería era vengarme de ella. Llamé
a un amigo y le pedí que comprara 300 colones de crack, una botella
de licor, una cajetilla de cigarros y un encendedor.
Escucho a Abel. Me cuenta, con detalle, los tres días que pasó
sin dormir, en una borrachera de drogas.
Empecé por curiosidad dice. Y luego
se justifica: Me hice adicto a tiempo completo cuando llegué
un día a la casa y sólo encontré una pequeña
cama y un ventilador.
Su esposa lo dejó y se llevó el hijo de un año
de edad.
No sé por qué lo hizo replica. Me cegó
la furia. Lo único que quería era vengarme de ella. Llamé
a un amigo y le pedí que comprara 300 colones de crack, una botella
de licor, una cajetilla de cigarros y un encendedor.
Escucho a Abel. Me cuenta, con detalle, los tres días que pasó
sin dormir, en una borrachera de drogas.
Después de eso, tocó los carbones del infierno: se quedó
sin trabajo y comenzó a vender sus pocas pertenencias.
Cuando ya no le quedó nada, comenzó a robar para comprar
crack. Y entonces fue a parar, varias veces, a la cárcel
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Adicción
Abel se derrumbó ante el crack. Después llegó
el sida. Una fórmula para acelerar la muerte. |
Abel
intentó suicidarse en dos ocasiones. Fue su hermana quien
lo sacó de sus crisis, a puro coraje y amor. |
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| Luckie
amó a su dueño hasta la muerte. Todavía lo
busca, cada día, por todos los rincones de la casa. |
Su
mundo
Quizá eso era lo mejor. Esperar la muerte y luchar contra
la adicción al crack, aunque esto fuese difícil. |
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